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El Pecado De Los Inmortales

El Pecado De Los Inmortales

Status: En proceso
Genre:Demonios / Ángeles / Reencarnación / Romance oscuro
Popularitas:380
Nilai: 5
nombre de autor: Lumina Bazan Enamorado

«El Cielo la condenó. El Infierno la reclamó. Ella decidió que ambos debían arder».

Desde el principio de los tiempos, ángeles y demonios han protegido un equilibrio sostenido por juramentos de sangre y secretos que jamás debieron revelarse.

Cuando una joven comienza a recordar vidas que nunca vivió y a soñar con un hombre de ojos carmesí, su existencia se convierte en una amenaza para ambos reinos.

El Cielo ordena destruir su alma. El Infierno exige capturarla.

Y él, un soberano infernal que una vez la amó y la odió con la misma intensidad, recibe la misión de entregarla a sus enemigos.

Pero ella no recuerda su rostro, sus promesas ni la traición que los separó.

Entre pactos prohibidos, recuerdos manipulados y un amor condenado, descubrirá que los monstruos no siempre habitan en el Infierno.

Porque ella no fue creada para salvar el mundo.

Fue la razón por la que una vez estuvo a punto de desaparecer.

Y el mayor pecado de los inmortales fue olvidar a quién debían temer.

NovelToon tiene autorización de Lumina Bazan Enamorado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Las mentiras de la eternidad

Época moderna — Ciudad de Vespera

—¿Y tú qué hiciste para salvarme?

Kaelith Nocthar se había enfrentado ejércitos enteros sin retroceder.

Había contemplado ciudades desaparecer bajo océanos de fuego y escuchado las últimas súplicas de enemigos que alguna vez se creyeron inmortales.

Pero aquella pregunta, pronunciada por una joven que apenas comenzaba a comprender su propia existencia, consiguió lo que ninguna guerra había logrado.

Dejarlo sin palabras.

Seraphine aguardó.

No parecía dispuesta a aceptar otro silencio como respuesta.

Vael permanecía junto a la ventana. Por primera vez desde su llegada, había abandonado aquella sonrisa burlona que parecía acompañarlo incluso en las situaciones más inapropiadas.

—Te lo preguntaré una vez más —dijo ella—. ¿Qué hiciste para salvarme?

Kaelith bajó lentamente la mirada.

—Intenté detenerte.

Seraphine frunció el fruncido.

—¿Detenerme de qué?

—De tomar una decisión que creí que te costaría la vida.

—¿Y ahora sabes qué decisión era?

El soberano levantó los ojos.

—Recuerdo lo que vi. No estoy seguro de haber comprendido lo que estabas haciendo.

Aquella respuesta la desconcertó.

Había esperado una explicación elaborada, una excusa o alguna historia cuidadosamente construida.

No una confesión tan sencilla.

—Entonces, ¿Cómo sabes que intentabas salvarme?

Kaelith permaneció inmóvil.

La pregunta era razonable.

Terriblemente razonable.

Y, sin embargo, durante tres mil años jamás se la había formulado de aquella manera.

—Porque te vi desaparecer en medio de aquella destrucción —respondió finalmente—. Creí que habías muerto.

Seraphine sintió un escalofrío.

—Eso no responde lo que te preguntaron.

Vael apartó la mirada.

Kaelith cerró los ojos durante un instante.

—No —admitió—. Supongo que no.

El reloj de bolsillo que descansaba sobre el escritorio emitía un sonido delicado.

Tic.

Tic.

Seraphine volvió la mirada hacia él.

—Dijiste que nuestros relojes estaban conectados.

—Lo están.

—¿Por qué?

Kaelith tardó en responder.

—Porque una vez hicimos una promesa.

—¿Qué clase de promesa?

El soberano observó el pequeño objeto plateado.

—Una que ninguno de los dos debería haber hecho.

Seraphine cruzó los brazos.

—Empiezo a pensar que tienes un talento extraordinario para responder preguntas sin decir absolutamente nada.

Vael soltó una pequeña carcajada.

—Créeme, es una habilidad que ha perfeccionado durante siglos.

Kaelith le dirigió una mirada fulminante.

— ¿No habías decidido guardar silencio?

—Lo intenté. Fue una experiencia desagradable.

Seraphine ignoró el intercambio.

—Quiero ver lo que recuerdas.

Ambos demonios dejaron de sonreír.

—No —respondió Kaelith inmediatamente.

Ella levantó una ceja.

-¿No?

—Mis recuerdos no son un lugar seguro para ti.

—Tampoco parece serlo mi habitación, considerando que cualquiera puede aparecer dentro de ella.

Vael abrió la boca.

Kaelith lo señaló sin mirarlo.

—Ni una palabra.

El joven levantó ambas manos.

Seraphine dio un paso hacia el escritorio.

—No estoy pidiendo que me entregues tu vida. Solo quiero comprender por qué me miras como si fuera alguien a quien enterraste hace siglos.

Kaelith sintió que aquella frase lo atravesaba.

Porque eso era exactamente lo que había hecho.

Había enterrado su recuerdo.

No bajo tierra.

Sino dentro de cada decisión que tomó después de perderla.

—Hay algo que debes comprender —murmuró—. Un recuerdo no siempre es la verdad.

Seraphine sostiene su mirada.

—Entonces deja que sea yo quien decida qué creer.

Reino Celestial — Tribunal de los Juramentos

Aurelian Soltheris contemplaba una esfera de agua suspendida sobre el suelo.

En su superficie todavía podía distinguirse la habitación de Seraphine.

El soberano infernal hablaba con ella.

Vael Draven permanecía junto a la ventana.

—Ha establecido contacto —informó uno de los custodios.

—Lo estoy viendo —respondió Aurelian.

— ¿Debemos enviar a los ejecutores?

El juez celestial observó la imagen.

—Todavía no.

Elyndra Caelith, que permanecía junto a una de las columnas, levantó discretamente la mirada.

—¿Por qué esperar?

Aureliano se volvió hacia ella.

—Porque Kaelith no es nuestro verdadero problema.

La guardiana sintió que sus dedos se tensaban bajo las mangas.

—¿Y cuál es?

El juez descendió lentamente los escalones.

—Lo que ella podría recordar.

Elyndra guardó silencio.

Aureliano se detuvo frente a una ventana que daba hacia un cielo de luz perpetua.

—Durante tres mil años, el Pacto Primordial ha mantenido separados a los reinos. Su regreso amenaza con destruir aquello que nuestros predecesores sacrificaron tanto por construir.

—¿Y si el pacto fue establecido sobre una mentira?

El juez volvió la cabeza.

Su expresión se endureció.

—Las mentiras también pueden preservar la paz, Elyndra.

Aquella respuesta la inquietó más de lo que habría querido admitir.

—Eso es lo que estamos protegiendo? —preguntó—. ¿Una paz que necesita que nadie recuerde cómo comenzó?

Aureliano se acercó lentamente.

—Te aconsejo que recuerdas tu juramento.

Elyndra sostiene su mirada.

—Lo recuerdo perfectamente.

Y era verdad.

Recordaba cada palabra.

También recordaba algo que Aurelian parecía haber olvidado.

Los juramentos podían obligar a guardar silencio.

Pero no podía convertir una mentira en verdad.

En Vespera, Kaelith extiende la mano hacia Seraphine.

Ella lo vigila con desconfianza.

—¿Qué estás haciendo?

—Mostrándote algo.

—Hace unos minutos, una de tus rosas me hizo perder el conocimiento.

—Precisamente por eso necesito que seas cuidadosa.

Seraphine miró su mano.

—¿Esto es peligroso?

—Puede serlo.

—Entonces explícame cómo funciona antes de que lo intente.

Kaelith inclinó ligeramente la cabeza.

Aquella exigencia le resultó dolorosamente familiar.

—No puedo mostrarte mis recuerdos sin tu consentimiento. Tampoco puedo garantizar que veas exactamente lo mismo que yo.

—¿Por qué?

—Porque los recuerdos no son objetos inmóviles. Cambian con el tiempo. Se deforman. Y, en ocasiones, alguien puede alterarlos deliberadamente.

Seraphine pensó en la voz femenina que había escuchado durante su visión.

«No permitas que recuerdes la última noche».

—¿Alguien alteró los tuyos?

Kaelith sostuvo su mirada.

—Es una posibilidad.

—¿Y los míos?

—También.

Ella respiró profundamente.

Después extendió la mano.

—Una sola imagen. Si te digo que te detengas, lo haces.

—Te doy mi palabra.

Seraphine dudó.

—¿Y cuánto vale la palabra de un demonio?

Vael llamando desde la ventana.

—Depende del demonio. Algunos somos extraordinariamente poco recomendables.

Kaelith ignoró el comentario.

—La mía, en este caso, vale tanto como mi vida.

Seraphine no supo qué responde.

Antes de aceptar su mano, observó el rostro del soberano.

—Y ¿qué pasa si alguien intenta espiarnos mientras haces eso?

Kaelith levantó ligeramente una ceja.

—¿Por qué lo preguntas?

—Porque si existen demonios, también podrían existir otras criaturas. Y no pienso convertirme en el espectáculo de nadie.

Vael dejó escapar un silbido.

—Definitivamente tiene buenos instintos.

Kaelith extendió dos dedos hacia el aire.

Una tenue sombra recorrió los marcos de las ventanas y desapareció entre las paredes.

Seraphine retrocedió.

—¿Qué fue eso?

—Una barrera contra la vigilancia sobrenatural. No impedirá que salgas ni afectará a quienes viven en este edificio.

Ella comprobó nuevamente la puerta.

Seguía abriéndose con normalidad.

—Bien. Ahora sí.

Colocó su mano sobre la de él.

El contacto fue inmediato.

Una corriente helada recorrió sus dedos.

Y, por un instante, ambos relojes comenzaron a sonar al mismo tiempo.

El Cielo estaba rojo.

Seraphine reconoció las escalinatas.

El mármol destruido.

Las plumas ennegrecidas.

Era el mismo lugar de sus pesadillas.

Pero ahora no observaba la escena desde sus propios ojos.

La veía desde la perspectiva de Kaelith.

Sintió el peso de una espada en su mano.

El dolor de una herida que no existía en su cuerpo.

Y un miedo tan profundo que estuvo a punto de apartarse.

Frente a ella estaba una mujer coronada.

Su propio rostro.

—No lo hagas —escuchó suplicar a Kaelith.

La mujer sonrojada con tristeza.

—Siempre me pides lo imposible.

Seraphine sintió que el corazón se le detenía.

Las palabras eran familiares.

Pero algo era diferente, el cielo.

En sus pesadillas, las estrellas desaparecían lentamente.

En el recuerdo de Kaelith, las estrellas ya estaban apagadas y detrás de la mujer había una figura.

Una sombra inmóvil.

Alguien que no debería estar allí.

Seraphine intentó acercarse.

La imagen tembló.

—¿Quién eres? —preguntó.

La figura levantó lentamente la cabeza.

No tenía rostro.

O quizás alguien lo había borrado.

Entonces una voz resonó en su mente.

«No mires detrás de la corona».

Seraphine intenta soltarse.

No pudo.

El recuerdo comenzó a desmoronarse.

Las escalinatas se cubrieron de grietas.

El cielo se volvió negro.

Y, desde algún lugar imposible, escuchó su propia voz.

«Él no debe saberlo».

—¡Basta!

Seraphine apartó la mano.

Kaelith rompió el vínculo inmediatamente.

La habitación volvió a adquirir forma a su alrededor.

El escritorio.

La ventana.

La luz de la lámpara.

Vael se acercó un paso.

—¿Qué ocurrió?

Seraphine respiraba con dificultad.

—Había alguien más.

Kaelith frunció el ceño.

—¿Dónde?

—En tu recuerdo.

El soberano permaneció inmóvil.

—Eso es imposible.

—Estaba detrás de mí. Detrás de la mujer de la corona.

Kaelith negó lentamente con la cabeza.

—No recuerdo a nadie allí.

—Precisamente.

La palabra quedó suspendida entre ambos.

Seraphine pasó una mano por el rostro.

—No sé quién era. No pude verle la cara.

Vael observó a Kaelith con una expresión difícil de interpretar.

—¿Una sombra?

Seraphine lo miró.

-Si.

La sonrisa de Vael desapareció.

Kaelith lo advirtió.

—¿Qué sabes?

Vael retrocedió.

—Nada que pueda demostrar.

—Vael.

—No pienso decir algo que podría matarnos a los tres.

Seraphine sintió que la paciencia se le agotaba.

—¿Por qué todos ustedes hablan como si cada respuesta fuera una sentencia de muerte?

Vael la observadora.

Y por primera vez, no había ironía en sus ojos.

—Porque algunas lo son.

Reino Celestial — Tribunal de los Juramentos

La imagen de la habitación humana desapareció repentinamente de la esfera.

Uno de los custodios dio un paso atrás.

—Hemos perdido la visión.

Aurelian observó la superficie vacía.

—Kaelith.

Elyndra permaneció inmóvil.

—Ha levantado una barrera —murmuró.

—Una que no podremos atravesar sin revelar nuestra presencia —añadió el custodio.

Aurelian presionó lentamente los puños.

—Entonces esperaremos.

—¿Hasta cuándo? —preguntó Elyndra.

El juez la vio.

—Hasta que cometa un error.

La guardiana apartó la mirada.

Bajo su manga, el pequeño cristal emitió un destello.

Durante un instante, Elyndra creyó escuchar una voz que no había oído en tres mil años.

«Cuando llegue el momento, tendrás que elegir».

Sus dedos se cerraron alrededor del objeto.

Porque, aunque Aurelian todavía no lo sabía, ella ya había comenzado a hacerlo.

Reino Infernal — Palacio de Nocthar

Darius permanecía inmóvil frente a la ventana de la habitación sellada.

La mujer encapuchada había desaparecido.

Y con ella, el fragmento de obsidiana que había protegido durante tres mil años.

Sobre el suelo quedaba una pequeña marca plateada.

Una corona atravesada por una espada.

Darius se arrodillo lentamente.

Conocía aquel símbolo.

Lo había visto antes de la primera guerra.

Antes de que el Cielo y el Infierno establecieran sus fronteras.

Antes incluso de que Kaelith ascendiera al trono.

Y sabía algo que jamás se había atrevido a contarle.

La corona no pertenecía a Seraphine.

Al menos, no originalmente.

Un ruido detrás de él lo obligó a levantarse.

Lilithra Morvayne permanecía en el umbral.

Su sonrisa habitual había desaparecido.

—¿Qué has hecho?

Darius llevó una mano hacia la espada.

—No deberías estar aquí.

—Curioso. Iba a decir exactamente lo mismo.

El demonio observó la caja vacía.

Después de la marca plateada sobre el suelo.

Su expresión cambió.

-No...

Darius guardó silencio.

Lilithra se acercó lentamente.

—Dime que no es lo que creo.

—Depende de lo que creas.

Ella lo miró con una furia que rara vez permitía mostrar.

—¿Has perdido el fragmento?

Darío no respondió.

Lilithra cerró los ojos.

—Por todos los juramentos rotos...

—No sabía que alguien podía encontrarlo.

—¡Se suponía que nadie debía saber que existía!

La voz del demonio resonó entre las paredes.

Darius la sujetó del brazo.

—Baja la voz.

Lilithra apartó su mano.

—No comprendes lo que significa.

—Lo comprendo mejor que nadie.

—Entonces sabes que, si la persona equivocada consigue reunir las piezas, no importará quién gobierne el Cielo o el Infierno.

Darío sintió un escalofrío.

—¿Cuántas faltan?

Lilithra lo contempló.

Durante un instante pareció debatirse entre responder o guardar silencio.

Finalmente, murmuró:

—Una.

En Vespera, Seraphine se había sentado nuevamente junto a su escritorio.

No quería más visiones.

No aquella noche.

Kaelith permanecía cerca de la puerta, respetando la distancia que ella había exigido.

Vael había dejado de bromear.

El silencio resultaba casi tan incómodo como las revelaciones.

—Quiero que se marchen —dijo finalmente.

Kaelith levantó la mirada.

—Seraphine...

—No es una petición.

Vael observó al soberano.

Kaelith permaneció inmóvil durante unos segundos.

Después sacudió la cabeza.

—Como desees.

Aquella respuesta sorprendió a Seraphine.

Había esperado resistencia.

Una discusión.

Quizás otra explicación interminable sobre los peligros que la rodeaban.

Pero él simplemente aceptó.

Antes de marcharse, Kaelith deshizo la barrera que había levantado sobre la habitación.

Las sombras desaparecieron de las paredes.

— ¿Vas a volver? —preguntó Seraphine antes de poder detenerse.

Kaelith la observó.

—Solo si tú lo deseas.

Seraphine apartó la mirada.

No sabía qué respuesta esperaba.

Tampoco comprendía por qué la idea de no volver a verlo le producía una tristeza tan absurda.

—Necesito tiempo.

—Lo tendrás.

Vael se acercó a la ventana.

—Bueno, ha sido una velada encantadora. Amenazas, recuerdos traumáticos y una posible catástrofe cósmica. Deberíamos repetirla.

Séraphine lo fulminó con la mirada.

—Fuera.

—Entendido.

El joven desapareció entre una sombra violeta.

Kaelith permaneció unos segundos más.

—Seraphine.

Ella levantó la mirada.

—¿Qué?

El soberano parecía buscar las palabras adecuadas.

—No confíes en todo lo que recuerdes.

Seraphine sintió que el corazón se le detenía.

Aquella frase.

La misma advertencia de sus sueños.

—¿Por qué dices eso?

Kaelith sostuvo su mirada.

—Porque alguien se aseguró de que ambos olvidáramos algo.

Y antes de que ella pudiera responder, desapareció.

La habitación quedó en silencio.

Seraphine permaneció inmóvil durante varios minutos.

Después se acercó al escritorio.

El reloj de bolsillo seguía allí.

Sus manecillas avanzan lentamente.

Tic.

Tic.

Tic.

Lo tomó entre las manos.

Observó el pequeño retrato que descansaba en su interior.

Ella.

Kaelith.

Dos personas que parecían felices en una época que ya no existía.

Seraphine cerró los ojos.

Intentó recordar el jardín.

La lluvia.

La sonrisa de aquel hombre.

Pero algo más apareció en su mente.

Una voz femenina.

Un susurro.

«Él no debe saberlo».

Abrió los ojos.

Sobre el cristal del reloj apareció una pequeña línea luminosa.

Después otra.

Y otra.

No eran grietas verdaderas.

Eran marcas de luz que se extendían sobre la superficie sin dañarla.

Hasta formar un símbolo.

Una corona atravesada por una espada.

El mismo emblema que había aparecido en secretos anteriores a la división de los reinos.

Seraphine dejó caer el objeto sobre el escritorio.

La habitación se oscureció.

Y una voz desconocida, suave como el viento entre las ruinas, resonó junto a su oído.

—Por fin.

Seraphine se volvió bruscamente.

No había nadie.

La voz continuó.

—Has comenzado a recordar lo que ellos enterraron.

El reloj dejó de sonar.

Tic.

Silencio.

Las marcas luminosas comenzaron a desvanecerse.

Y entonces, desde el interior del cristal, apareció una última frase escrita en una lengua que Seraphine jamás había aprendido.

Sin embargo, pude comprenderla.

«La primera mentira fue tu muerte».

Las palabras desaparecieron, las manecillas volvieron a avanzar.

Tic.

Tic.

Tic.

Pero Seraphine ya no podía apartar la mirada del reloj, porque, por primera vez desde que comenzaron sus pesadillas, no se preguntó quién había sido. Se preguntó quién necesitaba que creyera que ella había muerto.

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Orlov ♛ ★J² de mafia♾️ 🚬
Wooow, tenias razón quiero maaaas
Elizabeth Bazan Enamorado: espero y el nuevo capítulo te guste tanto como a mi lamento no haber estado publicando continuamente, me enferme pero regresamos con todo.
total 1 replies
Erislandy Quevedo Horta
siguiente capítulo por favor
Elizabeth Bazan Enamorado: Hola el día de mañana publicaré otros 6 capítulos 🤭 me sorprende la velocidad de tu lectura gracias por apoyar mi trabajo ☺️.
total 1 replies
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