Nota: Próximo capítulo 25 de septiembre
Sara era, en muchos aspectos, aburrida. Aquella mañana
se había levantado un tanto más cansado de lo habitual, las maderas finas
relucían suavemente y el sonido del agua colándose por el pequeño riachuelo
resonaba con serenidad. Sus ropas de seda se balanceaban sobre sus hombros y
trató de centrarse en lo que tenía que hacer. Abrió la puerta corrediza que
llevaba grabados del emblema de la familia real de Cus y prosiguió su recorrido
por el largo pasillo. Las sirvientas llevaban trajes de tela fina atados por
una cinta, al verla hicieron una reverencia inclinando su cuerpo, le dieron los
buenos días y ella hizo lo mismo, aunque no llevaba muchas ganas de platicar
con nadie.
Su
palacio era hermoso, una obra maestra arquitectónica que relucía desde lo
lejos, ubicada en una montaña en donde sus árboles hacían juego celestialmente,
la forma de aquella obra era bastante llamativa, similar a un gran edificio,
pero todo hecho con la madera más resistente, con techos puntiagudos y
suspendido en medio de un río, los enormes pilares de piedra sostenían todo el
gran palacio y su jardín era considerado uno de los más bellos.
La
princesa Sara bajó por las escaleras adornadas con grabados antiguos y llegó a
la planta central, su palacio poseía más de cinco plantas. La sala del trono,
curiosamente no tenía un trono como tal, poseía solamente una gran almohada en
la cual la princesa se sentaba sobre sus piernas. Pasó de lejos junto a sus
guardias, pasó al jardín, quería despejarse de todo lo que estaba pasando y fue
a sentarse en el árbol de cerezo que adornaba la parte central, la refrescaba y
también le daba la tranquilidad que necesitaba, pensaba en muchas cosas
últimamente y no quería permanecer centrada en Verum.
Bajo
la sombra de ese árbol observas la naturaleza que te rodea, tienes miedo y lo
sabes, pero… finges por momentos que no es así y piensas que todo podría
resolverse de una manera bastante sencilla, a decir verdad, solo has realizado
cosas para tu bienestar propio, pero… ¿Qué harás ahora? Te pones a meditar, el
viento mece tus cabellos y tus orejas de zorro bailan suavemente prestando
atención a tu entorno. ¿Qué es ese sentimiento? ¿culpa? ¿culpa de qué? No has
hecho nada, pero temes la venganza contra los descendientes. No sabes cómo
vencer a Verum y nuevamente piensas en ello, aunque no quieras, hasta no matarla,
no podrás descansar en paz, observas a las aves pasar, saltar y chapotear y
volver al agua, te pierdes observándolos y el silencio del castillo y del lugar
mismo es apacible.
––Mi
señora.
Sara
estaba perdida en sus pensamientos, la paz de aquel lugar era demasiada.
––Mi
señora––Alzó un poco más su voz. Sara
volteó––. Comprendo que esté preocupada, pero… hay que esperar y tener un poco
de fe. Vaya a la sala central, su desayuno la está esperando.
––Jaeri…
––¿Si
mi señora?
––¿Qué
tan poderoso es realmente mi talismán? Mejor aún… ¿Qué tan fuerte era el hada
Astarte?
Jaeri
se quedó en silencio unos momentos, su familia había estado al lado de la de
ella prácticamente desde que se había fundado y todo se trasmitía de generación
en generación.
––Esa
hada… tenía un poder de invocación muy fuerte, mató a miles de humanos y hadas
mismas en la guerra de hace mil años. Se dice que su magia era tan poderosa,
que la terminó consumiendo y esa fue la razón de su caída. Usted no se
preocupe, creo que todo saldrá bien. Confié en usted misma, las peleas no se
ganan solo con fuerza sino con inteligencia. Además, no podrá pensar bien con
el estómago vacío, o ¿me equivoco?
––Supongo
que tienes razón, voy a esperar a ver qué sucede con nuestro plan. Solo espero…
que todo funcione… …
––Además,
mañana es su cumpleaños, es un día festivo y estamos preparando una gran
fiesta.
Sara
frunció el ceño y observó con un poco de tristeza a Jaeris.
La
fiesta que se iba a realizar probablemente era gigantesca en toda la extensión
de la palabra y los regalos y la comida serían la vestidura que coronaría
aquella velada de gala. Sin embargo, toda rosa tiene espinas y Sara sabía
perfectamente lo que significaba aquel día festivo.
––Sabes
más que nadie que es necesario hacer el ritual, de lo contrario el talismán irá
consumiendo tu alma y no llegarás muy lejos.
––De
vez en cuando me pongo a pensar ¿Cuánto tiempo me queda de vida? Esta cosa
succiona anualmente parte de mi alma, no importa cuántas almas succione, nunca
podré deshacerme de esta maldición. Dime… ¿de qué vale sacrificar a tantas
almas? Siempre tendré el mismo destino que tuvo mi padre… siempre moriré.
––La
muerte es inevitable, es algo natural.
––No,
morir de vejez es natural, pero… morir producto de esta maldición no. No me
enorgullezco cuando anualmente me tengo que bañar en la sangre de todos esos
inocentes… todo, por alargar tiempo, tiempo que no se si está cerca de
cumplirse.
La
sirvienta la acompañó, tenía que comer y el desayuno estaba por enfriarse…
––No
tema mi señora, le prometo que nada le va a pasar, le juré eso a su padre.
La
princesa Saraikhi o como mejor era conocida “Sara” observó triste los suelos,
ella no deseaba lo que estaba pasando y en el fondo de su corazón sabía que
estaba mal. Algo la atemorizaba, sabía que iba a morir tarde o temprano y la
muerte hacía rincón en sus pensamientos, le temía, aunque muy en el fondo la anhelaba
y quería terminar con toda esa pesadilla lo más pronto posible.
––Vaya
a comer, la comida se va a enfriar. Además, los Shookiris la van a visitar.
––Si,
supongo… que tienes razón.
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