Capítulo VIII - Sorpresas de la vida

En el silencio de cuatro paredes, se observan dos femeninas organizar el desorden. Expresiones de más, anuladas y distancia entre ellas, la necesaria que permite el local, para evitar roces o malos entendidos.

- Alexandra: Disculpa, ¿dónde van estas vitaminas?

- Kenia: Te dije que las colocaras en aquel estante, no me molestes con tonterías.

- Alexandra: Muy agresiva tu respuesta, imagino no quieres mi compañía.

- Kenia: ¿A dónde vas?

- Alexandra: Me retiro, no vengo acá, ha absorber errores de otros.

Sin mucha espera, ya nuestra joven adulta tomaba sus cosas (maletín de efectivo) para salir, despidiéndose.

No iba a permitir que un ajeno, se aprovechará de su amabilidad.

Siendo detenida al instante por casi un grito de súplica, muy bajo y poco perceptible, pero que lleno su ego de mas diversión.

- Alexandra: ¿Me llamas?

- Kenia: Podemos conversar, sólo permite que procese lo ocurrido.

- Alexandra: Entiendo.

Nada que agregar, luego de organizar y limpiar el desorden, ambas figuras se sientan una al lado de la otra, con su debida distancia, guardando silencio por breves minutos.

El ambiente no era incómodo, al contrario, les resultaba acogedor y reflexivo:

- Kenia: ¿Desde hace cuanto conoces a mi esposo?

- Alexandra: No mucho, lo necesario para tenerle cierto grado de confianza.

- Kenia: Al encontrarnos en el supermercado, ¿sabías que yo era su esposa?

- Alexandra: Para nada, casualidades de la vida, todo fluyo después de una llamada que este me hizo.

- Kenia: Y dedujiste que era la misma mujer.

- Alexandra: Tu nombre no es común, por ende, puedo suponer cosas.

- Kenia: Que extraño.

- Alexandra: Si y no, como cualquiera, tenía la esperanza que no lo fueras y al mismo tiempo me ocasionaba gusto.

- Kenia: ¿Qué me has hecho?

- Alexandra: Nada, sólo tu, tienes esa respuesta.

- Kenia: … - suspira

- Alexandra: Lo importante es que, sin importar lo que ocurra, no te culpes o no me culpes.

- Kenia: No soy una niña.

- Alexandra: Bienvenida.

Terminadas esas palabras, se ve el caer de una silueta en las piernas de la otra, su largo cabello se extendía en estas y su rostro fresco, a ojos cerrados, lucia una suave sonrisa.

Con el acompañar de leves caricias en su cabellera, para que relajase por completo ese cuerpo estresado, por lo ocurrido, se escucha un corazón agitado que poco a poco recuperaba la calma, junto a un espíritu, que ganaba sensatez.

Lo único que aun la traicionaba, era su piel, hormonas jugar a la adolescente nerviosa o erizada por cada roce que se le otorgaba. Su mente buscaba explicación alguna, en esos interminables minutos.

- Kenia: Yo quiero a mi esposo.

- Alexandra: Es buen hombre, no es extraño que sientas eso.

- Kenia: ¿Como hago para luchar con esta necesidad?

- Alexandra: Cambien la rutina o cambien de ambiente, no permitan el tiempo los envuelva.

- Kenia: Siento que ya es tarde.

- Alexandra: No lo es, sino esta conversación no ocurriría.

- Kenia: Si caigo en la tentación, ¿podré salirme de?

- Alexandra: Lo mejor que puedo hacer por ustedes dos, es alejarme.

- Kenia: No quiero, debo superar esta etapa, sino será un constante obstáculo a mi felicidad.

- Alexandra: Estas en lo cierto.

- Kenia: Déjame fluir, yo hablaré con el, al llegar a la casa.

- Alexandra: Puede sentirse ofendido.

- Kenia: Es eso o nada, quiero hacer lo que me haga feliz en estos momentos.

- Alexandra: ¿Y eso es?

Dos miradas y dos labios, no más de acercarse, terminaron todo diálogo por el día. El fluir de besos calmados a desesperados, daban paso a respiraciones aceleradas, por falta de oxígeno y espacio que se permitían un cuerpo del otro.

A pesar del sitio no ser favorable, hablando de comodidades.

Hermosas mujeres se las arreglaron, para dar prueba y disfrute de aquellos labios inferiores, que ya húmedos, no escondían la sed de continuar. Camisas retiradas, abdomen impecable y senos perfectos, ruegan el tiempo que se merecen, con el jugar de lenguas inquietas.

Beso a beso y deslizar de dedos poco a poco, se disfrutan en cada espacio que conforma un cuerpo. Espaldas recorrerse, mientras lóbulos eran presionados sutilmente, durante el agarre de cabellos.

Sonido único que era emitido, durante el roce de dos intimidades, que transformaban el silencio en poesía.

Se escuchaba no más que el gemir o suplicar tenue de alguna figura a por más. Desenlace que tomo unas horas para terminar gratificante y llenas de placer, al buscar saciar toda duda y curiosidad de aquel cuerpo solicitante.

Para cerrar puertas de una farmacia entregada a su nueva dueña, junto a una amistad, formada con el corazón.

- Kenia: ¿Irás a tu casa?

- Alexandra: Después de lo vivido, creo merezco un descanso, caeré satisfecha.

- Kenia: Luego nos cuentas, los planes que tenías para conmigo, descarada.

- Alexandra: Tu iniciaste, a lo que sólo quería ayudar a la curiosidad.

- Kenia: Existe, ¿quien pueda cautivar ese frío corazón?

- Alexandra: Es más frágil de lo que parece.

- Kenia: Cuentas conmigo para encontrar a esa mujer.

- Alexandra: Búscame la encargada para mi nuevo negocio, quien sabe, sea ella la indicada.

- Kenia: No creo tengas tanta suerte.

- Alexandra: Eso tu no lo sabes, cuento contigo.

- Kenia: Gracias por tu sinceridad.

- Alexandra: Lo mismo va para ti, saluda al caballero, ambos se merecen.

- Kenia: Lo se, este fin de semana te llamo para una reunión en la casa.

- Alexandra: ¿Quieres me maten?

- Kenia: Pequeña diferencia, que pasará pronto.

- Alexandra: Entonces espero la llamada.

- Kenia: Descansa.

Con un último beso en los labios, ambas cierran capítulo, prometiendo cada una continuar sus vidas, llegando después de, cada una a su debido hogar.

La primera, sólo se acomodó para cerrar los ojos, mientras se felicitaba por una meta lograda.

Actitud que tiene poco sentido común, si realmente nos basamos en la parte individual, al esta quedar sola una vez más. Tal vez se oculte un “por qué", en todo este drama ocurrida.

Mientras que nuestra Kenia, sólo entraba a su hogar, respirando profundo para adentrarse a su habitación, donde sabia empezaría una nueva vida:

Hogar de los Sánchez - Habitación

- Kenia: He llegado… - habla suave.

- Constantino: ¿Cómo te fue?

- Kenia: Cerré el negocio, debemos llamarle para que firmen traspaso.

Sin que lo dijese, los ojos irritados del masculino, contaban toda verdad. Lágrimas fueron su compañía, mientras su compañera desahogo toda incertidumbre.

Abrazado desde su espalda, con todo el cariño o amor que guardase por el, en años de relación, los invitó ha ambos, a perdonarse por el descuido, que cada uno tuvo como pareja.

- Kenia: Quédate tranquilo, soy tuya.

- Constantino: ¿Y el corazón, también lo es?

- Kenia: Claro, no dañare algo tan profundo, por un desliz.

- Constantino: No estás negando que ocurrió algo.

- Kenia: Me conoces mejor que nadie, para que mentirte.

- Constantino: Sólo con ella, ¿me lo has hecho?

- Kenia: Si, y la última, quedó una bonita amistad, después de todo.

- Constantino: Me pondré celoso, si las veo compartir.

- Kenia: Recuperemos nuestra vida, seamos mejores a partir de ahora y si quieres, me ayudas a conseguirle la indicada.

- Constantino: ¿Te pidió eso?

- Kenia: Tal como lo escuchas.

- Constantino: Descarada, cuando la vea, la matare por ofenderte.

- Kenia: Yo creo, que hasta a propósito lo hizo, todo estaba planeado.

- Constantino: ¿A qué te refieres?

- Kenia: Se está obviando algo extraño.

- Constantino: No te entiendo.

- Kenia: Después te explico, veremos que sucede con la nueva candidata.

- Constantino: Te apoyaré.

- Kenia: Que bien, ya sonríes.

- Constantino: A tu lado, siempre.

Poco tiempo después, seguido de una reconciliación. No muy a lo lejos, podía verse el descansar del cuerpo físico de Alexandra.

Presentándose multitud de imágenes frente al mismo, cual diapositivas o reflejo de su mente interior.

Estas, mostraban sin coherencia alguna, lo que ocurría en el hogar de los Sánchez, cercanos y su vida misma, pasado y presente cercano.

- ¿Sueños?, nos preguntaremos muchos.

Pero por el acontecer de cada cosa, la fluidez de cada imagen y la similitud con la realidad. Sonaba más a un traslado en el espacio y tiempo, pero que sólo le permitía, observar una y otra vez lo vivido a diferentes edades, como a un recuerdo, pero tangible. Sin poder interferirlo, al ser eventos ya ocurridos.

Y un presente, que sólo le otorgaba el conocimiento necesario, para tal vez no equivocarse, sortear o atrasar eventos.

Ya que, así exista el libre albedrío, tu marca o final una vez escrito, no cambia.

- ¿Puede significar esto, que algo se nos está ocultando?, o explica el porque tanto atraso a nuestro desenlace.

- Ustedes saben, ¿que es el destino?, puede ser el motivo, por el cual nuestra protagonista sigue huyendo.

Un pequeño concepto, de la palabra destino, es:

*El destino es el poder sobrenatural inevitable e ineludible que\, según se cree\, guía la vida humana y la de cualquier ser a un fin no escogido\, de forma necesaria y fatal\, en forma opuesta a la del libre albedrío o libertad*.

Basándonos en lo anterior, esta vida millonaria que posee en la actualidad nuestra femenina, ¿realmente le traerá la felicidad que busca?

O en este caso, el amor que anhela, a través de esa mujer hermosa y comprensible que necesita, ¿le dará esa felicidad?

Todos dirán si, más fácil no puede ser, pierde mucho el tiempo, ya la hubiese conseguido.

- De acuerdo con ustedes, pero, tal vez la felicidad o mujer que desea, la esta buscando de manera específica, hasta encontrarla.

- Usando esta posible habilidad para ello, evitando extras en su vida y variando historias con el dinero que produjo, en “cortos años”.

Muchas veces, hay vivencias que ninguno desea haber experimentando, sea cual sea la razón. O, sólo pareció perdida de tiempo o años en su vida, que se desgastaron innecesariamente.

- Si estuviera en sus posibilidades, el manejar realidades a favor, ¿lo harían?

Con la consciencia de que esta acción, pueda traerte un castigo o mayores problemas, al modificar lo ya escrito.

Tal como sucede con cada líder, con cada jefe o con cada figura de poder, que abusa de los derechos de otros, desatando una tempestad para su felicidad. Y luego sufren las peores muertes o miserias.

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