La manzana de la discordia

Las personas querían huir y muchas ya lo habían

conseguido, saliendo de la capital y tomando los buses más cercanos para que

los pudieran evacuar hacia los lugares más lejanos del país. Otros se

refugiaron en edificios mientras observaban a miles salir de la ciudad. Verum

ya había predicho esa reacción y no tenía planes de dejar a todos fuera del

espectáculo y fue por eso que susurró el hechizo que había realizado y cuatro

mil llamas de fuego crearon una barrera en todo el país que dejó enjauladas

cual aves de casa a todos los que llenaron la ciudad y el país para tal

festival.  Los que quedaron encerrados

trataron de salir, de romper aquella barrera, pero fue inútil, la magia que

ella había usado, si bien no servía para nada en ataque, como defensa era perfecta.

Los soldados se quedaron paralizados, ella observaba

al capitán seriamente, pero antes de que pudiera actuar, uno de la multitud,

quizá por ira y un impulso de estupidez brutal, tomó una piedra y la lanzó con

fuerza, con el afán de que los soldados la atacaran con armas blancas luego de

que ella se distrajera unos segundos o lograran abatirla con las balas. La

piedra se desvió y golpeó una de sus alas. Los ojos de ella ardieron en ira y

volteó fugazmente su cabeza, sus cabellos se sacudieron bruscamente y con la

misma rapidez levantó su mano derecha y con un dedo cargó magia elemental de

fuego y dirigió sobre él un rayo calórico que le partió el pecho, derritiéndole

el corazón y parte de los pulmones, levantándolo debido a la fuerza del

impacto. Luego de que el rayo le atravesara este lo quemó de una manera tan

violenta, que hizo que gritara de agonía hasta su muerte de una manera bastante

tétrica y dolorosa, el rayo creó un pequeño hueco en una pared de piedra y

luego salieron volando las cenizas de aquella persona. Los gritos que ese

hombre produjo rebotaron por toda la ciudad y miles fueron testigos de aquello,

aunque ese grito fue ahogado por las violentas llamas que lo calcinaron hasta

su muerte.

Mientras todos corrían, Calai tembló sin poder

moverse, lloraba con un rostro de terror plasmado y sus piernas resbalaron

hasta dar con el suelo. Sus medias largas se empezaron a manchar con un líquido

amarillento que se escurría por su entrepierna y generaba un pequeño charco a

su alrededor. Tenía sus ojos perdidos y le temblaban las manos. Uno de sus

acompañantes corrió hacia ella y la llevó lo más lejos que pudo, ya que Calai

estaba en shock.

Se volteó hacia los soldados y siguió caminando, ella

observaba como algunos temblaban, pero aun con todo lograron sacar fuerzas de

flaqueza y con el valor mezclado enfermizamente con el temor la atacaron,

disparando otra vez. Ella salió volando y para no perder tiempo los ahogó en

llamas negras, lanzó una llamarada que se expandió quemando todo a su paso,

asesinando a todos los soldados y dejando que las olas ennegrecidas de su fuego

impusieran su orgullo que cabalgó asesinado y derritiendo todo a su paso, no

quedó uno vivo en tierra y la fuente ardió en llamas junto con algunos

edificios cercanos. Uno de los soldados de los edificios lazó un ataque

eléctrico con su cañón, pero Verum agarró el disparo con sus manos y lo lanzó

hacia una de las estatuas, que para suerte de las princesas solo le provocó un

rasguño. Con aquél mismo rayo de fuego, atravesó el edifico y lo partió a la

mitad junto con aquel hombre. Sus órganos cayeron quemados y su cerebro aun

palpitaba.

Escombros y cableado caían, el vidrio rompía y

asesinaban sus esquirlas cual púas de puercoespín a los que estaban en los

suelos. El concreto del edificio aplastaba con fuerza a las personas que

corrían en busca de refugio y los que estaban en dicho edificio caían desde lo

alto mientras otros trataban y rezaban a las diosas que los salvar.

Aurora solo podía observar la

escena mientras se arremolinaban sus cabellos en

su nube, la cual se mantenía alejada de todo el desastre, ella podía

perfectamente evitarlo desintegrando aquel edificio y matando a Verum, pero su

magia no le permitía meter mano en aquel asunto ya que ella no era la que

cuidaba la tierra, ella solo protegía los cielos y lo relacionado con los

mismos. El hombre corría con Calai en brazos; que aún seguía en shock, para no

morir aplastados bajo aquella imponente estructura. Pero el edifico los

amenazaba, aunque ellos corrieran lo que corrieran y uno de los vidrios cayó y

le partió la cabeza en dos, manchando a la niña de sangre. Él cayó al suelo y

Calai se golpeó la rodilla y uno de los cristales le hizo un corte profundo en

la mejilla. Gimió de dolor y le temblaban las piernas de miedo. Los cables

generaron cortos y explosiones.

––Ayuda, por favor… alguien. Ayu…

El choque emocional la dejó inconsciente.

Un vidrio se dirigía hacia un

destino peculiar, partiéndole el abdomen a la niña en dos en una manera

horizontal y dos vidrios más delgados ya tenían una cita con su corazón y

cuello, pero, cuando los vidrios estaban a punto de conseguir su objetivo, el

símbolo que ella llevaba brilló con un resplandor negro y la encerró en un

capullo hecho de magia, desintegrando todo objeto amenazante. Luego, atravesó

la estructura que había caído completamente y se dirigió al cielo de la barrera

y lo hizo a una velocidad tan indescriptible, que la agrietó, pero antes de

tocarla, la esfera ardió en llamas y desapareció.

Aurora la observó

detenidamente.

––Así que… atributo luna… supongo. Pero ¿vivirá luego

de usar esa pequeña fracción de magia? Esto se pone cada vez más interesante––

Dio una risa para ella misma mientras observaba la acción.

La niña voló hasta caer en el río principal de

Helster, Hidekel, apareciendo treinta segundos después de haber desaparecido.

El hada observó aquello, pero no pudo distinguir la fisura que ella había

generado, no le dio mucha importancia de momento ya que lo que pensaba más era

en Diligitis.

––Muy bien, ahora que acabé

con estos ineptos vas a salir, y en ese momento tendré la oportunidad de

separar a las princesas, ocupo separar a Alma del resto y hacerlos huir ya que

no puedo pelear con todos, me matarían sumamente rápido, usaré el elemento sorpresa

y el impacto que he causado––Su mente trataba de pensar de forma clara mientras

descendía suavemente.

Diligitis estaba molesto y emocionado, dio un salto, cayó

en el jardín y esperó a que Verum llegara. Una vez ella había subido se

observaron mutuamente; las princesas estaban listas y aunque Alma no era la más

fuerte si tenía un que otro truco que había aprendido, pero sabía en el fondo

que no podría resultar tan efectivo, aunque tenía que intentarlo.

––Verum, última oportunidad, ríndete y no vuelvas, de

lo contrario tendré que esta vez acabar con tu vida.

Los soldados del castillo solo la observaban.

––Muy bien, bajó, esta es mi oportunidad, tengo todo

el castillo libre, solo… … sigue hablando un poco más–– Meditaba suavemente.

Los soldados de la ciudad llegaron y cerraron la

puerta A, pero para ese punto no había ninguno en la ciudadela, todos habían

escapado y se limitaron a apagar el fuego que empezaba a expandirse por los

edificios. La nube de escombros aún estaba vigente y muchos les costaba ver por

donde tenían que avanzar.

La sangre salía de algunas partes y había partes de

personas esparcidas ya que debido al impacto se habían separado de sus cuerpos.

Ella empezó a recitar un hechizo en la mente que le

permitiría dar el golpe de gracia, ya que Diligits no le preocupaba tanto. Este

caminó unos pasos y le tendió la mano, pero ella solo miró hacia el suelo y

luego le devolvió la mirada, pero… su cabello le tapaba su vista y tenía sus

labios serios, sin ninguna expresión. Ella aprovechó el descuido de él para

lanzarle una esfera que ardía en fuego negro.

Diligitis dio un salto hacia atrás, sorprendido y con

un poco de sobresalto. La llama pegó en el castillo, pero solo llegó a quemar

la piedra. Él entonces usó magia negra de invocación tipo rafti y en el suelo

apareció un círculo con grabados demoníacos, de este salió un ave que era de un

tamaño mediano y ardía como el sol. Esta se precipitó contra Verum y la trató

de atacar, pero ella salió volando por los cielos. Extendió sus alas y levantó

sus manos, cargando energía en ellas, luego de que aquella cantidad se

concentrara un poco la lanzó con fuerza hacia Diligitis, el cual tomó una

posición de defensa y estaba listo para pelear, pero no estaba dispuesto a

perder por lo que para asegurarse de que pudieran matarla de manera definitiva

le hizo la señal a las princesas y los duques para que bajaran a combatir todos

en su contra, pero cuando ellos estaban dispuestos a saltar, Verum dobló su

mano y apuntó hacia el castillo.

––Los tengo…

La esfera cambió bruscamente

de dirección y golpeó el castillo, provocando que toda la estructura se

sacudiera a manera de una honda de dos colores, rosa y negra. Las princesas

cayeron junto con los duques y Diligitis no pudo hacen nada, ya que la esfera ganó

más velocidad en un espacio de dos segundos y no le dio el tiempo suficiente

como para poder frenarla.

Las princesas y los duques

habían perdido el equilibro, la onda consiguió sacudir las bases del castillo y

había provocado que algunos jarrones se cayeran. Cuando lograron levantarse

trataron de ver su entorno, pensaban que el castillo estaría destrozado, pero

era todo lo contrario, la estructura estaba intacta y ellos estaban confusos,

Verum no había podido gastar un hechizo en nada más, sin embargo, algo los sacó

de toda perspectiva existente. De la sombra producida por uno de los cojines,

emergió lo que parecía un espectro delgado y torcido con rostro enjuto y largos

dedos que acababan en uñas afiladas, tenía dos ojos rojos y crujió al mover su

cabeza de una manera bastante extraña. La princesa Brillo, al ver dicha sombra

le lanzó un ataque de viento concentrado, pero esta se dobló de una manera

bastante perturbadora, parecía que no tenía columna vertebral, aunque, pese a

doblarse crujió como si se le partieran los huesos en mil partes. El miedo se

apoderó de ellos y se mezcló lascivamente con el terror, aquel ser provocó un

alarido que agrietó todas las ventanas del palacio. Mientras ellos observaban a

la sombra, pudieron escuchar pasos lentos que se movían detrás de ellos y

pudieron escuchar varios crujidos que poco a poco pasaron a ser de solo cinco,

a diez y así progresivamente hasta ser prácticamente incontables. Cuando

voltearon sus rostros notaron un olor a azufre y pudieron ver que había miles

de sombras-espectros andantes que estaban por todos lados, incluso por las

paredes y el techo, los habían rodeado.

––Perfecto, ahora es cuando comienza la cuenta

regresiva de los cinco minutos. Eso sin contar que pueda alargar un poco ese

tiempo. Solo me queda Diligitis.

Diligitis vio lo que estaba pasando en el castillo, el

hada descendió suavemente y con ella pequeñas llamas negras que danzaron por el

suelo hasta desaparecer. Diligitis observó nuevamente el castillo y supo lo que

tenía que hacer, lo primordial era Verum y creía firmemente en que las

princesas y los duques podían vencer lo que fueran esas cosas, por lo que sacó

de su manga un mango de una espada y luego de pronunciar unas palabras, salió

la hoja afilada.

Ella tenía un poco de miedo, miedo a que se repitieran

los acontecimientos pasados y que toda la estratagema que había planeado

durante años se viniera abajo como el hielo en el verano. Sudaba al igual que

Diligitis, pero no podía dar marcha atrás. Alzó su mano y mordió uno de sus

dedos lo suficientemente fuerte como para hacer que este sangrara, usó magia y

aumentó las pulsaciones de esta, dilatando más los puntos de aura.

Tomó su pañuelo color crema y volvió a colocarlo sobre

sus ojos.

—No puedo dejar que mi vista me mate.

Diligitis corrió a su

encuentro, desplegó su arma en su contra, más el esquivo de Veurm la salvó de

un daño. Sin perder tiempo creó dos esferas rosas y con un impulso le lanzó una

de ellas. Diligitis la esquivó sencillamente, más Verum aprovechó ese salto que

hizo para atacarlo. La esfera dio con la hoja de la espada y chispas danzaron

en derredor de ambos, el sudor les recorría la frente y la fuerza de ambos

provocaba leves movimientos en el pasto. Ella retrocedió y con un movimiento

pleno de habilidad cambió la esfera de mano e intentó impactarle, Diligitis

trató de retroceder, pero aquella arma de magia le hizo una cortada profunda,

resintió el dolor y observó que la esfera estaba en el suelo.

Verum creó otras dos esferas y Diligitis corrió

nuevamente a su encuentro, la espada se impuso por lo alto y trató de cortarla

verticalmente, más ella se escurrió como el agua en las manos y le trató de

impactar el costado a una velocidad fugaz. La esfera le provocó otra cortada

profunda más no llegó a herirlo gravemente. Este apoyó su mano el pasto y con

un giro le dio una patada que Verum llegó a cubrir con el brazo, el dolor fue

muy agudo y lágrimas brotaron de sus ojos, la magia la había sensibilizado

demasiado y su cuerpo entero resintió el golpe. Diligitis aprovechó y le dio en

el estómago un golpe certero, Verum dio un grito agudo de dolor y se agachó, él

aprovechó su situación.

––Esta es mi oportunidad.

Cambió la espada a su mano izquierda y le propició

otra patada en su mejilla que la hizo escupir un poco de sangre. La inercia la

movió un poco a la derecha y él pensaba aprovechar dicho movimiento provocado

por él mismo para cortarle el cuello. La espada danzó alegremente más ella no

estaba dispuesta a morir y logró sacar fuerzas de flaqueza y usó la otra esfera

para atajar el golpe. La fuerza del impacto la hizo rodar hasta dar con una

pared, el dolor la estaba impidiendo pensar bien, pero lo que tenía que hacer

era esperar a que las esferas concretaran su trabajo. Diligitis extendió su

mano, apareció un sello demoníaco y de este emergió

un ave que ardía como el sol, Verum se sorprendió.

––Magia de invocación tipo rafti negra, no pensé que

usara esa mag…––Sus pensamientos fueron interrumpidos por el dolor.

Diligitis apuntó su dedo hacia ella y con un chasquido

el ave se precipitó en una bola pirotécnica. Voló para esquivar el envite y no

tenía opción, tendría que tomar agua después, pero lo primordial era no morir

en ese lugar. Su cuerpo empezó a sacar un poco de vapor y cargó en su mano una

llama, el ave salió a su encuentro. El vuelo fue turbulento, Verum le lanzó una

esfera de fuego, el animal la esquivó torpemente y al hacerlo se dio cuenta de

algo, aquella criatura no podía evitar dichos golpes. Diligitis de un gran

salto llegó hasta donde estaba ella y por la espalda la intentó atacar con una

estocada, aprovechando que estaba distraída, pero Verum estaba muy sensible, lo

había escuchado saltar y voló más alto para evitar el golpe que cortó el

viento. Aprovechó y usó el impulso a su favor, voló con más fuerza en picada y

le intentó asestar un golpe que Diligtis llegó a cubrir, el dolor no fue tanto,

pero si le envió hacia el suelo sin mucha fuerza.

––Ya entiendo, ella no es fuerte en combate cuerpo a

cuerpo, por eso usa ataques de larga distancia y magia que puede convertir como

escudo.

Diligitis aprovechó que estaba en el suelo para usar

ese golpe e impulsarse nuevamente hacia los cielos, el esfuerzo le desgastó

más, pero Verum no sería capaz de esquivar un ataque debido a que había ganado

demasiada velocidad. Ella llegó a maldecirlo en su interior, pero entonces

apuntó sus manos hacia los suelos y usó la magia del fuego como un freno ante

la inminente caída y la imposibilidad de frenar. Las llamas la nivelaron y

Diligitis no pudo golpearla, por lo que antes de caer al suelo, movilizó su

dedo y el ave la atacó por sorpresa. Verum no estaba dispuesta a dejarla

escapar y la tomó por la cola, las llamas de aquel animal le hicieron daño,

pero cambió de magia y la asesinó con magia negra naer.

Ella creó una esfera y nuevamente se dejó caer como si

de un águila se tratara, iba en picada y tenía como destino darle en el pecho a

Diligitis. La esperó y con su espada retuvo el golpe. El viento sacudía los

cabellos de ambos violentamente y la fuerza generó una onda que sacudió los

pastos con fuerza. Él aprovechó y le dio otra patada en el abdomen que ella no

fue capaz de esquivar, su grito se cortó ya que la fuerza la mandó nuevamente

contra la pared, esta vez, rompiéndola levemente. Su pañuelo se desprendió de

su rostro, dejando sus ojos al descubierto…

Las princesas y los duques, por su parte, corrieron

por el pasillo de la segunda planta mientras eran perseguidos por las sombras.

Los guardias de esa zona fueron aniquilados sin piedad. El corazón de todos

ellos latía con velocidad y el temor se mezclaba enfermizamente con la

adrenalina. Las sombras corrían como completos animales y era semejante a una

manada de alces que escapaba despavorida. Cristal trató de lanzar algo para

entretenerlos y con magia de creación manipuló las moléculas y con el uso de su

talismán creó una pared que debería impedirle el paso a las sombras, pero,

ellas rompieron los cristales, algunas pasaron por una diminuta hendija y…

continuaron su ataque. La princesa Alma trató de hacer algo, pero… fue inútil.

Las sombras se dividieron en dos grupos y aparecieron más cerca, doblaron a la

derecha para bajar las gradas, la princesa Alma estaba a punto de hacerlo, pero

una de las sombras le tocó las escaleras y estas se quebraron en miles de

pedazos, dejando a todos distanciados. Ella estaba asustada y al ver a aquel

ser escapó hacia la cúpula, una mitad fue en contra de ella, la otra prosiguió

con su caza y pese a que ellas querían ayudar a Alma, no podían, por lo que

siguieron corriendo. Intentaron salir por la puerta principal, pero unas sombras

les cerraron el paso, por lo que tuvieron que correr hacia el pasillo derecho.

Más los soldados del castillo aparecieron para luchar contra ellas inútilmente. El sonido de las balas sonaba

fuertemente junto con los gritos del capitán.

––¡Luchad hasta la muerte, protejan este lugar y a las

princesas!

––Maldición, van a morir

––¡Bien, escucho sugerencias!

––¡Al parecer esas cosas no se detendrán!

––¡Tengo una idea!

Sara se volteó y con el poder de su talismán, creó un

sello del cual salió una esfera que estalló al entrar en contacto con aquellas

sombras, el estallido rompió una de las paredes en las que estaban y parte de

las sombras que andaban por dicho lugar se desvanecieron, pero detrás de esas

sombras aparecieron más y más.

––¡Eso nos dará un poco de tiempo! Creo

––¡No podemos ayudar a Diligitis así, tenemos que ir a

los carruajes!

––Pero ¿qué haremos con el hada?

––¡De ella nos ocuparemos luego!

––¡Pero Alma está en la cúpula!

––¡Ella ya está muerta, no podemos salvarla y si queremos

sobrevivir para vencerla, nuestro deber es

escapar!

Todos intercambiaron miradas, pero, no podían hacer

nada.

––Maldición, ¿qué es esto que siento? Mi… mi energía,

¿se está diluyendo? ––Pensó Diligitis mientras se acercaba a ella

Verum le observó seriamente, era inútil querer seguir

peleando cuerpo a cuerpo ya que esto lo mataría.

––Ya me cansé de jugar, ahora si voy a ir en serio.

––¿De qué estás hablando?

––Supongo que fuiste una pérdida de tiempo, de no ser

por toda la magia que he gastado en el castillo, te hubiera asesinado

rápidamente. Pero para ponértelo en contexto… no he utilizado ni siquiera la

mitad de mi energía completa, supongamos que en esta patética pelea he usado un

veinte por ciento de toda mi capacidad.

Diligitis empezó a sudar y Verum claramente le estaba

mintiendo, pero creía que eso la ayudaría, aunque sea en una mínima

posibilidad.

––Has usado demasiada magia, lo suficiente como para

pensar que estas casi al límite, solo mira la cantidad insana de vapor que

expulsa tu cuerpo y podemos decir que mucho daño no me has hecho. No podrás

escapar, estás muy débil.

Él extendió sus dos manos haciendo un triángulo con

ellas, aparecieron dos sellos, uno en frente del otro y el que estaba al fondo

empezó a girar.

––Este será el golpe definitivo.

Verum estaba sonriendo y para demostrarle su capacidad

usó su “secreto” en contra de Diligitis. Se puso a reír de una forma que estaba

fuera de lugar pues sabía que contaba con algo de lo que él carecía, a cada

segundo ganaba un poco de magia.

Juntó sus manos y empezó a

hablar en una lengua muerta.

––Lanhitsur aeres ed no indormils––Susurró.

Aurora se quedó impresionada.

––¿La lengua de los dioses? ¿cómo ella? No puedo creer

que ella se atreva a usar esa magia.

Verum estaba invadida por el ego y sus viejas memorias

le despertaron algo que todas las hadas tenían. Su cordura empezó a alejarse y

sus sentimientos comenzaron a ser la fuente que la dominaba y no le importó las

consecuencias ya que las pagaría después sin temor a los intereses extra que

tuviera que regalar.

––Verum, no lo hagas, puedes ganar sin magia blanca––

Se decía a ella misma––. No seas inmadura, no corras riesgos, te vas a

arrepentir.

Diligitis empezó a escuchar susurros que provenían de

la nada y a sentir presencias que no podía observar, pero su espíritu las

presentía.

––Niña ¿qué demonios hiciste en el mundo de los

espíritus?

Aurora dio un bostezo y se

puso a pensar en lo que estaba pasando mientras observaba excitada la escena

que se imponía ante sus ojos. Había pasado años desde que sucedió algo

interesante, aunque ella, quería ayudar. Sabía que muchos niños habían muerto,

al igual que mujeres y hombres por igual.

El cabello de Verum se sacudió

suavemente sobre sus hombros y un sello con un árbol y un cuarto de luna

apareció, alrededor tenia los grabados celestiales de aquella magia, en su

pecho, en el lado izquierdo aparecieron dibujos que subieron por su cara y

cuando abrió sus ojos tenían otro color y en uno de ellos era ese mismo árbol, en el derecho para ser exactos.

De su espalda emergió otro sello proyectando cuatro rayos, dándole una

apariencia de una divinidad. Apuntó hacia él y del sello se desprendió un rayo

azul con verde. Del sello de Diligitis se expulsó magia negra concentrada, pero

cuando entró en contacto con el rayo se desvaneció y se partió brutalmente

junto con el viento. El corazón de Diligitis latió con fuerza y el sudor le

recorría la frente y su espalda, le temblaba el cuerpo. Su respiración se alteró…

––No puede ser… mi magia fue…

drenada… ¿cómo?

El rayo poderoso le impactó, y

lo levantó por los suelos. El hada se movilizó sonriéndole con una mirada

retadora y orgullosa y se dirigió a toda su velocidad, se colocó al frente de

Diligitis y antes de que este cayera le dio un golpe en la espalda y lo mandó

un poco más alto. Diligitis se desplomó y ya no podía hacer nada: Verum le

había ganado y ella, rápidamente dejó de usar magia y la guardó para lo que

tenía que hacer después, no había usado siquiera todo el potencial de la magia

blanca, pero trató de mantener sus pulsaciones para con las princesas. Caminó

lentamente hasta donde estaba Diligitis, que, ya había aceptado su destino.

Verum había vuelto a la normalidad y sus ojos volvieron al mismo color que

antes, además que todo ese halo de divinidad se había ido como las flores en

invierno.

––Y ¿ahora qué demonios me vas

a hacer?

Ella se agachó y le observó

con unos ojos serenos.

––Nunca me hubieras ganado.

––Jugaste sucio, me robaste mi

magia.

––Si te hubieras dado cuenta

de que realmente hacían esas esferas.

Él recordó lo que ella había

hecho antes de crearlas, se había mordido y su sangre las había impregnado.

––Eso quiere decir que…

––Si, la sangre que bañe a

esas esferas por primera vez será la sangre a la que va a ir la magia y la

sangre que no sea de ese usuario será el catalizador para la magia de este. En

palabras simples, toda tu magia se drenaba hacia mí. Solo tenía que aguantar lo

suficiente, además que también gastaste demasiada en esta batalla, yo solo

trataba de distraerte, pese a todo, me llevé una buena paliza por tu parte,

también necesitaba que mi sangre corriera por tus venas.

––Eso es jugar sucio.

––En una batalla no hay reglas

de ninguna índole, las únicas que hay son las de la magia y ellas no aplican

para reglas de combate.

––Yo jamás te voy a servir.

––Eso… ya lo sé, pero… … Yo

tengo mis métodos para corregir ese mal comportamiento.

—¿Para qué necesitabas que tu

sangre corriera por mis venas?

Verum juntó sus manos y empezó

a hablar:

“IdreiKtshir irulsi elioma

ed indominis ed divinerus nostriktus coesaris”

Sombras aparecieron y un sello

se posó por debajo de Diligitis, imposibilitándole el moverse con libertad,

todo su cuerpo estaba rendido ante aquél sello mientras que las sombras se le

acercaban como perros de caza y lo envolvían como lo hacían las serpientes para

matar.

––Descuida, una vez que

despiertes… serás mi juguete personal.

Las sombras, luego de

envolverle desaparecieron y para suerte de Verum, el hechizo “Thyrter” había

funcionado de manera perfecta.

—No fue fácil que mi sangre

corriera por tus venas, pero… fue exitoso.

Luego de que las sombras le

dejaran, Diligitis se levantó con un poco de esfuerzo, observó al hada y luego

se postró ante ella.

Ahora estás observando a

Diligitis postrado y todo tu cuerpo se relaja y se te marca una sonrisa,

confiada, por lo que has logrado. Te concentras en disminuir un poco la magia y

las pulsaciones emocionales de tu cuerpo ya que el hechizo de las sombras sigue

en pie y debes lograr distanciar a las princesas, si es posible, de toda la

región de Edén. Te vuelves hacia el castillo y observas la cúpula en lo alto…

la fase final de tu plan, sabes más que nadie que ha llegado el momento por el

cuál te habías preparado. Te pones erguida y sacas ligeramente tus pechos,

elevas tus alas hacia los cielos y miras de reojo a Diligitis. Sabes que, en lo

más profundo, pese a que no quieras aceptarlo, la venganza está mezclada

enfermizamente en tu actuar, el remordimiento te toma como un amante y similar

a cuando te acostabas con hombres, te acaricia suavemente y te domina. ¿Quieres

dejar esas emociones? habías perdonado… ¿Sabes perdonar? Confías en que sea sí,

pero esa palabra es más compleja de lo que creías, el decirla es una cosa,

peros aves que el llevarla a cabo es una tarea más dura que el acero.

––Acompáñame, voy a necesitar

de tu ayuda.

––Si, mi señora–– Dilgitis

sentía resentimiento y la cabeza le daba vueltas, era el inicio del precio a

pagar por usar magia negra de invocación.

––Por fortuna no llegué a

dañarte de manera peligrosa, esa herida sanará en cuestión de dos meses y no

creo que la magia de invocación tenga grandes consecuencias.

Las princesas lograron llegar

al jardín por el cual habían entrado por vez primera; el sudor y el cansancio

hacían estragos y su respiración ardía, las sombras terminaron acorralándolos,

los carruajes esperaban, pero temían ser capturados.

––¿Y ahora qué hacemos?

––No podemos enfrentarlas a todas, la magia se

agotaría y para cuando eso pase… estaremos condenados.

Un duque de apellido Jen, pensó en la situación. No

tenía familia y su madre ya había muerto hace bastante tiempo. Claramente tenía

miedo a la muerte, ¿quién no?... era algo desconocido para todos y él, pese a

su creencia, no sabía exactamente lo que había del otro lado. Pero… quería

entregarles una oportunidad a las tierras de Faernes para librarse de esta

nueva sombra que podía agobiarlos a futuro, por lo que, pese al miedo, tomó

valor y se volteó hacia sus camaradas.

––Ustedes vayan a los carruajes y escapen.

––¡Estás loco, hay un domo de magia en todo el país!

––La magia no es eterna y pueden refugiarse el tiempo

suficiente como para escapar, el hada ha gastado demasiada magia y no creo que

esto se mantenga por mucho.

––No me digas que…

––Yo te ayudaré Jen.

––No, yo puedo con ellos y, además, ustedes deben

ayudar a las princesas, yo no soy muy fuerte y saben que no peleo de lo mejor,

ustedes están más capacitados––su voz temblaba y se quebró.

Jen se adelantó y se puso al frente, mientras las

sombras observaban y avanzaban. Él, desenvainó su arma, la mano le temblaba,

pero, estaba dispuesto por primera vez en su vida a realizar algo heroico.

––¡Ustedes escapen! ¡A los carruajes!

––¡Ya lo oyeron, vamos!

Todos se dirigieron a los carruajes. Jen atacó a las

sombras, trataba de herirlas, pero parecía una tarea imposible, ya que, cuando

lo intentaba la espada las atravesaba sin dañarlas. Los que manejaban los

carruajes habían escapado, pero los duques tomaron el mando y para hacerlo más

rápido, montaron a las princesas en un mismo carruaje, con ellos como pilotos,

para manejar a los pegasos.

Volaron rápidamente hacia los cielos, aun con los

caballos nerviosos y asustados. Lamentablemente los carruajes tenían poca

capacidad y tres duques no lograron su escape.

Una de las sombras le tocó la espada a Jen, que ya estaba

rodeado de tres de ellas y otras encima. Lentamente lo desintegraron y lo

redujeron a polvo. Sus gritos llegaron a oídos de las princesas que observaron

impotentes la escena.

––Y ¿ahora a dónde vamos?

Sara sacó la cabeza y observó atentamente la cúpula

agrietada que había sido dañada con algo que ella desconocía. Al ver mejor las

grietas, tuvo una idea que podría darles el boleto a la salida de esa jaula de

pájaro que el hada había creado.

––¡Vanitas!

––¡¿Qué sucede?!

––¡Mira arriba de la cúpula!

––¡Se refiere a esa grieta! ¡¿Verdad?!

––¡Necesito que me acerquen a ella!

––¡Comprendo!

Vanitas dirigió el carruaje hacia los cielos y Sara

sacando sus brazos y torso apuntó con sus manos a la grieta, concentró la

energía y del talismán que llevaba, se transfirió la fuerza hasta sus manos,

apareciendo un sello de creación rosa y luego que ella recitara su hechizo más

poderoso, emergió una esfera que voló rápidamente hacia la cúpula y al impactar

la grieta, la energía colapsó, junto con una potente explosión causada por el

ataque. Verum, antes de entrar al castillo observó lo que había pasado y cómo

la magia se desvanecía ante sus ojos, por lo que desintegró el hechizo y las

sombras se desvanecieron.

Sonrió levemente y continuó su camino a la cúpula del

castillo.

Por otro lado, las princesas y los duques salieron de

la jaula de pájaros que había creado el hada y junto con ellos los miles de

personas que permanecían encerradas.

––No podemos volver, ella esperará junto a esas

sombras.

––Si volvemos, el sacrificio de Jen habrá sido en

vano.

––Creo que lo más sabio es ir a Havila.  En mi castillo, podremos pensar en nuevas

estrategias y estaremos más seguras.

––Concuerdo, no podemos atacar irracionalmente,

debemos planear algo inteligente para sorprenderla y tener una ventaja

provechosa. Hasta entonces, escaparemos.

La princesa Alma, se había ocultado en una habitación

secreta detrás de una de las paredes de la cúpula, accediendo a ella por medio

de una palanca que era un libro bastante pequeño que se camuflaba dentro de la

biblioteca que estaba en el primer piso de aquella estructura. El corazón le

latía con fuerza y el sudor le corría de una manera profusa por la espalda. Las

manos le temblaban y su mente estaba en blanco. No sabía qué hacer, no era ni

de cerca igual de poderosa como lo era Brillo, en cuanto a magia.

––Ella muy probablemente ya está en el castillo y,

además, esas sombras me persiguen. No puedo creer que todo esto sea culpa de

mis antepasados.

Verum entró en la planta principal, observó de reojo a

las muñecas que subían por todo el castillo, sus pasos resonaban por la sala y

sentía las presencias de las sirvientas. Los amargos recuerdos de su pasado

regresaron a ella.

––Este lugar. Saeria…

Su cara estaba roja y su entrepierna estaba sumamente

sensible, incluso los sonidos de sus propios pasos le eran molestos ya que los

escuchaba aumentados veinte veces y la luz le lastimaba un poco los ojos,

observaba más luz de lo que habitualmente se observa y podía sentir el calor de

las lámparas abrasadas con su fuego. La energía y flujo del aura pasaba por su

cuerpo y podía ver la magia fluir en todos los rincones, algo que solo ella

podía ver y sentir a ese extremo. No sabía cómo explicar aquello que siempre

había visto y experimentado, pero sabía desde que aprendió a usar magia que era

la única capaz.

Entró a la sala del trono y

observó la escalera que estaba destruida; caminó lentamente y se sentó en él,

debía descansar un poco ya que se estaba exigiendo bastante y al final no

importaba lo que fuera, la magia siempre cobra su precio y casi siempre lo

hacía con intereses. Diligitis la siguió jadeando un poco.

––Necesito que busque a la princesa Alma,

probablemente esté en la tercera planta, pero por seguridad busca también en la

segunda, aunque supongo que ella piensa que las sombras la siguen buscando.

Los soldados del castillo llegaron a la sala

principal.

––Buen trabajo, espero que su actuación haya sido

convincente, ya que, unas simples copias de esas sombras-espectros no podían

matarlos, siquiera tocarlos. Necesito que revisen esta planta, busquen si hay

alguien.

Diligitis caminó hasta donde estaban las escaleras

rotas y dio un salto, se apoyó en un escombro que aún se mantenía en pie y

luego saltó hasta la segunda planta, Verum le observaba con la vista borrosa.

Diligitis continuó por la segunda planta, las sirvientas estaban escondidas en

uno de los cuartos y no se atrevían a salir. Él observó el pasillo y contempló

a la sirvienta que había muerto, tenía un cristal incrustado en la cuenca del

ojo izquierdo explotado. Estaba tirada en el suelo, sobre un charco de sangre y

también había sangre en la pared, esparcida como si se hubiera usado spray para

pintarla. La revisó y vio que tenía el cuello partido a la mitad, se había

desangrado ya que también tenía cristales muy grandes en el cuerpo y su pecho

derecho estaba partido en dos ya que el cristal le había partido en diagonal el

torso. Buscó en cada una de las habitaciones e incluso llegó en la que se

escondían las sirvientas (ellas se paralizaron cuando vieron que alguien estaba

por entrar, pero luego se tranquilizaron al ver a Diligitis, pero aun así no se

atrevieron a salir). Ellas no eran el objetivo por lo que luego de buscar

minuciosamente en cada habitación se dirigió a la tercera planta. Antes de

subir las gradas observó a Verum que estaba recostada en la pared, aún emanaba

un poco de vapor, pero, ya no era tanto como cuando pelearon.

––Y bien… ¿estaba en la segunda planta?

––No, solo las sirvientas, se esconden en la última

habitación.

––Lo que quiere decir que la dulce niña está en la

cúpula.

Los dos subieron las gradas en espiral hasta la

cúpula. Verum sentía emoción mezclada con placer, el placer de estar a un solo

paso de lograr uno de sus objetivos. Mientras subían las gradas, ella estaba

más y más convencida de que lo que iba a hacer tendría éxito. Llegaron y ella

se sorprendió de encontrar una biblioteca en la primera planta, así como

descubrir en esencia eso mismo, la cúpula, para sorpresa de ella, tenía dos

pisos. La princesa Alma, escuchaba los pasos de ellos y el corazón le dio un

giro total, empezó a respirar más rápido y a temer aún más por su vida. Verum,

quien estaba sumamente sensible, podía escuchar claramente la respiración de

Alma, pero para torturarla más psicológicamente, mandó a Diligitis a vigilar

las escaleras de la segunda planta, le ordenó que abriera los cielos de la

cúpula ya que había algo que quería mostrarles a todas las tierras superiores.

––Diligitis, puedes decirme ¿qué le pasa a tu cuerpo

al usar magia?

––Se sensibiliza, es más perceptible a la luz, el oído

se vuelve más agudo y depende del tipo de contacto físico y la zona en la que

se sea tocado puede volverse más doloroso o placentero.

––Sabes––caminó lentamente hacia la pared en la que

detrás estaba la habitación secreta en la que se escondía Alma. ––Desde que

entré en este lugar, hay algo que no encaja, por alguna razón escucho a una

rata respirar dentro de la pared, no sabía que este castillo tenía ratas de

gran tamaño.

Alma, que estaba en un estado de estrés terrible,

perdió el color de su piel.

––Pero, sobre todo, hay algo en esta pared que no

encaja, está…–– Con sus nudillos empezó a golpear la pared––. está… … hueca.

Verum concentró magia negra y creó una esfera, caminó

hasta situarse a unos metros de la pared y apuntó la esfera hacia la habitación

en donde estaba la princesa y sin esperar ni un segundo más, la disparó y

destrozó la pared falsa que la escondía.

––Vaya pequeña, que pena, pero, mis oídos te

encontraron. Aunque debo darte mérito, alguien con menor resistencia emocional

hubiera caído en shock y creo que eso si te hubiera salvado por unos minutos de

más, ya que estoy segura de que Diligitis conocía a la perfección la ubicación

de esa pequeña sala.

Ella estaba temblando de pánico, concentró todo lo que

tenía en un ataque que el hada esquivó fácilmente, pero le generó una cortada

en su mejilla izquierda y destrozó una estantería, reduciendo a polvo varios

libros.

––¡A… aléjate de mí!

––Interesante, parece que tenías un poco de energía

guardada en ese talismán, aunque veo que nunca te enseñaron a usar

correctamente la magia. Supongo que es lo único bueno que tienen ahora las

hadas, el poder usar bien la magia. O eso quiero creer, he estado más de ocho

siglos lejos de lo que era mi reino.

––¡Q… qué vas a hacerme!

El hada, se observaba más grande y alejada, el sudor

le recorrió la cara y en una gota, se reflejó la cara de Verum un poco

deformada, para luego estamparse en el suelo. El corazón le latía coléricamente

y Verum la divisaba más pequeña, estaba casi de rodillas, en un estado que le

impedía moverse con total libertad.

––¡¿Qu… qué pretendes, que ganarás haciéndome daño?!

Yo… yo… ¡Yo no te hice nada!

Verum contempló seriamente y poco a poco se fue

acercando a ella.

––¡N… … no vas a lograr nada! ¡¿qué pretendes hacer?!

Ella se sentó de cuclillas y le acarició el mentón con

una sonrisa pintada en sus labios, acariciaba suavemente el rostro tembloroso

de la princesa que estaba pálida.

––Nuevo orden mundial.

––¿D… de qué estás hablando?

––Este mundo se acerca a un final muy destructivo y

horrible, hay un cataclismo que se acerca. Para eso debo convertirme en una

deidad. Seré un ser divino. Evitaré que este mundo se destruya y… para eso debo

hacer un mundo nuevo, destruyendo este en el proceso.

––E… es… estas… loca.

Unos soldados entraron a la cúpula.

––Mi señora, toda la planta principal ha sido

inspeccionada, no hay nadie.

––¿Qué les hiciste a mis soldados?

––Nunca llegué a pensar que ser prostituta diera sus

frutos, pero muchos de tus soldados cayeron bajo mi control con esos

encuentros, los conozco muy bien y ellos vieron mi cuerpo desnudo, aunque debo

decir que también la mayoría fue cayendo en mis brazos entre los festivales que

realizaron. Como esas fiestas duraban varios días, por la noche me dedicaba a

cazar hombres, todo para este momento.

––¡Diligitis!

––Él no te va ayudar, es ahora mi títere, al igual que

tus hombres. Ahora yo controlo sus hilos y muevo todo a conveniencia mía.

Diligitis recordaba que hace algunos años, muchos

soldados no paraban de hablar de una joven de bello aspecto que trabajaba en un

burdel, los soldados no paraban de alabar su cuerpo y su experiencia sexual, pero

Verum tenía alas por lo que se le hacía difícil el creer que se trataba de

ella.

––¡Estás loca!

––No, te aseguro que tengo mucha cordura, pero… la

magia, creas o no, no es lo que te pintaron cuando te enseñaron a usarla en ese

nivel tan pobre. Es un arma de doble filo, capaz de dar y quitar a partes

iguales. Aunque, prefiero decir que es el ángel de la muerte.

Se levantó sin dejar de mirarla fijamente a los ojos

temblorosos y llorosos, el silencio hizo acto de presencia y solo los pasos de

Verum irrumpían levemente en su canción sepulcral.

––Por la magia ocurrió la primera guerra mundial, por

la magia el espíritu celestial encargado de cuidar las tierras murió, por

tratar de aprender magia murieron miles de humanos, la magia era la causa de

muerte principal entre las sirenas, la leyenda de la primera bruja humana y por

la magia… casi caigo en la locura. Sé muy bien que las hadas no tienen buena

fama, no podemos controlar muy bien nuestras emociones y como ellas están

ligadas a la magia siempre se nos ha atribuido aquello como presagio de

desastre. Sé que moriré por la magia, pero…

––¿Y para qué me necesitas en todo tu plan?

Verum se acercó a ella levemente.

––Necesito el poder que se encierra en tu talismán y

toda tu energía de vida. Tranquila, no te va a doler… … mucho.

Verum levantó las manos y empezó a recitar en lengua

demoníaca aquella magia que le permitiría absorber la fuente de la vida y la

magia del talismán y de su portador.

“Althe hurtems barviritis et

daenitivus embirotris nostras, ed alum no gaevirtelsh ingarims ternaks…”

Mientras ella recitaba aquellas palabras, de sus ojos,

empezaron a brotar lágrimas ensangrentadas que corrieron por su mentón y se

estrellaron en el suelo, fragmentándose como copos de cristal en las nevadas.

Su cabello se sacudió y el cuerpo de la princesa Alma quedó paralizado, poco a

poco, se elevó mientras era envuelto por una energía negra. Ella gritaba, pero

parecía que cada grito encendía más y más a Verum, quien no iba a permitir que

se le escapara esa oportunidad y fue por eso, que no terminó de recitar el

hechizo, tenía que hacerlo en un lugar en el que todas las tierras superiores

pudieran ver aquel acontecimiento.

Subió una a una las escalinatas hasta donde estaba

Diligitis y le ordenó que abriera los cielos de la cúpula y estos fueron

abiertos, dejando que la luz del sol entrara y esto le molestó a Verum

bastante, pero eso no le impidió seguir avanzando. Estaba cansada, sedienta y

le dolían los ojos y el pecho, el aire quemaba su nariz. La sangre le recorría

el mentón y le bajaba por el cuello hasta llegar a sus pechos para luego

mezclarse con sus ropas.

––Jamás pensé en gastar tanta cantidad de magia, debo

acabar con esto antes de que me mate. ––Pensó, mientras elevaba a la princesa

Alma para que todas las cámaras la enfocaran.

Las cámaras la enfocaron y en todas las cadenas

televisivas se reportó dicho acontecimiento. Los gritos de la princesa

resonaban por toda la plaza central y observaban como el hada le daba vueltas

con la magia.

––Mira a tu nación por última vez, cuando termine

aquella oración será tu fin.

Verum terminó la frase…

“Idominarius”

La sangre de sus ojos brotó en mayor cantidad y la

energía la envolvió completamente y poco a poco aquella magia se transmitía

lentamente al alma de Verum, los gritos de dolor de la princesa se escucharon

por todo lo alto y ancho. Toda esa aura se trasladó hasta Verum y tras cinco

minutos de dolor, la princesa murió y su cuerpo quedó en estado vegetal. Todas

las cámaras transmitieron aquella escena y miles empezaron a temer por su vida

misma.

Verum se postró en el suelo y dejó de usar magia,

vomitó un poco de sangre y no paraba de llorar aquellas gotas rojas. Guardó sus

alas, estas se encogieron poco a poco hasta introducirse completamente en su

espalda, aquella particularidad le había permitido hacerse pasar por una

prostituta.

––Maldición, usé demasiada magia, más de la que pensé

que debía usar, me excedí.

No podía siquiera levantarse.

Empezaba a ver borroso y Diligitis se preocupó, la

tomó en brazos luego de haber cerrado la cúpula y se la llevó hasta el cuarto

de la princesa Alma, ella estaba muy débil y era por eso que debía separar a

las demás princesas. Las sirvientas la observaban en aquel estado. La recostó

con cuidado en la cama y secó con un trapo su cara, luego, se dispuso a dejarla

descansar.

––Debe descansar mi señora.

––Descuida, me pondré bien, solo debo dormir.

––Descuide, yo me ocuparé de todo, esta herida no me

impedirá hacer mi trabajo.

Salió de la sala mientras caminaba hasta la planta

principal.

Verum, por su lado tenía que recuperarse, pero la

ventaja era que las princesas ya estaban lejos y esperaba que las sombras

hubieran hecho el impacto psicológico deseado.

––Ahora solo me queda matar a las otras tres, y con el

poder robado de Alma… podré tener más ventaja.

Alguien se acercó a la habitación e irrumpió en la

misma, Verum se alegró.

––¿Cómo te fue en tu actuación?

––De maravilla, se creyeron todo lo que dije,

escaparon.

Verum dejó escapar una sonrisa.

––Hiciste… u… un buen trabajo…  …Jen

Diligitis tomó el pañuelo y lo volvió a colocar en su

rostro, cubriendo nuevamente sus ojos.

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