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Sobek

Sobek

Status: En proceso
Genre:Omegaverse
Popularitas:351
Nilai: 5
nombre de autor: Eduardopz

En un lugar de animales evolucionados, bípedos de gran inteligencia, Sobek, un Cocodrilo de agua salada intenta adaptarse al mundo social de los mamíferos, siendo él un ser de sangre fría

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Capítulo 010

Mucho más temprano, me presenté antes que cualquier estudiante puntual. El frío de las mañanas parecía más fuerte y mi nariz se quejaba del cambio de temperatura; la falta de sol me obligaba a moverme con una parsimonia pesada. Esas clases de orientación han de ser otro castigo, ya que tengo que caminar junto a los profesores para entrar a la escuela.

Desconocía la ubicación del salón donde se daba esa clase y, por desgracia, no había ningún estudiante en mi camino al que le pudiera extraer la respuesta. Solo algunos profesores, los cuales al verme rehuían con disimulo; bueno, supongo que no soy un estudiante al cual tener en buena estima, aunque nunca haya hecho algo para que fuera de tal manera. Quizá reaccionaban al simple instinto de alejarse de un depredador.

Me dirigí al salón de profesores; quizás allí estuvieran en la obligación de hablarme. En mi camino, una mujer me vio pasar y me llamó por mi nombre. Dijo ser la profesora a la que vería yo en la clase. Me guió hasta el salón, el cual se hallaba en el límite del área de herbívoros.

La puerta del salón se adornaba de manualidades de papel de colores, muchas flores de distintos tipos y estrellas diminutas que se esparcían por las esquinas del marco. Quizás fuera de lugar en comparación con el resto de puertas, pero supuse que la profesora posee tales gustos con sus cosas.

El interior tenía un espacio reducido; más que un salón, es una oficina con un metro extra. Un escritorio con muchas cosas encima, figuras y fotos enmarcadas. Me pidió sentarme con gran amabilidad, ofreciéndome bocadillos salados.

—Puedes comer si aún no has desayunado, es bastante temprano.

Se preparó una taza de café, para luego sentarse y mirar una libreta en su escritorio. El aroma amargo y caliente inundó la pequeña habitación.

—Muchos chicos muestran su disgusto al estar aquí —comentó, alzando su vista por encima de la taza—. Me das la impresión de ser tranquilo, ¿lo eres?

—Soy paciente —respondí, mirando los papeles doblados como cisnes frágiles puestos en la ventana—. Que supongo es lo mismo.

Asintió a mis palabras. Sin apresurarse o dar los indicios de un profesor que está a punto de impartir una clase, charló de forma amena. Hizo preguntas sobre mí que no me gustaron para nada.

—¿Es un tema sensible para ti? Lo entiendo, el tema familiar no es fácil de hablar con extraños.

Enarqué la ceja frente a esa especie de consuelo. Su respuesta predeterminada me hizo saber el patrón tras su forma de inmiscuirse en asuntos personales. Genuinamente desconocía la clase de orientación, o todo aquello que aquí se enseña. Me abstuve de investigar, puesto que no le di una gran relevancia, pero me molesta esta situación donde parece que tengo la obligación de hablar sobre mí.

—¿Por qué quieres saber de mi familia? —La miré—. Más que compartir información, no creo que te sirva saberlo.

Debido a lo frontal de mis palabras, ella solo abrió su libreta y anotó apuntes con resolución. Sonriendo suavemente, cambió de tema de forma abrupta.

—¿Te importa contarme sobre tu lugar de nacimiento? Me es curioso saber cómo son las islas de un archipiélago. Realmente soy de playas cristalinas.

—Es un lugar protegido —comenté—. Y es mejor que siga aislado de los turistas, realmente ustedes no tienen que estar allí.

—Claro... —Se dio la vuelta y buscó un libro—. Mira esto, ¿puedes leerlo?

En mis manos dejó un libro de tapa blanda, de un desgastado color amarillento. En su título solo figuraba una oración, encima de una imagen que tomaba de referencia una pequeña isla: «Entre el cielo y el mar». Le eché un vistazo rápido a las esquinas, leyendo las palabras que mis ojos pudieron capturar.

—¿Le interesa la vida de un hombre solitario? —Abrí la hoja blanca ilustrada que se escondía al final—. ¿Por eso esa fascinación por las playas?

—¿Hablas el dialecto Kari'n? —Me miró sorprendida.

Parpadeé unas cuantas veces antes de darme cuenta. Hace un tiempo que no hablo mi lengua nativa; ver este libro me pareció lo suficientemente natural como para leerlo sin notar el cambio de idioma habitual que uso día a día.

—No es sorprendente —le devolví el libro—. No es una lengua muerta, hay muchos que hablan Kari'n.

—Es fascinante. ¿Sabes que este libro fue escrito por una navegante que llegó a una cierta isla? La edición que encontré venía en ese dialecto como forma de homenaje, pero me alegra encontrar a alguien que pueda hablarlo —contó—. Eso me lleva... ¿No tienes una excelente dicción?

—¿No es lo normal? —dije sin interés.

Ella rio ligeramente. Más de allí no se atrevió a indagar; solo conversó de sus asuntos en espera de mis respuestas. Pudo haber sido peor, ahora que lo pienso.

—Es momento de que te retires —miró la hora y me entregó una especie de formulario—. Responde honestamente para la próxima que nos veamos.

Llené mis puños de los bocadillos que no toqué en toda la clase para ir a la puerta e irme. No sin antes esperar mi respuesta.

—Zorro rojo —dijo ella.

Abandoné el pequeño salón, cerré la puerta a mi espalda y observé mi mano llena de comida. Formidable, pensé, en todo el momento que estuvo hablando no sentí el impulso de callarle, pues parece ser hábil con las palabras. Los estudiantes ya estaban aquí, recorriendo los pasillos. Comparado a un pasillo lleno, definitivamente me gusta lo silencioso que es este lugar cuando no hay nadie.

Especialmente hoy día las tareas parecían amontonarse para mí. Fui llamado al salón de profesores cuando ya estaba en el mío.

—Los profesores se pusieron de acuerdo para organizarte este plan de actividades —me extendió un papel—. Con la puntuación que logres obtener este lapso no será suficiente para que puedas aprobar el año, por lo tanto, con estas actividades podrás suplir las tareas anteriores que se debían hacer. Si quieres graduarte, procura alcanzar la calificación completa...

Sujeté el papel. Realmente tenía muchas fechas límite, que seguramente consumirían todo mi tiempo. Quizás es un alivio que las asignaciones de todas las materias sean relativamente fáciles.

—Si hay alguna duda que tus profesores no puedan resolver, ven a hablarlo conmigo, ya que soy la coordinadora.

Di una palabra y salí de allí poco satisfecho. La primera fecha límite es este viernes... De vuelta a mi salón, anoté las tareas que tenían prioridad...

—Muchos de esos ensayos fueron pruebas de laboratorio que hicimos —mencionó el jerbo, masticando los bocadillos que le di—. Puedo ayudarte...

Recosté mi espalda, enderezando mi postura para mirar mejor el rostro del jerbo.

—No creo que puedas —dije—. He visto insectos secos con más vida que tú.

—¿Tan obvio es? —exhaló con cansancio.

—Todo aquel con ojos medianamente funcionales puede verlo.

La conversación fue trasladada a la confidencialidad de los pasillos solitarios que suelo patrullar por gusto. No quise hacer un viaje por solo un cuento, así que recorrí cada metro con los oídos bien abiertos, atento a cualquier vibración mientras el roedor se preparaba para hablar.

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