Calai meditó en lo que haría, los sucesos de Edén no había
sino detonado toda su intriga, sentía en lo más profundo que había algo que no
encajaba, tal vez, las hadas podrían ayudarla. El tranvía las dejó nuevamente
cerca de su punto de partida, caminaron por breve tiempo hasta llegar
nuevamente a la casa de Calai, algunos colibríes blancos pasaron de flor en
flor. Calai tenía que decirles a todos de su breve partida, no podía irse sin
más considerando esta actitud inusual de su parte. No quería preocuparlos en lo
absoluto, no era esa clase de persona, pero, aun así, sabía que estarían
preocupados aun con la compañía de Tera. Pese al debate decidió comentárselos y
a las dos de la tarde, almorzaron y esperaron la tan ansiada hora, Calai había
llamado a Jeltris y Jaspis, los que casi siempre velaban por ella para dar
aquel mensaje. El sol empezaba poco a poco a ponerse, el día iba muriendo y la
larga noche estaba apareciendo. Ellos llegaron quince minutos después de las
dos, Calai no se molestó, pero si estaba nerviosa, aquello era algo a lo que
nunca se había enfrentado, pero… contaba con el apoyo de Tera. Quizá Calai
pensaba que se estaba entrometiendo en cosas que no eran de su incumbencia,
ella sabía que podía estar tranquila desde su casa, pero… lo haría viviendo con
aquella duda ¿quién era? ¿era acaso una humana? Celgris le había dicho que era
imposible que estuviera viva. Calai no sabía que pensar, qué era y todo aquello
le daba vueltas en sus pensamientos, le dolía y se sentía confusa, no sabía
cómo reaccionar ante tal situación, claramente se le hacía extraño el ser la
única humana, pero… nunca llegaba a aclarar los misterios del “¿por qué?”.
Hasta ese momento, todo su mundo giraba en torno a una
burbuja, una de la cual tenía que salir para encontrar respuestas.
Ambos entraron y saludaron a Tera y a Calai. Ella les
hizo señas de que reposaran en el sofá, las dos se sentaron junto a ellos.
––Calai ¿qué querías comentarnos?
La niña le costaba encontrar las palabras adecuadas
que pudieran aclarar lo que expresaría. Tera le tocó el hombro y le devolvió
una sonrisa, Calai tomó entonces aire, ella sabía que no podía decirles que iba
a ir a las tierras bajas, eso sería un golpe demasiado fuerte. En cambio,
decidió modificar la versión de sus futuras acciones e inventó un pretexto que
podía sonar convincente si no entraba en muchos detalles. Les explicó que Tera
tenía un pariente en las tierras de Havila, ella iba a acompañarla y quedarse
por un tiempo, le iban a enseñar unas cuantas cosas y en general solo se
quedaría por quizá medio año o menos, ahí estaría bien cuidada y ellos no
debían de preocuparse, ella iba a regresar (aunque en general el viaje hacia
las tierras bajas les iba a durar dos o tres días como mucho) y para cuando
regresara, les haría saber su decisión.
Ellos intercambiaron miradas, no estaban confiados y
temían por la niña, ya que afuera había criaturas y peligros como los
depredadores Ghutir, que cazaban en manada y eran los responsables de muchas de
las muertes anuales, aunque igual sabían que ella iba a seguir creciendo y
tarde o temprano tendría que salir. Les tomó bastante tiempo el debatir sobre
su decisión, más, sabiendo que iban a ir a caballo en vez de usar los trenes,
pero al final accedieron, temían por ella, pero… sabían que tenían que empezar
a soltarla para que fuera lejos de lo que ella conocía y expandiera sus
conocimientos, si bien Calai no frecuentaba la capital, si le gustaba vagar por
el pueblo y eso al inicio si bien no les dio molestias, si les preocupó en
parte, era una niña de siete años, pero tuvieron que soltarla y ahora estaban
en una situación familiar.
––Tera––Ella los observó, sus orejas se movían
constantemente, su cola danzaba en torno a ella––Calai, si bien no es nuestra
hija, siempre, para todos los de este pueblo ha sido como una. Le hemos dado
todo el cariño y amor, por favor… cuida de ella Tera, prométeme que nada le
sucederá.
Ella quería decir que sí, pero si no cumplía con su
promesa, tendía que vivir las consecuencias en su conciencia, aunque por amor a
los dioses, solo irían a ver a las hadas ¿qué diablos podría pasar en ese
trayecto? El mapa indicaba que tendrían que andar por ciudades grandes y
aquello no resultaba un problema, además… no podía negarse, había prometido
ayudar a Calai apoyarla y protegerla.
––De acuerdo, yo cuidaré de ella.
Ambos intercambiaron miradas y tras ver a Calai, se
despidieron y las dejaron solas, a las cinco de la mañana partirían para llegar
a la casa de Tera antes del anochecer, la idea era que, en media puesta del sol,
arribaran a las tierras de Onix y tuvieran oportunidad de descansar del viaje.
Tras retirarse, ambas intercambiaron miradas, Calai
estaba tensa, pero Tera acostumbraba viajar y le aseguró que no había nada de
que temer; aunque en lo más profundo de su corazón sentía inquietud por
internarse en un lugar desconocido. Los misterios de aquellas tierras le daban
curiosidad, quería saber que misterios escondían. Calai buscó un refresco, debía aclarar sus
ideas y tratar de interiorizar muchas cosas, pese a todo, ella, al igual que
Tera, tenía miedo, en mayor escala, pero… seguía siendo miedo a lo desconocido.
Empacaron cosas que les pudieran ayudar para el viaje que calcularon de cuatro
días, llevando únicamente cosas esenciales, la comida sería preparada con
ingredientes sencillos, pan, queso, jalea y demás ingredientes.
La tarde tornábase ya en noche y era hora de cenar,
Calai puso algo de música. Comieron tranquilamente, cobijadas bajo la luz del
cielo nocturno, quizá la cena estuvo acompañada de alguna de las frases extrañas
de Tera, más no había muchos problemas ya que Calai se estaba acostumbrando a
esas extrañas frases. Dejó que Tera tomara el baño y luego le siguió ella.
Aquella noche se acostaron pronto pues tenían que
levantarse muy temprano si querían llegar a la casa de Tera para el anochecer
del siguiente día. La calefacción arropaba a ambas de todo el frio y podían oír
el canto de los llamados pájaros sirena, los grillos acompañaban dicha balada y
el viento ondulaba por las casas.
––Tera… ¿estás despierta?
––Si––Su cola se movía tranquilamente y rozaba la
espalda de Calai.
––¿No tienes miedo?
––¿A las tierras bajas?
La niña asintió, el canto de aquellas aves nocturnas
sonaba suavemente, la luz de las lunas entraba por la ventana e iluminaba el
rostro de Tera, el collar que poseía reposaba en su cuello como de costumbre.
––Para ser honesta… quizá. Son cosas que nunca he
visto y desconozco todo aquello, para ser realista, lo único que he escuchado
eran algunas leyendas de las hadas que me contaba mi padre, cuentos infantiles
que se repetían en las generaciones–– Se dio vuelta y observó el techo––. ¿Cómo
crees que son las hadas?
––Creo que deben ser muy lindas y distintas de
nosotras, no creo que tengan cola u orejas como la tienen la mayoría de las
personas, aunque… no sé cómo nos vean a nosotras. Eso me intriga y de cierta
forma me asusta, son cosas que no comprenderé hasta que las vea. Solo espero
que no se parezcan al hada que atacó en el festival.
––Yo opino que deben ser seres muy inteligentes, no
creo que gusten de hacer guerra y matar como esa hada. De cierta manera me
recuerdan a la leyenda de El amo de los mares. ¿La has oído?
––No estoy segura, recuerdo bien la leyenda de la luna
y el sol, pero no recuerdo haber oído esa.
––Se dice que hace mucho existió un pirata que fue el
amo de los mares. Pero se enamoró de una sirena, esta le llevó hacia el lugar
donde vivían todas ellas y… con su canto lo sedujo hasta que lo ahogó,
escuchando únicamente su canto bajo la luz de las lunas. Así su amado podría
estar con ella por la eternidad.
Calai contempló el techo y dejó su mente volar, había
temas que le gustaban y los miles de mitos y leyendas que se habían formado en
torno a las sirenas era una de las cosas que más la fascinaba y quería en lo
más profundo de su ser poder llegar a verlas y hasta si era posible, hablar con
ellas.
...
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