Los copos bailaban en el techo mientras que el sol
paseaba sus rayos entre el cielo que era de vez en vez tapado por las nubes que
jugaban el firmamento.
––Entonces eso fue lo que pasó.
Calai asintió al igual que Tera.
––Tera, te doy las gracias por salvar a Calai de una
muerte segura, aunque hay algo que me da curiosidad y tras todo hay algo que no
comprendo––Observó a Calai––. Calai ¿te puedo preguntar una cosa?
––Si.
––¿Me podrías describir el aspecto de esa hada?
Calai bajó la cabeza, observaba los platos ya vacíos y
las migajas de pan. Podía recordarla perfectamente, la había visto asesinar a
ese inocente y a todos los soldados a sangre fría.
––Tenía una cara un poco tétrica, un cuerpo delgado,
cabello color púrpura y tenía en un ojo muy extraño.
El anciano se quedó inmóvil, el sudor le recorrió la
frente, una lagrima le caminó por el mentón, pero reprimió sus emociones, tenía
que estar seguro y trató de ocultar sus intenciones.
––Y tenía alas grandes y con una extraña forma.
Prendió su pipa y dejó escapar humo de ella.
––¿Alas? ¿Calai, estás segura?
––Si, jamás la olvidaré.
––Por más que encaje no puede ser Verum, pero… tengo
que ir a comprobarlo con mis propios ojos–– Celgris trataba de encajar todo,
aunque no entendía nada.
Entre todos ayudaron a limpiar la mesa, después el
anciano las condujo a la sala, tenía que comprobar que había pasado con el hada.
Se sentó en el sillón, cerca de una pequeña biblioteca con una lámpara en una
mesa.
––Calai, necesito que te quites la camisa.
Calai se sorprendió y lo observó extrañada.
––¿Porqué?
––¿Recuerdas que hace bastante me preguntaste por tu
marca en tu lado izquierdo y dije que luego hablaríamos de aquello? ––Calai
asintió––. Necesito revisarla, hay algo que debo ver, tranquila, no será por mucho
tiempo.
Calai, avergonzada se quitó la camisa, sus pezones
rosados quedaron expuestos y su torso plano resintió un poco el frio. El
anciano observó el sello en forma de capullo y para su sorpresa, no estaba
abierto, aunque él desconocía ciertas cosas que las hadas sí. Lo tocó con un
dedo.
––¿Te duele al tocarlo?
Calai negó con la cabeza. Tera observaba curiosa.
––Celgirs ¿Le pasa algo a Calai?
––No, pero… es extraño, esto es algo que creo se
escapa de mi entender.
––¿Porqué? ––Calai estaba confundida, el anciano dejó
de revisar, se quitó sus pequeños lentes y volvió a sentarse, Calai se colocó
la camisa––. ¿Algo anda mal con esto?
––Calai, recuerdas que te habían encontrado en una
cabaña y te trajeron aquí.
La niña asintió. Tomó asiento en otro sofá, Tera se
sentó a su lado.
––Quien te trajo fue una mujer encapuchada, te
preguntarás ¿qué tiene que ver con todo esto? pero, verás que se relaciona
bastante. Para ser honesto, desconozco quién fue, pero no comprendo cómo puedes
seguir viva, es algo que escapa a toda lógica.
––¿Porqué?
––Porque todos los humanos nacían muertos, y los
últimos perecieron unos años antes de que te trajeran, no podías estar viva,
pero resulta que sí y eres la última especie de la raza humana y pura ya que todos
los demás con ayuda de las hadas mutaron su cromo.
––¿Por eso yo tengo cola y orejas?
––Correcto Tera, las hadas ayudaron a la supervivencia
de los seres humanos. Pero, cuando te trajeron hubo algo que me dejó aún más
perplejo, ese sello, marca, como quieras llamarlo, solo lo tienen aquellos que
pueden usar magia y esa mujer… era extraña, ya que a pesar de tener rasgos
humanos, no irradiaba la misma aura que todos los humanos si, ella hacía que
todo fuera diferente.
––¿Magia? No entiendo.
––Tengo una duda ¿Qué hay con que Calai pudiera usar
magia?
––Precisamente eso. Verán, mi edad es de mil treinta años,
soy el último de la raza de los Kliugs del norte, la segunda raza más longeva
desde que los colosos vivieron y participé en la guerra de hace mil años, antes
de que las tierras ascendieran. En esa época y aún hace más de cuatrocientos
años, los humanos trataron de aprender magia, todos murieron, todos, no hubo
uno que lograra sobrevivir, todos morían desangrados, vomitando sus órganos.
Las hadas, sirenas e incluso los pobladores de la ciudad del Sol, pueden usar
magia, aunque ellos tienen otras reglas más específicas para usarla, pero los
humanos de raza pura no pueden. Incluso las hadas tienen una leyenda sobre eso.
––¿Eso quiere decir que Calai morirá?
––No sabría decirles, todo lo que ha pasado hace que
me cuestione de si Calai es humana. Verán, esa marca no es usual, solo la
poseen aquellas personas que al nacer manejan algún tipo de magia. De poseerla
algún humano, es seguro que morirá. Durante todos estos años he estado
investigando, pero, nunca di con una respuesta, más aún puedo decir que sí creo
poder conocer a las personas indicadas. No te dije nada porque no quería
decirte las cosas a medias, pero… ahora, con lo que está pasando, supe que era
el momento.
––¿Y quiénes podrían ayudar a Calai? ––Tera estaba
invadida por la curiosidad.
––Las hadas.
––¿Hadas? ¿Ellas que no habían desaparecido?
––El que no estén en las tierras superiores no
significa que hayan desaparecido, ellas existen y sé cómo llegar a las tierras
bajas. Cuando acabó la guerra las hadas decidieron quedarse en las tierras
bajas mientras los humanos vivían en las superiores, se colocó una barrera para
que nada pueda subir, ni bajar por medios convencionales.
––Pero las hadas son malas–– Calai tenía una cara de
preocupación en su rostro––. Me pueden dañar, no quiero que me hagan daño.
––Calai, no todas las hadas son malas, que aquella
hada haya hecho eso, no significa que las demás sean así, ellas son bondadosas
y poseen mucha felicidad en sus vidas.
––¿Entonces hay hadas buenas?
––Desde luego, y te aseguro de que cuando llegues ahí,
te recibirán con los brazos abiertos.
––¿Las hadas me podrían enseñar electrónica?
––¿Por qué esa pregunta Tera?
––Es que estoy interesada en estudiar electrónica,
pero, quería saber.
––Bueno, si bien recuerdo, las hadas tienen la mejor
educación.
––¿¡Ellas me pueden enseñar!?
––Desde luego y mejor que los profesores de estas
tierras superiores. Si van en mi nombre creo que pueden enseñarte y gratis,
créeme, es un lugar maravilloso y a ustedes les va a encantar. Tienen lo que a
mí respecta, la ciudad más bella de todas, superando incluso a las sirenas.
––¡Entonces está decidido, tenemos que ir! ¿Qué opinas
Calai? Se ve que es un lugar muy lindo.
––Pero… ¿Cómo llegamos hasta ahí?
Celgris
se quitó un collar que llevaba.
––Este
collar les va a ayudar a llegar a las tierras bajas.
Colocó
el collar en la mesa, para suerte de él, había preparado todo con antelación y
sacó del cajón de la mesa que tenía a su izquierda un mapa.
––Y
este mapa, las va a guiar en las tierras bajas. Cuando lleguen donde indica el
mapa, deberán entrar en la cueva y descender hasta que encuentren una pared,
luego, deberán colocar la piedra en un agujero que tiene su forma y pronunciar
Aunshka, no importa la forma, solo que digan la palabra. Llegadas hasta las
tierras bajas, deben decirle Fleuris en voz alta y el mapa cambiará, de momento
es un mapa del estado de Urlis, en las tierras de Havila, pero al decir esa
palabra en voz alta, el mapa cambiará y les mostrará las tierras bajas. Ahora,
es muy importante lo que les voy a decir… Llegadas una vez a las tierras bajas
el mapa indica que deben ir por un camino que se parte en dos, deben tomar el camino
de la derecha no el de la izquierda. También, la cueva está escondida, sabrán
por donde ir cuando vean un árbol que tiene grabado el símbolo que está en el
mapa.
––¿Qué
pasa si tomamos el camino de la izquierda? ––Tera estaba intrigada y quería
saber, tenía un poco de curiosidad.
––Ambos
las llevarán al reino de las hadas, pero el de la izquierda es más largo y no
les aconsejo estar mucho tiempo alejadas de los dominios de las hadas. Las
tierras bajas tienen criaturas muy peligrosas y les aconsejo de andar lo más
rápido. Calai, descuida, estarás bien e igual tu Tera. Nunca tuve dificultades
para bajar y subir, solo que no lo volví a hacer ya que… —Dejó escapar humo de
su pipa y reprimió sus emociones—, porque tengo mucho trabajo acá arriba.
Tera
tomó el collar y el mapa. Por suerte de ellas, podían ir a Havila, ya que solo
Edén estaba prohibida la entrada. Calai dudaba un poco, pero estaba decidida a
llegar al fin de todo el asunto, quería saber de su pasado y no podía dejar
pasar la oportunidad y si Celgris conocía a las personas que podrían ayudarla
tenía que aprovechar, tenía miedo y no sabía que le aguardaba ahí abajo, pero
si se quedaba de brazos cruzados no iba a lograr nada.
Dio
gracias a Celgris por querer ayudarla, lo abrazó y este le acarició la cabeza,
le deseó buena suerte y esperaba que ella pudiera averiguar más sobre sí misma.
Tera le dio las gracias por la comida y se retiró de igual manera, le abrazó y
junto con Calai, dejó la casa del anciano.
––No
se olviden de nada.
––No
lo haremos Celgris, descuida. Gracias por la ayuda.
––De
nada pequeñas.
Luego
de que ellas se retiraran, Celgris se sentó en su silla a pensar en las
palabras de Calai. Rascó su barba, dudaba y no se decidía realmente, había
muchas cosas que no calzaban. Observó uno de los libros en lo más alto de su
estante y lo tomó con cierta dificultad, la vejez le había cobrado factura
desde hacía unos años, pero estaba dispuesto a finalizar su recorrido, había
vivido y visto tanto que la esperanza se había perdido de cierta manera en su
alma, más al recibir aquella visita algo despertó en su corazón. Sabía
perfectamente el libro que tenía en su mano y, al abrirlo sacó de la primera
página un retrato de hace más de novecientos años. Lo había logrado conservar
bien y al retirar el dibujo del plástico contempló a Verum, cuando se hicieron aquel
retrato ella no podía llegar a tener más de siete años y él, la amaba como si
de su hija se tratara.
Dejó
escapar unas lágrimas que danzaron hasta su cuello. El humo de su pipa salía
hacia los cielos y el frio en las afueras bailaba con el sol.
––Esa
hada no puede ser Verum, ya que Verum… fue la única reina de las hadas en nacer
sin alas…
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