Verum y Diligitis

Verum estaba en su recámara, jugaba con la almohada

usando sus finos pies, había mandado a Jen a traerle otra copa de vino y estaba

esperando a Diligitis, el cáliz lo sacudía y el vino armonizaba el silencio, el

sonido de aquel líquido en movimiento era sumamente adictivo, poco a poco

estaba recuperándose, sentía que quizá, un mes era demasiado tiempo y en

cuestión de quizá un día o dos podría estar mejor. Quería intentar algo que

solo le habían contado, y con Ciclea, tenía la oportunidad perfecta para poder

probar aquel ritual prohibido. Diligitis entró, Verum sorbió un trago.  Estaba en una posición coqueta, dejando ver

bien una de sus piernas, apoyando un brazo en la misma y dejando su cabeza

reposar en el respaldar.

––Mi señora ¿De qué quería hablar usted conmigo?

Ella se levantó de su cama y se dirigió a la ventana,

sorbió vino, quería ver cuántos ocuparía para embriagarse. Observó el paisaje y

jugó con su cabello, Diligitis esperaba pacientemente en silencio.

––Te llamé por dos necesidades, la primera es un tanto

importante para mí, es un placer culposo. Necesito que me consigan una boquilla

para fumar plácidamente, durante mis años prostituyéndome en los burdeles cogí

la manía de fumar, pero eso puede esperar––Se volvió hacia Diligitis, tenía la

cara un poco roja, sacó sus alas y Diligitis pudo ver que su ojo en forma de

luna brillaba un poco y podía verse levemente a través de su pañuelo––. Desde

que pisé nuevamente estas tierras hubo algo que me estaba sucediendo, ella me

está llamando. Quiere verme, y sabe que su hija no ha muerto, me anhela y clama

mi nombre con pasión y locura.

––¿Quién la está llamando?

Verum volvió a la ventana, sentía que su cuerpo

necesitaba volver al lugar de su nacimiento, la quemaba por dentro.

––Recueras que te mencioné de dónde vienen las hadas.

Nacemos por un árbol que ha estado por miles de generaciones, mucho antes de

que la gran guerra explotara, de ese árbol nació Melusina, la primera reina de

las hadas, pero… ella pensaba que yo había muerto y por eso te llamé a que

habláramos en privado. Sé muy bien que tu familia tuvo que haber documentado

bien todo lo que pasó cuando me mandaron al mundo de los espíritus.

—Si bien nuestra familia al igual que toda la familia

real de Edén sabía de su existencia, no creo que sea posible el mostrarle datos

exactos.

—Pero… ustedes debieron de documen…

––Lo quemaron todo.

La fría respuesta de Diligitis dejó a Verum sin

palabras, estaba confundida.

––Entonces como… ¿Cómo sabes lo que pasó? ¿cómo sabes

que tus antepasados me enfrentaron?

––Se trasmitió por tradición oral, de generación en

generación. Y quemaron todo por precauciones, incluso Edén no quería revelar

detalles a los demás reinos ya que preferían mantener todo en secreto.

––¿Por qué me hicieron eso? Yo nunca toqué ni a un

solo humano. Quiero respuestas certeras, te lo exijo, hoy no estoy de buen

humor.

Diligitis dio una bocanada de aire y observó fijamente

a Verum.

––Lo que mi padre me había comentado hace ya bastante,

es que fue por miedo.

––¿Miedo? No me digas que fue por…

Diligitis se sentó. Verum creía saber la razón.

––¿Fue por la profecía? ––Diligitis la observó, los

ojos de Verum ardían y una pequeña llama salía de su pupila y se deformaba en

el aire––. ¿Fue acaso por la profecía bajo la que nací?

––Había terminado la guerra, más de veinte millones de

humanos murieron, para aquella época eran demasiadas vidas, mi padre me contó

que fue casi un milagro que los humanos se salvaran, pero… las naciones

quedaron muy debilitadas y apenas se estaban levantando, rearmando, pero… era

lento el proceso. Incluso los libros de historia hablan sobre aquello.

––Eso no es cierto, cuando yo nací, la guerra tenía

apenas cincuenta años de haber terminado.

––Por eso mismo, bajo el furor de aquella guerra se

contaba que existía una leyenda que profetizaron las sirenas y algunos oráculos

humanos. Bajo la luz blanca de la luna y la luz negra de su hermana gemela, un

hada se alzaría por sobre las demás, su poder sería igualado con el de los dioses

y ella reinaría por sobre todas las razas, su belleza postraría las estrellas a

sus pies y los mismos dioses le rendirían tributo…

––De ella iba a depender una vida en paz, o un mundo

en donde aquella guerra sería apenas un juego de niños a comparación de lo que

haría.

––Correcto. Las naciones temían del poder de las hadas

y de su crueldad en la guerra, aunque tampoco salvo a los de mí misma especie,

todos en la guerra son unos demonios y el odio de los humanos también se ve

desatado. Pero, volviendo a la historia… Los reyes temían más, al saber el

nacimiento de aquella hada, no podían arriesgar a que toda la raza humana

desapareciera, por lo que debían eliminarla, no podían jugarse una carta tan

arriesgada y menos conociendo ya el temperamento de las hadas y de lo que eran

capaces. Todas las naciones planificaron la estrategia, pero Edén, fue la que

pretendió liderar. La noticia de tu nacimiento recorrió y sacudió a todo este

planeta ya que nunca se había visto algo similar. Se contaba que incluso las mismas

hadas se habían sorprendido.

––Pero esa leyenda está mal contada, no tendría el

poder de una diosa, no postraría a las estrellas a sus pies, sino que

preferiría vivir tranquilamente, sin hacer daño a nadie, y el poder del que

tanto hablaban era todo el que pude destilar en mi intento por tomar este

castillo, no es tan poderoso. Yo tengo la mitad de mi poder sellado. No soy tan

fuerte.

––Por aquellos años si, recuerda que el dominio de la

magia no se había profesionalizado y perfeccionado como el que ahora se usa

como las princesas y las mismas hadas.

––Para ese punto ya tenían a Ciclea ¿Por qué no la

utilizaron?

––Si la leyenda era cierta, aquella hada podría no

solo matarla, sino reducir a polvo a Ciclea, debes entender la situación límite

a la que estaban todas las naciones, era para ellos devorar o ser devorados.

––¿Y para eso tenían que violarnos y arrancarle las alas

a Saeria?

––¿De qué estás hablando? ––Diligitis la miraba

extrañado––. Eso, no era parte del plan, solo tenían que torturarte unos meses,

aunque siempre te iban a obligar a matar a tu compañera, pero… violarte, eso no

era lo que se planeó. Se contrataron mercenarios sin nombre, los mejores que se

pudieron encontrar para llevar a cabo esa labor, tenían que infundirte miedo.

––Si, pero esos mercenarios no perdieron la

oportunidad de meternos mano. Supongo que parte de esa tortura era el violar.

––Ellos no debieron hacer lo que dices, solo tenían

que torturarte psicológicamente, no sexualmente. Eso nadie lo supo y la

historia lo borró, desaparecieron, así como llegaron y nunca se volvió a saber

de ellos. O… por lo menos eso se omitió en lo que me contaron.

––Pero el matarme no tenía sentido, el árbol está

conectado con mi energía, pudiendo ubicarme con facilidad. Todas las hadas lo

saben.

––¿Por qué crees que te mandaron a otra dimensión?

Verum acomodó sus ideas.

––Para que el árbol no pudiera localizar mi aura, así

las hadas nunca lo hubieran sabido y si ellas no lo sabían, no les harían daño,

porque si se llegaba a enterar de que ustedes me pusieron un dedo encima… …––Se

volvió hacia Diligitis con cierto temor.

––Nos habrían reducido a polvo y no quedaría piedra

sobre piedra de nuestra civilización.

––Por eso asesinaron a todas las hadas que nos

acompañaban, pero… se puede saber ¿Qué demonios hicieron luego de mandarme al

doceavo mundo de los espíritus?

––Colaboraron con las hadas para buscarte.

Verum se tuvo que sentar, dio un gran trago, una

sirvienta pasó en ese momento y Verum le pidió que le llenara otra vez la copa

con vino.

––Los reyes de las ciudades superiores removieron

cielo y tierra para buscarte, pero no te hallaron, ellos mismos firmaron un

acuerdo de paz con las hadas y ellas lo firmaron con el fin de encontrarte por

medio de investigaciones. Pusieron todo su esfuerzo, incluso el héroe de la

gran guerra, Celgris, te buscó por todo el mundo.

––Pero ellos fueron los que me enviaron al mundo de

los espíritus.

––Supongo que construían una fachada para cubrir su

pecado, no se todos los detalles, como lo de ese grupo de mercenarios u otras

cosas que escapan a mi entendimiento.

––¿Qué ganaron con todo eso?

––Al cabo de cien años, las naciones se armaron hasta

los dientes y crearon fuerzas especiales y armas poderosas para matar a las

hadas… las pistolas Dragon están hechas para eliminar hadas con facilidad. Se

aumentó el uso de la pólvora y de las energías geotérmicas, claramente no es

como se usa hoy en día, pero era un comienzo, se investigaron alternativas,

además… la siguiente hada reina no fue ni la mitad de poderosa que la anterior.

Pudieron armarse y prepararse para una posible segunda guerra a escala global.

Las hadas bien pueden tener magia, pero nosotros tenemos la magia de la pólvora

y la de las armas, que no necesita precios a pagar como la magia, además, los

números juegan a favor.

––Pero esas cosas no funcionaron conmigo.

––No sé lo que hiciste en ese mundo, pero sea lo que

sea, te enseñaron bien. Ya que un impacto de esos te hubiera matado.

––Ferneris, ella me enseñó todo lo que nunca quise

aprender en el castillo con mis maestras.

––¿Quién es Ferneris?

––Es una de las princesas demoníacas del doceavo mundo

de los espíritus, en total hay siete príncipes. Ella me mostró el cómo entender

la magia, también como usarla y… me enseñó cómo anular a fuertes hombres con el

poder de mi cuerpo, como ser aún más femenina y usar todas mis armas para poner

de rodillas a este mundo.

Verum caminó hasta situarse a unos cuantos metros de

Diligitis.

––Tengo una duda mi señora.

––¿De qué se trata?

––¿Por qué no tomaste venganza? ¿Por qué no mataste a

todos los que te hicieron aquello? ¿Por qué no asesinaste a los sucesores?

Podías hacerlo, podrías haberlos buscado y aniquilado, más no lo hiciste… No

creo que alguien con un poder para ganarme le haya costado obtener información

y asesinar con la facilidad con la que un niño patea una lata. ¿Por qué mi

señora?

Verum respiró y lo observó con una mirada serena, se

sentó en la cama y le hizo señales para que él se sentara al lado de ella.

––En un inicio, lo pensé, pensé en vengarme de todos

ellos. Pero, descubrí que eso no me llenaría, llegué a la conclusión de que no

es justo que gente que no tuvo conexión o culpa de todo lo que me pasó pague.

El matar a esas personas inocentes, no haría sino convertirme en alguien peor

que ellos, no sería sino repetir el círculo de odio. Obviamente me dolió y no

deseo que le pase lo que a mí a más personas… nunca lo voy a desear. Pero… el

que tenga magia no significa que pueda hacer con las vidas lo que me plazca. Yo

sé que los que me hicieron eso no van a pagar, nunca… lo que ellos hicieron fue

arrastrado por el viento, pero… arremeter contra sus descendientes, no sería

justicia.

Verum dio un respiro y le enseñó las marcas en sus

muñecas.

––¿Sabes la razón del porqué aún conservo estas

marcas? ––Su voz se empezó a quebrar lentamente––. Ferneris las pudo hacer

desaparecer hace muchos siglos.

Diligitis se encogió de hombros.

––Es mi pecado. Es mi recuerdo––Trataba de mantener la

compostura en aquel momento––. Ellos no mataron a Saeria, yo la maté… la mató

mi debilidad, la mató mi falta de valor y madurez, no pude salvarla. Aquel día

pude matar a todos en la sala, pero… no lo hice; la maté con mis propias manos,

vi como la torturaban y no hice nada… Durante muchos años y a veces aún hoy en

día–– Las lágrimas corrían tímidamente por su rostro, manchando su pañuelo y haciendo

que su nariz empezara a moquear––, quiero regresar el tiempo, quiero evitar lo

que pasó, pero me doy cuenta de que ya no puedo hacer nada y solo tengo esto

para recordarlo. Me gustaría tenerla en mis brazos, aunque sea cinco minutos,

pero no puedo… ya no puedo.

Diligitis trataba de pensar en cómo ayudarla, pero… no

sabía cómo.

––¿Sabes la razón por la que quiero ser una Diosa?

Diligitis negó con la cabeza.

––¿Poder sobre los demás?

Verum dio una leve risa.

––La razón es…

Jen irrumpió en la sala.

––Lamento mucho el molestarlos, pero… Lord Cid ha

llegado.

            Verum

dio las gracias y se limpió las lágrimas.

            ––Proseguiremos

después. Lo importante es la reunión con Lord Cid, hoy tengo que convencerlo

para que esté de mí lado.

… …

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