A pocos metros de su casa, se escucha el frenar repentino del automóvil, que trasladaba ha aquella mujer furiosa por lo acontecido. Que a penas reaccionaba de la estupidez cometida, al no retirar aquella máscara, que ocultaba el rostro del fantasma.
Cuál niña malcriada, se retorcía o golpeaba el vehículo, que nada le hacía, insultándose a si misma, por ser tan impulsiva.
Como se le ocurre, retirarse del juego sin tan siquiera comprobar, quien estaba detrás de esa máscara, a pesar de ser obvio que, la persona tras ella, es esa joven que hace no mucho paso por su vida.
Y aún mas insatisfecha, por no tener el resultado confirmado.
Sabrán que, el cerebro o uno mismo, gusta de jugar con la inseguridad que podamos tener, para tal vez agregarle más sazón a la vida.
No pensando o analizando detalles, como es característico en ella, cuando la rabia es su fuente de inspiración, tomando su celular, para realizar una llamada:
Sonar de teléfono que no paraba y respuesta nula obtenía.
Cuál película dramática, se devuelve hacia donde se había retirado, para cerrar ese capítulo de su vida, que agotada la tenía.
“Esto no es una novela, para estar dando tantas vueltas”, se decía para si, en el trayecto de regreso:
Fiesta - Horas nocturnas
En el sitio, baja apresurada sin detenerse por nada o nadie, que la quisiera molestar con cotorreos o seguridad ya superada.
- Seguridad: ¿Disculpe?
- Yoselyn: Ya usted me chequeo hace no mucho, con permiso.
Camino al segundo piso y en el mismo, más de un curioso, se le acercaba, extrañado por su presencia, suponiendo que se había retirado, según lo informado.
- Curiosos: Disculpe señora. Morales, ¿usted no se había retirado?
- Yoselyn: Se está respondiendo usted mismo, me había retirado.
- Curiosos: Perdone.
Cuál niña se le ha perdido su juguete, busca sin parar donde pudo haberlo dejado. Muy lejos no puede estar, si no ha salido de cuatro paredes con mediano espacio, en metros de largo y ancho.
Se ofendía por perder tal oportunidad, para que ese fantasma posara frente a sus ojos una vez más, seria difícil, su cabeza explotaría por el dolor y tortura.
Como es obvio en toda novela, entre invitados se corre el rumor de la búsqueda, llegando a oídos de la buscada, un poco antes de ser encontrada.
Esta, no hizo más que jugarle una pequeña broma, ya que su actitud anterior fue algo ilógica.
O como dicen, cada quien se hace un mundo o tiene razones diferentes para actuar de una manera particular, bailando con el sonar de la música, siendo la persecutora visualizada, mientras rodea su circunferencia, sin esta percatarse.
Podía presentirla cerca, pero no se imaginaba cuanto.
Sus ojos miraban el alrededor, buscando aquel vestido y aquella máscara, mas no se centraban en los cercanos a su lado. La ansiedad y estrés, nublaban objetos y personas, que estuviesen encima de ella, por así decirlo.
Ya que, aquella mujer se caracterizaba por ser escurridiza, no por perseguirle o estar encima de ella, ocasión que ocurría en esta oportunidad.
Pasos que daba, pasos que le seguían, buscando figura en la lejanía, la cual, a su espalda por no decir a su lado, sonreía traviesa.
Claro está, ningún invitado se le acercaba o atrevía a comentarle, que a quien buscaba, estaba en sus narices. Por la fama que generó, su segunda llegada, un poco repugnante, o como algunos pensaban, “tal vez no era su objetivo, esa dama, la cual le perseguía”.
- Yoselyn: ¿Dónde estás descarada?
El sonar tenue de la música, no evitaba la queja audible, para todo cercano a ella. Casi una hora de cero resultados, la obligó a reposar en una de las terrazas, por la fresca brisa que secaba leve sudor en el cuerpo.
Suspiraba apoyada en una de las mesas, que estaban al aire libre, cerrando los ojos, para resignarse al posible echo, de aquella mujer haberse retirado de la escena, quien estaba a su espalda, así como ella, unos dos metros alejada, sin mirarle, refrescándose por tan emocionante persecución.
- Yoselyn: Otra vez, a esperar que quieras mostrarte.
- Ross: …
- Yoselyn: ¿Serás tú?
- Ross: …
- Yoselyn: Como has cambiado.
- Ross: …
- La vida y sus sorpresas, pensaba.
De ser una joven soñadora y dominada por su familia, cambio drásticamente en pocos años, en caso tal fuese la misma.
- Yoselyn: ¿Qué hiciste para lograrlo?
- Ross: …
- Yoselyn: ¿A quién tendrás ahora?
- Ross: …
- Yoselyn: Tantas preguntas.
El paisaje nocturno, la visión amplia de este, poco a poco relajaba su ansiedad y permitían una mayor compresión de cada cosa.
Acercándose en el instante, a su oído, suaves labios y manos confiadas a sus hombros, que evitaban todo movimiento.
- Ross: ¿Quieres saber quién me ayudó en ese cambio?
- Yoselyn: ¡¿?!
- Ross: Calma, soy yo, vengo a decirte algo corto y rápido.
- Yoselyn: No estoy para juegos, suéltame.
- Ross: Tu fuiste mi inspiración.
- Yoselyn: ¿?
- Ross: Gracias a ti, soy quien soy actualmente.
- Yoselyn: …
- Ross: Conoces mi nombre o, ¿lo olvidaste?
- Yoselyn: Muéstrate.
Cuál orden, el soldado retira sus manos de la dama, permitiendo que se acomodase, para esta voltear y encontrarse con aquel rostro, que pensó no vería más, pero, sólo la brisa fue su compañía y testigo.
Mirando su alrededor, asustada y extrañada, por la experiencia ilógica.
Se encuentra así misma en la soledad de la terraza, con pocos cercanos a la lejanía, a caso, ¿fue un sueño?, es todo lo que podía comprender.
¿En que momento cayó dormida y no se percató del echo?
Ahora resulta que, “robaras mis sueños”, repitió en voz alta, bajando la cabeza y retirándose de la velada.
Llegando un día más de trabajo, en el que desánimo fue su compañía y el cotidiano poco le ayudo. Algún escape al estrés o tristeza, era rayado, por esas madrugadas arrepentidas, de una posible estupidez cometida, en esa fiesta.
Farmacia - Horas tempranas
Compañeros notaban tristeza en su andar, a pesar de su trabajo limpio y organizado. La energía le acompaña, pero se apagaba poco a poco con las horas.
El espacio en vez de ayudarle, servía de recordatorio.
- Yoselyn: Serás en sueños mi tortura.
A caso, ¿imagino todo lo anterior?, la llegada de un principio y la imagen sentada en una mesa, alejada de todos, es lo único coherente de esa ocasión.
Por muy prudentes que los empleados de la farmacia intentaron ser, podía escuchar en el tiempo de reposo, la nueva comedia o farándula del lugar, que pronto sería de la ciudad, si continuaba el juego de la otra:
- Empleado: ¿Supiste lo último?
- Empleada: ¿Qué pasó?
- Empleado: La licenciada fue invitada a uno de los festejos de la señora Ross.
- Empleada: ¿Enserio?
- Yoselyn: …
- Empleado: Los de seguridad, casualmente son amigos míos y me la describieron, aunque puede ser un error.
- Empleada: Ten cuidado en lo que dices, debe ser mentira, que no te escuche la encargada.
- Empleado: Hasta fue señalada como la pareja.
- Empleada: Silencio, que necedades dices, un error, en definitiva.
- Yoselyn: Alguien como yo, ¿no puede serlo?
- Empleados: ¡¿Licenciada?!
- Yoselyn: Rumores es lo que son, sigan trabajando, ya el tiempo libre, se les ha acabado.
- Empleados: Como desee, discúlpenos.
Y cual conjuro, con a penas minutos del echo, estando en su oficina, una llamada entrante, no paraba de molestarla. Al verse reflejado ese nombre, que ahora parecía una invasora.
Oficina
Contestarle o no, era la decisión que se peleaba en ella, un desgaste de emociones, se convertía esa mujer ficticia en su mente.
- Yoselyn: ¿Todos los millonarios serán así?
Misteriosos, fastidiosos e incomprensibles, eran tildados cada uno que pudiese conocer o imaginar, por una sola.
Sin preocuparle nada, con toda la intención del mundo, permitió que unas cuantas llamadas se cansaran de repicar, antes de contestar, para vengarse en pequeñas dosis, lo que producía en ella, ese ser.
Llamada contestada
- Yoselyn: Hola.
- Ross: Me tenías preocupada al no contestar, ¿todo bien por allá?
- Yoselyn: Si, nada de que preocuparse.
- Ross: Mucho trabajo por lo que veo, eso es bueno.
- Yoselyn: …
- Ross: ¿Agotada?
- Yoselyn: Que suerte la mía, por preguntar.
- Ross: ¿?
- Yoselyn: Si lo estoy, de tus tonterías.
- Ross: ¿Disculpa?
- Yoselyn: Me invitas a un festejo, que no me concierne y a parte de, todos ahora, piensan soy tu pareja.
- Ross: Detalle que se me escapó de las manos.
- Yoselyn: No me interesa tu escusa, cualquier cosa puedes inventar.
- Ross: Tienes razón, disculpa.
- Yoselyn: Espero no se repita y ve corrigiéndolo.
- Ross: Tan gruñona como siempre.
- Yoselyn: ¡¿Cómo?!
Sin tiempo para mas, la llamada es colgada.
Y ahora, era nuestra morena, quien insistía en ser contestada, pero no atendida a la primera.
Como la conoce, jugaba con sus mismas tácticas, una disfruta y se enamora, sin negadlo, mientras la otra, se frustra y no acepta afecto ante ese ser tan fastidioso.
Culminando el día con enfrentamiento de emociones, llega agotada a su casa, aquella morena con ganas de dormir y despertar en otra comedia.
Los hijos, único alivio y distracción para lo que sentía, le relajaban, esperando la hora del sueño, para despertar recargada.
Día que llego como cualquier otro, levantándose temprano como era rutina, para abrir las puertas de un negocio que, a pesar de no ser mencionado antes, resultaba hasta ahora próspero y eficiente.
Abierto para todo público, empleados en sus debidos puestos y horas transcurriendo como saben hacerlo. Fue dada la indicación, de no ser molestada por nada o nadie, ya que, respiro y soledad es lo que requiere.
Trabajar era lo que menos hacia en ese día, sólo jugaba con bolígrafos, papeles, dibujos y demás, distrayendo su mente con el tic tac del reloj antiguo, en el estante a espaldas de su escritorio y puerta.
Siendo irrumpida una vez más, con el brusco abrir de la misma, acción en la que permiso alguno, no se escuchó.
Carácter agresivo que, a pesar de querer relucir, no pudo con la sorpresa del instante:
- Ross: Tiempo sin verte.
- Yoselyn: Bárbara.
- Bárbara: Gracias por recordarme.
- Yoselyn: …
- Bárbara: Disculpa si dañe esa noche, te invito a disfrutar de otra fiesta.
Perpleja, por no decir confundida, el sentimiento de sorpresa, le molesta y perturba, al tener frente a ella, lo esperado.
¿Por qué su corazón debía reaccionar diferente?, que estúpida se sentía.
- Yoselyn: Como siempre, haces lo que te de la gana.
- Bárbara: Tu pediste me mostrará, o, ¿me equivoco?
- Yoselyn: ¿Tu alrededor?
- Bárbara: El mismo, sólo un poco más solitaria.
Una sonrisa sincera, era todo lo que podía otorgar la jefa, a su empleada, mientras esta, con la seriedad que la caracteriza, solo observa profundamente, esos ojos, que más de una vez le lloraron paciencia por la espera de un cambio.
Y por supuesto, lágrimas brotaron de ella, durante cada momento, sin aguante.
- “¿Qué harás ahora?, que me muestro ante ti.
Pensamiento que invadía a nuestra protagonista, en los cortos segundos que permite el cruce de miradas.
- “Estoy en tus manos”, ¿cuál será tu decisión? - silencio, es el testigo de ese instante, momento acogedor y lo que necesitaban.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 27 Episodes
Comments