María, enamorada del príncipe de sus sueños como toda doncella, todo a su alrededor caera cuando descubra que no todo lo que creía, era real, y la desilusión la lleva a tomar una decisión, un sacrificio que cambiará su vida y la de todos los reinos.
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CAPÍTULO 10
María no le decía nada solo se le quedó mirando, se sentía molesta y realmente sentía que ese hombre necesitaba una lección sobre modales hacia una dama; enfurecida jala su brazo, con una violencia que logró hacer que la soltara y con altanería le dice. - ¿Qué te pasa? ¿Qué demonios te hice yo para que te metas tanto conmigo? ¿Qué es lo que quieres de mí?
Te la pasas molestándome sin ninguna razón, no he violado ninguna de tus tontas reglas y sin motivo usted, se la pasa acosándome, se comporta como un salvaje cuando se dirige hacia mí; disculpa que te diga, pero soy una jovencita y no me refiero a ser noble, solo soy una mujer que merece respeto.
El respeto de un hombre, donde no me toca sin que yo le dé permiso y sobre todo no me habla inapropiadamente, pero sobre todo me cuida solo por ser una mujer indefensa y no me refiero a cosas vanas, me refiero a cosas donde me pudo lastimar físicamente.
Le pido que me deje en paz, que deje de meterse conmigo, yo no estoy haciendo nada malo, estoy siguiendo las reglas como todas aquí o acaso te enamoraste de mi belleza que solo tratas de llamar mi atención; si tengo razón en esto último, déjeme le digo, que no le va a funcionar, solo se va a ganar mi desprecio.
Aquiles se empezó a reír, aunque estaba molesto y tratando de sonar tranquilo le dice. – ¿Tú una belleza? Qué ridículo se escucha eso, jamás me fijaría en una mujer de un reino tan insignificante como el tuyo.
No me interesa dirigirte la palabra, me da igual quien seas o lo que tengas que hacer para sobrevivir, pero mis reglas se respetan y tú las rompistes, por eso me veo obligado a llamarte la atención, a castigarte.
María cruza sus brazos, lo mira a los ojos de manera retante y molesta le dice. - ¿Cuál regla he roto? Necesito que por lo menos me diga ¿Cuál fue?
No es justo que me castiguen sin saber por qué, de esa manera no puedo aprender y reflexionar sobre mi error.
Aquiles sonríe y con una emoción le dice. – dejaste comida en el plato, aquí no se desperdicia.
María se ríe por el error del hombre y voltea a ver al hombre que estaba recargado en el mástil en ese momento le dice. – caballero, puede explicarle o tengo que ser castigada sin razón.
Omar estaba recargado en el mástil, riéndose de su amigo, en ese momento Aquiles lo mira y molesto le dice. – ¡Omar!
No hizo falta que dijera nada más, para entender que le preguntaba sobre lo que dijo María; divertido se acerca a ellos y con una tranquilidad dijo. – La jovencita solo va al baño y regresa a comer.
Creo que ella tiene razón, no está violando las reglas, cuando uno tiene ganas hay que complacer al cuerpo.
Capitán, creo que ella no ha hecho nada malo aún para que usted tome una actitud tan violenta; además tengo que agregar que ella fue muy amable, se ha presentado a mí. Me dijo que se llama María y educadamente me pidió el permiso, hasta me dijo que si no se podía ella iba a entender porque no quería meterme en problemas, que le indicara a quien podía pedirle el permiso.
Aquiles se sintió avergonzado, se había adelantado y estaba quedando muy mal, sus hombres lo miraban, todos sorprendidos por su actitud, nadie lo había visto ser así con ninguna jovencita.
Sí era duro cuando se requería, pero no lo era sin necesidad, no sabía qué decir, la mirada de todos lo hacía sentir más incómodo, pero en ese momento mira a María y la escucha decir con altanería. – capitán, aclarado todo ¿ya puedo ir al baño?
Por su culpa mi comida se enfría y no es agradable comerla de esa manera. Digo hablando de que no es bueno desperdiciarla y yo merezco un poco de trato humanitario, no soy un animal.
Aquiles no pudo decir nada solo se dio media vuelta y regresó a donde estaba el timón, aunque se acercó a la proa, para alejarse de todo, se quedó viendo al mar para calmar su enojo.
María odiaba que le dieran la espalda y más que la dejaran con la palabra en la boca, quería su respuesta; estaba por tomarlo del brazo, cuando Omar se metió en medio y con una sonrisa y tranquilidad le dice. – señorita María, por qué no va a hacer sus necesidades.
Recuerde que su comida se enfría y no puede dejar nada en el plato, aunque se ponga mala, son las reglas de nuestro barco, no me gustaría tener que castigarla por romper nuestras reglas.
María controla su molestia, pone una hermosa sonrisa y con tranquilidad le dice. – ¡Caballero Omar! Discúlpeme, espero no rompa las reglas por llamarlo por su nombre, ¿puedo hacerlo?
Omar se ríe un poco, era divertida esa joven y extrañamente agradable; con una tranquilidad le dice. – solo dime Omar y yo te diré María.
Estaremos en este barco por 6 meses, creo que los títulos son fastidiosos y es más cómodo cuando nos hablamos por nuestros nombres, de esta manera quien sabe podemos ser amigos; cualquier cosa que necesite puedes pedírmela, si se puede te ayudo.
María le sonríe y para mostrarle su aceptación, pone su mano en su grueso brazo, con alegría le dice. – Será Omar y sí, me gusta que me digan solo María.
Iré al baño, si no es mucha molesta puede cuidar mi plato, regreso pronto.
Omar le dijo que sí y ella corrió al baño, que estaba donde estaban los cubículos donde dormían, al bajar las escaleras y llegar al pasillo, el baño estaba en la primera puerta, era solo para sus necesidades, era del mismo diseño del que estaba en la habitación de Aquiles; el baño para bañarse estaba a un lado y el agua tenían que acarrearla de la bodega, que estaba en la parte de abajo.
Las escaleras que daban a la bodega estaban a un lado del baño, era algo bueno para acarrear el agua con el que se bañaban.
María regresó rápido a la mesa, la mayoría de las jóvenes estaban por terminar de comer; ella se sentó sin poner atención, pero había un problema del que siempre sufría, era buena comiendo y bastante, pero tardaba mucho en terminar, siempre se tomaba su tiempo, no podía hacerlo rápido.
Todas las jóvenes terminaron rápido de comer, solo quedó ella, iba a la mitad de su plato, se sentía presionada, hasta escuchaba como uno de los hombres se empezaba a quejar porque no terminaba; suspiró profundamente y empieza a buscar a Omar.
Lo encontró saliendo de la cocina, le hace una seña para que se acerque, cuando se para a su lado le dice. - ¿pasa algo?
María le sonríe y con timidez le dice. – soy algo lenta para comer, si tienen que levantar las mesas pueden hacerlo, puedo tomar el plato y terminar de comer parada o en la cocina, en un lugar donde no estorbe.
Omar le sonríe, pone su mano en su cabeza y le alborota el cabello, se le hacía tan tierna, que no pudo evitarlo; mira a los lados y tranquilo le dice. – es el momento de que los caballeros del barco van a comer y como tú sigues sentada no saben qué hacer.
María le sonríe y con una tranquilidad le dice. – eso se puede solucionar.
Omar se le queda mirando para ver qué iba a hacer, la mira toma su plato, el pedazo de pan que le quedaba y se mete a la cocina, la sigue para ver que estaba haciendo; al entrar a la cocina la encuentra hablando con el cocinero, no supo que le dijo, pero lo mira reírse y después la miró sentada en una silla, donde siguió comiendo.
No podía creer lo que miraba en esa joven, pero tenía algo que llamaba la atención y eso lo demostró cuando el cocinero que siempre corría a todos de la cocina, la estaba dejando estar ahí con él.