soy Brenda Suárez 24 años y lo que más amo es es tiempo y bueno no a todos lo agrado ya que todo se me sale 🥰🥰🥰🥰
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capitulo 10
Brenda Suárez
Llego a mi casa. Mi madre sale y me pregunta:
—Cariño, ¿cómo te fue?
La miro y le digo:
—Muy bien, madre.
Pero como le tengo tanta confianza, agrego:
—Si te contara lo que me pasó…
Ella abre los ojos.
—No me digas que perdiste tu virginidad con tu jefe…
—¿Así me crees, madre? —le respondo—. Mejor no te cuento nada.
Ella suspira.
—Está bien, mi amor. Cuéntame. Rápido… ¿qué fue lo que pasó?
—Iba con mi jefe —le digo—, porque hoy teníamos dos reuniones. En el camino empezamos a discutir… y en medio de los reclamos… me besó.
Mi madre sonríe tranquila.
—Mi amor, te lo dije. Tu jefe está enamorado de ti. Solo que no lo quiere aceptar.
Después de contarle todo, llamo a mi amiga Zule y le cuento lo mismo.
Ella grita:
—¡Amiga! ¡Por fin dejarás de ser una santurrona! Pensé que ibas a morir virgen.
—No sé por qué te estoy contando esto —le respondo—. Ya sabía lo que ibas a decir.
Luego voy a mi diario, como siempre que me pasa algo importante, y empiezo a escribir:
Hola, querido diario.
Hoy estuve al borde de un infarto.
Si supieras… el papacito de mi jefe me besó. Y qué beso. Sentí que el mundo se me desarmaba.
Sabes, querido diario, yo amo el tiempo. Y como el mío es tan valioso, decidí no desperdiciarlo más.
La mayoría de los seres humanos buscan perfección: mujeres delgadas, caras bonitas, cuerpos sin defectos.
Yo tengo muchos defectos… y son los que más amo de mí.
Si la gente buscara menos perfección y más inteligencia, más aceptación propia, menos maldad, menos envidia… seríamos más felices.
Creo que sí le gusto… o tal vez no. Vive de la apariencia.
Para él, una mujer perfecta debe encajar con su cuerpo y su cara.
Si supiera que lo perfecto no existe… quizá sería diferente.
Después de escribir, me metí a la ducha…
Y, como siempre, terminé imaginando a mi querido tormento allí conmigo.
A la mañana siguiente, mi madre entra a mi cuarto.
—¿Qué te pasó hoy? Tuve que venir a levantarte.
—Madre, hoy no quiero ir al trabajo. No quiero verle la cara a mi jefe acusándome de interesada.
Mi madre se pone seria.
—Brenda Suárez, tenemos un trato. ¡Mueve ese cuerpo de la cama! No me hagas enojar.
Me levanto de mala gana.
—Está bien.
Al rato ya estoy lista. Salgo de casa.
—Qué guapa estás, mi vida. Te ves divina —dice mi madre.
—Gracias, mami.
Llego al trabajo. Saludo a todos.
Me encuentro con Franco.
—¿Qué pasó con mi primo? —dice—. Está de un genio… ni él mismo se aguanta.
Y luego me mira:
—Qué lindas rosas.
—¿Dónde?
—Mira.
Vuelvo la mirada. Son hermosas. Las tomo.
Dentro hay una tarjeta:
Para la mujer más hermosa, sencilla y carismática que he conocido.
Gracias por hacerme reír.
—Salazar Fernández
—No puede ser… —susurro—. Fue el señor Salazar.
—¿Quién? —pregunta Franco.
—Lo que acabas de escuchar.
Franco frunce el ceño.
—Conozco a ese tipo. Es muy mujeriego.
Ayer se encontró conmigo… y no hizo más que coquetear.
Franco Velázquez
Entro a la oficina de mi primo.
—Hola, ¿cómo vamos?
Levanta una mano como bandera blanca.
—Tú y tus estupideces. No estoy de humor.
Me pongo serio.
—Conmigo no puedes estar enojado. Yo no soy tu competencia.
—¿De qué hablas?
—Brenda. El señor Salazar le mandó flores.
Hermano… si no te pones las pilas, te la van a quitar.
Se queda serio.
—Ya te dije que esa mujer no es mi tipo.
—Ajá —le digo—. Ojalá estés seguro. Mientras tú piensas… otro ya se está adelantando.
Brenda Suárez
Entro a la oficina. Mi jefe está serio, sentado. Lo saludo. No responde.
Qué tipo tan maleducado. Estoy cansada.
Si no fuera porque necesito el empleo, ya me habría ido.
Él me mira.
—¿Para dónde, Salazar?
—¿De qué me habla?
—No te hagas. Quiero que tomes esas rosas… y las botes a la basura. Ya.
—¿Y por qué haría eso?
Se acerca.
—Porque no me gusta que otros toquen lo que es mío. Lo mío nadie lo manipula. A lo mío nadie le hace regalos… excepto yo.
—Señor —le digo—, no soy de su propiedad. Soy libre. Por algo no tengo novio.
Me mira fijo.
—No te has dado cuenta… que desde el momento en que te besé, eres mía.
Y si yo digo que botas esas flores… las botas.
Ay, qué hombre tan mandón. Lo que tiene de guapo lo tiene de ogro… y de mal pensado.
—¿Puede dejar la imprudencia y pensar antes de hablar? —me dice.
—Ay, disculpe —le respondo—. No sirvo para quedarme callada.
Ahora con el tema de Jinena, si tienen pruebas, ya que vieron en las cámaras del restaurante que fue ella quien la drogo, por que no la denuncian. Y que paso con el divorcio? No que en tres días ya iba a estar divorciado?
falta de signos de puntuación y mala redacción o traducción no se, hace que la trama se
pierda y
no sepa uno quien habla ni nada, hay muchas cosas de
redacción, gramática y ortografía para corregir. Hay que revisar antes de enviar los capítulos