Morí atragantándome con unos tacos al pastor mientras leía una novela de reencarnación.
Renací como la villana.
Y ahora… voy a conquistar a mi prometido, a mi papucho villano.
—ACTUALIZACIÓN DIARIA—
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 10
—Parecía muy concentrada en algo… durante el trayecto.
Mi respiración se detuvo.
—Me pregunto… —continuó, inclinando apenas el rostro hacia mí— si esos pensamientos eran tan interesantes…
Su voz bajó ligeramente.
Más íntima.
Más peligrosa.
—…como para ignorar completamente mi presencia.
Mi mente se quedó en blanco.
—¿…eh?
Mi corazón explotó.
Una, dos… mil veces.
¡¿ME ESTABA VIENDO TODO EL TIEMPO?!
Sentí el calor subir a mi rostro de golpe.
Me puse completamente roja.
Intenté mantener la compostura.
Intenté.
Fracasé… un poco.
—Yo… —me aclaré la garganta— no estaba ignorándolo.
Mentira.
Total.
Y a la vez…
no del todo.
Porque, en realidad…
todo el camino estuve pensando en él.
—Solo… estaba pensando.
Gran error.
Gravísimo error.
No debí decir eso.
Una leve sonrisa apareció en sus labios.
Lenta.
Consciente.
—Lo noté.
Silencio.
—Sus expresiones… eran bastante reveladoras.
Muerte.
Yo.
Aquí.
Ahora.
—¡¿QUÉ EXPRESIONES?! —grité en mi mente, al borde del colapso.
El calor en mi rostro aumentó aún más.
Traición absoluta de mi propio cuerpo.
—Debió haber sido algo importante —añadió con calma—.
Sus ojos no se apartaban de mí.
Ni un segundo.
—…para hacerla sonreír de esa forma.
…
…
…
—…me quiero morir.
Trágame tierra.
Ahora mismo.
Pero no.
No podía.
No frente a él.
Aunque…
en sus brazos…
en esos brazos fuertes…
tal vez no sería tan mala idea…
—¡CONCÉNTRATE! —me reprendí mentalmente, regresando de golpe a la realidad.
Respiré.
Lentamente.
Una vez.
Dos.
Forcé una sonrisa elegante.
—Nada que no pueda compartir… eventualmente, mi lord.
Silencio.
Su sonrisa se amplió apenas.
Sutil.
Peligrosa.
—Entonces… esperaré.
Y por alguna razón…
sentí que eso…
no era una opción.
Luego…
él me invitó a ir a una cafetería muy conocida.
Con una ligera sonrisa en los labios.
Tan sutil… que casi parecía un privilegio haberla visto.
Yo dudé.
No lo dije en voz alta, claro.
Pero en mi mente…
con el ambiente asqueroso que había visto antes en las calles…
no se me antojaba comer ni beber absolutamente nada aquí.
Pero entonces—
algo cambió.
Miré a mi alrededor.
Sin pensarlo.
Sin prepararme.
Y mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.
Retrocedí un paso.
No…
eso no podía ser.
—¿Cómo es posible…? —murmuré apenas, con la voz perdida.
Las calles…
estaban limpias.
Pero no solo limpias…
impecables.
Las piedras del camino brillaban ligeramente bajo la luz.
No había rastro de suciedad.
Ni manchas.
Ni malos olores.
Las casas…
ordenadas.
Elegantes.
Como si cada una hubiera sido cuidadosamente arreglada ese mismo día.
La gente…
bien vestida.
Pulcra.
Refinada.
Incluso el aire…
se sentía diferente.
Más ligero.
Más… puro.
Era como si hubiera cruzado una frontera invisible.
Como si existieran dos mundos completamente distintos…
y yo acabara de entrar en uno al que no pertenecía.
—¿Por qué… es tan diferente…? —pensé, sintiendo un leve escalofrío.
Y entonces—
una voz femenina rompió mis pensamientos.
—Duque Abel, ¿cómo está su día?
Dulce.
Demasiado dulce.
Perfecta.
Levanté la mirada.
Y la vi.
Acompañada de su doncella.
Caminando con una elegancia que parecía ensayada…
pero natural al mismo tiempo.
Cabello blanco.
Como nieve recién caída.
Ojos violeta.
Brillantes.
Hipnóticos.
Piel blanca, perfecta.
Figura esbelta.
Postura impecable.
Hermosa.
Demasiado.
No necesité más de un segundo.
El reconocimiento fue inmediato.
Brutal.
Era ella.
La protagonista reencarnada.
Larisa Manteca.
Y en ese instante…
todo dentro de mí se tensó.
Aún sostenía la mano de mi villano.
Aún podía sentir el calor de su piel contra la mía.
Pero entonces—
de repente…
la soltó.
Sin aviso.
Sin mirarme.
Sin dudar.
Mi corazón…
dio un vuelco.
Y luego…
se hundió.
El cambio fue tan abrupto…
que dolió.
Lo vi avanzar hacia ella.
Como si yo ya no existiera.
Y entonces…
sonrió.
Pero no era la misma sonrisa.
No era la que me había dado antes.
Esta…
era más suave.
Más cálida.
Más… real.
Tomó su mano.
Con cuidado.
Con delicadeza.
Y besó el dorso con elegancia.
—Gracias a su aparición… mi día ha mejorado.
Las palabras…
cayeron como un golpe seco en mi pecho.
Algo dentro de mí…
se quebró.
—Justo iba a ir a la cafetería —dijo ella con dulzura—. ¿Le gustaría acompañarme, duque?
Ni una pausa.
Ni una duda.
—Sería un placer, mi lady.
Así de fácil.
Así de rápido.
Y entonces…
se fueron.
Sin mirar atrás.
Sin una sola palabra para mí.
Me quedé ahí.
De pie.
Inmóvil.
Sola.
La gente pasaba a mi alrededor burlándose.
Las conversaciones continuaban.
La vida seguía.
Pero para mí…
todo se había detenido.
Y entonces—
antes de desaparecer entre la multitud…
ella volteó.
Sus ojos encontraron los míos.
Y sonrió.
Pero no era una sonrisa amable.
Era triunfadora.
Segura.
Burlona.
Como si ya supiera el resultado…
de un juego que yo apenas comenzaba a entender.
Luego volvió a él.
Tomó su brazo con naturalidad.
Se recostó ligeramente en él mientras caminaban.
Demasiado cercana.
Demasiado cómoda.
Hablándole en voz baja.
Como si compartieran algo…
que yo jamás podría alcanzar.
Mi pecho dolió.
Un dolor sordo.
Constante.
Difícil de ignorar.
—¿Qué… fue eso…?
No lo entendía.
Hace apenas unos momentos…
era atento conmigo.
Cercano.
Incluso… parecía interesado.
¿Y ahora?
Ahora…
yo no era nada.
Sentí el ardor subir a mis ojos.
Una presión incómoda en la garganta.
Pero negué.
No.
No iba a llorar.
No ahí.
No por eso.
Apreté ligeramente mis manos.
Las uñas clavándose en la piel.
Anclándome a la realidad.
—…qué humillación.
Había sido dejada atrás.
Como si fuera irrelevante.
Como si nunca hubiera estado ahí.
En medio de la calle.
Frente a todos.
Pero lo peor…
no era el orgullo herido.
Era ese dolor…
punzante…
insistente…
en el pecho.
Porque, aunque no quería admitirlo—
me había dolido.
Mucho más…
de lo que debería.
......................
Cuando desaparecieron por completo de mi vista, el mundo quedó en un silencio extraño, pesado…
casi antinatural.
Al principio pensé que era mi imaginación, que todo se debía al nudo en mi pecho, pero entonces lo escuché.
Un sonido seco, casi imperceptible…
como un pequeño crujido.
Fruncí el ceño.
El sonido volvió a repetirse, esta vez más claro.
Más cercano.
Era como cristal rompiéndose.
Levanté la mirada, confundida…
y lo vi.
y el general está lindo y la busca hayyyy 😭