Él es Leonardo "Leo" Santamaría, hijo de uno de los dueños del hospital más prestigioso del país. Un médico brillante, pero arrogante y mujeriego. Es conocido por sus noches de fiesta, su actitud despreocupada y su fama de ser un profesor insoportable. Para él, la vida es un juego en el que nunca ha tenido que luchar por nada… hasta que la conoce a ella.
Ella es Isabela "Isa" Moreno, una estudiante de medicina determinada a convertirse en doctora para asegurar un futuro para su hijo. A sus 24 años, ha aprendido a ser fuerte, a sobrevivir sin ayuda y a mantener su vida privada en secreto. La última persona con la que querría cruzarse es con un profesor prepotente como Leo, pero el destino tiene otros planes.
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capítulo 9
ISABELA MORENO
Leo detuvo el auto frente a su departamento y se volvió hacia Isabela. "¿Estás segura de que quieres hacer esto?" le preguntó, aunque ya sabía la respuesta.
Isabela asintió con la cabeza, su mirada fija en la oscuridad del parabrisas. "Sí, estoy segura", dijo con voz baja.
Leo salió del auto y rodeó el vehículo para abrirle la puerta a Isabela. Ella salió y se estiró, su cuerpo delgado y elegante bajo la luz de la luna.
Entraron en el departamento y Leo cerró la puerta detrás de ellos. Isabela se detuvo en la oscuridad del salón y dijo: "No enciendas las luces, por favor."
Leo asintió y se acercó a ella. La tomó de la mano y la llevó a la habitación. La acostó en la cama y se sentó a su lado.
"Tengo algunas reglas", dijo Leo, su voz baja y suave. "No te besaré en ningún momento."
Isabela asintió, su mirada fija en la oscuridad. "Acepto", dijo.
"Pero tienes que prometerme algo", agregó Leo. "No me dejes ninguna marca de chupetes."
Isabela se rió suavemente. "Lo prometo", dijo.
Y entonces, sin decir una palabra más, se entregaron el uno al otro. Sus cuerpos se movieron en la oscuridad, sus respiraciones entrelazadas en un ritmo sensual.
Aunque Leo había dicho que no la besaría, no pudo evitar probar sus labios. Y cuando lo hizo, Isabela se abrió a él, su boca suave y cálida bajo la suya.
De repente, lo que había comenzado como un encuentro casual se convirtió en algo más. Pasaron de tener sexo a hacer el amor, sus cuerpos y almas entrelazados en una danza de pasión y deseo.
En ese momento, nada más importaba. Solo ellos dos, perdidos en la oscuridad, buscando el placer y la conexión en los brazos del otro.
Isabela se despertó lentamente, sintiendo un brazo pesado sobre su cintura y una cabeza acurrucada en su cuello. Al principio, no supo dónde estaba ni qué había pasado, pero cuando recordó la noche anterior, se sintió un poco incómoda.
Se dio cuenta de que Leo todavía estaba durmiendo, y decidió apartarse de él suavemente para no despertarlo. Se levantó de la cama y comenzó a vestirse en silencio, tratando de no hacer ningún ruido que pudiera despertar a Leo.
Mientras se vestía, Isabela no podía evitar pensar en lo que había pasado la noche anterior. Se sentía un poco confundida y incómoda, y no sabía cómo procesar sus emociones.
Cuando estuvo lista, Isabela se acercó a la mesa de noche y escribió una nota para Leo. "Cúmple tu parte del trato", escribió. "No quiero volver a verte."
Isabela dobló la nota y la dejó en la mesa de noche, luego se dio la vuelta y salió del departamento sin mirar atrás. Sabía que había tomado una decisión difícil, pero también sabía que era lo mejor para ella.
Leo Santamaría
Me desperté lentamente, estirando mis brazos y piernas, y esperando encontrar a Isabela a mi lado. Pero cuando abrí los ojos, me di cuenta de que estaba solo en la cama.
Me senté rápidamente, mirando alrededor de la habitación, esperando verla sentada en el sofá o en el baño, pero no había rastro de ella.
Me sentí raro, confundido. Normalmente, era yo el que se iba antes de que las mujeres se despertaran. Me gustaba mantener las cosas simples, sin complicaciones. Pero con Isabela, algo había sido diferente.
No sabía por qué la había llevado a mi departamento. Siempre que me acostaba con una mujer, la llevaba a un hotel. Era más fácil, más seguro. Pero al ver a Isabela vestida elegante, algo en mí había cambiado. Me di cuenta de que ella no merecía ir a un hotel, que merecía algo mejor.
Y ahora, me despertaba solo, sin saber qué había pasado. Me sentí un poco ansioso, un poco inquieto. ¿Por qué se había ido sin decirme nada? ¿Qué había pasado?
Me levanté de la cama y comencé a buscar por la habitación, esperando encontrar alguna pista de lo que había pasado. Y entonces, vi la nota en la mesa de noche. "Cúmple tu parte del trato", decía. "No quiero volver a verte."
Me sentí como si me hubieran golpeado en el estómago. ¿Como se fue haci como hasi? ¿Qué había pasado? Me sentí confundido, ansioso, y también enojado y es irónico si fui yo quien la use jaahaaha que patético soy.
Estimada escritora, ojo con los cambios de nombres y apellidos.