Aurora y Venus

La noche dejó caer estrellas en los cielos y pintó

suavemente los paisajes con su luz. En el valle de las luciérnagas Aurora se

paseaba por su nube, esperaba con paciencia ya que ella tenía tiempo de sobra y

no le importaba tener que mantener su espera para completar su tarea. Sus ojos

color cristal veían claramente el cielo y todo lo que contenía, sus cabellos

cambiaban de tonos y sus colores relucían suavemente en la noche, las estrellas

la contemplaban enamoradas y las lunas la celaban desde el cielo. De cierta

manera le recordaba la leyenda y se llegaba a preguntar si el sol tendría

envidia por no verla danzar por las noches. El viento soplaba y las luciérnagas

pintaban el valle, algunas flores nocturnas como las Val o Flaers abrían sus

pétalos y dejaban sus aromas plagados por el pasto, su olor a polen atraía a

varios insectos, incluso abejas y sus colores que alumbraban daban más luz al

ambiente. Los peces se paseaban por el arroyo y era reconfortante gozar de ese

lugar.

––Lamento haberte hecho esperar.

––¡Venus!

Llevaba un vestido oscuro, sus alas resaltaban y en su

cabello blanco y negro era notoria la flor de noche que la engalanaba, sonreía

y se mostraba alegre, algo no común en ella.

––Hoy pude salir, están cuidando bien los círculos más

peligrosos ya que…––Miró hacia el suelo y Aurora entendió––. Conoces que perdí

más del ochenta por ciento de mis capacidades.

––Era necesario Venus.

––Si, por lo menos logramos salvar entre las tres a

todas las razas de la peste roja, aunque Celestia…

––Si, pero ella decidió cargar con todo el peso.

––Me preocupa saber que podría ocurrir algo que

obligue a volver a bailar La Danza de las Hadas, si con una vez quedamos muy

debilitadas, una segunda… bueno, nos mataría.

––No creo que vayamos a usar un recurso así, hay que

pensar positivo, el bailar me quita el estrés y me ayuda a ser positiva. Ahora

todo se ha calmado y no hemos tenido que interferir en cosas de gran magnitud.

Aunque siempre hubo algo que nunca pude comprender— De forma seria contempló el

cielo y recordó lo que decían los pergaminos sagrados—. pero… no importa, lo

importante es que estamos juntas

––Si, pero… puede que pase.

Aurora quiso desviar la conversación, no le gustaba

platicar de cosas tristes y si bien sabía que tenía que preocuparse, no quería

ya que, pese a ser la menos afectada, no quería que algo se volviera en su

contra.

––Oh––Se acercó a Venus––. ¿Esa flor no fue la que te

di tiempo atrás?

––Yo… solo me la puse porque combinaba con mi

vestido–– Su cara se pintó de un color rojo— No porque me la hubieras dado… …

—No puedes ocultar tus emociones, estás roja como un

tomate.

—No me molestes.

Aurora sonrió y le dio un leve empujón a Venus.

Venus intentó devolverle el empujón amistoso, pero

Aurora se apartó. Nuevamente la empujó, pero Aurora dio un leve respingo y

rápidamente huyó. Venus puso una expresión más amistosa y salió para atraparla,

Aurora zigzagueaba por los cielos mientras era perseguida por Venus.

––¡No creas que te dejaré escapar tan fácil!

––¡Si es que puedes atraparme!

Desde la lejanía se veía como la Aurora Boreal jugaba

con la noche, como se mezclaban en un espectáculo de luces pintando juntas los

cielos, las nubes se tornaron de sus colores y Aurora aprovechó para esconderse

en ellas. Las lunas observaban apasionadas el juego de los espíritus sagrados.

Ambas, tanto Aurora como Venus se sintieron nuevamente niñas, era como retroceder

el tiempo, cuando jugaban las tres en los cielos y causaban de vez en cuando

algún desastre como un poco de oleaje en los mares. Aurora salió del cúmulo de

nubes y Venus aumentó la velocidad. Descendieron hasta ras del suelo, los

pastos se sacudían fuertemente mientras se perseguían infantilmente, sus risas

resonaban por el valle y despertaron algunos cisnes de plumajes negros, que

volaron para huir temerosos. Aurora pasó rápidamente por el mar en donde se

unían los cuatro ríos y salpicó un poco a Venus.

––El agua está helada––Aumentó la velocidad mientras

sus pensamientos fluían y chocaban con el líquido––. ¡No podrás huir, yo

siempre fui la más rápida de las tres!

La tomó por los hombros tras haberse acercado lo

suficiente y ambas cayeron a los suelos envueltas en un mar de risas, hacía

siglos que probablemente no jugaban así, quizá dejaron que el tiempo consumiera

y cambiara su verdadero ser. Aurora quedó en el suelo, tenía a Venus

observándola encima de ella, la sujetaba por hombros y ambas se contemplaban

mutuamente, los sonidos de las cigarras resonaban desde la lejanía y las

arrullaban. Venus no dejaría ir a Aurora, sabía que de cierta manera debía

mantenerla y se sentía feliz de estar al lado de ella, pese, a que de vez en

cuando no lo demostrara.

––¿Vas a seguir encima de mí?

            ––¿Quieres

que me aparte?

            ––Por

favor.

            Venus

le quitó las manos de encima con cierta delicadeza, Aurora se sentó en los

suelos, el pasto les acariciaba los vestidos de manera pasiva y rozaba con

cierta delicadeza a ambas, intentando no dañarlas. El cielo estrellado mostraba

un plano casi perfecto y fantástico, el marco brillante dejaba ver la belleza

delicada del mismo.

            ––Aurora.

            ––¿Que

sucede Venus?

            ––Perdón

si pregunto, pero… quiero saber ¿Cómo siguen tus alas?

            Aurora

se encogió de hombros, pero no quiso decir mucho, ella sabía que en parte fue

por su terquedad que había sufrido tales cambios en su cuerpo y había

descubierto las cadenas invisibles que la mantendrían atada eternamente a esas

tierras.

            ––¿Por

qué preguntas?

            Venus

la contempló un poco preocupada, pero… ella quería ver el estado de las alas de

su hermana, aun recordaba el sonido ensordecedor de cuando sus alas explotaron

y Aurora se precipitó en una bola ardiente mezclada con su sangre precisamente

por su deseo de explorar el firmamento. El olor dulce de su sangre, jamás

podría olvidarlo, los gritos y el cómo se esparció por la tierra. Ella no podía

olvidar aquellos sucesos y la impotencia fue algo que la marcó.

Aurora, quería olvidar, quería dejar atrás el recuerdo

plasmado en su piel, aquello era prueba de su pecado y lo severas de las reglas

mágicas cuando se quebrantaban. Con un sentimiento extraño, empezó a quitarse

la parte superior de su vestido, sus grandes alas seguían imponiéndose,

aquellas alas que desprendían colores intensos que iluminaban con su belleza

los suelos y los lagos y al igual que las tierras, se teñían de colores vivos e

impresionantes. Venus observaba el resplandor de las alas de su hermana, pero,

le rompió el corazón ver el otro par, estaban envueltas en su espalda y eran

negras, parecían haber perdido toda su luz, su piel era de un tono negro,

aunque este se difuminaba hasta ser nuevamente el color piel de Aurora,

iluminado fuertemente por el color de sus otras alas.

            Venus

la abrazó por la espalda, Aurora se sorprendió, pero con sus manos acarició las

de Venus mientras observaba los suelos en completo silencio. El viento sacudió

los pastos junto con los cabellos y vestidos de ambas.

            ––Aurora…

perdón por lo que te sucedió. Lo lamento tanto.

            ––No

fue tu culpa, fue mía por querer hacer algo que no se podía hacer. Pagué por mi

imprudencia. No debes disculparte siempre que las ves…

            Venus

se quedó en silencio, sin palabras, solo podía… abrazarla. Quería llorar, pero…

las emociones de ambas habían sido inhibidas desde su nacimiento, podían sentir

dicho dolor, más nunca manifestarlo.

            ––Estamos

solas––Dio una leve risa para sí misma.

            ––¿A

qué te refieres Aurora?

            ––Todos

nos alaban y respetan porque somos como dioses para ellos, los humanos nos

rezan; a mí, para que cuide los cielos y a la reina del Hades para que cuide a

sus seres queridos en la vida después de la muerte. Pero… estamos solas, no

importa que los salváramos, el precio por haberlo hecho fue demasiado alto.

Jamás llegué a imaginar que la danza de las hadas nos dañara como lo hizo.

Además, la magia es una maldición, las magias malditas son horribles… no pude

hacer nada cuando Verum estuvo en Edén, muchos niños murieron, inocentes que no

merecían morir… … soy… basura.

            ––Aurora,

no digas eso… es–– Dio un suspiro––, es algo que no se puede evitar.

            ––¿Para

qué existimos Venus? ¿Porqué? ¿Qué sentido tiene nuestra existencia si no

podemos hacer uso de nuestra magia, si esa magia nos tiene encadenadas y a

todos los que la usan?

            ––Nuestras

vidas ya estaban escritas desde antes de nacer Aurora, estamos aquí por una

razón y es la de cuidar a todos, ahora es cuando más tenemos que velar por su

bienestar. No estamos solas… nos tenemos la una a la otra. Como la mayor de las

tres, siempre trataré de velar por mi hermanita.

            Aurora

se volteó y la abrazó, el calor de su hermana se transmitía levemente hacia

ella y Venus con cierta ternura la abrazó de igual manera, quería intentar

entender a su hermana, pero desde aquel suceso siempre había estado perdida en

sus pensamientos y le resultaba difícil el querer ser ese soporte para ella. Si

quería demostrarlo, debía de moverse y ser aquello en lo que quería convertirse.

            Se

levantó y extendió sus cuatro alas hacia los cielos.

            ––Fue

un gusto pasar este tiempo a tu lado Aurora, pero me tengo que retirar. Gladio

debe de estar muy preocupado.

            ––Cuídate…

Venus––Se colocó nuevamente la parte superior de su vestido y llamó a su nube.

Debía volver a patrullar los cielos…

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