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La Piel Del Subconsciente

La Piel Del Subconsciente

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Traiciones y engaños
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Fenty fuentes

Valeria sobrevive a un matrimonio gélido refugiándose en un cuarto secreto, donde plasma en lienzos los sueños húmedos que tiene con un hombre desconocido que la adora. Tras descubrir la cínica traición de su esposo, el dolor se transforma en una sed de venganza diseñada con la precisión de una obra de arte. En esta batalla por su amor propio, la línea entre la fantasía y la realidad se rompe cuando el hombre de sus pinturas aparece frente a ella, desatando un deseo prohibido que podría ser su salvación o su ruina.

NovelToon tiene autorización de Fenty fuentes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

los hilos del destino

Capítulo 15:

​El Silencio del Penthouse

​Adrián entró en su penthouse de Manhattan con el cuerpo presente, pero la mente todavía en aquel escondite donde acababa de dejar a Valeria. El silencio del apartamento, usualmente un refugio de paz, hoy le resultaba opresivo. Se quitó el saco y lo lanzó sobre el sofá de cuero italiano, desabrochándose los primeros botones de la camisa mientras caminaba hacia el inmenso ventanal que dominaba el skyline de Nueva York. Las luces de la ciudad vibraban allá abajo, ajenas a la tormenta que él estaba ayudando a desatar.

​El encuentro con Valeria lo había dejado marcado. No era solo la atracción física, que era innegable, sino esa conexión eléctrica que surgía cuando dos personas que se sienten solas en la cima finalmente se encuentran. Pero Adrián sabía que el tiempo jugaba en su contra. Estaba moviendo piezas peligrosas y el costo de un error no era solo financiero, sino personal.

​Se sirvió un whisky puro, escuchando el tintineo del hielo contra el cristal, cuando el sonido de la puerta de su oficina privada lo trajo de vuelta a la realidad. Era su asistente personal, un hombre que se movía como una sombra y que sabía más de la vida de Adrián que su propia familia.

​— Señor, lamento interrumpirlo a esta hora —dijo el asistente, manteniendo una distancia profesional—. Pero el investigador privado ha llamado tres veces en la última hora. Insiste en que la información que ha recolectado sobre la cadena de hoteles y los movimientos de Julián es crítica.

​Adrián bebió un sorbo largo, sintiendo el calor del alcohol en la garganta.

— ¿Qué tan crítica?

​— Al parecer, Julián no solo está desviando fondos de los restaurantes. Hay registros de reuniones constantes en un hotel de paso con una mujer que no es su esposa. El investigador tiene las fotos y los registros de entrada. Dice que el esquema de fraude es más profundo de lo que pensábamos y que están a punto de vaciar una de las cuentas principales de la herencia de la señora Valeria. Quiere saber cuándo puede verlo para entregarle el informe final y las pruebas físicas.

​Adrián apretó la mandíbula hasta que le dolió. Sentía una mezcla de triunfo y una rabia sorda. Tenía las armas para destruir a Julián, pero el investigador no sabía que la mujer de las fotos era Beatriz, la misma mujer que su familia quería meterle por los ojos.

​— Dile que nos vemos mañana a las siete de la mañana en el despacho privado, no en la oficina central. Y asegúrate de que no deje rastro digital de esa llamada. No quiero que nadie en la firma sospeche que estamos auditando a los De la Vega por nuestra cuenta —ordenó Adrián con una voz gélida.

​Una Visita Inesperada

​Apenas el asistente salió de la habitación, el celular de Adrián, que descansaba sobre la mesa de centro, empezó a vibrar. El nombre en la pantalla hizo que soltara un suspiro pesado: "Mamá". En el mundo de Adrián, las llamadas de su madre nunca eran para preguntar cómo estaba el clima; eran comunicados oficiales de la matriarca de la familia.

​— Hola, mamá —contestó, tratando de suavizar el tono.

​— ¡Adrián, hijo! Qué milagro que me atiendes al primer timbre —la voz de su madre, elegante y autoritaria, llenó la línea—. Te llamo para avisarte que ya tengo las maletas listas. Salgo para Nueva York en el vuelo de mañana. Necesito aire fresco y, sobre todo, poner orden en ciertos asuntos que has dejado pasar demasiado tiempo.

​Adrián cerró los ojos y se apoyó contra el ventanal, viendo su propio reflejo en el vidrio.

— Mamá, no es un buen momento. Estoy cerrando varias licitaciones y el ambiente en la ciudad está muy tenso con el tema de los hoteles de Valeria.

​— Precisamente por eso voy, querido. Sé perfectamente lo que pasa. Pero no voy a hablar de negocios, voy a hablar de tu vida —ella hizo una pausa dramática, de esas que usaba para que sus palabras calaran hondo—. Adrián, ya no eres un niño. Beatriz me llamó ayer y la noté muy angustiada. Ella siente que te estás alejando, que tu cabeza está en otra parte. He decidido que vamos a organizar una cena en cuanto llegue. Quiero que hablemos seriamente de cuándo vas a entregarle el anillo de compromiso.

​Adrián sintió un nudo en el estómago. La ironía era casi insoportable.

— Mamá, no metas a Beatriz en esto. Las cosas entre ella y yo no son lo que tú crees.

​— No me vengas con excusas, Adrián. Esa muchacha es de nuestra clase, conoce el negocio y tiene la ambición necesaria para estar a tu lado. Además, ya va siendo hora de que pienses en el legado familiar. Quiero ser abuela, hijo, y no voy a esperar a que cumplas cincuenta años para ver un heredero. Beatriz es la mujer ideal para darme esos nietos y consolidar nuestra posición en la sociedad. Así que prepárate, porque voy dispuesta a que salgas de esa cena con una fecha fijada para la boda.

​— Hablamos cuando llegues, mamá. Ahora tengo que colgar —cortó Adrián, incapaz de seguir escuchando aquel plan que sonaba a sentencia de cárcel.

​La Encrucijada

​Lanzó el teléfono sobre el sofá y terminó su trago de un tirón. Se sentía atrapado en una red que él mismo había ayudado a tejer por inercia. Por un lado, tenía la lealtad hacia su familia y las expectativas de una madre que no aceptaba un "no" por respuesta. Por otro, tenía la verdad sobre Beatriz, una mujer que no solo lo engañaba a él, sino que estaba destruyendo a la mujer que realmente le importaba.

​Si revelaba las fotos del investigador, no solo hundía a Julián, sino que destruía la reputación de Beatriz y, por extensión, manchaba el nombre de su propia familia al verse involucrados con una estafadora. Pero si se callaba, Valeria perdería todo lo que su padre construyó.

​Adrián volvió a mirar hacia el horizonte de Nueva York. La ciudad que nunca duerme parecía estar esperando su siguiente movimiento. Sabía que la llegada de su madre iba a precipitar las cosas. Ya no podía seguir jugando a dos bandas. Tendría que elegir entre el deber familiar que lo asfixiaba o la justicia para Valeria, aunque eso significara prenderle fuego a todo lo que su madre consideraba "perfecto".

​Se dirigió a su habitación, pero sabía que no iba a dormir. El reloj de la pared marcaba el inicio de una cuenta regresiva. En menos de veinticuatro horas, tendría las pruebas en su mano y a su madre en su puerta. El juego se había acabado y, en el tablero de Nueva York, solo uno podía quedar en pie.

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