En nuestro capítulo anterior, como sabrán, quedamos en el encuentro de ambas protagonistas. Después de tanto tiempo, llego la hora de enfrentar los miedos y definir la felicidad individual de cada persona.
No será como las películas, una satisfacción mutua, en pareja, de dos, pensando en ambos personajes.
Al contrario, “sólo mi felicidad es mi objetivo”, “tu verás si puedes con ello", terminaron de comunicarse las miradas.
Llegada la mañana, nuestra encargada se dedica a sus obligaciones, sin esperar sorpresa o cambio alguno en su rutina.
Después de lo acontecido, el drama se retiró de su vida, o mejor dicho, lo manipularía a su favor, como debió ser desde el primer momento, no al revés.
Oficina
- Bárbara: Buenos Días.
- Yoselyn: Igual para usted, jefa.
- Bárbara: Muy educada de tu parte.
- Yoselyn: ¿Eso es lo que usted es o me equivoco?
- Bárbara: Para nada, es el deber ser.
- Yoselyn: Lo importante es eso, que le guste.
- Bárbara: De acuerdo, iré a revisar otras áreas.
- Yoselyn: Si desea, le guío.
- Bárbara: Continúe su labor, me acercaré a usted, si tengo alguna duda.
- Yoselyn: Perfecto jefa.
Retirándose la dueña del circo, la empleada no hizo más que regocijarse en su asiento, por demostrar el carácter y frialdad, que debió poseer desde un primer encuentro.
Más es difícil sobreponerse, pelear o llevarle la contradictoria, a sentimientos jóvenes, frescos y recién aflorando, que nublan tu pensar, tu actuar y hasta tu vida.
El amor puede ser una herramienta cruel, despiadada e irracional.
Como puede crear maravillosos paisajes, confortables y únicos, logrando sacar en cada ser humano, el monstruo que destruye los sueños de cualquier película feliz.
Este, no piensa que está bien o mal, cuando se empecina en algo, solo sigue su felicidad, su satisfacción y lo que le haga sonreír.
Aquello que llene sus pulmones de placer y brote una sonrisa de par en par, sin tapujos, no importando, si haces daño o si resulta bueno, o malo lo que has escogido.
Y lo peor no viene, cuando todo esto se desarrolla, no.
A la agresividad poseer aquella persona, a causa de su influencia, maltrata, golpea, ofende y desvaloriza, hasta al ser más noble, que quiera entregárselo todo, a ese ser seleccionado como pareja.
Habrá que determinar cuál de las caras dominará ha ambos corazones, en el trayecto:
Farmacia
Pasaban las horas y dos fantasmas se rodeaban cada cierto tiempo, nulo el hablar y actuar, pasillos y oficinas, eran visitados por “coincidencias”.
Una forma de decir cada una, aquí estoy presente, no te olvides de mi, pero tampoco me molestes.
Echo que no pasaba desapercibido por empleados y hasta clientela concurrente en los días venideros.
Mientras una estaba dando una autorización o indicación, la otra sin hacer nada más, observaba en una esquina el desempeño.
Y así, al revés o al derecho, sea cual sea el área.
La oficina por no agregarle compartida, era acaparada por alguna de las dos.
Una manera de comunicar, es tuya por este momento o horas, pero no deseo estar a tu lado.
Se turnaban el juego, por así decirlo.
Nosotros los seres humanos a veces somos tan complicados, completamente manipuladores y descarados, que, aunque no se crea damos vergüenza.
Farmacia
Ambas femeninas, cumpliendo sus papeles y labores, principalmente la encargada que se disponía a retirarse, no sin antes haber gozado la frialdad predispuesta y por ende el poco compartir entre ambas.
Es detenida por quien fue contratada, colocándole obligaciones extras y justificando de tal manera, el nuevo horario a trabajar, unas tres horas más, del reglamentario.
Recordarán, su salario es superior y muy por encima del básico, por ende, pueden ser justificadas las actividades extras o en este caso, no puede haber derecho a queja o defensa.
Si no era de su agrado lo implementado, podría retirarse en el momento que quisiera.
Por supuesto, como una es igual de astuta a la otra, no permitía que sus emociones, dañaran su estabilidad o mucho menos, permitieran acercamiento a la villana del cuento.
Aplicaría la de todo trabajador inconsciente o habilidoso, cuando el jefe no este presente, pero en este caso, sería lo mismo, ausente o no.
Era diversión y ofensa juntas, de alguna manera y en determinado tiempo, ambas gozaban con esto.
Como sabemos, la más adulta tiene un hogar, una familia y un lugar donde llegar, desahogarse y seguir planificando. A diferencia de la más joven que, luego del trabajo, sólo recurre a la soledad de su espacio.
Casa de Yoselyn
Muy alegre y sin mal humor, llega la morena a su hogar, con el objetivo de disfrutar a sus hijos y del tiempo de descanso.
Detalle sorprendente para los mismos, ya que, normalmente, antes de todos estos acontecimientos, esta, llegaba a su hogar agotada, luego de buscar el dinero u oportunidades para que nada les faltase, topándose con un desastre en la cocina o desorden en general, por falta de interés y consciencia de sus hijos.
Común en los jóvenes de la actualidad, pensando que el deber de ellos es comer y disfrutar la vida, sin tomar en cuenta nada o nadie, no considerando el esfuerzo de su progenitora y por su puesto, dejando una casa patas arriba, ya que no es de su importancia.
A lo que, comprenderán si les digo, que la misma al regresar sin energía y ánimo de un día agotador, acaba con todo, por medio de las palabras y acciones, observando este tipo de paisajes.
Convirtiéndose no a veces sino casi siempre, una queja y peso constante, su vida en general. Pero, luego de todo lo que ya sabemos que ocurrió y ocurre actualmente, esta, a pesar de ver el mismo paisaje, ignora su alrededor, ubicándose no más que en su felicidad.
Su pensar, carácter y experiencias de vida, no permiten facilitarle la vida a otro, al contrario, el que quiera comodidades, felicidad y vanidades, debe ganárselo o al menos trabajarlo.
Por ende, nadie de su alrededor tiene conocimiento de lo que pueda o no ocurrir en su vida y mucho menos si su condición económica ha cambiado o mejorado.
Sólo permite o refleja lo positivo que pueda estar logrando, a través de una mejor calidad de vida, dentro del mismo hogar. Resaltando aquí, que su carácter, sea más indiferente y este en su mundo sonriendo a lo externo, ignorando todo aquello que desee perturbar su alegría.
Regresando a donde quedamos, luego de aclarar detalles que pueden afectar más adelante un desenlace.
Casa de Yoselyn
Nuestra morena, muy cómoda y como Dios la trajo al mundo, disfruta de su cama.
Objeto que desea a morir, riendo sin parar, de las trivialidades que conseguimos en las redes sociales que permite nuestra actualidad.
Recuerden, nos basamos en una época, donde todo lo que conocemos como disfrute o entretenimiento existe, no se diga medios de comunicación y aplicaciones para la misma.
Carcajadas y risas disimuladas en ocasiones, hacían eco en el pequeño, pero adecuado hogar que seleccionó aquella mujer para su tranquilidad y soledad.
Echo que influye en una mejor recepción y no pasa desapercibido cualquier expresión, acercándose los hijos, muy prudentemente, para averiguar que ocurría o si su madre tal vez había consumido, “¿algo?”:
- Hijos: ¿Mama, estas bien?
- Yoselyn: Excelente, ¿por qué?
- Hijos: No, por nada.
- Yoselyn: Ok, ¿se quedarán ahí parados en la puerta?
El silencio era testigo, de las risas de su progenitora, mientras estos cual robots sin vida, por la sorpresa. Sólo observan con cautela, estáticos frente a ella, mirándose uno al otro, comunicándose lo extraño de la situación:
- Yoselyn: Ustedes dos, si estarán parados, sólo observándome como tontos, retírense.
- Hijos: Pues… - se miran otra vez, ambos hermanos.
- Yoselyn: Me tienen incómoda, se quedan y comparten, o se van.
- Hijos: Ok.
Cuál trampa, se acuestan ambos jóvenes en la cama con su madre, pensando que los atacará en cualquier momento, pero nada ocurre con el transcurrir de los minutos.
Relajándose los mismos y agradeciendo internamente a lo que sea o quien sea, haya alegrado de tal manera el día a su madre, y posiblemente el humor.
Acabando un día, digamos tranquilo para ellos tres y solitario para nuestra protagonista, igual acostada de manera relajada y ante todo satisfecha en su hogar, trasladándonos a otro día más en el trabajo, llegando tarde la esbelta mujer y de último al local.
Farmacia
- Yoselyn: Buenos días a todos.
- Compañeros: Igual para usted licenciada.
- Yoselyn: ¿Se encuentra la jefa?
- Compañeros: Si, esta en la oficina, estuvo preguntando por usted.
- Yoselyn: Oh si, ¿qué dijo?
- Compañeros: Si teníamos idea del porque su ausencia.
- Yoselyn: Normal, yo le explico, muchas gracias, sigan trabajando.
Con sonrisa de par en par, se dirigía la adulta hacia su destino, sin temor alguno y mucho menos respeto.
Oficina
En esas cuatro paredes, estaba una joven sería y dedicada a sus labores, mientras esperaba a la susodicha.
- Yoselyn: Buenos días, ¿cómo amanece?
- Bárbara: Bien.
- Yoselyn: ¿Algún cambio?
- Bárbara: Todo igual, nada diferente.
- Yoselyn: Perfecto, entonces no debo preocuparme, me retiro a chequear las demás áreas.
- Bárbara: ¿Sabes la hora que es?
- Yoselyn: No, déjame chequear el reloj.
- Bárbara: No te hagas la tonta conmigo, llevas tres horas de atraso.
- Yoselyn: Disculpa, tuve problemas de tráfico.
Ambas se miraban fijamente, una descarada sonriente y la otra con cara ruda, de no permitir burla alguna.
- Yoselyn: ¿Algo mas?
- Bárbara: No juegues con mi paciencia.
- Yoselyn: Yo jamás haría eso, jefa.
- Bárbara: Buscas diversión.
- Yoselyn: Soy su empleada y por ende usted es mi jefa, ¿cierto?
- Bárbara: Correcto.
- Yoselyn: Si a usted no le gusta mi desempeño, puede despedirme, ¿o me equivoco?
- Bárbara: …
- Yoselyn: Además, siendo mi jefa puede castigarme o descontarle el día, si desea.
- Bárbara: Detén la canción.
- Yoselyn: Es toda la verdad, usted es mi jefa y puede hacer lo que desea.
- Bárbara: Basta.
- Yoselyn: No se preocupe, intentaré no volver a quedarle mal.
- Bárbara: …
- Yoselyn: Cambie esa cara.
- Bárbara: Te gusta jugar.
- Yoselyn: Al contrario, no sabe cuánto la admiro jefa.
- Bárbara: ¿Soy tu jefa?
- Yoselyn: Exacto, debo obedecerla.
- Bárbara: Correcto, harás lo que me plazca.
- Yoselyn: …
- Bárbara: Eres mi subordinada y te ordeno como me de la gana.
- Yoselyn: Un momento… - es interrumpida.
- Bárbara: No quiero escuchar tonterías, retírate.
- Yoselyn: Mal interpretas las cosas.
- Bárbara: ¡Te he dicho, retírate!
- Yoselyn: ¡¿?!
- Bárbara: Como tu jefa, te lo ordeno.
- Yoselyn: Ni creas te obedeceré, con tal actitud.
- Bárbara: Es tu problema, no el mío, cierra la puerta, no quiero intrusos.
- Yoselyn: Ridícula.
- Bárbara: Gracias, tu igual.
Escuchándose el cerrar agresivo de la puerta que da paso a la oficina, se escucha un suspiro en la oficina, sonriente por lo ocurrido y la que se retiró, molesta por no lograr su cometido.
Veamos que ocurrirá a partir de ahora, que se alinean las dos femeninas en sus respectivos papeles de trabajo.
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