Aurora estaba montada sobre su nube, las tierras de
Havila parecían turbias como de costumbre, el ajetreo de la gente, las presas
por los autos, las plazas llenas y el mercado principal a reventar de la
bulliciosa muchedumbre. Luego de que Aurora escuchara el discurso, no pudo
evitar sentir curiosidad por anticipar lo que podía deparar aquella situación,
no se esperaba el mensaje de Diligitis, pero quizá sí la reacción de las
personas. Toda la ciudad estaba un poco turbia y se sentía una atmósfera un
tanto tensa, la mayoría hacían sus compras con prisa.
––Este
día no para de mejorar––Dio un largo bostezo y recostó su cabeza sobre la
mullida nube––. ¿Qué hubieras hecho Celestia?
La
duda la intrigaba, pero para ella era preferible el ver cómo se desencadenaban
los acontecimientos, no podía meter mano para ayudar, más si observar. Pese a
esto, Calai repasaba los laberintos de sus pensamientos, quería ver lo que
sucedía y necesitaba más de la magia de ella, no estaba segura, pero tras
haberlo pensado, ella jamás hubiera podido usar magia blanca, la lengua no la
dominaba y ella era humana de raza pura, ninguno de su especie lo había logrado
antes.
––Supongo
que solo debo esperar, en algún momento tendré más oportunidades de ver más a
fondo lo que se oculta tras tu corazón, pero por el momento me interesa ver a
las princesas ¿Qué van a hacer ahora que saben que todo puede revertirse en su
contra?
La
ciudad se asomaba divertida, las personas eran como simples hormigas y los
edificios más altos se imponían por los cielos, el sol golpeaba fuertemente y
el calor en Havila era mayor que en las demás tierras. Aurora en alguna ocasión
había comprado un vestido en un pueblo cercano a la costa, sus telas finas le
agradaban, más sus vestiduras actuales la habían enamorado profundamente, el
hacerse pasar como una pueblerina siempre le agradaba ya que los humanos no
podían verla a no ser que ella se dejara ver. Se retiró de Havila, iba a dar
una vuelta por los cielos, patrullarlos y tratar de ver algo que le llamara la
atención, alguna ballena, delfín o quizá aves que le sirvieran de compañía,
quería despejarse un poco y si tenía suerte, podría ver a algún monstruo
marino.
Observas
los cielos, eres Aurora y la pereza invade tu cuerpo, quieres volar, pero… ¿De
qué sirve tener las alas más bellas si no las puedes usar? Piensas en el día en
que eras niña, cuando pudiste contemplar por primera vez los cielos. Te duele y
dudas, desconoces muchas cosas que pasaron y recuerdas aquella noche en donde
tu sangre recorría tu espalda, tus hermanas estaban a tu lado y en ese momento
te enteraste de las cadenas invisibles que te ataban a este mundo, impidiéndote
salir a explorar aquél nuevo cielo.
––Pero
que estupidez
Los
humanos te ven como una deidad, pero… no hiciste nada para ayudarlos, dejaste
que murieran y te sientes mal, pero han pasado tantas cosas similares que al
pensar que es bueno sentir lástima por ellos se trasforma en un sentimiento
estúpido, ¿de qué te sirve ser uno de los seres más poderosos si no puedes usar
todo tu poder? Nunca en todo lo que llevas de vida lo has usado completamente.
Piensas que toda tu preparación se ha reducido a solo convertir en polvo
meteoritos y danzar por las noches.
––¿Por
qué no puedo verte oh cielo? Quiero conocerte, explorarte y maravillarme con la
belleza que me muestras, más no puedo. Que estupidez, pienso una y otra vez lo
mismo y llego exactamente a la misma conclusión, no puedo creer que sea tan
estúpida.
Se arremolinó sus cabellos y su vista se fijó en las
tierras de Havila más alejadas de la capital. Las casas que contempló estaban
en un estado deplorable y descendió levemente y contempló a unos niños jugando,
sus ropas estaban sucias y algunas estaban rotas, le recordó a los días cuando
jugaba con sus hermanas. Ellos parecían de escasos recursos, más sus sonrisas
se vislumbraban fácilmente. Eran felices y solo querían vivir su día a día.
Aurora se elevó nuevamente, las nubes la volvieron a cobijar en el azul del
cielo. Se sentó en su nube y acarició con sus manos una de ellas que se
desintegraba entre sus manos y la brisa le sacudía sus cabellos que cambiaban
de tono. Observó nuevamente hacia las tierras inferiores, el reino de las hadas
seguía encerrado en aquella gigantesca burbuja, ese hechizo era impresionante,
Aurora sonrió para sí misma, sabía que en unos meses danzaría por todo el
lugar, con todas las hadas anonadadas con su belleza.
––Supongo
que no todo es tan malo, mejor es no verle el lado oscuro a la vida––Dio un
largo bostezo y se acomodó en su nube, observando los cielos mientras paseaba
suavemente por los mismos. Recordó una leyenda.
––Sería
divertido si el barco volador se apareciera entre las nubes, si… fuera
divertido volver a jugar como una niña.
Le
gustaba recordar como a veces se comunicaba con los niños por medio de los
dibujos de las piedras.
—Si…
como cuando era niña.
La
tarde caía, las nubes se teñían de naranja y jugueteaban por los cielos, el sol
pintaba cual artista el firmamento y dejaba entre ver un morado que colaba
entre los tonos naranjas, amarillos y rojos. Vanitas irrumpió la habitación de
Brillo, ella seguía repasando las grabaciones del ataque y Vanitas pensaba que
no era la única, todos los Lord, princesas y duques poseían ya una copia de las
grabaciones. Él la había visto y analizado, más Brillo quería descubrir exactamente
todo lo que contenía el video que, para su lástima, no estaba bien enfocado.
––Mi
señora, le traigo una copa de un vino especial. Debe estar cansada, le pido que
descanse.
––Vanitas,
cuanto más lo veo menos entiendo, ella estaba peleando contra Diligitis, pero,
él se veía tan convencido de matarla… ¿Por qué ahora está de su lado?
––Mi
princesa, no puedo llegar a responder con sinceridad, lo conocí durante muchos
años, los suficientes como para poder decir con toda propiedad que él nunca
haría algo así.
––Por
ese mensaje ahora todo el pueblo duda, yo sé que el mismo no fue tan eficaz,
deberán concentrarse y meditar quién es el que posee la razón.
––Princesa
Brillo, debe tener calma, la situación es muy bochornosa para que usted se
ahogue en un vaso con agua. Todo el reino confía en usted.
––Aun
así, temo que esta situación provoque caos.
––Mi
señora, eso no va a pasar, todos saben que usted los protegerá, creen en su
palabra.
Brillo
observó con preocupación a Vanitas por el rumbo que las cosas iban a tomar de
ahora en adelante.
––También
los soldados, ellos… cerraron la salida A de la ciudadela, asesinaron a sus
compañeros, decidieron seguirla… ¿cómo es que los convenció? ¿cómo es que ella
pudo reunir a tantos? Para empezar ¿Quién es ella? Nunca escuche que la familia
real de Edén hablara sobre esa máquina de muerte, solo hay un hada, pero no es
lo que me contaron y no creo que se parezca y pasó hace más de novecientos
años, ningún hada vive tanto, no existen registros en ningún libro. Pero… ella
parecía conocerlos. ¿Cómo? ¿Será una impostora? Llevaba el mismo nombre, pero,
era tan diferente.
––Por
desgracia, solo Diligitis y la familia real lo sabían, nunca llegué a conocer
esos detalles tan profundos, se rehusaron a hablar de ello, además… yo solo era
su estilista, hasta ahora es que cumplo con otras funciones más importantes. Le
pido que descanse, por mi parte me retiro. Pase usted mi señora una buena
tarde. Observaré las grabaciones nuevamente.
Brillo
tomó la copa de vino, su color púrpura era muy llamativo y su sabor era al
principio un poco amargo, aunque luego se sintió tenue y agradable y pudo
sentir las dulces uvas del cual estaba hecho. Dejó la copa en su escritorio,
los cristales de su sala reflejaban perfectamente el sol, su color naranja
penetraba suavemente y acariciaba la cara de la princesa. Ella se sentía
desorientada, todo aquello había sucedido a una velocidad fugaz y apenas le
había dado tiempo de asimilar lo ocurrido. Caminó lentamente hasta llegar a la
gran ventana; desde aquella altura toda la ciudad se veía apacible, los
anuncios en las pantallas, el sonido de los autos apenas audibles era algo
bello, su nación era una de las más pobladas, pero… siempre podía estar
tranquila, su ciudad y su gente confiaban en ella, o eso era lo que quería creer. Recordaba que su padre la
llevaba cuando era niña a los estadios, compartía con ella y pese a sus deberes
como rey, siempre tenía un momento para su pequeña. Caminó y dejó la
habitación, recorrió el largo pasillo, las sirvientas le hicieron una
reverencia, ella las saludó con cortesía. Las ventanas proyectaban la luz de
manera imponente. Dobló a la izquierda, entrado en la habitación de su madre.
Estaba vacía a excepción de la cámara criogénica en su centro. Se acercó,
lentamente, sus pasos irrumpieron el silencio y su vestido se arrastraba por el
suelo, con sus manos acarició la cámara, contemplando el rostro de su madre.
Observó la habitación nuevamente, luego acarició el vidrio. Se encogió de
hombros y observó el talismán que llevaba, lo tomó con suavidad y divagó entre
su color, sabía que tarde o temprano acabaría igual, tenía que sobrevivir y la
vida de las demás personas debía extinguirse, no sabía cuántos años de vida le
quedaban, pero, estaba segura de que no llegaría más lejos de los veintinueve,
a menos claro, de que hiciera lo mismo que su madre. Dudó por instantes, se
sintió un poco estúpida por no darse cuenta de la realidad y de aceptar algo
tan peligroso, no tenía salida y el tiempo corría en su contra, la observó nuevamente,
sus manos sobre su pecho, su cara pálida y azulada, esperaba que en la otra
vida estuviera feliz, feliz, por dejar esa carga, más recordó lo que le había
dicho antes de morir.
“La
magia es como el fuego, es hermoso de ver, más si juegas con él te puedes
llegar a quemar, usa este poder sabiamente para defender nuestra nación, ese
talismán es lo único que puede intermediar entre nosotros y los medios
paranormales”
––Mentirosa––
Recordó lo inútil que había sido su magia contras las sombras-espectros.
Entrenamientos
y lecciones de magia, nunca pudo llegar a pensar que hubiera terminado de
aprenderla, pero Verum llegó a demostrarle que no sabía nada, su manejo era
apenas básico comparado a lo que ella sabía ¿o quizá no? No se había enfrentado
a ella, no había tenido un verdadero combate y estaba segura de que aquella
hazaña que había logrado el hada se debía a otros medios, necesitaba encontrar
la respuesta a esa magia desconocida, necesitaba desencriptar la verdad para
poder ganar. Presentía algo extraño en aquellas sombras que las atacaron, había
algo en todo el ataque que no llegaba a resolver en su mente. Regresó a su
habitación, se sentó en su gran silla, el sol le daba en todas las direcciones,
dio otro sorbo al vino, acarició la copa con un dedo. Puso otra vez la
grabación y comenzó a verla… … una vez más.
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