_ Mamita... no me dejes aquí...- dijo la niña asustada. En medio de aquel bosque oscuro y aterrador.
_ No tengas miedo confía en mi pequeña, sólo espera aquí ¿Sí?- le indicó la madre, pero la mujer sabia muy bien que jamás vendría por ella- Escuches lo que escuches no te muevas de allí...
En ese instante da comienzo a mi caótica vida, conociendo a seres que nunca creí que existieran, un mundo de pesadillas, horror y misterio_ Conozcan mi vida, la vida de Bianca Scott.
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Capítulo. IX. Un vestido.
La luna se cuela por mi ventana dejando iluminada mi habitación con su azul luz. Me senté en el borde de la cama, aun con la toalla en mi mano, cierro los ojos el baño me hizo bien, ya no estoy tan estresada. En cuanto a lo de Arán sólo lo hago porque Ann y James me lo pidieron, y de cierto modo es lo mejor.
Me dejo caer sobre el blando colchón; en algunas ocasiones el miedo llena mi mente cuando pienso en lo que me pasó hace tres días, recordar la cara de esa cosa me causa insomnio. Suspiro y miro al techo, después me doy la vuelta.
_ No quiero estar nunca más así... – digo en un susurro.
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Tengo frío, mucho frío; pienso mientras abro lentamente mis ojos. ¿Dónde estoy? Me levanto y observo que estoy en medio de la nada, sólo es un campo llano sin más que hierbas y flores. Mis ojos bailan de un lado a otro buscando algo familiar, pero nada, todo es tan verde y azul. Como si el cielo y el verde pasto se unieran en algún punto fijo. De repente el viento sopla con toda sus fuerzas arrastrándome lejos de ahí.
Al abrir mis pupilas estoy rodeada de árboles gigantes y diferentes ruidos se hacen notar de inmediato.
_ ¿James, Arán? – pero nadie responde mi corazón parece que va estallar.
Unos gruñidos se escuchan de entre la oscuridad, y unos ojos rojos se hacen visibles y sin aviso un enorme lobo negro se abalanza sobre mí. En ese momento mis ojos se abren ubicándose.
Miré de un lado a otro orientándome, al notar que estoy en mi habitación un llanto ahogado rasga mi garganta, tapo mi boca para que no salga ni un sollozo. Me siento tan sola que duele, así que me acurruco en el centro de la cama. Esa cama tan grande y fría; se es tan solitario vivir aquí.
Quiero a mi madre, a mi padre, quiero regresara mi hogar… Un golpecito en mi puerta me despierta, abro los ojos y la habitación esta iluminada por los rayos del sol. Al abrirse la puerta veo a Ann con una pequeña bandeja con algo de comida.
_ ¡Ah! Lo siento la desperté. – dice con una leve sonrisa. pero su rostro esta sombrío.
_ No te preocupes. – le digo colocándome de pie. – por lo que veo me salte el desayuno.
Ann me mira sorprendida.
_ Se… Señorita ya pasan de las dos de la tarde. – responde Ann en voz baja.
_ ¡Qué! – vocifero dirigiéndome al reloj en la mesilla. – Es cierto… – dejándome caer sobre el sillón.
_ No se preocupe señorita Bianca. Vamos levántese de allí y vaya por un baño. – dice mientras me arrastra a la puerta. – le traje una merienda se la preparare. – insisto Ann esta distante y formal conmigo.
Después de cerrarse la puerta mis pensamientos comienzan a navegar en mi mente confundida, suspiro. – así están las cosas. – algo malo está sucediendo, siento que mi tiempo y espacio ha sido alterado de alguna manera o quizás me estoy volviendo loca, en estos momento me es difícil pensar.
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La fresca brisa de la tarde me tranquiliza, puedo escuchar el cantar de algunas aves. Me siento libre. El jardín trasero es mi favorito aquí se respira tranquilidad; una linda mariposa amarilla pasa por el frente, no hago más que seguirla con la mirada, ella se posa justo en los rosales. En ese momento recordé lo de ayer “Confía en mí” esas palabras que salieron solas de mis labios, siento como mis mejillas se enrojecen de la vergüenza. No por mis palabras sino por mi reacción.
_ Soy una idiota. – logro articular.
_ ¿Por qué la señorita es una idiota? – escucho decir detrás de mí.
Al girarme me encuentro con los ojos de James.
_ ¡James! ¿Des… Des… Desde cuándo estás ahí? – digo tartamudeando. Él muestra una pequeña sonrisa.
_ Desde que sus mejillas se tornaron carmesí. – indica acercándose, quedando muy cerca de mi cara. Yo de inmediato retrocedo. – Insisto la señorita luce hermosa cuando está apenada.
Esas palabras fueron suficientes para que me volviera a sonrojar hasta los pies. James me agrada y puedo llagar a decir que me gusta, pero a veces creo que es un poco aterrador. Un leve contacto me hace volver a la realidad.
_ Gracias por intentarlo de nuevo. – agradece con una brillante sonrisa.
En verdad comienzo a creer que estoy loca. Ann llega con el té, sin mirarme deposita la linda tetera de cristal, y algunos biscochos. En el momento que pensé hablarle aparece Arán frente a mí.
_ Tú y yo necesitamos hablar. – dice a secas. Yo de inmediato miro a James; él sólo me indica que valla con Arán.
Arán sujeta mi brazo y me lleva hacia los rosales, mi corazón se acelera al recordar lo de ayer. El fragante aroma de las rosas es embriagador.
_ De acuerdo. – dice soltando mi mano. – No sé cómo decirlo… – deja salir un suspiro. – Lo… siento. – articula casi en un susurro. Con la mirada fija en la nada.
Sus palabras me causan asombro ¿De vedad él se está disculpando conmigo? Lo único que hago es quedarme con la boca abierta.
_ ¿Debo hacerlo? – su pregunta me sobresalta. ¿En realidad este es Arán? O ¿Un alienígena lo suplantó? Lo miro por un segundo, estudiando cada parte de su cuerpo. - ¿Sucede algo?
_ No lo sé dime tú. – digo sin quitarle la mirada de encima. – Si de confianza se trata tú puedes confiar en mí las veces que desees, pero no me pidas que yo lo haga contigo… yo no confió en nadie que no sean mis padres. – en ese momento mis ojos baja.
Mi cuerpo está rígido, frío, tieso… como sea, eso de la confianza no es lo mío. Confíe en Karla y ella sólo lo fingió todo hasta el final, pero al menos puedo tratar de que Arán la tenga en mí. Puedo ver que es una persona solitaria y triste.
_ Ok. Lo permitiré, ya que James te lo pidió. – mi expresión fue de sorpresa ¿Él ya lo sabía? Arán muestra una leve sonrisa. – Haz lo mejor que puedas. – después de eso él medio la espalda.
¿Qué? Al parecer James es más que un simple empleado. Todavía hay muchas cosas más que me ocultan. Inhalo, bueno será mejor que vuelva. Después de tomar el té James me lleva a la biblioteca.
_ Toma asiento, hoy quiero que veas algunos vestidos. – dice buscando algo en el escritorio.
_ ¿Vestidos? ¿Para qué necesito yo un vestido? – digo confundida. James se gira y voltea los ojos.
_ ¿La señorita se le olvido que dentro de unos días será su compromiso? – yo niego con un movimiento de cabeza. – bueno eso es bueno. Aquí está este catálogo escoja el que mejor vaya con su gusto.
Mire confundida a James jamás en mi vida había escogido un vestido y menos algo tan elegante y formal. Al abrirlo quedo boca abierta son tantos y tan lindos que no sé qué hacer. Media hora después estoy cansada, tiro el catálogo a un lado.
_ ¡AaaaaaaH! ¡Qué frustrante! – grito alborotando mi corta melena.
No estoy acostumbrada a este tipo de vida, talvez las cosas hubieran sido diferentes si mi madre nunca hubiese abandonado a mi padre, pero que se le va hacer, sólo soy una simple chica de pueblo acostumbrada a vestir sencillamente, sin nada de lujos. Me levanto y me acerco a la ventana.
El cielo tiene algunas nubes grises, ya el sol está a punto de desaparecer de este lado de la tierra. De repente mis ojos visualizan una figura entre los matorrales a las afueras de la mansión, por un instante mi cuerpo se eriza, eso no me simpatiza para nada.
El sonido de la puerta abriéndose me hace voltear.
_ Señorita, ya es la hora de la cena. El joven Arán la espera. – dice con la mirada baja. Ella está dispuesta a salir cuando llego rápido a su lado y la detengo.
_ ¡Espera Ann! – ella se para en seco al sentir mi mano sobre su brazo.
_ ¿Desea algo la señorita? – Ann está actuando rara hoy.
_ ¿Estás molesta conmigo? – pregunto preocupada. Ella me mira sorprendida.
_ ¡No, para nada! Yo… yo pensé que usted… lo estaba. – indica.
_ ¿Yo molesta contigo? Jamás lo estaría… yo creí que tú lo estarías.
Ann se acerca y me abraza, aquello me toma por sorpresa.
_ Ann. – digo respondiendo a su abrazo.
_ Bueno el joven la espera en el comedor.
Mis pasos son ligeros, me siento feliz al saber que Ann y yo seguimos siendo amigas, me gusta esta sensación de paz. Llegue al comedor y me siento donde siempre, las cara de James y Arán están serias, más bien diría que les preocupa algo.
_ Bianca. – escucho decir a Arán. – mis padres adelantaron el viaje, así que llegaran mañana. – desvía la mirada hacia James. – espero que hayas elegido el vestido para la celebración de compromiso.
¿Qué? ¡El vestido! Lo había olvidado no elegí ninguno.
_ Ya veo. No lo has hecho aún. Debe ser ante la llegada de mi madre, porque si no lo haces tú lo hará ella y créeme no será de tu agrado. – sus palabras no fueron nada amable.
En realidad jamás he pensado sobre cómo será esas personas, me imagino que no seré muy bien recibida en esta familia.
_ Le pediré a Ann que me ayude a escoger uno… la verdad nunca en mi vida he usado un vestido tan lujoso. – digo mirando mis piernas.
_Pues acostúmbrate, ya que mi madre no te dejara en paz y menos sabiendo que eres hija de la mujer que le arrebato a su prometido unos días antes de la boda. – Arán levanta la copa de vino y se la lleva a la boca.
¿Cómo puede hablar así tan tranquilo de su madre? Mire mi plato con poco interés, no tengo deseos de comer nada. Me coloco de pie.
_ Disculpen ya no tengo apetito. – siento la mirada de James en mi espalda. – que pasen una buena noche. – es lo único que puedo decir. La sola idea de pensar que esa mujer sea igual de malhumorada que Arán me preocupa.
Arán no dice nada, sólo se queda allí en silencio. James se queja pero ignoro sus palabras. Vestidos, estilo, dinero, clase… son tantas cosas y que tengo miedo de estas personas totalmente extrañas para mí.
Me dirijo a la biblioteca, me siento en el sillón y tomo de nuevo el catálogo. No sé qué hacer, son tantos.
_ ¡Ya se! – salgo corriendo hasta la cocina. Ann está lavando unos trastes. - ¡Ann! – digo tomándola del brazo. – necesito tu ayuda… con esto. – finalizo mostrándole el catálogo de vestidos. Ella me mira un segundo.
_ ¡Señorita! Yo… yo… – de inmediato la interrumpo.
_ Tú has vivido con estas personas, conoces como se visten, como hablan y se comportan. ¡Vamos ayúdame! – le pido con cara de perrito abandonado.
Ann suspira. Camina hasta una de las chicas.
_ Por favor Sofía te dejo a cargo. – llego a mi lado y me dedica una sonrisa. – vamos a su habitación allí estaremos mejor.
_ ¡Gracias Ann!
_ De nada mi señorita.
Después de estar una hora viendo diferentes modelos y colores de vestidos. Ann me indica un lindo vestido.
_ Este que le parece. va mejor con usted.
Mis ojos lo observan sin parar; en realidad es hermoso de un tono melocotón, en los hombros están al descubierto con un cuello en plateado en forma de v, en la cintura diminutas piedrecillas plateadas hacen marcar la figura de la modelo, dejando que el vestido tenga pliegues que llegan hasta el piso.
_ ¡Me encanta! – digo emocionada, pero mi alegría se va a un lado al ver el precio de la delicada prenda. – esto es… demasiado dinero. – siento la mano de Ann sobre mi hombro.
_ No se preocupe por esas cosas el joven Arán, se encargara de todo los gastos.
Las palabras de Ann no me gustan para nada, no estoy acostumbrada a esto y no quiero ser una aprovechada.
_ Señorita ya sé lo que piensa sobre eso, pero no hay más opción que esa, el joven Arán no permitirá que usted use cualquier cosa. Las personas ricas no se fijan en las buenas acciones de las personas, sino en lo que hay en su cuenta bancaria. – Ann hace una pausa, me mira y continúa. – y usted señorita debe ser fuerte ellos no tienen compasión y al verla allí la atacaran con todo lo que tengan y la harán quedar mal.
Me levanto y camino hasta la ventana, no he querido ni imaginar lo que me espera en ese día, me aterran tantas cosas, me abrazo a mí misma. La noche se hace larga por más que intente cerrar los ojos no concilio el sueño.
Al bajar las escaleras veo a las chicas del servicio ordenando todo, sacudiendo, limpiando; una de ellas me mira.
_ Señorita el joven amo la espera en el comedor. – hace una reverencia y vuelve a su quehacer.
Las caras de Arán y James no se ven muy animadas que digamos.
_ Buen día. – saludo tomando asiento.
_ Buen día. – dice Arán sin ganas. En cambio, James me sonríe.
_ Buen día, señorita Bianca. La felicito por el buen gusto, eligió un lindo vestido. – tomo un sorbo de jugo.
_ No, los créditos son para Ann ella fue quien lo eligió.
_ Joven Arán debería pasar un rato con su prometida. – dice James guiñándome el ojo.
Arán se levanta y sale sin decir una palabra.
_ Parece que no paso una buena noche. – agrego.
_ Y como ha de pasarla, sabiendo que sus padres llegan hoy. – James mira a los lados y dice en voz baja. – quiero pedirle algo. Por favor durante la estadía de los padres del joven... – hace una pausa. – ¿Podría ser cariñosa con él frente a sus padres?
Aquellas palabras me sorprenden ¿Fingir? ¿Por qué? No aguanto más y le pregunto.
_ ¿Por qué? – James baja la mirada.
_ Lo entenderá cuando lleguen. Sólo hágalo por favor se lo pido.
Esto se vuelve cada vez más extraño y no me agrada ¿Quiénes son estas personas? ¿Qué son en realidad? Hay tantas interrogantes que siguen flotando al mi alrededor.