Cristal

La princesa Cristal se había levantado muy temprano,

el sol aún no asomaba sus rayos y ella podía sentir el frio en la cal de sus

huesos, los vientos acariciaban la estructura en la que vivía y poco a poco se

iban alejando las nubes que se convertían en neblina por las noches, la calidez

de las fogatas empezaba a calentarla y dejó su cama para darse un baño. Las

cartas habían sido enviadas a las demás princesas y la reunión sería en el

almuerzo, aprovechando perfectamente la situación, para hablar de otros asuntos.

Su cuarto tenía una forma circular y era una de las tres torres más altas de

todas las diez existentes, las llamas danzaban entre las sombras mañaneras que

empezaban a disiparse, la noche estaba acabando y según las leyendas de esas

tierras, los espíritus llamados Octums, empezaban a guarecerse en lo profundo

de los bosques más negros y profundos. Cristal se colocó una túnica hecha con

piel de alce, el grosor de esta le proporcionaba un calor que la calentaba plácidamente

entre el frio asesino que se pavoneaba todos los días y a todas las horas.

Descendió por los escalones en espiral, su vestido para dormir se balanceaba

con ella y sus pasos resonaban por las piedras lisas, antorchas alumbraban la

mañana y dejaban ver el camino, acarició el barandal adornado con telas blancas

y logró apreciar por la ventana la mañana que empezaba a asomar. Entró en la

planta principal, ella había aprendido a no perderse con el paso de los años,

aunque cuando niña era un frecuente. La sala del trono era enorme y siempre le

había gustado la decoración tan original que diseñadores efectuaron hacía

tantos años. Caminó por uno de los pasillos y llamó a unas sirvientas para que

le prepararan el baño.

            ––No

se preocupe mi princesa, le tendremos el baño listo para que usted guste de él como

es debido.

            Las

sirvientas se retiraron, sus vestidos eran distintos a las otras, de mangas

largas y telas gruesas, con faldas cortas pero que llevaban bajo ellas lana

para protegerles las piernas, ella misma había seleccionado el color. Se

dirigió a la sala del comedor y ahí ordenó que le llevaran algo para beber,

estaba sedienta y quería apaciguar dichos sentimientos y necesidades. Le

llevaron una copa de vino que bebió alegremente, contempló el cáliz del cual

estaba bebiendo y lo ladeó con sus dedos. Tras terminar aquella bebida las

sirvientas entraron en la sala del comedor, candelabros de cristal alumbraban

la sala y por las ventanas empezaban a colarse los rayos del sol que se

asomaban tímidamente. Les había tomado apenas cinco minutos para prepararle el

baño ya que todo el castillo contaba con agua caliente para afrontar las bajas

temperaturas. Ella fue acompañada por las sirvientas, se desvistió y dejó que

ellas la bañaran con leche, perfume y agua con rosas azules, aquellas flores eran

las que le daban su fragancia en su piel. Luego del baño la secaron y le

colocaron sus vestidos más lujosos, pasaron a una sala pequeña que había en el

baño en donde le colocaron un maquillaje que le hizo juego.

Cuando salió de aquella terapia se topó con uno de los

duques que la estaba esperando desde hacía unos minutos. Al verla fue a su

encuentro y le besó la mano como se tenía por costumbre entre toda la realeza.

––Y bien ¿me traes buenas nuevas?

––Si, ya hemos comenzado con la elaboración de los planos,

tomamos los que habían hecho nuestros antepasados y creemos que con la

tecnología actual podremos hacerlo, esperando claramente, que no vuelvan a

explotar.

––Bien, eso me alegra. Ahora solo queda esperar a que

las demás vengan, espero que el plan pueda ponerse en marcha.

Caminó hasta la sala del trono, el duque la siguió

hacia una puerta y con una llave a modo de collar la abrió.

––¿Qué va a hacer mi princesa?

––No puedo creer que Diligitis dijera tales

obscenidades en mi contra, le haré pagar ya que… no hay manera existente en la

que yo… …–– La puerta se abrió y el sonido resonó por todo el lugar––, pueda

dañar a mis niños y mis niñas.

Entró y la puerta se cerró a sus espaldas…

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