cuando toda una manada está en un guerra con razas su única esperanza es alguien quien menos esperan..
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En alerta
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Mateo no dudó en pedirme que levantara la parte delantera de la moto, y claro que lo hice. Damián iba adelante en el auto de Seba, con la boca abierta de asombro.
–Dime que no es tu hermana de verdad… ¡Es una maldita diosa!–
Casi babeaba; Sebastián le pegó en la cabeza celoso, luego Lucas también lo hizo.
–¡Tú también hazlo, que sé que quieres! Te cuidaremos.– Dijo mirando a Max, quien lo golpeó igual.
En la parada, ajusté el espejo de mi casco. –“Una carrerita”– dije a Sebastián levantando la ceja. Los chicos asentían animándolo.
–¡Bien…!–
Dijo acelerando el motor. Mateo se apretó bien; cuando dio la señal verde, arrancamos a toda velocidad. Íbamos a la par hasta que apreté más el acelerador en la curva. Podía escuchar a Mateo gritar: –“¡Alexx…! La esquina!”– Al girar, sentí sus uñas clavarse en mí como las de un gato –claro que gané.
Llegamos a la casa y Mateo se tiró al suelo agradeciendo la vida.
–¡Ay, por Dios, Mateo…!– Rodé los ojos riendo.
–¡Alex… Estás loca! Eso me encantó, pero casi muero del susto.–
Los demás rieron. Entramos adentro; el delicioso olor a comida ya invadía nuestros sentidos.
–¡Oh, bienvenidos…!–
–¡Abuelitos!–
No dudé en llenarlos de besos, junto a Max. Damián se presentó, cada uno fue a bañarse y luego bajamos a comer.
–¡Padre, Alex le dio una paliza al alfa Damián!– Dijo Lucas.
Mi tío me miró orgulloso, me tendió el puño y yo lo golpeé de frente. Mi madre se disculpaba con Damián, quien solo asentía riendo.
–Quisiera que me enseñaras a pelear así; no me vendría mal aprender de una omega tan fuerte.–
Todos quedaron en silencio. Max casi se atraganta; César le golpeó la espalda riendo bajo susurrantes. Damián no entendió qué sucedió.
–¡Omega…!– Balbuceó Héctor, liberando su aura. Mi madre le tomó la mano hablándole por la mente. –“Alex… No ocultes tu olor.”– Miró a mi madre. –“No permitiré que se esconda; ella es mi hija y no debe tener miedo a nada.”–
Ester asintió; solté una sonrisa ladina. Sebastián y los demás sonrieron. Damián aún estaba desconcertado.
–“Mi hija es una alfa y elfa pura… Alfa Damián.”– Dijo firme. –“Perdón por mi enojo, pero no es una omega. Y aunque lo fuera, estaría igual de molesto por cómo la trata por su rango.”–
Apreté los labios. Mi tío hizo ruido al tomar su jugo, lo que me sacó una risa. Damián me miró sin creerlo.
–“¡Por la Diosa…! Lo siento, alfa Héctor. No me malinterprete: solo lo dije con buena intención… Yo…”–
–“Está bien, alfa.”– Dijo Ester tratando de calmarlo.
Héctor asintió, aunque aún mantenía el tono serio. Después de todo, Damián asistiría a la reunión y conocería la verdad.
–“Entonces… Alfa, pero… elfa.”–
Me miró como buscando mis orejas; rodé los ojos y aparté mi cabello para mostrárselas.
–“¿Puedo tocarlas?”–
Dije que sí, pero Sebastián aclaró su garganta mirando a Héctor –su cara de celoso fue tal que Damián bajó la mano al instante.
Después de comer, quedamos un rato afuera. Me encantaba cerrar los ojos sintiendo la luna; estaba acostada en el pasto junto a Max, quien ya ronroneaba dormido –se relajaba tanto que se quedaba rendido en segundos.
–“Se durmió.”– Balbuceó Mateo; los demás reían.
–“¿Puedes hacer magia, Alex?”– Preguntó Damián.
–“Sí.”– Moví mi mano haciendo crecer un tronco bajo él, para luego desaparecerlo.
–“¡Wow! ¿Puedes hacer que crezca algo más?”– Dijo Lucas.
–“Todo lo que sea naturaleza. Si es algo físico, ve a un urólogo.”– Dije burlona. Lucas me tapó la cara molesto; Damián y Sebastián soltaron una carcajada.
–“Muy graciosa, Alex.”– Rodó los ojos. Hice crecer varias flores alrededor suyo, entrelazadas en una enredadera.
–“¡Ay, no…! Eso es genial!”–
También lo enredé a Damián en un árbol. –“¡No es gracioso, Alex! ¡Bájame!”– Decían los dos.
Sebastián me miró negando con la cabeza; también lo colgué de patas arriba mientras reía. –“Ahora los dejaré ahí… Espero que les guste ser murciélagos un rato.”– Reía a carcajadas.
Por la ventana, Héctor y mi madre nos miraban.
–“Ellos le caen bien.”– Dice Héctor. –“Estoy muy feliz por eso… Tenía mucho miedo de que no les agradaran los chicos.”–
–“Todo mejorará… Ya verás. Pero me preocupa más que ahora los tengas colgados como monos mientras los balanceas.”– Dijo Ester señalándolos.
Después de hacerlos sufrir un rato, nos fuimos a dormir. Sebastián tuvo que cargar a Max por lo profundamente dormido que estaba.
–“Nos vemos, Alex.”– Damián me sonrió coqueto, después de anotar su número en mi celular y pedirme que lo llamara.
–“Nos vemos, alfa.”– Sonreí dejando un beso en su mejilla antes de entrar.
Héctor ya estaba de brazos cruzados en la puerta. Lo miré sonriendo: –“Buenas noches, Héctor.”–
–“Alex…”– Me detuvo.
–“Sí…”–
–“Mañana quiero que estés cerca de los chicos y Sebastián. La reunión es seria: habrá vampiros, magos y seguro otros clanes… El alfa Damián es bueno, pero no conocemos a todos.”– Decía.
Mi rostro se tornó serio al escucharlo; debía estar más que alerta. Nayla también se inquietó. Asentí a sus palabras.
–“Y el Rey Licántropo pidió verte a solas; seguro te hablará en profundidad de lo que está sucediendo.”– Terminó de decir.
–“Está bien, estaré atenta. No te preocupes.”– Dije subiendo las escaleras, pero me detuve un instante y volví hacia él. Lo miró dudoso hasta que le di un abrazo rápido y subí corriendo.
Héctor quedó sonriendo ante el gesto. Ester, que estaba arriba, vio la escena y sonrió bajando hasta él. –“¿Viste eso?”– Susurró; Ester asintió.
En la habitación, sonreí ladina, abrí la ventana completamente y cerré los ojos. La luna estaba más que redonda e iluminada; me llamaba cada vez más y me relajaba profundamente. No dudé en bailar suavemente frente a ella hasta que me cansé, quedándome dormida con la brisa acariciándome.
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