El plan del infierno aéreo

La princesa Cristal había salido de su sala de

diversión donde pasó buenos momentos y para suerte de ella no había manchado

sus vestidos, el lugar de las plantas bajas no era uno en el que el polvo

reinaba y el moho se apacentaba entre las paredes y crecía vilmente entre las

mismas, tejiendo como una sucia araña sus hilos y destruyendo la

infraestructura. Las sirvientas pasaron, Cristal observó su reloj, ya era hora

de que las demás princesas y duques llegaran, por lo que se encaminó a las

afueras del castillo para recibirlos, el palacio tenía un enorme jardín nevado

en la parte delantera y exhibía entre sus muros la mejor flora y fauna del

país, sus árboles tupidos de toda la gama de verdes adornaban como si de un

bosque mágico se tratara y habían más de doscientas mil flores coronando todo

el jardín, una fuente central y estatuas grabadas en mármol, cientos de

colibríes revoloteaban alegremente entre flor y flor y la escarcha se acumulaba

junto con la nieve. El aire estaba frio, ella salió a caminar entre las flores,

tomó un Retoño Nevado y acarició su capullo, según se contaba, se abrían una

vez cada diez años, olfateó su fragancia y contempló su azulado color. Un

sonido le llamó la atención, las trompetas sonaron, quebrando el frágil

silencio que sostenía la armonía de las aves y algunos animales del jardín.

Las trompetas anunciaron la llegada de las demás

princesas, algunas sirvientas aparecieron por las grandes puertas del palacio y

se colocaron en el camino tanto a la derecha como izquierda del mismo, sostenían

blancos paños, los soldados se colocaron a si mismo al lado de las sirvientas,

vestían sus armaduras ceremoniales que se les obligaba a usar en ese tipo de

circunstancias y por su apariencia era conocida como Lestar ed Cidrem, que

quería decir los heraldos del fin, o, la muerte negra. Sus cascos eran

completamente negros, llevando el símbolo de la familia real tallada en el

hierro, sus petos eran del mismo color y el emblema del animal representativo

de la familia real estaba grabado en oro puro, los negros metales recorrían sus

piernas, sus hombreras eran del mismo color y cargaban con sayos de pieles

gruesas, la visera y el peto imposibilitaban ver sus emociones, siendo

inexpugnable saber su estado de ánimo y sostenían lanzas ceremoniales con banderas

del país. La princesa Cristal se colocó al final para esperarlos, los carruajes

aparecieron y las princesas y duques descendieron, pasando en medio de las

sirvientas y los soldados.

Fueron conducidos dentro del castillo hacia una de las

salas diseñadas para invitados, en todo el trayecto el silencio fue la cuna que

los arropó y ninguno quiso objetar nada hasta llegar a su destino. El salón

contaba con sillones cubiertos con pieles de venados, la alfombra de un tigre

de rayas negras y piel albina y algunos armiños que jugaban en una vidriera a

un lado, la mesa era de madera de pinos y estaba adornada con telas rojas,

había también una pantalla a uno de los lados de la sala. Todos tomaron

asiento.

            ––Les

agradezco que vinieran hasta mi castillo.

            ––No

hay de qué preocuparse.

            ––¿Todos

vieron el video?

            ––Si,

pero… sigo sin encontrar la pieza que falta de este rompecabezas.

            ––Brillo

tiene razón––La princesa Sara cruzó sus piernas, su kimono era elegante y

llevaba simbología y flores pintadas en el mismo––. Hay algo que no llego a

entender… los soldados.

            ––Ella

los mató a todos, los calcinó hasta la muerte.

            ––No

me refiero a esos soldados, me refiero a los que estaban fuera de la ciudadela

en ese momento––Brillo se cruzó de brazos.

            ––Yo

creo que es algo extraño––Vanitas se encogió de hombros y observó sin emoción

el techo de la sala––. La ciudad completa tenía soldados por ella y la mayoría

se concentraba en la misma, muchos patrullaban para evitar disturbios o robos.

            ––¿A

qué te refieres? ––El duque Zaer reposó su brazo en el sofá.

            ––Los

soldados tuvieron que llegar a la ciudadela, pero… no llegó ni uno solo.

            ––Pon

la grabación Cristal.

            Cristal

tomó el control y prendió la televisión, seleccionó la grabación del festival.

            ––Adelántala

hasta el momento en el que ella mata a los soldados.

            Cristal

así lo hizo y la grabación parecía igual, más Brillo se había percatado de

algo, la cámara, por unos dos segundos y con una mala toma, enfocó a algunos

soldados que llegaron a la puerta.

            ––Páusala––Cristal

así lo hizo––. Miren detenidamente en el lado izquierdo, hay soldados llegando.

            ––Si,

pero no hicieron nada.

            ––Miren

bien, uno de ellos parece estar cubierto con algo rojo.

            ––¿Sangre

quizá?

            ––Si,

pero ¿por qué un soldado tendría sangre si los únicos que habían peleado contra

ella fueron los que estaban en la ciudadela?

            ––Ahora

que lo pienso, hubo algunos reportes de que murieron más de la mitad de los

soldados.

            ––El

problema es que un poco más de los soldados estaban fuera, lo que quiere decir

que…

            ––No

creo que eso haya pasado, no creo que… los soldados–– La princesa Sara golpeaba

suavemente con sus dedos la mesa.

            ––Si

afirmamos que ella pudo de alguna manera controlar y manipular a Diligitis, afirmaríamos

que hizo lo mismo con los soldados. Diligitis nunca estaría con ella por las

buenas.

            ––¿Pero

cuando hizo eso con los soldados? No sucedió durante un año o dos… tuvo que

haber sido planificado con más tiempo. Ese ataque no pudo ser algo espontáneo.

            ––Chantajes,

sobornos, manipulación, todo eso se pudo emplear, pero… en un año es imposible.

Estamos hablando de que nuestros aliados eran una de las mayores redes de

espías de todas estas tierras.  Lo peor

de todo es que… tampoco podemos estar seguros de que sean todos.

            ––Pero

Diligitis… ¿cómo pudo caer? ¿cómo diablos cayeron los soldados en sus garras?

            ––Sexo.

Ella actuaba de manera coqueta y se pavoneaba por todo el lugar como lo hacen

las putas de los burdeles, además, sus ropas… eran un tanto reveladoras.

            ––El

dinero no pudo haber sido, Diligitis tenía dinero y mucho poder y podía incluso

tener las mujeres que quisiera, es muy codiciado incluso entre la realeza.

            ––¿Capricho?

            ––Lo

dudo viniendo de él.

            ––Entonces

lo sedujo.

            ––No

sabemos bien, pero, de ser así, ella tiene que ser una persona muy lasciva y

una completa víbora en la cama para que alguien como él sucumbiera a sus

encantos. No creo que la magia pueda controlar a las personas, ya que, de ser

así, hubiera controlado a todos y no a unos pocos.

            ––Creo

saber quién puede darnos pistas––La princesa Cristal guardó silencio.

            ––¿Quién?

            ––En

estas tierras existe un anciano que ha vivido desde hace más de mil años, se

llama Celgris y sé que él nos puede dar unas pistas de quién demonios es ella

realmente. Después de todo es el héroe de la guerra de hace mil años.

            La

princesa Cristal llamó a uno de los soldados y mandó a traer a Celgris, Zaer se

ofreció a traerlo en los carruajes ya que sería más rápido que en tren desde la

capital. Cristal dio las indicaciones del lugar donde se encontraba el anciano

y raudos se dirigieron al sitio. Luego de que Zaer saliera, las sirvientas

llegaron y llevaban vino blanco, galletas y panecillos. No platicaron mucho,

pero el tema central fue el cómo Cristal lidiaba con lo que había dicho

Diligitis, eso le había acarreado problemas, los rumores se habían dispersado

por todas las tierras de Helster y las personas miraban con un poco de

descontento a Cristal, más aún habían debates y dudas, muchos opinaban que

quizá eran conspiraciones falsas y que todo era culpa del hada, pero Cristal ya

había mandado a encargarse de todo lo sucedido, estaba tratando de hacer

propaganda por parte de los soldados, e incluso la banda más conocida de esas

tierras (les había pagado)  en sus

conciertos propagaran la noticia, el próximo sería en la provincia de Galtris y

ellos deberían hablar bien de ella. No podía dejar que se le escapara de las

manos y tenía que mantener su reputación, pero, aun así, muchos seguían

pensando que eran reales, alguien tan importante como Diligitis no diría

mentiras, incluso había llegado a oídos de ella, que muchos pensaban que quizá,

las desapariciones de muchos infantes tenían que ver con la princesa, ya que,

se habían dispersado demasiados rumores a lo largo de los años de lo que

sucedía en el castillo de Cristal.

            —Es

importante mantener en secreto todo esto.

            —Bueno,

los infantes son muy codiciados entre las casas, sus videos y fotos generan muy

buenos ingresos y hay muchos Lores que han pagado buenas sumas por una noche

con una niña.

            —Si,

pero es mejor que nada de esto salga a la luz. Cristal, este país es el que

maneja casi el cien por ciento de esa red de pornografía y prostitución, si

queremos que siga generando ingresos y a la vez podamos beneficiarnos de eso

manteniendo a muchos de la nobleza en silencio y de nuestro lado, debemos ser

precavidas. Eso puede ser un gancho para sobornos.

            —Eso

lo sé. No hay de que preocuparse. Nada nunca ha salido a la luz y nunca saldrá,

todo está planificado de forma casi perfecta, no hay forma existente en la que

todo pueda caer.

            —Eso

esperamos.

Ella sabía que esos rumores sobre su vida si bien

podían ser verdad, no había motivos para tirar más leña al fuego, encender la

llama solo detonaría revueltas y por eso Cristal tenía que mantener su imagen y

seguir ayudando a su nación en esos tiempos de crisis. La ayuda del ejército

era fundamental para ella en esos momentos y les comentaba mientras bebía

plácidamente de la taza lo mucho que le había costado generar esas propagandas,

los gastos de su nación en los últimos días se habían disparado brutalmente,

pero ella en secreto ya tenía una idea para aumentar el producto bruto de su

nación, el plan contra el hada tenía no solo como fin derrotarla sino ayudarla

a aumentar la economía del país. Las demás platicaban de varios rumores, pero

pese al miedo y la intriga que inundaban las ciudades, todo seguía funcionando

con relativa tranquilidad y no había disturbios, más sin embargo las

conversaciones conspirativas inundaban algunos locales y eso había llegado a

oídos de ellas, pero no era nada que escapara de su control y todo podía ser

mantenido, su sociedad era en general pacífica y no partidarios de disturbios.

            ––Cambiando

de tema… no podemos permitir que esa red de espías permanezca en nuestras naciones.

            ––¿Y

qué propones?

            ––Someter

a toda la guardia a exámenes psicológicos, así podremos estar más seguras de su

estado mental y de su lealtad para cubrirnos más las espaldas de ser necesario.

            —Estoy

de acuerdo.

            Pasaron

quince minutos, el duque Zaer llegó, Celgris caminó tímidamente, su altura era

considerable, pero temía lo que había sucedido, no sabía las razones del porque

se hallaba ahí, dudaba, pero entró en la sala con cierto halo de intriga en sus

adentros.

            ––Bienvenido

señor Celgris. Por favor, tome asiento. Es un honor tenerlo entre nosotros.

            Celgris

entró un tanto más tranquilo, tomó asiento en uno de los sofás, el silencio le

era incómodo, pero sabía y quería creer y pensar la razón del porqué se hallaba

ahí, pero aun así no decía nada, tenía que esperar para confirmar sus

sospechas. Tomó un poco de aire…

            ––Princesas,

señoras mías ya estoy acá ¿en qué puedo servir?

            ––Ya

lo verás.

            La

princesa Cristal colocó nuevamente el video y le pidió que lo observara

detenidamente. El ataque de Edén se reprodujo completamente y Celgris podía

confirmar casi que era Verum, Calai tenía razón, pero… no enfocaba mejor su

rostro y no podía saber si era Verum o una farsante. Sabía que tenía que ir a

comprobarlo.

            ––Sabemos

muy bien que participaste en la gran guerra, eres el héroe después de todo y…

sabemos que quizá puedas conocer quién es ella, viviste demasiados años con las

hadas.

            El

anciano se levantó, le costó un poco, pero logró ponerse en pie, observó

detenidamente la imagen de la joven, dio un suspiro y dejó caer sus

pensamientos.

            ––Creo

que puede tratarse de Verum.

            Las

princesas quedaron en silencio, no se dijo nada durante un breve espacio de

tiempo.

            ––¿¡El

hada de la profecía!? ¡Eso no puede ser verdad!

            ––Ella

no puede ser esa hada, ya que está muerta, desapareció y no se supo nunca su

paradero.

            ––Cristal

tiene razón, todas las familias reales la buscaron por cielo y tierra, pero no

se supo nada de ella.

            ––Por

algo dije creer.

            Las

princesas trataron de calmarse y acomodar sus ideas, estaban a la espera de lo

que Celgris iba a decir.

            ––Creo,

pero… Verum nunca haría tales cosas. Verán… yo la conocí desde su nacimiento,

la vi crecer, le enseñé todo lo que pude. Ella era un hada que le gustaba oír

canciones, recoger flores, nunca tuvo el más mínimo interés en aprender magia.

Me cuesta creer que ella sea Verum, ya que, a diferencia de todas las hadas,

ella es y ha sido la única en nacer sin alas, debe ser una impostora.

            —¿Una

impostora?

            ––Entonces

eso explicaría muchas cosas.

            ––Si,

pero nos deja la incógnita de quién es y sus verdaderas intenciones. Para iniciar,

ningún hada ha subido, no tendrían motivos y desconocen cómo hacerlo; o eso

quiero pensar.

            ––Bien,

suponiendo que ella es una impostora… ¿cómo vamos a vencer su magia?

            ––Los

Lord siguen en sus investigaciones y de momento no sabemos mucho, pero hay algo

que si podemos hacer––La princesa Cristal se levantó y se puso en frente de

todos, tenía que dar el primer paso––. Hay que usar nuestro plan. Ella posee

miles de soldados en tierra. Sin embargo, esas tropas hasta donde sabemos no

pueden volar, solo ella y quizá Diligitis, pero… para eso vamos a desatar el

infierno aéreo. Usaremos nuevamente los dirigibles.

            ––Bueno,

no los han usado desde las tragedias generadas, pero ahora con nuestra

tecnología, podemos corregir todas las imperfecciones que antes no entendíamos

y, además, podremos equiparlos bien, de tal forma que lleven armas pesadas para

detonarlas contra ella.

            ––Debilitaremos

sus tropas desde el aire, obligándola a salir, ella puede defenderse, pero no

infinitamente, se cansará y para cuando suceda, la eliminaremos e invadiremos

sus dominios cuando los cañones de las murallas, ejércitos y francotiradores

sucumban ante nuestro poder. Arriesgaremos lo necesario, no mandaremos a la

muerte a miles de soldados injustamente y nuestras órdenes se basarán en

minuciosos reconocimientos del terreno, por tierra, mar y aire.

            ––Yo

voy a realizar la construcción de los dirigibles, el metal que produce nuestra

nación permite crear las aleaciones requeridas para su puesta en práctica.

Pueden estar seguras de que se implementará rápidamente. El precio lo

discutiremos después, lo importante es que los planos estén listos. No vamos a

escatimar en gastos. Realmente estoy ansiosa, las personas que podían volar lo

hacían con más frecuencia, pero los trenes, automóviles y buses terminaron por

dejar de lado los métodos anteriores, por lo que… no creo que sea un gasto,

podemos usar todas las ventajas que nos otorguen.

            ––Primero

deberíamos usarlos para reconocer el área––El duque Zaer se levantó––. Sus

tropas son muchas y deben estar no solo en el centro de la capital, sino en

calles principales y callejones, desplegaremos un mapa detallado de las

ciudades principales.

            ––Si,

comenzaremos con la capital. Si esta cae, debilitaremos el país entero. Tenemos

que matarla y si para ello requerimos destruir todo el castillo y toda la

ciudadela, pues que así sea. Además, podemos incitar a las masas en su contra,

hay millones de pobladores que aún no dejan ni dejarán Edén.

            ––Muy

bien, en una semana nos volveremos a reunir para perfeccionar el plan, a las

doce del mediodía, en mi castillo. Yo ya tendré los planes, Vanitas y yo vamos

a colaborar en eso.

            ––Desde

luego, buscaré los planos, deben estar en la biblioteca, en los libros de

geografía, no debe ser difícil, además, podré ver si consigo más información

útil, eso sumado a que en la reunión en el castillo de la princesa Brillo,

podré sugerirles algunos puntos de ataque, viví toda mi vida en ese lugar y

créanme, ese plan va a funcionar.

            ––Muy

bien, está decidido––La princesa Cristal observó a Celgris––Espero que nos

sigas colaborando. Además… tu boca es una tumba… correcto.

            Su

tono cariñoso le hizo perturbarse un poco, pero no lo suficiente, pensaba en ir

a Edén y comprobar con sus ojos si en realidad se trataba de Verum, aunque

fuera estúpido, aunque él supiera que estaba desaparecida y muerta, él quería

verla, quería quizá, retar al destino, aunque este lo anulara y se burlara por

su estupidez. Pese a que le ofrecieron dejarlo en los carros tirados por

pegasos, él se negó, tenía intención de ir en la noche a Edén, burlar la

seguridad y llegar hasta el castillo, por suerte, estaba muy cerca ya que la

capital era la entrada al país, cosa que incluso jugaba en contra de Verum.

… …

            Las

copas tintinearon y el brindis no se hizo esperar, era el décimo de la noche,

aunque no había razón alguna para llegar siquiera a esa ridícula cantidad.

Diligitis ya había bebido bastante, al igual que todos los presentes, el

problema era que todos parecían estar saciados, todos menos Verum. Ya había

brindado más de diez veces y había ordenado sustituir el vino por un alcohol

especialmente potente, uno que era más fuerte que el vino, uno que incluso hizo

que algunas de las sirvientas se marearan al probar un poco de este.

            ––Estas

basuras de frutas majadas con pies… no son suficientes para embriagarme. Quiero

embriagarme Diligitis–– Verum se echó a reír, todos los presentes estaban

incómodos, ella tenía la cara roja y bebía una y otra copa sin parar.

            Verum

llenó nuevamente su cáliz y de un trago se acabó todo lo que había vertido en

la misma.

            ––¿Por

qué las caras largas? Esto no es un cementerio, es… ¡una fiesta! ––Verum

sacudió sus brazos y soltó una risa.

            ––Yo

ya he bebido lo suficien…

            ––¿Que?

––Verum se inclinó torpemente––. Nunca es suficiente. Nunca lo es.

            Sacudió

su copa y empezó a reír bruscamente, su forma de hablar era briaga y la dulzura

de su habla se mezclaba con la torpeza de sus palabras.

            ––¡Asvid!

            ––Si

mi señora.

            ––¿Cómo

eran las tetas de la princesa

Alma?

            Asvid

se puso roja y no habló. Se quedó en silencio, la pregunta la incomodó.

            ––Les

puedo asegurar que no hay tetas más lindas en todas las tierras como las mías.

            ––No

puedo creer que la reina más poderosa de las hadas, la que supuestamente era el

hada de la profecía esté profiriendo tales desaguisados––Diligitis se tapó la

cara, estaba apenado.

            ––¡Diligitis!

            ––¿Si

mi señora?

            ––¿Por

qué volteas tu cara?

            Verum

bebió otra copa, Diligitis creía que podría ser la vigésimo quinta de la noche.

            ––¿Es

acaso que no te gusta mi cuerpo?

            ––Señora…

se lo pido por…

            Diligitis

no pudo finalizar su frase, se quedó helado y desvió su mirada, Verum se había

bajado la parte superior de su vestido y sus pechos quedaron al descubierto,

todos en la sala pudieron verlos. Algunas sirvientas se taparon los ojos y

otras corrieron a tapar a su ama.

            ––¡No

quites tu mirada! ¿Acaso no has visto nunca las tetas de una joven? Míralas ¿No

son lindas? ¿Es acaso que no te excito? ¡Contesta! ––Lo observó con una mirada

perdida, pero, a la vez un tanto seria… tontamente seria para lo que era

ella––. Ningún hombre ha escapado de mis ensantos… entrantos… lo que sea. El

punto es que soy todavía joven, solo tengo noventa años.

            Verum

puso sus pechos en frente de Diligitis y le obligó a mirar, podía verlos, eran

perfectos y tenían sus pezones rosa duros.

––¡Tócalos! No seas tímido. Como tú ama debo recompenshate.

Te aseguro que son suaves, como un malvavisco–– Usaba su tono más coqueto y

seductor.

Ella le tomó las manos y se las puso en sus pechos,

forcejeó bastante, pero al final Verum logró su cometido.

––Mierda, alguien que me mate–– Pensó mientras Verum

movía las manos de Diligitis por sus pechos.

Las sirvientas intentaron taparla, pero Verum se

molestó. Diligitis tenía la cara roja y muchos quedaron sin poder objetar nada,

Lord Cid le tapó la vista a su sobrina, que se sentía incómoda.

            ––¡Déjenme! Están celosas, de seguro

todos son vírgenes, pero… si quieren les daré el secreto para tenerlas así.

Deben tomar leche ¡pero no la de los hombres! Aunque es un buen sustituto, pero

como sea, deben tomar–– Verum dejó escapar un poco de aire y tuvo un poco de

hipo––. Deben tomar las de… las de vacas, eso les dará unas tetas como las

mías.

            Al

finalizar esa frase se tocó sus pechos como para ella, en su pensar, dar a

entender de que estaba hablando de sus pechos, aunque para todos fuera ilógico.

            Lord

Cid ya no sabía qué hacer, su sobrina había escuchado todo. La sobrina no

entendía lo que Verum decía, más, le dio curiosidad.

            ––Berlis,

¿a qué se refiere con la leche de los hombres? ¿Ellos pueden producir leche?

            Lord

Cid se quedó hecho piedra y se volvió hacia su sobrina, tenía la cara roja,

Verum reía de una manera bastante descortés.

            ––Mejor

olvida lo que ella dijo. Por los dioses te lo pido.

            Silhist

trató de acercarse.

            ––Mi

señora, por favor no diga cosas tan obscenas, hay una niña en esta sala.

            ––¿Qué?

––Verum la observó con un rostro perdido, rojo y con una sonrisa increíble y

carente de cordura––. ¡Santulonas y santulones! ¡Mojigatos y mojigatas! Nadie

es tan santo, les aseguro que todos se masturban por las noches.

            ––Tápese

por amor a los dioses.

            ––Yo

decido lo que hago con mi cuerpo, es más, si quiero me puedo quitar las bragas

¿¡Acaso quieres eso!? ––Volvió a llenar la copa y beber de un solo trago––.

Este alcohol está delicioso, no había tomado uno tan bueno desde hace años.

            Las

risas de Verum inundaban la sala, y lo que había iniciado como una tranquila

velada, se transformó en una fiesta y carnaval a ojos de Verum. Los soldados

incluso se sentían incómodos escuchando todo lo que decía.

            ––Una vez recuerdo, que lo hice con

ocho, no fue lo más práctico que he hecho, pero sabían mínimo el cómo tratar a

una dama en la cama–– Se paró en la mesa y se empezó a bajar las bragas,

lentamente. Las sirvientas trataron de detenerla, pero ella amenazó con fuerza––

Asquerosas hipócritas, no me toquen, (Sacudía sus manos torpemente) además,

todos en esta sala a excepción de la enana han visto a una verdadera mujer

desnuda. Tranquila, lo serás cuando crezcas, serás como yo.

            Las manos de Verum siguieron bajando y

sus bragas con ella, poco a poco se pudo ver la forma de su vulva, el vestido

la volvió a tapar, pero ella sacudía sus bragas torpemente, luego las lanzó y

cayeron en la cara de Jen, que se las quitó lo más rápido posible. Lord Cid no

pudo más y sacó a la sobrina de la sala, él por órdenes de Verum no podía

dejarla, pero al menos su sobrina si podría quitarse de ese martirio. Podía ser

salva. Cuando volvió, Verum se había resbalado y podía ver toda su entrepierna

en la máxima calidad posible, ella reía sin parar. Jen puso su cara contra la

mesa y se tapó los oídos. Ella se paró torpemente y se quitó el vestido,

quedando totalmente desnuda. Luego levantó su mano y creó una pequeña esfera de

fuego, todos la vieron, su figura era sexi, su cuerpo era erógeno, pero, el

miedo era por la esfera de fuego y lo impredecible que podría ser en ese

estado, aquella esfera tenía el potencial para calcinarlos a todos tan fácil

como el fuego quemaba la paja.

            —¿No creen que hace frío?

            Diligitis se puso en alerta y de ser

necesario estaba dispuesto a noquearla.

Más, sin embargo, la

esfera se desintegró y ella se puso a reír nuevamente, se acostó en la mesa,

jugaba con la copa y no le daba vergüenza el estar desnuda. Abría y cerraba sus

piernas y lo hacía de una manera muy sensual y hasta podía ser excitante el

verla en otro momento, pero en aquella cena de celebración, no era para eso.

            ––No

puedo y me niego a creer que ella sea así realmente, es como una niña fuera de

control.

Jen no quería siquiera levantar nuevamente la vista,

Diligitis en cambio, prefería arrancarse los ojos o ponerse sal en los mismos y

mirar directamente al sol.

            El

alcohol les había mostrado como era Verum fuera de control y les hizo pensar

que ella bajo esos efectos caminaría desnuda por toda la ciudad sin importarle

tan siquiera que la miraran, es más, ella probablemente preferiría que la

vieran.

            ––Una vez, me metieron dos al mismo

tiempo, no me sentía preparada y creo estar un poco ebria esa noche, pero no se

sintió mal. Aunque no estoy orgullosa, creo que vomité encima de ellos esa

noche.

            Las

sirvientas se sentían miserables y no podrían de ninguna manera verla

nuevamente a la cara, menos bañarla y Diligitis y Jen, estaban considerando

salir y no volver, o quizá prohibirle beber nuevamente.

            ––Alguien

que me mate–– Lord Cid desviaba la mirada mientras sus pensamientos circulaban.

Las sirvientas estaban escandalizadas.

Lord Cid ya estaba harto y sabía que sería difícil

volver a ver su cara. Caminó firmemente y la tomó del brazo, luego, como si

fuera un simple saco, la sacó de la habitación. Verum estaba tan borracha que

no podría tan siquiera, usar magia. Se dirigió con Verum en hombros, aunque

temía que vomitara encima de él, los soldados miraron a otro lado.

––Suéltame––Su tono era ahora coqueto––Me vas a llevar

a la cama… si es así no pienses que

te la voy a chupar, así de fácil, primero quiero que me beses y me

acaricies mi cabeza. No soy tan fácil en la primera cita, quizá en la segunda,

pero nunca en la primera, soy una reina y tengo dignidad.

Si Lord Cid hubiera podido, hubiera quemado el

castillo en ese mismo momento. Le costó subir las gradas, pero tras debatir un

poco, pudo hacerlo cuidadosamente. El pasillo era un tanto largo, pero entre

más rápido llegara sería mejor, quería salvar lo poco de dignidad que le

quedaba a Verum, si es que aún tenía algo.

––Nunca quise matarla.

Lord Cid se quedó en silencio, se detuvo, ¿estaba

diciendo una incongruencia? No, ella no hablaría en un tono tan serio estando

tan ebria, o quizá sí, él no lo sabía a ciencia cierta.

––Ferneris me obligó a dejarla ir. Enterré su cadáver

con su ayuda.

––¿A quién dejaste ir?

––Yo no quería, pero… quizá fue lo mejor, yo la maté.

––¿A quién mataste? ––Le siguió el juego, quizá podría

saber algo más

––Esos malditos me hicieron sufrir––Sus lágrimas empezaron

a salir levemente.

––¿A quién mataste?

––¿Matar a quién?

Lord Cid reparó en que no estaba en sus cabales,

repetía las mismas estupideces. Los guardias custodiaban la entrada a su

cuarto, llevaban uniformes elegantes con el emblema de la familia; lo dejaron

pasar con un poco de desconfianza. Entró en la habitación en donde ella dormía

y la dejó en la cama, Verum evidenciaba su falta de equilibrio fallando

torpemente con sus movimientos que extrañamente la hacían lucir tristemente

graciosa, tan graciosa como lo era una mujer ebria hasta la muerte. aunque

apestaba a alcohol. Ella se irguió un poco y lo miraba fijamente con una

expresión amorosa.

––¿Qué?

––Quiero un abrazo––Le extendía sus brazos hacia él.

Lord Cid sonrió, no abrazaría un hada y menos si

estaba tan alcoholizada que apenas podía distinguir en donde estaba. Se retiró

de la sala.

––¡Quiero un abrazo! ––Verum estaba casi llorando.

Lord Cid cerró la puerta, la dejó ahí sin reparar en

las palabras de Verum, una de las sirvientas estaba al final del pasillo, él se

acercó de manera lenta, sus ropas y su cabello café se sacudía suavemente. Se

detuvo en frente de la sirvienta.

––Ella no debe salir y esa puerta no se debe abrir.

La sirvienta le observaba, su alta figura era esbelta

y seguía con la cara roja.

––No puedo creer que no cuidaran más de su ama, pero

ahora es su problema, no mío, aunque bueno, todo esto fue problema de ustedes.

Les recomiendo desaparecer toda bebida alcohólica para que no se repita un

hecho tan lamentable––Se retiró de la sala y la sirvienta se quedó pensativa.

Mientras bajaba, recordaba lo que Verum le había

contado.

“Antes de la desafortunada cena, ella entró en la sala

del trono, tenía sus alas extendidas y su figura era esbelta. Se saludaron

cordialmente, él estaba ansioso, de cierta forma por saber su plan, se había

decepcionado la primera vez que la vio. Se había imaginado que ella estaría

sentada en el trono y que su poder se sentiría antes de la entrada, que los

escalofríos le llegarían a la cal de los huesos, pero en vez de eso se había

topado con un hada que estaba en cama, muy débil y vulnerable.

––Parece que mínimo puedes caminar.

––Eso es muy descortés, más viniendo de un Lord.

––Yo solo hablo con la verdad, aunque no quise

incomodarte. Me disculpo.

Verum se le había acercado y no tenía intención alguna

en dejarlo ir, tenía que convencerlo.

––Bien, supongo que vienes a escuchar.

––Vine a tomar una decisión, eres fuerte y…

––No soy fuerte— Se retiró su pañuelo color crema y

Lord Cid pudo ver su ojo en forma de cuarto de luna.

            Lord

Cid se sorprendió, era mentira, ella puso de rodillas a una nación, ella sola,

no existía manera alguna de que pudiera decir tales falsedades y que él se las

tragara, no era estúpido, había visto el acto desde su mansión, como ella logró

matar a todos cuantos se le entrometían, sus pantallas habían transmitido todo

el espectáculo.

            ––No

me tomes el pelo, no vine a escuchar bromas, vine a…––Verum parecía ignorarlo,

pero le devolvió una mirada, su ojo izquierdo parecía arder ya que su pañuelo

brillaba de aquél lado.

            ––No

le estoy mintiendo. Más poderosa quizá, pero fuerte… Supongamos que el poder

físico y mágico se mide del uno al cien, en la magia, mi poder sería como un

noventa, quizá más, pero… en fuerza física no llegaría ni al once. Obviamente

la magia no se rige bajo reglas tan absurdas como lo son los números, todo se

basa en el principio de menos es más y más es menos.

            ––Explícate

mejor.

            ––Yo

soy el hada más poderosa que ha existido y existirá, pero… no por mi nivel de

poder, sino porque, a diferencia de todas las hadas que han nacido, yo puedo

usar tres tipos de magia. Lo que me da más creatividad y posibilidades en los

combates, pero a su vez, eso es mi cruz a largo plazo.

            Lord

Cid no comprendía nada de lo que Verum decía, él no conocía de la magia y para

él eso solo era un sencillo cuento de hadas que no tenía nada que ver con la

realidad, o, al menos pensaba así hasta que ella le mostró lo contrario.

            ––Yo

domino la magia del fuego con atributo rojo, magia negra de invocación tipo

naer y magia blanca atributo tierra. La magia blanca, siendo la más poderosa de

todas cuantas existen, pero la más riesgosa.

            Verum

se sentó en el trono, el sonido de las muñecas era constante, Lord Cid se

dirigió hacia ella, Diligitis observaba desde la lejanía.

            ––Bueno,

pero la magia sigue siendo útil.

            ––Te

contaré una pequeña historia, no tomará mucho tiempo: Había una vez, en las

heladas montañas, un niño que podía crear fuego. Con ese poder pudo disipar el

frío que muchos sufrían. Pero un día, aquellas llamas que brindaban alegría y

calor, sumieron esas mismas tierras en un infierno que lo consumió todo a su

paso.

            ––Creo

que empiezo a ver tu punto. La magia entonces es dañina.

            ––Prefiero

decir que es como una rosa, bella y delicada, difícil de comprender y manejar

ya que un movimiento brusco, podría destruir sus pétalos. Aun así… toda rosa

tiene espinas y tarde o temprano… te clavarás una.

            La

mirada de Verum cambió a un tono agresivo, sus ojos parecían dilatarse y el

símbolo en su ojo izquierdo parecía danzar como una llama. Su figura era más

intimidante.

            ––Para

lograr mi plan ocupo los tres talismanes restantes de las princesas, estos

encierran el alma de hadas muy poderosas, con ellos podré ganar y aumentar más

mi poder y así… lograré usar el hechizo de “El juego del hilo negro” con el

cual tendré la oportunidad de poseer los cuatro libros de la muerte, recitar el

hechizo de las almas susurrantes y romper las reglas de la magia a mi favor…

convirtiéndome en una diosa que rompa los conceptos ya existentes. Desde luego,

el robar los talismanes no será cosa simple, pero ya tengo una idea. Luego

iniciará la fase dos de mi plan, pero, para eso hay que esperar, te comentaré

todo con su debido momento.

            ––¿Por

qué no los controlas como lo hiciste con Diligitis? Me contaste el día en que

nos conocimos que puedes hacerlo.

            ––Ya

no tiene sentido, tengo una idea más creativa para aumentar mi poder, además,

no tendré siquiera que pelear con todas, la miseria y desesperación que voy a

generar pronto romperá sus ciudades desde dentro, dejándome libre el espacio

para actuar a voluntad, usaré todo lo que esté a mi alcance para lograr mi

plan. Consiste en cuatro fases, la primera era tomar este lugar, la segunda,

generar caos y robar los talismanes, la tercera es el juego del hilo negro y la

cuarta, es el hechizo de las almas susurrantes, aquél que me permite poseer

todo a mi favor. Por supuesto, siempre hay que actuar con sumo cuidado, ahora

ellas están planeando cómo vencerme, pero… hasta que no sepan qué magia y qué

técnicas utilicé en el ataque a Edén.

            ––No

podrán ponerte un dedo encima.

            ––Correcto––Verum

se levantó del trono y caminó a su encuentro––. Ellas no saben usar

correctamente las reglas de la magia, pero yo si manejo esto, entiendo y comprendo

la magia de manera diferente a todos cuantos la usan. Por desgracia, no todo es

un cuento de hadas, como te dije, menos es más y más es menos, eso quiere

decir, que el pelear usando mi magia es muy riesgoso, el precio de manipularla

es duro y doloroso, tarde o temprano podría terminar muriendo a causa de un

error, por eso no puedo permitirme pelear contra todas. Ellas piensan que sigo

teniendo tropas infinitas, pero lo más importante se logró y de manera muy

gratificante.

            ––Pero

¿cómo lograrás crear caos en todas las demás naciones?

            ––Sencillo––Verum

le retó con la mirada––. Cuando vayan muriendo las princesas, las ciudades

caerán, es más, ya están cayendo en mis manos, solo observa los desastres en

algunas regiones de esta nación. Ahora imagínate lo que pasará, si llegan a

morir sus amadas princesas, ahí es cuando les convenceré de confiar en mí, en

alguien que puede efectivamente protegerlos, los convenceré que ellas no están

aptas y si su psiquis está debilitada aceptarán mi hegemonía. Seré una diosa

para ellos y por medio de la religión podré manipular a las masas.

            ––Bueno,

supongo que podré ayudarte, pero… ¿qué recibo yo por mi ayuda?

            ––Sé

bien que odiaste a la nobleza todo este tiempo… podrías obtener tu venganza,

siendo testigo ocular, del cómo caen las princesas, Lord y duques.

Entonces…––Le extendió la mano y su voz se endulzó, Lord Cid vio una marca en

su muñeca, más no prestó demasiada atención en eso––. ¿Tenemos un trato? Le

aseguro que mis amistades proveerán buenas recompensas.

            —¿Cómo

sabes eso? Son solo… rumores que corrieron por las calles hace muchos años.

            —Tus

ojos no mienten. De lo contrario ¿Por qué no me mataste? Lo hubieras logrado en

múltiples ocasiones.

            Lord

Cid observó su mano, sus palabras lo enredaban como una serpiente a una rata. Las

muñecas subían por los engranajes mientras que sus sombras no se tocaban,

pensaba en todo lo que había visto y elevó su mirada hasta su rostro.

            Tomó

su mano, su piel era suave y delicada cual flor veraniega, sabía que ella quizá

podía ser la clave para revelar los misterios de esas tierras, además… quería

convencerse de que el hada de la profecía si existía en realidad podría cambiar

el rumbo actual de las tierras de Faernes. Ella se volvió a colocar su pañuelo.

            ––Bien,

lo esperaremos en la noche, organizaremos una velada en honor a usted, traiga a

su sobrina, no pueden faltar…”

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