Los mensajes

A la mañana siguiente, Calai presentaba una leve

mejoría. Se logró poner en pie sin resbalar y en general ya no tenía tanto frio

como los días anteriores, la ventaja es que estaba acostumbrada a vivir en un

clima completamente templado y los resfriados eran una cosa muy normal, por lo

que creía que su cuerpo se llegaría a componer en dos días o menos. Tera estaba

luchando con el desayuno y trataba de confeccionar algo delicioso, Calai se

acercó y le ofreció ayuda para hacer los huevos.

            El

calor de la cocina le trajo lindos recuerdos y en parte agradecía bastante a sus

tutores por enseñarle a cocinar.

            —Cocinas

Muy bien Calai.

            —Gr…

gracias. Aunque tengo que mejorar más para hacer cosas más deliciosas.

El olor empezaba a mezclarse suavemente y el calor de

la misma las acurrucaba. Tras diez minutos de cocinar los huevos y tostar el

pan, se sentaron a la mesa y disfrutaron del desayuno que habían hecho.

            ––Me

alegra que te sientas mejor.

            ––Tera,

realmente te agradezco por todo lo que has hecho.

            ––No

hay de qué preocuparse. Por cierto, estos huevos te han quedado geniales.

            Aquella

casa desprendía un ambiente amparador y la alegría se palpaba suavemente entre

la comida que se derretía en la boca de ambas. Calai recordaba los momentos en

los que cocinaba en su casa y estaba esperando el llegar para hacerlo, más, aun

así, no olvidaba lo que había vivido en aquel lugar y con lo vivido en esos

momentos tuvo dudas y aquellas dudas le sembraban incertidumbre en su alma.

Tras haber comido decidieron empacar, más Calai no sabía en donde llevarían

dichas cosas. Se sorprendió, el campo en el que vivía Tera era hermoso y su

belleza le pareció opacar por un momento la situación actual que enfrentaban

las tres naciones restantes. Su mirada se desvió levemente a unas flores que

ella amaba profundamente, el color de estas, era de un vino y tenía al final de

sus tallos un blanco nieve que era lo que le daba su nombre.

            ––La

flor del corazón nevado, nunca pensé que tuvieras esta flor.

            ––Si,

en esta época es cuando más se dan. Si gustas puedes tomar algunas y

llevártelas a tu casa.

            ––¡¿Puedo?!

            ––Claro,

hay miles.

            Ella

se alegró, pero primero tenían que empacar las cosas en una carreta a la que le

habían construido un techo improvisado. Llegaron a realizar tres viajes y a

Calai le gustaba respirar nuevamente el aire tranquilo de las tierras de

Helster, no podía esperar a que llegaran las festividades, aunque le preocupaba

que por el hada no llegasen a su meta. El frío no se sentía tan fuerte y era

debido a que las tierras de Onix se encontraban cerca de las tierras de Cus.

Calai contempló el panorama y observó las grandes montañas que se evidenciaban

desde lejos, el castillo se divisaba de una manera diluida y sus imponentes

torres y puentes de cristal apenas eran líneas verticales y horizontales. Tera

propuso la idea de tomar un baño antes de partir y Calai, con un poco de

vergüenza aceptó, pues aún no estaba completamente recuperada y en el fondo le

empezaba a gustar que la bañaran, el que la mimaran no pasaba muy seguido y el

lavado de cabello era algo sumamente placentero, algo que no podía dejar pasar

ya que era a palabras de ella como ser mandada al cielo. Ella empezaba a sentírse

un poco más cómoda, aunque aún le avergonzaba que la vieran desnuda.

Tras el baño, se colocaron ropa cómoda, pues las

tierras de Onix eran bajas en comparación con el resto y el lugar en donde

vivía Calai era mucho más alto y por consecuente más frío. Aunque la ciudad más

alta de todas las tierras superiores era la capital de Helster. Antes de

partir, Calai se detuvo para tomar unas cuantas “corazón nevado”, las puso en

agua y se adentraron en la carreta que Tera ya había preparado tirado por un

bello caballo negro de reluciente pelaje.

            ––Calai,

quiero presentarte a un amigo.

            El

caballo sacudió sus crines con elegancia.

            ––Te

presento a Brisa.

            Calai

observó con un poco de curiosidad mezclada con miedo.

            ––Los

caballos no me quieren, nunca lo han hecho y para ser honesta… es lindo, pero

si me disculpas yo estaré en la parte trasera, lo más lejos de él.

            ––¿Porqué?

            ––Bueno––Empezó

a tocarse los dedos y a jugar con su cabello––. Ellos me pasan lamiendo el

cabello y me pasan haciendo ruidos extraños, además son muy altos y no me da confianza

el estar encima de uno, me daría miedo caerme o que me muerdan. Hace mucho vi a

alguien ser golpeado por un caballo, y tener que ir al hospital. no quiero que

me suceda igual.

            ––Descuida,

Brisa no te hará daño si es lo que realmente te preocupa, él es muy amigable y

un gran y leal compañero. Verás que le terminarás amando. Se podría decir que

es un cordero con piel de lobo.

            ––Estoy

completamente segura de que la frase era distinta–– Calai observaba a Tera

confusa.

            Calai

se subió no sin antes observar al caballo que relinchó para ella, eso la asustó

un poco y casi le hizo soltar las flores. Tera se montó en la delantera,

observó la casa en la que había vivido por bastantes años y de cierta manera,

eso le trajo recuerdos agridulces, más debía cumplir una promesa y eso era lo

primordial.

––Muy pronto padre, muy pronto lo lograré–– Estrujó su

collar con fuerza y tomó las riendas del caballo.

 Calai se arropó

y observó que Tera llevaba una bufanda y ropa muy gruesa para soportar las

bajas temperaturas.

—Esta mañana está haciendo mucho frío… ¿No lo crees

Calai?

—Está un poco frio, pero no creo que sea mucho, en la

capital hace más frio.

—Si, por eso traigo esta ropa.

El caballo empezó su travesía en aquella mañana en

donde el sol calentaba tímidamente aquellas tierras donde las montañas besaban

los cielos estrellados. A palabras de Tera, el recorrido llegaría a durar todo

el día, por lo que antes de iniciar el viaje hicieron comida para nutrirse en

el recorrido. La canasta tenía emparedados envueltos en servilletas y había

también un termo de gran tamaño con agua caliente en su interior. El viaje se

hizo agradable con la brisa y el camino de tierra bien apilado apuntaba a que

arribarían a la ciudad de Belnefts en cuestión de cuatro horas o menos. Las

maderas de la carreta fueron recubiertas con cobijas y Calai contemplaba el

paisaje, se sentía feliz de alejarse de todos esos problemas. Tera por su parte

conducía plácidamente, llevando a su derecha un pequeño radio con la emisora de

las noticias, había mantenido aquella emisora desde lo ocurrido en Edén y no

solo en Helster, sino en los otros tres continentes.

“Se ha confirmado la llegada de más personas

provenientes de Edén, las evacuaciones a los distintos países están teniendo

sus frutos y nuestra princesa ha ordenado la construcción de miles de casas

para poder albergarlos. El Lord Frix y el duque Dintris empezaron ya con los

planos para dichas construcciones y la organización de la alimentación de

Helster ya moviliza gran parte de las provisiones. Las princesas han ordenado

que a las doce del mediodía todas las cadenas televisivas y de radio emitan un

mensaje que ellas van a dar en la capital de Cus. Esperamos poder seguirlos

informando, más noticias luego del discurso de las doce”

Tera apagó la radio, el paisaje le estaba regalando

toda su belleza, unos colibríes pecho morado revolotearon cerca, su fragancia a

frutas le agradó, más sin embargo temía por la situación actual del país.

––Calai, esta situación parece que se está escapando

un poco de las manos ¿no crees?

––Si, solo espero que todo se resuelva, no me gustan

los disturbios, me dan miedo.

––Para ser honesta a mí también, mi padre me enseñó

que de nada sirve pelear, pero… creo que en estos momentos el dialogo no es una

opción viable––Calai se encogió de hombros, contempló el paisaje y se perdió en

el sonido de los cascos del caballo––. Espero que las princesas puedan

solucionar todo esto.

––Yo también estoy preocupada, en mi pueblo deben

estar alertas, no quiero alarmarlos y que piensen que me ocurre algo.

––Se ve que te aprecian.

––Si, ellos me han cuidado desde que era pequeña y me

enseñaron a cocinar, a limpiar, a bañarme y cambiarme. Ellos son especiales

para mí, son únicos.

––Tranquila, pronto te reunirás con ellos. Nada malo

ha pasado, estás bien y debes ver el lado positivo Calai, ellos se van a

alegrar cuando te vean.

––Supongo que tienes razón Tera.

Venus estaba contemplando el paisaje, la gran pirámide

invertida se imponía a lo lejos y el color púrpura del cielo acompañaba esa

mañana, la luna negra se posaba para ella y los vestidos blancos de seda le

besaban la piel. La habitación de Venus se encontraba en lo más alto de la

torre de su palacio, y desde ahí, partían los doce círculos espirituales. Salió

de su habitación, la balada del silencio era total y su canto la tranquilizaba.

Uno a uno bajó los escalones, acariciando su bello mármol, sus cabellos blancos

y negros se balanceaban sobre su espalda y su cuerpo, fino como el cristal, se

sacudía suavemente a su paso. Llegó al primer piso, Gladio no estaba, ella era

la única pues los jinetes hacían su trabajo vigilando el undécimo circulo, los

dragones; Caldeos y Boros, estaban en la puerta del doceavo círculo.

––Siempre tan tranquila, hermana.

––¿Aurora?

––Hola… lamento llegar sin avisar––Dio un largo

bostezo, su voz como de costumbre era amodorrada.

Aurora entró por la puerta principal, iba sobre su

nube y se veía soñolienta, sus cabellos que cambiaban a tonos pastel estaban

desalineados y sus alas sin forma estaban extendidas vagamente.

––¿No debes estar patrullando los cielos?

––No creo que pase nada, además, de pasar algo

solamente tengo que volar y acudir, pero––Su tono cambió, por primera vez en

años, deshaciéndose de su amodorrado modo de hablar por unos momentos––. La

razón por la que vine es de suma importancia.

Venus se sentó en su trono, su respaldar de un cuarto

de luna se imponía majestuosamente. Las vidrieras del fondo dejaban la luz

negra de la luna pasar, la sombra y figura del trono se imponía y Venus era en

sí majestuosa; bella y con cierto halo de divinidad, sus alas jugaban con la

hermosa sombra que se proyectaba por los suelos esculpidos con simbología

divina.

––Ya me enteré–– Cruzó sus piernas elegantemente y

apoyó su mano en el trono.

—Verum cada día me sorprende.

—Ella es especial, siempre lo supimos. Es la única

después de todo que es capaz de vernos.

—También es la única que sabe sobre… “eso”

—Aurora, eso nunca va a pasar.

—Espero.

—Pero… ¿Cuáles son las razones por las que ella

atacaría a Edén?

—Bueno—Aurora se encogió de hombros—, hasta donde sé,

no sé las razones exactas, pero no creo que sea por venganza, ella no haría

eso, no es esa clase de mujer.

—Entonces algo más debe de estarla motivando. Una razón

que no sabemos.

—Bueno, quizá lo descubra más adelante, antes pasaba

más desapercibida, pero ahora…— Se llevó la mano al mentón y contempló perdida

las ventanas—, ahora está en el ojo del huracán.

—Supongo, debemos ver cuáles son sus intenciones,

recuerda lo que pasó en su nacimiento.

—Si, pero ella quiere hacer algo positivo, no creo que

quiera destruir el mundo que conocemos y llevarlo a una tercera extinción

masiva.

—Esperemos eso.

Aurora observó de reojo el lugar.

––También venía a darte esto––La nube se acercó y la

mano de Aurora le extendió una invitación––. La princesa Melisande me invitó

como de costumbre para la inauguración de los Juegos Mágicos y me gustaría que

fueras a verme bai…

––No.

Venus la miró fijamente con aquellos ojos púrpura.

––Aurora, sabes mejor que nadie que odio a las hadas.

––¿Tras tantos años después de lo ocurrido y sigues

sin perdonar? Admito que lo que ellas hicieron fue inhumano, cruel, sangriento

y maquiavélico, pero… eso ya quedó en el pasado. Las hadas son diferentes.

––Para ellas quizá, pero yo todavía tengo que ver la

consecuencia de sus actos, solo es salir a la plaza del tercer círculo y

contemplar la verdad, aquella que no se puede ocultar.

––Yo lo sé, créeme que también tuve ganas de

reducirlas a polvo, pero hacerlo… no me convertía en alguien mejor que ellas,

me hubiera convertido en un demonio de su misma clase.

––Aurora, con la vida no se puede jugar. Lo lamento

mucho, sé que bailas todas las noches y pintas los cielos, pero… Aurora Boreal,

no me pidas algo que no puedo hacer, aún, me duele como si de la primera vez se

tratara, sé que no puedo expresar sentimientos de tristeza, nunca se nos fue

permitido, pero… mi alma se entristece.

––Descuida Venus––Le acarició el rostro––. Te entiendo

perfectamente, pero solo espero que un día me puedas ver bailar, hace años que

no lo haces.

Aurora se retiró por la puerta principal.

––Cuídate hermana. Estaré vigilando a Verum.

––Cuídate… Aurora. Te prometo que un día vamos a pasar

juntas, te lo voy a compensar.

Aurora dio una leve sonrisa.

—Descuida hermana.

… …

Tera y Calai pasaron por un puente escarchado, las

maderas crujieron levemente y del otro lado se podía ver un campo floral que

lucía sus bellos capullos invernales. La calma arrullaba el ambiente y la

melodía del agua en movimiento refrescaba la mente, despejando todos aquellos

pensamientos impuros. Un sonido potente resonó por lo lejos, ambas desviaron

sus miradas y contemplaron el tren, iba con destino a la ciudad de Belnefts,

los vagones cargados de personas que muy probablemente tenían como destino, en

su mayoría, la capital. Las nubes de humo de este lo hacían visible a la

distancia.

El tren se fue perdiendo entre el paisaje, los pinos

cubrieron las nubes de humo que se iban alejando poco a poco. Tera continuó su

camino, empezaba a bajar la temperatura cada vez más y el camino era sinuoso.

––Te digo algo Calai, me encanta vivir en este lugar,

amo los trenes.

––Donde yo vivo no tenemos estación de tren, pero si

lindos tranvías; son amarillos y amo viajar en ellos. Las mañanas son perfectas

porque los copos de nieve se ponen de amarillo, la luz pasa por el cristal y

refleja un color muy lindo.

––Bueno, puedo decir que prefiero viajar en tren a

viajar en autobús. Cuando viví en Havila no me gustaba, menos subirme a su

segundo piso, las calles siempre estaban muy llenas. Amo el no tener que

escuchar los carros y creo que eso fue lo que me enamoró de estas tierras, eso

y el paisaje.

Calai se agachó de hombros.

––Para ser honesta siempre he preferido los trenes,

aunque no me gusta estar rodeada de muchas personas. Tera ¿has ido a la capital

en navidad?

––Solo una vez, debo decir que fue hermoso, ver la

capital adornada bajo esos tonos y la Aurora Boreal danzando por los cielos

junto con las lunas.

––Si llegas a quedarte visitaremos un lugar, tomaremos

un tranvía que lleva a un restaurante, de ahí, subimos por un camino hasta una

colina con dos árboles que son como dos gigantescas columnas. Desde ahí se

puede ver toda la capital, la ciudadela y el castillo, es hermoso y, sumado a

los cristales de los árboles que dejan pasar la luz de la luna, el tiempo mismo

se detiene en ese lugar.

––Entonces tendrás que llevarme.

––Es una promesa.

El tiempo se diluyó entre su conversación y sin darse

cuenta observaron un letrero que indicaba que faltaba poco menos de veinte

kilómetros para llegar a Belnefts. Los pinos hicieron acto de presencia y su

fragancia envolvía al viento que trinaba por sus copas. El camino se veía más

empinado ya que todo Helster estaba construido sobre montañas y las condujo por

un pequeño bosque, el sendero se empezó a llenar de curvas, los árboles colaban

la luz y solo dejaban pasar unos cuantos rayos. Calai pudo ver algunos ciervos

y su cornamenta se alzaba sobre el follaje escarchado y sus pisadas rompían de

vez en cuando algunas ramas. El silencio solo se llegaba a destruir por algunos

animales que transitaban aquel lugar y por los estornudos de Calai. Tera se

sentía un poco intrigada pues parecía que el bosque les incitaba a quedarse,

sus árboles se mecían suavemente y la pasividad del lugar era evidente, los

rayos del sol alumbraban de vez en cuando su carreta y su caballo sacudía

alegremente la elegante cabeza cuajada por las crines. El sendero las condujo

por un pequeño claro donde se observaban dos alces que se alimentaban de

hiervas escarchadas. A ambas les agradó aquella escena, aunque sintiendo su

presencia los alces huyeron entre el bosque. El sol alumbraba completamente ese

lugar y algunas mariposas cristalinas volaban de flor en flor.

            Tras

salir del claro, Tera divisó a lo lejos a un señor cabalgando, las espuelas

resonaban armónicamente con su eco por todo el sereno bosque. El hombre las

saludó con cortesía y continuó su travesía. Al lado del sendero, aparecieron

piedras con dibujos infantiles.

Salieron del bosque y a lo lejos pudieron observar la

ciudad principal de Belnefts, sus edificios no eran tan altos, pero si se

podían distinguir desde la lejanía, también vieron varios trenes que partían

hacía destinos que ellas nunca llegarían a conocer. La ciudad era grande y su

estadio se delineaba vagamente en el horizonte. Lastimosamente, en toda la

ciudad se percibía mucha ansiedad, miedo y tensión por lo que acontecía.

Anduvieron por la calle, los tranvías transitaban lentamente y las personas,

con cierto halo de preocupación compraban en las tiendas. Calai nunca había

visitado aquella ciudad, las personas no llevaban ropa tan abrigada y en

general las vías de los tranvías no tenían su característico calentador para

evitar que estas se congelaran. Le agradaba el hecho de ver que las ropas eran

más delgadas y había en general más trenes de carga que llevaban pinos hacia la

fábrica de la ciudad para distribuirlos a todos los hogares.

            ––Es

la primera vez que veo tantos tranvías de carga con tantos pinos, supongo que

la fábrica del duque Dintris está planeando ayuda a todos los emigrantes.

            Calai

y Tera observaron a lo lejos la fábrica, era enorme y el humo que producía se

colaba por los cielos.

            ––Creo

que eso es bueno, en mi casa la calefacción es fundamental si no quieres quedar

como un helado.

            ––Pienso

que nos detendremos un momento para almorzar y encender la radio y escuchar el

mensaje de las princesas, ya son casi las doce.

            Las

pantallas que estaban en los edificios mostraban anuncios de productos: té,

café, ropa y demás cosas que solían tener como necesarias los pobladores. Algo

que Calai vio era que esas personas llevaban menos pelaje que los de la

capital, aunque rápidamente comprendió, pues las temperaturas en Belnefts no

llegaban a bajar siquiera de cero y era porque Belnefts estaba en una colina no

tan alta con respecto a las demás ciudades. Ellas llegaron a un pequeño parque,

los árboles hacían sombra y en una de esas Tera ató a Brisa, Calai desempacó

los alimentos y juntas empezaron a comer, faltaba poco menos de diez minutos

para el mensaje. Pese a todo, Calai tenía un poco de miedo, pues no conocía

nada de aquella ciudad, más si había escuchado hablar de ella, pero el estar en

compañía de Tera la hizo sentirme un poco mejor, no había tantas personas en el

parque por lo que, para ella, era un punto a favor.

            Las

pantallas, televisores y radios dejaron de transmitir todos los programas

matutinos y su color cambió completamente a azul, solo había una cuenta

regresiva que se plasmaba con un sonido leve.

3

        Calai comía alegremente la comida mientras contemplaba

curiosa la pantalla

2

            Brisa

relinchó, le gustaba la avena ya que Tera la preparaba de una manera especial

para él.

1

El mensaje comenzó a transmitirse. Las princesas

estaban en una mesa redonda de madera que llevaba el símbolo de la familia real

de Cus. La princesa Brillo fue la encargada de hablar.

            Se

paró de forma firme con sus hermosos vestidos de ceda color púrpura, la cámara

enfocaba a la perfección su elegancia y tomando una bocanada de aire empezó su

discurso.

            ––Buenos

sean los días para todas las naciones de las tierras superiores. Sabemos que ya

están al tanto de la situación actual. Son tiempos de crisis, nos enfrentamos a

un hada de gran poder, no sabemos exactamente el tipo de poder total que

maneja, ¡pero! no vamos a permitir, que los lastimen, les aseguramos que vamos

a defender con nuestra sangre de ser necesario a todas las naciones. Ya tomamos

medidas y les aseguramos que ella no se acercará.  Ustedes, nuestros amados conciudadanos,

nuestras amadas naciones, son lo más importante en este momento, les aseguramos

que, en unos años, todos los que desertaron de Edén volverán a sus vidas

pacíficas y tranquilas. ¡No teman ni bajen la cabeza! No muestren miedo, muchos

de los soldados se sacrificaron para que pudiéramos salir airosas de aquel

ataque y su muerte no será en vano, vamos a exigir que ella pague cada una de

las muertes que causó y la doblegaremos. Por nuestros antepasados hemos logrado

superar todas las adversidades… ¡Y les prometemos que superaremos este mal

momento! Confíen en nosotras, pelearemos por todos ustedes.

            El

mensaje terminó, pero el silenció predominó en la ciudad, más, sin previo

aviso, otro mensaje se comenzó a transmitir por todas las tierras superiores de

Faernes. La confusión se apoderó de las cadenas que transmitían los programas y

no sabían que estaba pasando con exactitud. Algo había interferido con las

señales y no podían hacer nada para poder evitar lo que estaba pasando.

Las pantallas mostraron a Diligitis vestido de gala,

sus cabellos desalineados y un sombrero de alta clase que imponía su presencia.

Parecía estar serio, con un rostro imponente y a su espalda había soldados,

que, al igual que él, estaban en silencio.

            ––Buenos

días tierras de Faernes. Muchos deben ya conocer de mí, yo soy Diligitis,

heredero legítimo de la familia de los Ratri, consejeros y defensores

personales de la familia real de Edén. Muchos se preguntarán ¿Por qué estoy dando

este mensaje? Y la razón es más simple de la que creen. Esta mañana, se da el

aviso oficial de que la familia de los Ratri, formará alianza con Verum. La

razón, es a raíz de que no solo el trono sino todas las familias reales de las

tierras superiores… están manchadas con sangre y la sombra de la muerte las

cubre. Durante mis años de servicio he visto cosas que ningún ojo gustarían

ver, la sangre inocente recorre las venas de este reino. Ellas solo por sangre

están encima de todo ¿Creen que es justo que por algo tan banal y pútrido como

lo es la sangre se privilegien? Muchos desconocen lo que os detallaré, más

muchos de los duques han utilizado fetiches peculiares con infantes, muertes y

torturas fuera de lo imaginado. Basta decir que la princesa Cristal en persona

me ha comentado lo bien que es violar niños y el placer que siente al azotar a

los infantes hasta la muerte, amén de muchos horrores que no tengo la valentía

de relatar. Piénsenlo, ¿Por qué sus carrozas fueron las primeras en desertar?

Por estas razones y más, he decidido formar alianza con Verum y apoyar su

causa. Piensen del lado en el cual las cartas son barajadas y escojan

sabiamente en manos de quienes quieren estar.

            Los

soldados de más alto rango estaban detrás y con sus armas ceremoniales

golpearon repetidamente los suelos, el sonido fue aumentando y pareció una

marcha de guerra, sonando como miles de carrozas mientras gritaban a una sola

voz: ¡LARGA VIDA A VERUM!

            La

transmisión terminó.

            Diligitis

se retiró hacía la habitación en donde Verum estaba recostada, Lord Cid le

observaba y le aplaudía.

            ––Gran

discurso, digno de un gobernante.

            ––Nunca

llegué a pensar que detrás de todo ellos tenían gustos tan detestables––La voz

de Verum era débil y apenas audible.

            ––Ellos

son más maleables cuando alguien de importancia dice algo, aunque sea verdad o

no.

            ––Hiciste

un buen trabajo.

            ––Por

mi señora, lo que sea.

            Lord

Cid caminó suavemente mientras contemplaba la situación, sin lugar a duda

tenían que plantear un escenario en donde cundiera el caos. Jen miraba en

silencio.

            ––Ahora,

lo que podemos esperar es un contragolpe, las princesas no van a dejar que

difamemos cosas en su contra.

 La sobrina del

Lord tenía razón, Verum podía esperar que las princesas trataran de calmar al

pueblo, más el objetivo estaba cumplido. Tal como esperaban, el mensaje no

tardó en aparecer por todas las pantallas.

            Los

ciudadanos de todas las tierras de Faernes quedaron petrificados, no sabían que

decir y dudaron, las calles se llenaron de murmullos, Calai y Tera estaban

mudas, solo podían ver a las personas platicar y empezar a conspirar con

teorías, más el mensaje de contragolpe no dio tiempo para expandir

conversaciones.

            ––Naciones

superiores, las casas más grandes de Edén nos han traicionado. Les pregunto

¿Qué reina asesinaría a inocentes y soldados por igual? ¿Qué líder sería capaz

de hacerlo? ¿Acaso nosotras no hemos velado siempre por el bienestar y la paz?

Nosotras tuvimos que huir, pero todo es por una razón. ¿Prefieren que

hubiéramos muerto y que a estas alturas estuvieran desprotegidos? No crean en

tales falsedades, Diligitis nos ha traicionado y la codicia y el poder le han

embriagado. Nosotras nunca haríamos tales cosas y siempre hemos visto sus vidas

como aquello que es realmente importante. ¿La princesa Cristal no ha hecho lo

imposible para mantener a todas las tierras bajo dignas condiciones de vida?

¿No he hecho yo cosas buenas por Havila? Las familias reales siempre han velado

por la paz y por la seguridad de todos. Cuando la peste roja de hace

trescientos años devastó este mundo ¿La reina de Cus no bajó entre todos

ustedes para ayudarlos y repartir recursos, para hacer todo lo que estuviera en

sus manos? No os dejéis engañar por el enemigo y miren de qué lado se inclina

la balanza. Confíen en nosotras y no se dejen caer en los brazos manipuladores

de los rumores.

            La

transmisión se cortó y los noticiarios empezaron a platicar sobre lo ocurrido.

            Los

rumores regresaron a las calles, las personas dudaban, pero algunos llegaban a

tener la esperanza de que las princesas hicieran lo correcto. Calai, empezaba a

cuestionar el destino de esas tierras, el futuro parecía haber cambiado de

rumbo en tan solo unos momentos, para, después, ser igual de misterioso, sin

oportunidad de poder dar una conclusión acertada. Las televisiones siguieron su

programación habitual, más la tensión se reflejó en el ambiente, las personas

no sabían que decir, o si aquello era real, pero que lo haya dicho Diligitis,

revoloteaba en sus mentes. Tera se levantó, estaba pensativa y contempló el

panorama, las personas siguieron caminando con cierto halo de pesadez, algunas

madres se aferraron a sus hijos con fuerza y apresuraron el paso. Toda la

ciudad parecía haberse sumido en un oscuro delirio del cual no se podían

liberar.

            ––Calai,

creo que es mejor que continuemos, nos falta bastante y si queremos llegar

antes de la madrugada, yo diría que debemos apurar el paso.

            Calai

accedió y comprendía bien las razones, las noches se tornaban frías, lascivas y

traicioneras, los animales nocturnos salían para alimentarse y en general el

ambiente se tornaba hostil. Recogieron todo y partieron con rumbo a Hacrist.

Salir de la ciudad les tomó unos treinta minutos, su tamaño era considerable y

tuvieron que sortear por algunos callejones ya que en algunas calles se

abarrotaban de personas, lo que les hubieran quitado tiempo. La salida que

ellas tomaron fue la más corta y los soldados las despidieron con cortesía, sus

grandes gorros de piel gruesa siempre le parecieron a Calai graciosos y sus

ropas de cuero puro relucían entre la inmaculada hierba. El sendero las llevó a

pasar por distintas granjas de piedra recubiertas con concreto, las vacas,

ovejas, cabras y conejos apacentaban los pastos, humo salía de las chimeneas.

No había muchas granjas ni sembradíos en aquellas zonas ya que la mayor

concentración se encontraba en las tierras de Onix, pero, aun así, era

agradable ver a esos animales pacer tranquilamente.

            ––Calai

¿Qué opinas del discurso de las princesas?

            ––Creo

que ellas pueden protegernos. Pero, ese sujeto… Digili… como se llame… ¿crees

que sea verdad todo lo que dijo?

            ––No

sabría opinar, no conozco mucho de la realeza y para ser honesta, esas son

aguas en las que no deseo nadar, solo espero que todo se pueda resolver lo más

pronto posible.

            ––Yo

espero lo mismo. Si yo tuviera el poder que tiene esa mujer, en vez de haber

hecho tanto daño yo haría el bien, no dañaría a nadie.

            ––Eso

es algo muy complejo, creo que cuando alguien tiene un poder tan grande,

cambia. Calai, las personas son así, todos los somos.

            Calai

se encogió de hombros y contempló el paisaje, las montañas y como el camino se

iba tornando cada vez más elevado.

            ––Yo

nunca dañaría a nadie, no sería capaz de hacer algo así––Meditó suavemente

entre el viento helado que estremecía su cuerpo––. Tera…

            ––¿Sí?

            ––Si

tuvieras dicho poder, ¿qué hubieras hecho?

            Tera

quedó pensativa mientras ascendían una colina, pinos aparecieron a los lados de

la carretera por la cual transitaban.

            ––Si

yo tuviera poder… hubiera prevenido tantas cosas, hubiera impedido muchos de

mis errores y quizá, solo quizá… mi vida sería diferente.

            ––¿Odias

tu vida?

            ––No,

para nada, solo que, hay cosas y errores con los que las personas cargan Calai,

cosas que no puedes enmendar. Por eso creo que es mejor hacer las cosas bien

desde el inicio.

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