Para dar inicio a este nuevo drama romántico, ya habiendo aclarado el papel protagónico de Alexandra y entendiendo con, futuras oportunidades o relación soñada.
Podremos predecir su actuar o posibles argumentos, ante cualquiera que se le acerque, por lo tanto, esta jefa millonaria, debe perder algo de importancia en este capítulo.
- ¿Cómo es esto?
Empezar por la vida de esa “alma gemela” que le espera, su alrededor y personalidad ante diferentes acontecimientos, para así, cruzarles y todo pueda fluir de manera “correcta".
- O, ¿me equivoco?
Suponiendo, todos me apoyan en este desenlace, empecemos:
Dos figuras, femenina y masculina hacen reflejo en paredes, a la luz de las ventanas ser testigos del sudor que generan cuerpos acelerados y ansiosos por carne fresca.
Un castaño, piel blanca, colorada, acaparando todo el alrededor que permite su miembro, hasta lo mas profundo de esa apertura carnosa, que sobresale en aquella morena. Mujer que hipnotiza con ese cuerpo proporcional a su figura, de piel dulce y suave. Seguida de una larga melena negra.
Mujer que pareciera no tener límites, agotamiento o tal vez, no debidamente saciada.
Acompañados de sonidos, cual poesía, fluyendo poco a poco, con el rebotar de caderas, que no permiten descanso alguno del masculino.
- Pensarán queridos lectores, que otra vez repito, una posible insatisfacción por parte de una de las protagonistas. Y ustedes caballeros, creerán no les doy su debido lugar o capacidad.
- Aclaro, antes que se presente una mala interpretación y se retire parte de mi público más curioso, por escenas atrevidas:
Les explico que, según mi experiencia, lo escuchado y compartido, con multitud de mujeres, sean estas jóvenes (adolescentes o casi adultez) y adultas, de diferentes edades, hasta avanzadas.
Hacen hincapié, en la satisfacción que, estas mismas deben generarse durante acto (hombre y mujer), ya sea mental o manejando posiciones y ritmo en el mismo.
Para así, llegar a mutuo placer o a veces conformarse con el placer de la pareja, según ánimos del momento. Normalmente el hombre, al ser un poco más instintivo y carnal, permite que sus hormonas y deseos, bloqueen un posible escenario jugoso para ambas partes. Por falta de dedicación y paciencia.
- Esto descrito, no engloba a todos, pero en la mayoría de los casos, nosotras mujeres, debemos manejar las fichas para lograr este dulce néctar.
Situación que nos dice ha ambos generos, que debemos poner de nuestra parte sin miedo a ofendernos. Y quien se sienta de tal manera, retirarlo de la partida. Eso, si desea una armoniosa y satisfactorio placer o relación.
- Pero acá, no estamos para discutir algo lógico, sigamos nuestra historia:
Cada mañana y noche, sin perder el tiempo, se aprovechan los beneficios de una sensualidad abundante. Logrando una primera figura, el objetivo, que no le hace pensar en más o en nadie.
Y la segunda, buscando esa sensualidad, muchas veces antes vista en la televisión y hasta contada con tanta hambre, por sus allegados. Situación que, de alguna forma, se convertía en monótona para la femenina, sin más que exigir lo necesario, conformada con una vida tranquila y alegre:
- ¿?: Mi amor se nos hace tarde, debo retirarme a las oficinas y tu, al negocio.
- ¿?: Un poco más, quede con ganas.
- ¿?: Tu nombre Kenia, refleja esa sed, que me trae amarrado.
- Kenia: Y el tuyo, Constantino, la fortaleza y paciencia para conmigo.
- Constantino: Espero esas herramientas, siempre permitan la estabilidad de nuestro hogar.
- Kenia: No estoy apresurada por un cambio, unos años más a tu lado, no suenan tan mal.
- Constantino: Pensamos lo mismo.
Kenia y Constantino, ¿quiénes son?
Jóvenes adultos, emprendedores, dueños de negocios, cada quien del suyo. Los cuales, se conocieron en una noche cualquiera, sitio nocturno, quienes, para el momento, no buscaban más que placeres y pasar el tiempo.
Como se presentan, ambos personajes heterosexuales, que, en determinado momento de sus vidas, decidieron compartir y construir un techo juntos. Luego de cinco años, demostrarles que podían ser grandes compañeros, excelentes socios y pareja perfecta.
Ambos con treinta y cinco años de edad, buscando un futuro cada vez mas certero.
Mientras el masculino, es un personaje gracioso y perspicaz.
La femenina, es un personaje consciente y calculador.
Siendo complementos, permitiéndo estar unidos, ya que no eran totalmente morbosos o ansiosos, pero tampoco apagados o aburridos.
- Constantino: ¿Esta lista?, debo adelantarme, los empleados me comunican, que hay varios clientes esperando la apertura de la farmacia.
- Kenia: Te he dicho no esperes por mi, sabes bien, voy a las oficinas del supermercado, un poco más tarde. La encargada esta pendiente de dirigir y abrir todo.
- Constantino: Lo se, sólo me da temor dejarte sola.
- Kenia: Como en el negocio, tienes a tus vigilantes, observando todo lo que hago.
- Constantino: Mi temor a perderte, es enorme, cualquiera querrá tenerte.
- Kenia: Eso depende de mi, de nadie más, no importa cuanto averigües, seré la primera en informarte.
- Constantino: Por esa seguridad en tus palabras, no me queda más que conformarme con tu verdad.
- Kenia: Es suficiente, con que tengas claras las cosas, ve a trabajar, nos encontramos acá, a las mismas horas de siempre.
- Constantino: Te deseo lo mejor.
- Kenia: Igual a ti.
Poco tiempo después de esta despedida, no necesariamente entregada, pero sutilmente cariñosa, con besos en mejillas. Estaba nuestra Kenia presentándose en el negocio comentado por la pareja, confirmando todo estuviese en orden y si era necesaria su presencia en el mismo.
Aburrida de la rutina, se ingeniaba otro ingreso, que despertara esa felicidad generada por las tres metas alcanzadas, a través de sus logros (negocios y hogar), junto a su esposo.
- Como leen bien, mujer morena, hermosa, casada y posiblemente en un futuro no tan lejano, con hijos. Si todo, les sigue sonriendo.
Un matrimonio sano, nada fuera de lo normal, con un año de haberse sellado.
- Durante la arbitrariedad de la femenina, se le presentará una oferta demandante y muy provocativa, al hablar de la compra y adquisición completa de la farmacia, manejada por Constantino.
Historia que desarrollaremos poco a poco:
No pasados los treinta minutos de la llegada de nuestra protagonista a su negocio, determinada a retirarse, se asoma con el soplar de la brisa, un aroma cautivador, fresco y acogedor. Respirando profundamente a ojos cerrados, hasta sentir el pasar de una figura, quien emanaba tal delicia.
Abriéndolos, para toparse con esa silueta imponente y sensual de una protagonista, cambiada por los escenarios de su vida.
Cual cliente común, dedicando su tiempo en compras normales para cualquier hogar solitario, como cosas rápidas de cocina, dulces y productos de limpieza necesarios para mantener la higiene de una sola persona.
Eso se puede pensar o no quería llenarse de compras que limitarán su presupuesto.
Pensamiento, que suponía aquella morena, interesada en un primer cliente tan cautivador, en años manejando el negocio. La insistente curiosidad en este caso, la obliga a preguntar entre sus empleados, si es nueva esta cliente:
- Kenia: ¿Quién es ella?, primera vez que la veo.
- Empleado: Cada cierto tiempo se asoma, hace compras minúsculas y se retira, según su facturación, no vive muy lejos del negocio.
- Kenia: Eso explica el no verla antes.
- Empleado: ¿Desea algo más señora?
- Kenia: Yo atenderé la caja, quiero ver cuanto gasta y si puede ser considerada cliente exclusivo, retírate al almacén y continúa mi labor.
- Empleado: Como desee.
Espera que se hizo larga, para aquella ansiosa mujer, a pesar de realmente ser cortos los minutos que dedico esta cliente, en ubicar todas sus cosas.
- Kenia: Bienvenida, si es tan amable de acercarse.
- Alexandra: Por su puesto, un segundo.
- Kenia: … - disimula importarle los productos.
- Alexandra: Esto es todo.
- Kenia: Su compra es de siete artículos, un total de… - es interrumpida.
- Alexandra: ¿Eres nueva?, no te había visto antes.
- Kenia: Oh si, disculpe por no presentarme, soy Kenia, un placer atenderle y bienvenida.
- Alexandra: Gracias, aquí tiene el pago.
- Kenia: A su orden.
- Alexandra: Un placer conocerle, que tenga excelente día, hasta luego.
Pasados segundos desde esa despedida, la morena, se consumía la mente, por no entender tal respuesta afirmativa, a la pregunta echa por la desconocida.
Es obvio, es un trabajador mas del negocio, pero la lógica dice, que debe presentarse como dueña de tal y obtener el nombre de la persona, por boca de la misma.
Su corazón agitado, cual niña nerviosa ante un juguete nuevo, no permitió que su lógica reaccionará correctamente. Ese ego que la conforma, estaba molesto consigo mismo, por no lucir su poder ante “pequeño cliente".
Llegando a la casa desconcertada, por querer retroceder el tiempo o mejor aún, que llegase una nueva oportunidad, para lucir su dominio.
- Constantino: Buenas noches amor, cambiaste de planes, eres tu, quien llega tarde el día de hoy.
- Kenia: Si, estaba aburrida y no tuve mejor opción.
- Constantino: Ven para acá, te hice la cena al ver que no estabas en casa.
- Kenia: Muchas gracias corazón, siempre tan considerado, cada cierto tiempo, debo atenderte.
- Constantino: No te preocupes, al casarme contigo supe mi rol en el hogar, mis amigos se burlan, refiriéndose a mi, como la mujer de la relación.
- Kenia: Envidiosos, que no tienen nuestra estabilidad y felicidad.
- Constantino: ¿Qué te ocurre?, ¿porque tan apegada a mí?
- Kenia: Te necesito en la cama… - suspira.
- Constantino: No has cenado.
- Kenia: Sólo calla y sígueme.
Sin tapujos y poco tiempo que se le otorgo, para reaccionar a nuestro caballero, fue lanzado a la cama, evitando movimiento alguno, con la presión de aquella despampanante silueta, encima de sus caderas, jugando con su cuerpo, apoyada por sus estimulados pechos.
Noche que transcurrió diferente a las anteriores y podrían decir ambos, jugosa.
Cinco días después
Activa en el supermercado, nuestra femenina, esperaba la aparición de la susodicha. La sexualidad vivida hace nada, permitió rejuvenecer su alma. Su rostro frío, produjo una pequeña sonrisa en los labios, que resaltaba mucho más su belleza.
Caminaba por pasillos, cual gato perdido, esperando su dueña lo recogiese, pero si que tardaba.
- Kenia: Cuanto tarda… - estaba agotada.
- Empleado: Señora, si quiere se retira a descansar, ya no falta mucho para cerrar.
- Kenia: No, me quedaré hasta el último momento.
- Empleado: Con permiso.
Resignada a pasar un día más, sin verle la cara ha aquella mujer, suspira para si, en decepción por ilusionarse.
- Alexandra: Disculpe, pero no cree debe ir a casa.
- Kenia: ¡¿?!
- Alexandra: Cerrarán y se le hará tarde para andar en la calle.
- Kenia: Para nada.
- Alexandra: Entonces, la dejo continuar, con permiso.
- Kenia: Un momento.
- Alexandra: ¿Me ha llamado?
- Kenia: Si, quería aclararle un punto.
- Alexandra: ¿El cual es? - se pregunta extrañada.
- Kenia: Soy la dueña del negocio, por ende, recurra a mi por cualquier duda o beneficio que desee.
- Alexandra: Ya veo.
- Kenia: Así es, si desea esta compra, puede llevársela sin cancelar, servicio de la casa.
- Alexandra: Que afortunada soy, muchas gracias, tomare su palabra, a penas pueda se lo cancelo.
- Kenia: No te molestes, no es nada que pueda afectarme, disfrútala.
- Alexandra: ¿Me dijiste que tu nombre es Kenia?
- Kenia: Estas en lo correcto, ¿el tuyo es?
- Alexandra: Alexandra, un placer, su sonrisa refresca mi día y ayuda a su atractivo, hasta luego.
Dicho y echo lo acontecido, luego de una sutil mirada y roce entre cuerpos, obviamente acción intencional. Noto a lo lejos, como una nueva femenina, se agregaba a sus placeres carnales, al esta, entregarse a un escalofrío inminente.
Sensación que se marco, cual tatuaje en la piel de nuestra “victima", confundiendo con ego tal escena, sintiéndose empoderada ante una posible clienta, que puede sorprender a cada instante si desea.
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