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Latidos Prohibidos

Latidos Prohibidos

Status: Terminada
Genre:CEO / Romance / Enfermizo / Completas
Popularitas:21k
Nilai: 5
nombre de autor: Thanan

Valentina Romero siempre ha vivido con una sonrisa, tratando de ver el lado bueno de la vida a pesar de su corazón frágil. Cada día es una batalla silenciosa entre la fuerza que muestra al mundo y la vulnerabilidad que la acompaña en la soledad de su habitación. Sabe que amar podría significar dolor, que entregar su corazón podría ser un lujo que no puede permitirse.

Hasta que conoce a Dante Moretti , un CEO poderoso, frío y seguro de sí mismo, cuya mirada no la trata con lástima, sino con un interés que la desconcierta y la atrae como nunca antes. Él percibe sus miedos y debilidades, pero no los juzga; él la ve.

Juntos comienzan una relación sin promesas, sin etiquetas, marcada por la pasión contenida, la complicidad y la química que ambos sienten, aunque el tiempo no esté de su lado. Mientras la enfermedad de Valentina avanza silenciosa, los sentimientos crecen y la tensión entre lo que desean y lo que temen alcanzar se hace insoportable.

NovelToon tiene autorización de Thanan para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: Silencios que Hablan

La lluvia fina acariciaba los cristales de la librería, dibujando caminos serpenteantes que distorsionaban las luces de la ciudad.

Dentro, el ambiente era cálido y bullicioso. Era la noche de lanzamiento de una novela muy esperada de una autora local, y «El Rincón de Páginas» estaba abarrotado de amantes de los libros, periodistas culturales y curiosos.

El aire olía a papel nuevo, a café recién hecho y a la humedad que se desprendía de los abrigos. Los tacones sobre la madera resonaban como un metrónomo improvisado, mientras conversaciones y risas se entrelazaban con el tintineo de copas y cucharillas.

Valentina se movía entre la multitud con una bandeja de canapés, cumpliendo su turno extra para ayudar a Sofía.

Se sentía más ligera que la noche anterior, pero una cautela nueva habitaba en sus gestos. Cada movimiento era medido, cada sonrisa, aunque genuina, estaba vigilada. Llevaba un suéter de cuello alto negro que le daba una elegancia casual y, secretamente, la hacía sentir protegida, como una armadura de lana merino.

El roce de la tela contra su piel le recordaba que podía mantenerse firme, que nada ni nadie debía desarmarla… hasta que apareció él.

—¡Val! ¿Podrías traer más vino blanco a la mesa de la autora? —le pidió Sofía, pasando a su lado con una botella vacía.

—Claro —asintió Valentina, deslizándose hacia la trastienda.

Al volver, abriéndose paso con cuidado entre los grupos de gente, alzó la mirada y el mundo se detuvo un segundo.

Dante estaba allí.

De pie cerca de la entrada, apoyado contra una estantería de clásicos, observaba la escena con esa quietud depredadora que le era tan característica.

No vestía de etiqueta, pero su atuendo —un jersey negro de cachemira sobre unos jeans oscuros y botas— delataba una riqueza discreta y un gusto impecable que lo apartaba del resto de los asistentes.

Sostenía una copa de vino tinto que no parecía estar bebiendo. Su mirada, como un radar, barría la estancia hasta que se encontró con la de ella.

No hubo sorpresa en sus ojos grises. Solo una confirmación profunda, como si hubiera acudido al evento con la esperanza tácita, casi la certeza, de encontrarla.

Valentina sintió que el suelo se inclinaba levemente, no por un mareo, sino por el vértigo de su propia reacción.

Un calor intenso le recorrió el cuerpo, concentrándose en sus mejillas. Él no sonrió. Solo la sostuvo con la mirada, un reconocimiento lento y cargado que hizo que todo el ruido a su alrededor se amortiguara. Por un instante, creyó que podía escuchar su propio corazón golpear dentro del pecho, cada latido como un tambor urgente.

Ella fue la primera en apartar la vista, sintiendo que su corazón aceleraba su ritmo de una manera que nada tenía que ver con la enfermedad y todo que ver con él. Se obligó a seguir caminando hacia la mesa de la autora, colocando la botella con manos que esperaba que no temblaran.

—Gracias, cariño —dijo la autora, una mujer de mediana edad con gafas de colores—. Esta noche es maravillosa.

—El mérito es todo suyo —respondió Valentina automáticamente, recuperando parte de su encanto social—. Su libro lo merece.

Al volverse, Dante estaba más cerca. No se había movido de su sitio, pero ahora la distancia entre ellos era menor. Un grupo de personas se había interpuesto, riendo y charlando, pero su mirada la traspasó a todas ellas, fija en ella.

Valentina tomó una decisión impulsiva. En lugar de esquivarlo o refugiarse detrás del mostrador, se acercó a una estantería cercana a la que él estaba apoyado y fingió reorganizar unos ejemplares. Sentía el peso de su mirada en la nuca, una sensación física, cálida e intensa. Cada vez que alguien rozaba su brazo, sentía como si la electricidad de sus ojos la atravesara.

No pasó nada durante un largo minuto. Solo el murmullo de la gente, la lluvia contra los cristales y la tensión silenciosa que se extendía entre ellos como un campo de fuerza. Su respiración se volvió más consciente; cada inhalación y exhalación parecía demasiado fuerte, demasiado lenta.

Fue él quien rompió el hechizo. Su voz, grave y serena, surgió justo a su lado, tan cerca que el aliento le rozó la oreja.

—«El Gran Gatsby». Una elección trágica para una noche lluviosa.

Ella se giró, encontrándose con su pecho. Tuvo que alzar la vista para mirarlo. Él había elegido el libro que ella estaba tocando sin darse cuenta.

—¿Tragedia? —respondió, forzando un tono ligero—. Yo siempre lo vi como una historia sobre la esperanza obstinada. Sobre la terquedad de creer en un futuro que nunca llega.

Los ojos de Dante brillaron con interés.

—¿Cree que es esperanza? ¿O es arrogancia? Creer que se puede repetir el pasado.

—¿No es la esperanza siempre un poco arrogante? —replicó ella, cruzando los brazos sobre el pecho—. Creer que el futuro puede ser mejor, a pesar de toda la evidencia en contra.

—Un punto de vista interesante —concedió él. Su mirada bajó hasta sus labios por una fracción de segundo, tan rápido que ella pudo habérselo imaginado—. Y personal, me atrevo a decir.

Ella desvió la mirada, sintiéndose desnuda bajo su escrutinio.

—Todo el mundo tiene un pasado que le gustaría reescribir.

—¿Incluyéndote a ti? —preguntó, su voz bajando hasta casi un susurro que solo ella podía oír por encima del bullicio.

Valentina se tensó. Era una pregunta demasiado íntima, demasiado directa. Sintió la tentación de responder con sarcasmo, de levantar un muro. Pero algo en la manera en que la miraba, sin juicio, solo con una curiosidad genuina y profunda, la desarmó.

—Especialmente yo —admitió, en un tono más bajo.

Él asintió lentamente, como si esa confesión fuera un tesoro que guardaba.

—La terquedad es una cualidad subestimada.

—O un defecto peligroso —contraatacó ella, recuperando algo de su equilibrio.

—Depende del uso que se le dé —dijo él, y una esquina de su boca se curvó en algo que casi era una sonrisa—. Como un cuchillo. Puede cortar el pan o… causar estragos.

—¿Y usted? ¿Para qué usa su terquedad, Dante? —preguntó Valentina, desafiante.

—La uso para conseguir lo que quiero. Nada más. Nada menos.

La declaración, hecha con una tranquilidad absoluta, le quitó el aire. Era tan arrogante como la primera vez que lo conoció, pero ahora, bañada en la luz cálida de la librería y dirigida solo a ella, sonaba a verdad pura. A una promesa.

—¿Y siempre lo consigue? —preguntó, desafiante.

—Casi siempre.

Su mirada se intensificó, y Valentina supo, con una certeza que le erizó la piel, que en ese momento no estaban hablando de libros ni de filosofía. Estaban hablando de ella. De esto. De lo que fuera que pulsaba entre ellos.

Un estremecimiento involuntario la recorrió. Él lo captó al instante. Su expresión cambió ligeramente, perdiendo parte de su intensidad para ganar en… ¿preocupación? Su mirada se desplazó a su suéter, como si evaluara si tenía frío.

—¿Estás bien? —preguntó, y el cambio al tuteo fue tan natural, tan posesivo, que a Valentina le dio otra vez vértigo.

—Perfectamente —mintió, clavando la mirada en el logo bordado de su jersey de cachemira—. Solo un poco de… multitud.

Él no pareció convencido. Sus ojos escudriñaron su rostro, buscando las mentiras que ella guardaba bajo la piel. Valentina sintió el impulso de dar un paso atrás, de romper el hechizo que la mantenía paralizada a solo centímetros de él.

Pero antes de que pudiera moverse, él hizo algo inesperado. Alzó la mano lentamente, dándole todo el tiempo del mundo para apartarse, y con el dorso de los dedos rozó levemente la manga de su suéter, justo donde cubría su muñeca. Fue un contacto mínimo, tan sutil que podría haber sido accidental. Pero no lo fue. Fue deliberado. Una exploración. Una conexión.

El calor de su piel a través de la lana fue una descarga eléctrica.

Valentina contuvo el aliento. Sus ojos se encontraron de nuevo, y esta vez, en la profundidad gris de los de él, vio algo que la aterrorizó y la fascinó por igual: no solo deseo. Vio protección. Una feroz, intensa necesidad de protegerla.

—Tu pulso —murmuró él, su voz áspera—. Está acelerado.

Ella tragó saliva, atrapada.

—Es la cafeína —susurró, una excusa patética.

—Claro —asintió él, sin apartar los ojos de los suyos. No se lo creía. Sabía que no era la cafeína. Y ella sabía que él lo sabía.

El momento se extendió, eterno y frágil. La gente pasaba a su alrededor, ajena al duelo silencioso que se libraba entre las estanterías. Él estaba descifrándola, pieza por pieza, y ella se sentía demasiado vulnerable, demasiado expuesta.

Finalmente, fue ella quien rompió el contacto, bajando la mirada y dando un pequeño paso atrás. El hechizo se quebró.

—Tengo que… ayudar a Sofía —farfulló, sintiendo la necesidad urgente de poner distancia física entre ellos.

Dante no protestó. Solo asintió, lentamente, retirando su mano.

—Por supuesto.

Ella se dio la vuelta y se alejó, sintiendo su mirada grabada en su espalda como una marca de fuego. Cada latido de su corazón le recordaba sus palabras: «Tu pulso está acelerado.»

Al llegar a la seguridad tras el mostrador, se apoyó contra la pared, jadeando levemente. Sofía se le acercó, con los ojos brillantes de curiosidad.

—¿Estás bien? Pareces como si hubieras visto un fantasma. O como si hubieras visto a ése —dijo, señalando con la cabeza a Dante, que seguía en su sitio, ahora hablando con la autora, pero con la mirada perdida, distraído.

—Es… complicado —logró decir Valentina, sintiendo que su corazón seguía latiendo a un ritmo imposible.

—Complicado y con un jersey que cuesta más que mi sueldo mensual —refunfuñó Sofía—. Cuidado, Val. Esos tipos suelen ser de alto mantenimiento emocional.

Valentina asintió, sabiendo que su amiga tenía razón. Pero también sabía, con una certeza que le taladraba el alma, que ya era demasiado tarde para tener cuidado. El silencio entre ellos había hablado más que mil palabras. Y lo que había dicho era tan aterrador como irresistible.

Dante Moretti no quería solo su sonrisa o su sarcasmo. Quería la verdad. Y ella, por primera vez en su vida, tenía miedo de que alguien la encontrara. Y aún más miedo de que, al encontrarla, se diera la vuelta y se marchara para siempre. O, peor aún, de que se quedara.

Y algo en su pecho le decía que él no se marcharía.

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America Lopez
encantadora historia, muy auténtica
Thana: Me da gusto que le gustara 🥰
total 1 replies
Melisuga
Una pareja real es un 100 % en sí misma, como un todo único e indivisible. El cómo distribuyen las porciones de ese 100 es una cuestión interna, particular de cada una, y se reacomoda minuto a minuto, según las fortalezas, debilidades y necesidades de cada uno de sus integrantes. Unas veces irán a la mitad y otras, uno tendrá que poner más que el otro para equilibrarse mutuamente. Pero siempre, SIEMPRE serán el 100 los dos JUNTOS.
💖💖💖
Melisuga
Es un proceso muy fuerte y desgastante. Se precisa mucha fuerza de voluntad y mucha fe para salir adelante. Por suerte, ellos la tienen y se sostienen mutuamente.
💖💖💖
Thana: Me alegra mucho que le esté gustando ❤️
total 1 replies
Melisuga
Ha sido un capítulo precioso y muy emotivo.
🥹💖🥹
Melisuga
Otra declaración de amor descarnada y poco común.
Melisuga
Un hombre sin conflictos externos ni hogar difícil, tan solo su propia personalidad y habilidades enfocadas hacia objetivos específicos.
Melisuga
Es el toque de humanidad que faltaba en su vida.
💖
Melisuga
Dante está desnudando su alma sin dejar nada oculto.
😍😍😍
Melisuga
A mí me resultó muy provocador...
😍😍😍
Melisuga
Sofía es una gran amiga.
💖💖💖
Melisuga
Absurdo, torcido y sacrificado; pero puro y limpio.
🥹💖🥹
Melisuga
¡Qué corazón tan grande tiene Val!
💖💖💖
Melisuga
¡Oh!
Esto sí que no me lo esperé. Me parecían unos padres medio lejanos, pero nada más. Igual, ella debió decirles.
Melisuga
Lo suponía. Sofía no sabía nada de la enfermedad de Valentina.
Izy Maldonado
Ijole que le digo, pues que logro trasmitir lo que pensaba, y me llego, gracias, gracias por compartir tu talento.
Thana: Muchas gracias por leerla y disfrutarla ❤️
total 1 replies
Melisuga
💖💖💖
¡Un amor más grande que el amor!
Melisuga
Esa es una gran respuesta. De hecho, la mejor que podría darle en estas, y cualquier otra, circunstancias.
Melisuga
La intensidad de los sentimientos y la relación de Valentina y Dante me desborda.
💖💖💖
Melisuga
Insisto, Dante hace las declaraciones de amor más bizarras y hermosas que he leído en mucho tiempo.
💓💖💓
Melisuga
Imaginar esta escena ha sido emocionante y especial, llena de una ternura y sensualidad de altos quilates.
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