_ Llego a mi casa después de un día agotador, solo quiero un baño y dormir por toda una semana. Todo está oscuro, entro sin fuerzas, camino como zombi hasta que ¡bam! caigo en el piso. ¡Mierda! He tropezado con algo. ¡¿Qué es esto?! Enciendo las luces, !!! Mi casa esta toda revuelta, faltan los muebles, no hay nada todo está vacío. Ni los electrodomésticos, ni mesas, ni sillas, no hay nada. ¿A dónde han ido mis pertenencias?, avanzo por la habitación, ¡me han robado!, ¡¿cómo sucedió esto?!
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Vampiros
Victoria: no te referirás a caballos y carruajes ¿no?. *Por su mirada creo que di en el clavo*. No podemos solo pedir un auto.
Claus: puedes, pero ten en cuenta que eso solo lograría que quien haga la entrega no vuelva nunca a su hogar y Shadowvale no es amable con los extraños. Ustedes no lo han vivido porque tienen un sitio a donde ir, pero otros no tendrán más remedio que pertenecer a alguna que otra familia fundadora para sobrevivir.
Alex: ¿qué quieres decir?
Claus: Lumiel maldijo este lugar y condenó a sus moradores al hambre, olvidan acaso la historia que les contó Norton.
Verónica: pero eso fue hace mucho tiempo.
Claus: y aún prevalece, la única fuente de alimentos como frutas y verduras son los Reith y ellos se aseguran de que aquellos con menos poder sientan la desesperación de no tener que llevarse a la boca.
Alex: eso es muy cruel.
Claus: es su castigo hacia el pueblo que levantó sus armas contra su familia y no los dejó escapar de su destino sangriento. Todo tiene su precio y sobretodo sus consecuencias.
Alex: pero, nunca he visto que falte alimentos en esta casa.
Claus: los Harrison están en la cima de todas las familias, todos les rinden cuentas pues las respuesta a sus problemas yacen en estas cuatro paredes.
Verónica: ¿que quieres decir?
Claus: si son listos atarán los cabos.
Alex: ¿por qué el libro no dice nada sobre la historia de Lidia?
Claus: pregúntale.
Alex: ¿qué? *No dice nada más solo se va*. Nunca me acostumbraré a él, es extraño.
Verónica: lo es pero, parece que nos dio un pista por extraña que parezca.
Alex: ¿en serio planeabas dispararme?
Verónica: no lo sé, no me malinterpretes no quería ni quiero hacerte daño. Eres alguien preciado para mí, pero necesitaba que me escucharas y no tenías la intención de hacerlo. Si no hubiéramos vuelto...
Alex: ni lo menciones, debemos hablar nuevamente con Norton hay que escuchar el resto de la historia.
Verónica: lo sé, vamos a la habitación y veamos nuevamente ese libro. Parece que nuestra única opción es saber lo que dice de esas dichosas familias.
Alex: ¿por cuál empezamos?
Verónica: los Windsor, ya que Claus está tan cerca de nosotros será mejor saber la historia detrás de él.
Alex: me parece bien. *Otra vez las páginas del libro nos absorben en otro relato extraño.*
La familia Windsor, la historia de su origen es todavía un misterio. En un pueblito apartado en quién sabe donde, una gran familia duerme. Los patriarcas, progenitores de siete hijos varones duermen. Pero el mal asecha en las sombras, en su hogar, ¿con qué propósito?, quién sabe. El hombre y su mujer despiertan en medio de la noche ante la desesperación de ahogarse lentamente con su propia sangre. En silencio luchan por su próxima bocanada de aire, alguien ha cortado sus gargantas, sus cuerdas vocales, pero no lo suficientemente profundo para que mueran con rapidez. Ni tan leve para no ser una herida mortal, desde una esquina una lúgubre figura observa sus movimientos desesperados y parte a la habitación de sus hijos. Puerta por puerta, uno por uno, entra y muerde sus gargantas haciendo que el sonido se quede atrapado en sus bocas y el dolor de la mordida les paraliza el cuerpo como si los llenaran de veneno. Pero el amanecer está a punto de llegar así que la tétrica figura desaparece, dejando aquel hogar en la agonía. Los padres muriendo lenta y dolorosamente, la sangre en sus bocas dificulta su respiración, la simple acción de pedir ayuda. Las fuerzas del cuerpo desaparecen a cada segundo que pasa dejando como certeza que morirán, pero ninguno de sus hijos ha ido a ver por qué aún no se levantan y la ayuda parece totalmente lejana. Mientras, en el resto de las habitaciones los jóvenes se retuercen como si cada célula de su cuerpo se quemase, se destruyese y volvieran a juntarse. En cada habitación solo se escuchan leves alaridos, quejidos de una transformación forzada y dolorosa hasta que al fin cae la noche y el malestar cesa. Sus cuerpos recuperan la movilidad y su olfato se agudiza.
_ ¿Qué es eso? ¿a qué huele?
Dice el primer hermano, su mente se centra solo en ese olor que lo envuelve. Como si su madre recién terminara su comida favorita y su fragante fragancia lo llamara a saciar el hambre que le corroe las entrañas. No piensa en el extraño que lo atacó en la noche, que lo dejó inmóvil, ni que se mantuvo agonizando por todo un día, que no ha visto a sus padres. Ni conocen su estado o sí ese extraño también los dañó, ni siquiera encuentra raro que el aroma tan delicioso no viene de la cocina sino de la habitación principal y detrás de él el resto de sus hermanos. Apresuradamente, abren la puerta, sus padres yacen moribundos pero aún consientes. Al ver el matrimonio a sus vástagos, que están bien, con vida, sus preocupaciones se vuelven ligeras. El miedo a morir existe, pero es más aterrador dejar el mundo después que tus hijos, que no han vivido lo suficiente para haberse creado su propia familia.
Están bien.
Era el pensamiento de ambos padres, pero los ojos casi sin fuerzas de la madre notaron que algo andaba mal. Sus hijos estaban pálidos y sus ojos tenían un brillo que no había visto nunca, podían verlos heridos pero no corrían hacia ellos a brindar auxilio. Solo estaban ahí sin saber que hacer y rápidamente ambos lo entendieron. Hacía unas semanas había un rumor extraño, de que un nuevo señor había llegado a esas tierras. Que nunca salía de día, que su figura era sombría, que no le veían comer, que muchos de de sus sirvientes desaparecían y sus cuerpos eran encontrados mucho después, comidos por animales para ocultar que sus cadáveres no tenían ni una gota de sangre, que sus cuellos estaban llenos de incisiones profundas. En la mente de los moradores un viejo mito se grabó con fuego, vampiros, y ahora que veían a sus hijos a sus queridos hijos, no podían más que lamentarse de no haber abandonado el lugar cuando empezaron los rumores. Esa misteriosa figura estaba haciendo crecer su rebaño y había escogido a sus siete muchachos para robarles el futuro como humanos. Entendieron el por que los habían dejado moribundos, eran la cena. Morirían devorados por sus propios hijos, sus pequeños príncipes y los jóvenes ahí inmóviles, no sabiendo como explicar que sus padres ensangrentados en su lecho fueran la fuente del olor que los hacía babear del hambre.