Una historia de reglas rotas y corazones en juego.
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El lobo y la conejita
Didier y Pablo regresaron al campus, Pablo me contó que las fiestas estuvieron increíbles que realmente los padres de Didier estaban gastando mucho en la unión de su hija.
Yo me límite a opinar, era momento de olvidar a la hermana de Didier.
Estamos invitados a la boda, será en seis meses. En las vacaciones de navidad, decía Pablo.
Didier me miró y me abrazo.
Cuéntame ¿cómo te fue con la chica de la fiesta?.
Pues bien, dije sonriendo.
Estaba más que bien, era un culo de vieja decía Pablo.
Si lo era, dije sonriendo.
Las clases comenzaron, trabajaba en la computadora para la empresa de papá, jugábamos los fines de semana en el campus con otros, las fiestas seguían, las chicas se me acercaban, yo fingía que la había olvidado pero cuando besaba a una chica no deja de pensar en ella.
Bebía para olvidar su aroma, un día llegué muy borracho a mi habitación, mis amigos se habían quedado en la fiesta con chicas. Yo no tenía ganas solo quería beber.
Caminaba por el pasillo de un lado a otro, mierda ese aroma, dije en voz alta.
Baje la mirada, ella estaba durmiendo en el piso.
Me acerque y toque su mejilla.
Estoy alucinando pero no fume, decía mientras acariciaba su mejilla.
Ella se levantó asustada.
Hola, dije sentándome en el piso.
¿Estás borracho?, dijo molesta.
Si, muy borracho, por tu culpa, tu eres la única culpable, ahora hasta borracho tengo que verte, solo el alcohol te borraba de mi mente.
Dame las llaves, me ordenó.
Saca las llaves de mi pantalón.
Ella se acerco y metía sus manos en mis bolsas.
La abrace y olía su cabello.
Si fueras real te quitaría la ropa y te llevaría a la luna.
Ella saco las llaves abrió la puerta y me empujó.
Cerro la puerta, yo me acosté en mi cama.
Comencé a recitar un poema que me había aprendido pensando en ella.
En tus ojos, veo el pecado más perverso.
En tus labios, la condena que deseo.
Y en tu alma, la dulzura prohibida que me nombra culpable y aún así me invita a caer sin remordimiento. Por qué tu eres la poesía hecha persona, pero también el pecado que no quiero dejar de cometer.
cerré los ojos y me quedé dormido.
En la mañana desperté de golpe, ella estaba durmiendo en mi sofa.
Kenia, ¿que haces aquí?, dije nervioso.
Ella abrió los ojos y se acercó.
El volvió a engañarme, estaba con su secretaria cogiendo en su oficina, salí corriendo y cuando me di cuenta ya estaba aquí, esperándote.
Yo la abrace, ¿entonces lo vas a dejar por mi?.
No Jason, solo queria decirte que no dejo de pensar en ti, en nuestros besos, te odio.
Me odias mucho, dije besando su cuello.
Ella comenzó a temblar.
Mis manos entraron bajo su ropa, mientras yo me comía su boca.
Ella me mordió, la cargué para que se subiera a mi cuerpo.
Ella me miró y sonrió.
Aún no estoy lista, además apestas a cerveza y aunque te ves sexi con el cabello alborotado, creo que lo mejor es que pongamos reglas.
¿Reglas?, no entiendo.
Quiero casarme y después divorciarme, quiero que pague todo lo que me hizo, quiero que me vea contigo en la cama.
Estás loca, no quiero que te cases con ese pendejo.
No eres mi novio Jason, solo tenemos una aventura.
¿Soy una aventura?, dije enojado.
Si, no podemos tener una relación, en primera Didier te va matar, dejaran de ser amigos por mi culpa, yo no quiero que mi hermano me odie, así que esto solo será una aventura.
Vete Kenia, no soy un cualquiera, tengo dignidad.
pensé que no la tenias, querías ser mi amante.
Abrí la puerta de mi habitación.
Largo, no pienso ser solo una aventura.
Ella salió enojada.
Pasaron dos meses desde que ella me busco, Didier llegó a verme a mi habitación, hermano mi abuelo quiere que viajemos a Miami, ya nos encontró gente interesada en nuestra marca.
Si, genial.
Tenemos que ir este fin de semana.
Claro si, vamos.
Pablo, Didier y yo viajamos a Miami solo sería un fin de semana.
Al llegar fuimos directo a la empresa del amigo de su abuelo.
Le contamos sobre nuestra marca, le gustó la idea, nos dijo que podríamos los fines de semana libres viajar para ver el avance de nuestra marca.
Aceptamos, por fin nuestra marca iba a ser una realidad.
Fuimos a un bar a celebrar, yo no bebí mucho la verdad es que tenía un presentimiento que la volvería a ver.
Era media noche entramos, mis amigos iban muy borrachos, escuchamos musica en la alberca. Didier y Pablo fueron directo al jardín.
Al acercarme vi que ella estaba en la alberca con Aldo y otros amigos.
Aldo me saludo con la mano, yo no me quede me fui directo a mi habitación.
Me quité la ropa y me acosté a dormir, no quería tenerla cerca.
Alguien tocó la puerta, me levanté imaginé que era Pablo.
Y ahí estába ella con su traje de baño, mojada.
Me miró sorprendida.
Quería invitarte a ... comenzó a tartamudear.
¿estás nerviosa?, dije sonriendo
Estoy lista, dijo entrando a mi habitación y arrojandose a mis labios.
La bese con deseo, ella mordía mis labios.
Llévame a la luna, susurro en mi oído.
Si mi conejita, dije abriendo sus piernas y besando su interior.
Ella enterró sus uñas en mi espalda, entre en su interior con fuerza, ella soltó un grito lleno de placer, yo me movía lento, ella acariciaba mi pecho. Nos besamos de nuevo, se subió encima de mi, metió lento mi miembro, yo miraba su rostro lleno de placer, ella comenzó a saltar, sus pechos rebotaban, miraba su pelo humedo mojando sus hombros, se miraba tan sensual.
Te gusta como salta tu conejita, decía apretándome, sentía que no iba aguantar más, ella se movía y jalaba su cabello.
Kenia, no tengo preservativo, dije agitado.
Tranquilo, yo me estoy cuidando.
Siguió moviéndose, yo no pude más y me vacíe, ella me beso y tomo mi mano, sigo caliente, tócame.
Por alguna razón mi miembro se levantó y volví a entrar en ella, la cargué, ella estaba muy agitada y mojada. Nos besamos con pasión, nuestros cuerpos hervian, su respiración me quemaba el cuello, realmente ella lo estaba disfrutando.
Ya no puedo más Jason, gritaba excitada. Yo me moví más rápido tomando sus caderas con fuerza. Ella se acostó en la cama, yo me acerqué y besaba sus pechos.
Ella me abrazo.
¿Por qué eres tan guapo y sexi?, decía besándome.
Tu eres la guapa y sexi.
Me gusta que me digas conejita, se me hace pervertido.
Es que soy un lobo pervertido, queriendo comerme a la conejita.
Ella sonrió.
A la conejita le gustó tu zanahoria.
Oye no lo llames así, dije sonriendo.
Volvimos a besarnos, nos acariciamos sin pensar en nada. Nos quedamos dormidos.
¡Hijo de puta!, se escuchó.
Didier entro a la habitación, yo estaba acostado en los pechos de Kenia.
¡Hijo de puta!, grito.
Kenia y yo abrimos los ojos, asustados.
¡Bastardo, voy a matarte!, el se acercó jalo a su hermana del brazo.
Vas a casarte y te acuestas con mi amigo, eres una...
¡Ella no tiene la culpa, fui yo!, le grité.
Kenia estaba enredada en las sábanas.
Fue un error hermano, perdoname, dijo llorando.
¿Un error?, la mire molesto.
¡Un error, que no volverá a pasar!, grito saliendo de la habitación.
Pablo entro y me miró asombrado.
¡Te la cogiste!, grito.
Didier me golpeó en la cara, se fue encima de mi, me golpeaba furioso.
¡Déjalo!, gritaba Pablo.
¡Bastardo, juro que te voy a matar!
Aldo y su abuelo entraron.
Aldo tomaba a Didier junto con Pablo para que me soltara.
¡Basta!, gritaba su abuelo
¡Lárgate de mi casa, bastardo, lárgate!, gritaba Didier.
Tomé mi ropa y mi maleta, baje rápido con la cara llena de sangre.