El Festival de los Espíritus Amorosos

—Esta vida es injusta en muchos aspectos.

Esemismo día, Diligitis se levantó muy de mañana, aun cuando el sol no habíaasomado sus rayos sobre la suave tierra que esperaba hambrienta su salida, laslunas imponían su suave luz y las estrellas bailaban entre la oscuridad delcosmos. Subió elegantemente vestido a la sala en donde dormía la princesa Alma

y se topó en el largo pasillo a Vanitas que también estaba bien vestido.

––Buen día Diligitis.

Diligitis se inclinó y se quitó el sombrero negro que llevaba en señal de respeto.

––Buenos los días sean para vos, Vanitas.

––Espero que este festival no sea olvidado por nadie.

––De cierta manera me molestan estas festividades.

––¿A qué se debe?

––Bueno, siempre puede haber peligros y el usar magia no me agrada en absoluto.

––Creo que te entiendo, pero en este mundo no se puede vivir sin ella.

––Supongo que es otra de las desventajas de poder usarla.

––Por cierto, no dejo de agradecerte por la sangre, me ha funcionado para mi defensa. Te debo una, viejo amigo.

––No me debes nada Vanitas, solo sigue usando lo que te di con sabiduría.

Diligitis caminó lentamente por el pasillo meditando en sus palabras de manera perdida mientras que Vanitas bajaba hasta la planta central del palacio. No entraba casi luz por aquel pasillo y esperó hasta que los primeros rayos alumbraran el suelo sediento de su primaveral. Una vez el primer rayo hubo tocado la tierra, se encaminó al cuarto de la princesa, llamó cortésmente y procedió a entrar. La luminosidad de aquél cuarto apenas lograba penetrar, ya que las ventanas estaban entreabiertas y el sol podía con insuficiencia imponer su fulgor por sobre las livianas luces de las lunas. Él se paró al frente a la cama y la observó por unos segundos. El cuarto olía a flores y frutos dulces.

––Mi señora, es hora de levantarse, hoy será un día bastante agitado.

Ella estaba muy dormida y no le llegaba escuchar, por lo que luego de repetidas llamadas, Diligitis le tomó el hombro y la sacudió levemente.

––Despierte, es hora de levantarse.

––Pero aún es muy temprano.

––Razón tiene, pero recuerde que debemos revisar que todo marche en el orden correcto, de lo contrario este festival resultará diferente a lo que deseamos.

––No creo que ningún hada llegue a colarse, además ¿para qué querrán subir? Su reino, es más bello que los cuatro juntos.

––Ellas tendrían más de una razón, pero no tiene razón en que no vayan a querer subir, aun así, pueden ocurrir robos u otras cosas a las cuales debemos estar atentos.

Ella se levantó y tenía un aspecto nada parecido al de una princesa. Podría decirse que era muy similar a un espantapájaros e hizo que Diligitis retrocediera, aun así, contuvo sus pensamientos y le ordenó que se diera un baño para que estuviera lista. Tres sirvientas entraron a la habitación y la llevaron al baño, en donde le llenaron la tina de leche mezclada con miel, le colocaron perfumes en su cuerpo, eran aromas suaves, a rosas frescas. Vanitas le acomodó sus cabellos y la vistió de gala, colocándole su corona y su collar verde que era su alma gemela, ya que nunca se desprendía de este en todo el día.

Diligitis la esperó pacientemente en las afueras de su habitación, luego de aquella espera, como de costumbre, la acompañó para tener su caminata matutina.

Salieron juntos, caminaron por el jardín y cruzaron el pequeño puente por el cual pasaban minúsculos caudales del lago en el que solía alimentar a los peces. Llegaron al pie de las gradas y ella observó las enormes estatuas de piedra que las sostenían ya que el castillo se hallaba en una isla que se levantó de los

suelos. Observó toda la ciudad, los enormes edificios estaban apagados, pero aun reproducían anuncios por las pantallas gigantes que alumbraban la ciudad, los autos concurrían las calles y los autobuses pasaban en sus paradas. Contempló a su derecha el gran Templo de Artemisa que se elevaba en una de las colinas.

––Pobre de ella, tardó tantos años en edificar ese templo, no llegó a verlo terminado.

––Pero el templo es hermoso, su blanco mármol reluce hasta nuestra distancia y se le ve a la perfección, además que es muy tranquilo el ir a orar a los Dioses y las Diosas del cielo, tierra, vida, muerte, sol y luna.

––Si, pero no puedo evitar sentir nostalgia por aquella chica que no pudo ver sus sueños terminados.

Las hierbas estaban mojadas y el aire estaba frío, pero, aun así, ellos se quedaron esperando a que el sol iluminara por completo sus tierras. Las aves de dos colas cantaban por los aires y en general, en toda la ciudad se sentía un aire de bastante calma y alegría, la princesa no podía aguardar a que llegaran las demás princesas, quería mostrarles lo increíble que había quedado la ciudad.

—Sabes, esta vida es injusta.

—¿En qué sentido?

—Sabes a lo que me refiero.

—Es mejor dejar pasar eso. Las personas son complejas por naturaleza, nacemos y morimos sin tener un propósito claro de existir y es por eso que muchos se dedican a hacer cosas ya sean buenas o malas. Todo eso acarrea consecuencias. Si el agricultor no da de beber a sus plantas estas mueren, así es la vida, toda acción tiene una consecuencia.

—Nunca quise este talismán.

—No era una opción, usted sabe que su padre se lo confió para poder proteger este lugar.

—Diligitis… no ha existido una guerra desde hace mil años, no han pasado problemas o conflictos con armamento, los ejércitos no han entrado en acción desde hace siglos.

—Si, pero… es mejor prevenir a tener que lamentar las cosas cuando ya no son posibles. La guerra es cruel y por una guerra casi desaparecemos como especie, fuimos salvados milagrosamente dos veces y se lo debemos a los espíritus.

—La magia la odio.

—Todos odian la magia, pero… es necesaria para poder subsistir en un mundo como este, a pesar de que sea una asesina silenciosa.

La tomó de la mano con elegancia y la observó con una calma que contagiaba fácilmente su semblante.

—Vamos a esperar la carta de las princesas.

Pasaron las horas y personas de los otros tres continentes empezaban a llenar la ciudad central, hasta que, adentradas las diez de la mañana, un mensaje llegó hasta Vanitas, unas cartas escritas de manera digital por las princesas, en esta decía que venían en camino, por lo que él se lo comentó a la princesa que había acabado de desayunar y estaba en el trono revisando un listado de las cosas que ya estaban listas para llevarse a cabo a las doce en punto.

––Señora, las princesas y los duques ya casi están por llegar, le pido que me siga hasta el jardín para darles una cordial bienvenida, ya que llegan desde muy lejos.

Ella se levantó y salió con unos guardias a esperar el arribo de las princesas y los duques que dirigían las más grandes empresas de las tierras superiores. El

cielo azul despejado mostró poco a poco una sombra que, se asemejaba a un carruaje tirado por caballos Pegaso. Luego, detrás del mismo aparecieron tres carruajes más y fue entonces que los soldados se pararon en dos filas paralelas y esperaron a que los carruajes llegaran al seno de la tierra. La princesa estaba al final, para darles la mano y conducirlos al castillo.

Llegaron los carruajes al jardín trasero y del primero se bajó la princesa de las tierras de Cus, Saraikhi, tenía el emblema de su familia real que era un ave fénix. Sus orejas de zorro sobresalían al igual que su cola. Llevaba un kimono azul con flores moradas por vestidura y una corona con pequeños colgantes jaspeados esmeralda y rocas azules. Del carruaje se bajaron tres duques vestidos con kimonos de tres colores: blanco, negro y verde. A los colores se le atribuían una creencia, el balance del mundo y la madre de esta energía. Pasaron por el medio de los soldados que tejieron un pequeño túnel con sus espadas y llegaron hasta donde estaba la princesa Alma. Los soldados llevaban armaduras de oro resplandecientes, en el peto el emblema de la familia real, en el yelmo un ángel con calavera por rostro como forma y con una pluma roja al final del mismo. Tenían pistolas ceremoniales en su cinturón de cuero adornado, eran unas Dragon semiautomáticas con 12,7 mm de calibre, con alcance de cincuenta metros y una munición trecientos cincuenta y siete Magmils.  Diligitis y Vanitas besaron la mejilla de Sara y los duques procedieron a besarle la mano a la princesa. El segundo carruaje llegó y la princesa de las tierras de Havila, Brillo bajó elegantemente. Su elegante cola de gato se sacudía lasciva y armoniosamente mientras sus orejas escuchaban atentas.

Llevaba vestiduras blancas de lino fino amarradas por un cinturón de oro con el sello de su familia real, un lobo. Tenía una corona de hojas cortada a la mitad y llevaba en sus brazos brazaletes de oro puro, ya que su nación era la productora de ese metal, además de llevar una túnica púrpura. Se bajaron dos duques que llevaban trajes de tela morada atadas a cinturones blancos de piedra lisa, ellos hicieron lo mismo que los primeros y esperaron al último carruaje. Del último se bajó la princesa de las tierras de Helster, Cristal. Sus pequeñas orejas se camuflaban por sus cabellos y su boca apenas sobresalía. Llevaba una corona nevada, vestiduras de tela con lazos que ataban su cintura, y en sus cabellos lucía flores Celestes de invierno y una túnica de pelaje de oso. Los duques lucían ropas gruesas de pieles de animales y uno de ellos empuñaba una vara de abedul para apoyarse.

Los recibieron con cortesía y tanto Diligitis como Vanitas besaron la mano de las princesas. Alma, las condujo hasta la sala central de la segunda planta, en donde había un gran balcón en el cual todo el pueblo podía verlos.

En ese momento, Calai ya había arribado a la estación central de la ciudad de Edén. Estaba llena de personas y le costó caminar entre la marea de gente proveniente de Helster, sus acompañantes la mantenían en constante observación, aunque, aun así, se movilizó deslizándose entre las personas y para su suerte logró salir con vida sin que nadie le arruinara su vestido. Caminó entre las personas y llegó a la plaza central, en donde estaba la gigantesca fuente que, haciéndole honor al nombre del lugar, había un gran árbol falso, del cual salían los chorros de agua que se movilizaban por toda la fuente. Carros andaban y los auto buses transportaban a personas que llegaban en demasía a la capital. La enorme ciudad se veía magnífica, adornada hasta el más pequeño detalle y reluciente con su música. Eran valses y habían enamorados que danzaban por las calles y plazas, además que a ella le gustaba la combinación que se podía disfrutar, tantas culturas distintas reunídas en su mayoría, ya que también muchos se quedaron en sus naciones correspondientes a disfrutar de las actividades que se realizarían en sus respectivos países. Las horas volaron entre la diversión y se diluyó la espera, todas las cámaras de las distintas cadenas televisivas se posaban en la ciudad central y en el castillo, ya que esperaban a que las princesas salieran acompañadas por los duques.

La princesa Alma ordenó abrir las puertas y llevaron a la sala en la que se hallaban una máquina que funcionaría como una pantalla holográfica, la cual, por medio de un holograma dirigiría sus caras a todos y podrían dar la bienvenida. La cúpula se abrió y las cámaras se posaron en el castillo. De la estructura salieron dos dragones de papel que escupieron confeti, luego, todos se acercaron para contemplar el inicio del festival. Calai estaba muy emocionada y alegre, ya que le encantaban los dragones de papel y amaba la creatividad de todos los creadores y organizadores del festival. De la cúpula salieron luego, los hologramas, cada uno de un color distinto que atribuía el elemento de cada continente. De los hologramas empezó a divisarse algo que poco a poco tomaba la forma de los rostros de las princesas, era una imagen bastante definida y tenía la máxima calidad posible, además que el sonido estaba creado para percibirse de manera audible.

La princesa Alma, dio un paso al frente y se expresó con una voz firme y cautivadora, utilizando toda su experiencia en el estudio de la retórica.

––Este año, se cumplen mil años desde la elevación de las tierras que se separaron por mitades a las originales. Cada año se celebró este festival, con excepción de los festivales cancelados hace más de trecientos años. Pero el pasado quedó en el pasado y hoy, nos complace anunciar a todas las tierras superiores, que este festival será el mayor nunca antes realizado, pues, en esta ocasión, la fiesta durará toda una semana, donde vamos a festejar de la gran felicidad y alegría que hemos gozado y es para mí todo un honor, tener a las princesas de las tierras de Cus, Havila y Helster con nosotros este año.

Ella, junto con las demás princesas levantaron sus manos hacia el cielo y los talismanes que cada una llevaba para realizar su magia brillaron. De sus manos emergieron energías de cuatro colores, que eran las magias que cada una manejaba: creación, elemental de viento e invocación tipo naer. Salieron disparadas las energías por los cielos y juntas formaron un sello que era un gran árbol de tronco dorado que tenía por frutos copos de hielo y un dragón envolviéndolo. Luego este sello explotó con gran fuerza irradiando resplandores del arcoíris. Aurora estaba observándolas con bastante alegría, dio un bostezo y se recostó sobre su nube para seguir contemplando el festival de la manera más tranquila posible. Calai y sus acompañantes estaban alegres y, al igual que las demás personas aplaudían con gran gozo y júbilo.

––Sí, fue una gran idea venir Calai––. Pensó.

Se tocó el hombro como dándose la razón a ella misma.

La joven de la joroba estaba en medio de la multitud, algunos se alejaban de ella, aunque otros la observaban con cautela, sus pasos eran lentos, pero logró llegar hasta la fuente. Algunos la observaban con algo de intriga, pero, no le prestaron la suficiente atención, dirigiendo su mirada luego al castillo y los hologramas en donde se divisaban a las princesas embriagadas con la felicidad. Esbozó una suave sonrisa y levantó su mano izquierda, concentró magia negra de invocación tipo naer y en ese momento, algunos espectadores miraron asustados, otros, solo se dieron cuenta hasta que ella disparó hacia los azulados cielos aquella energía que explotó con un sonido violento que provocó que Aurora regresara de su ensoñación y observara aquel ser. El sonido fue ensordecedor y los soldados bajo su control iniciaron el plan, detonaron los explosivos al unísono y las puertas quedaron bloqueadas, de modo que ninguno de la ciudadela podía salir a menos que ella lo quisiera.

Calai se asustó, el sonido la dejó helada mientras que observaba desde el suelo a la mujer, las personas al igual que ella solo podían ver aquello y el miedo comenzaba a caminar, arrastrando sus garras y penetrando con la misma facilidad con la que un carnicero cortaba la carne, haciendo pedazos la mente de todos los presentes.

La joven empezó a aplaudir y pasó cerca de Calai, que estaba paralizada de miedo y tardó un poco en moverse lentamente, sin dejar de observarla. Las manos le sudaban.

––Espero que todo salga bien––Pensó la joven.

Con sus finas manos retiró la parte superior de su vestimenta y dejó su rostro al descubierto, con delicadeza tomó aquello que cubría sus ojos y dejó que su cabello callera por su rostro. Tenía unos ojos hermosos, unas pestañas blancas delicadas y elegantes, labios dulces rojizos al igual que sus mejillas, un mentón delicado y femenino, un cabello que era lacio con un color púrpura y blanco que le llegaba hasta su cintura. Sus hebras estaban atadas por un lazo de color celeste y este brillaba ante el sol, desprendiendo de su cabello un olor hermoso, uno a rosas negras. Pero tenía algo que la diferenciaba del resto, en su ojo izquierdo, en vez de tener una pupila redonda, esta tenía uno en forma de un cuarto de luna color blanco y todo el resto del ojo era morado claro, el otro era color noche.

––Como puedo ver… montaron un gran festival, superaron mis expectativas, los últimos cuatro no se parecen en nada y los felicito por eso.

Su voz era envolvente, parecía como si sus palabras estuvieran bañadas por la magia de las sirenas y quisiera hipnotizar a todos con su habla. Empezó a aplaudir con una cara cínica mezclada con una mueca que mostraba sus blancos dientes, el silencio de toda la ciudad le era gratificante, además que todas las cámaras se posaron en ella.

Las princesas y duques quedaron paralizados.

––Pero, creí que le faltaba algo, un elemento sorpresa y bueno, me envolví como obsequio y llegué. Espero que acepten el regalo y que me reciban con los brazos abiertos.

––¿Quién eres?

––Diligitis… ¿no me reconoces?

Ella caminó hasta la fuente y se sentó de una manera erótica mostrando un poco de encantos femeninos.

––Quizá con esto me recuerden.

Se retiró la capucha que la envolvía y mostró su cuerpo. Era fino, delgado y erótico, sus pechos eran hermosos y firmes, sus piernas largas y de buen parecer,  su piel parecía de porcelana, sus curvas eran domadas por las ropas delgadas y viejas que llevaba, su cuero al igual que todo su cuerpo era erógeno y sus feromonas se dispersaban por el aire, sus pies eran perfectos, hermosos y su figura era deslumbrante, pero no tenía joroba alguna… de su espalda se alzaron cuatro alas que eran imponentes y hermosas, brillaban con intenso morado claro por la luz del sol. Sus alas tenían forma de alas de ángel, pero no eran iguales, ya que no llevaba plumaje

alguno recibiéndolas y estaban hechas de tejido semitransparente muy sutil.

Aurora la observaba con risa llevándose la mano al mentón.

––Conque aquí estabas pequeña.

Alma sudaba frio y la cara de Diligitis reflejaba miedo y emoción.

––N… no puede ser… que… ¿c… cómo demonios un hada está presente?

Verum mantuvo su sonrisa y las observó más que extasiada, puso sus delicados pies descalzos sobre la roca lisa del suelo y caminó un poco, apoyando de manera sutil su mano sobre su mentón y sacando su pecho.

––¿Quieres saber cómo escapé? Bueno… si logras ponerme de rodillas te lo diré, pero lo que ahora más quiero es que estén bajo mis pies.

––¡Deja de hablar falsedades! Nunca va a ocurrir algo como eso––Se llevó la mano al rostro––. Así que fue ella a la que mis antepasados exiliaron, supongo que debo confiar plenamente en la sangre de Ciclea y estar seguro en que mi entrenamiento fue efectivo.

––Pero qué malos modales, supongo que nunca cambiarán.

––Alma ¿cómo es que un hada está en las tierras superiores?

––Sara tiene razón ¿quién es ella? y ¿cómo logró llegar?

Brillo le tomó el hombro a Alma y la hizo volver en ella. Dirigió su mirada a la princesa y Brillo vio el terror en su rostro. Por el radio le avisaron a Diligitis que la salida B había sido bloqueada, las poleas las habían hecho

añicos con una explosión.

––Alma ¿qué está pasando? ¿Es ella quien creo que es?

––Yo se los explicaré luego, creo saber bien las razones––Volvió su mirada a Diligitis el cual estaba listo para enfrentarse a ella.

––Mi señora, mantenga la calma, mis antepasados la vencieron, yo puedo hacerlo también.

Verum adoptó una mirada más desafiante y observó a Diligitis.

––Aquella vez me lograste derrotar porque era muy ingenua y no estaba lista, pero ahora tengo más armas y creo que no vas a estar a mi altura. Esta vez me encargaré de esparcir su sangre por toda esta tierra.

––Por lo menos me hubieras avisado de que llegarías, así me evito el tener que doblegarte en público–– Se le cruzó un pensamiento un poco chocante que lo dejó pensando por varios segundos–– ¿Por qué me confunde con el que la venció?

Ella levantó su mano izquierda y la abrió un poco, de ella salió una llama morada y la pupila de su ojo izquierdo se hizo más delgada y empezaba a deformarse igual que el fuego. Era como si danzara por sí misma.

––Entonces creo que hay que ajustar cuentas para ver quién es el mejor.

En ese momento aparecieron los soldados de élite conocidos los ángeles de la muerte entre la multitud. Todas las personas empezaron a huir, escondiéndose en las casas y edificios, otros simplemente lograron embarcarse para huir de allí. Los soldados la rodearon y llevaban armas de fuego con ellos. Verum los observó e intentó contarlos, más no pudo ya que eran miles y también empezó a pensar cuanto les tomaría a los civiles salir del país. El capitán contactó con todos los demás soldados que estaban fuera de la ciudadela.

––¡A todos los soldados, trabaron la salida B, más la salida A sigue abierta, necesito que abran la otra salida y que todos lleguen a la ciudadela!

Uno de los soldados tomó el radio ensangrentado de su compañero, lo había asesinado al igual que a muchos de sus hombres. Más de la mitad del ejército fuera de la ciudadela había sido asesinado a traición.

––Todo está saliendo de acorde al plan de la señorita Verum––Pensó mientras le quitaba la radio––. Señor, el general de la división Delta reportándose, no debe preocuparse… nosotros ya vamos en camino.

Sus camaradas llegaron, sus espadas estaban ensangrentadas y algunos tenían sangre en las culatas de sus armas de fuego.

––Señor, hemos terminado nuestro deber, ni uno solo se ha mantenido en pie, todos fueron asesinados.

––Perfecto, ahora solo tenemos que vigilar la entrada A, nadie debe entrar hasta que Verum limpie el lugar, luego de eso hay que asegurarse de cerrar esa entrada y protegerla––Se dirigió a más soldados que llegaron con la sangre de sus amigos en sus rostros––. ¡Recuerden, nuestra prioridad no son los ciudadanos, es la entrada y listo!

Diligitis sabía que por más magia que tuviera, era mortal y una herida bien realizada podría matarla, pero temía también por que el ataque no funcionara, que era una de las opciones con más probabilidades. Se situaron guardias en los edificios cercanos con cañones, esperaban a que ella saliera volando para derrumbarla. Por otro lado, las princesas y los duques se preparaban para pelear, solo estaban esperando la señal de Diligitis que les dijo que esperaran, ya que no imaginaban lo que Verum tramaba.

Verum observó al capitán de aquel ejército de élite. Su duro semblante contrastaba con el dulce rostro de Verum, aunque las miradas de ambos eran igual de desafiantes.

––Si se retiran en este momento y no regresan, podrán vivir. Ustedes no son mi objetivo y no hay necesidad de derramar la sangre de tan buenos soldados.

––¡¿Que nos retiremos?!–– El capitán empezó a reír, luego chasqueó sus dedos––. Mátenla.

Empezaron a disparar con las dos manos las pistolas Dragon. Humo salía violentamente mientras las chispas danzaban hasta el suelo. Al ver que no salía volando, el general dio la orden y activaron los cañones que lanzaron bombas y rayos de energía eléctrica generando una explosión ensordecedora. Las ventanas de los edificios cercanos se rompieron y la tierra tembló por el impacto de los cañones.

Aurora observaba desde su nube, estaba cómoda y se sentía emocionada, la intriga quemaba cada parte de su fibra.

Luego de que los soldados lanzaran tantas armas en contra de Verum, esperaron a que se disipara el humo, que lo hizo de manera lenta. Cuando todo se aclaró, se paralizaron… Verum estaba intacta y todas las balas estaban en el suelo, además que parecía que ella había creado un escudo alrededor de su cuerpo como lo delataban los escombros que la rodeaban.

––Y ahora que llegaron hasta este punto les pregunto jauría de ratas… ¿Qué se supone que iban a hacer después de llenarme de plomo

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