Hanna es una hermosa chica pelirroja con genuinos ojos color violeta, solitaria por elección. Su único plan a futuro era mantener la beca que había ganado para estudiar su especialización de fotografía avanzada en Corea del Sur y así poder cumplir su sueño, de convertirse en una fotógrafa reconocida. Lo que ella nunca imaginó era lo que tendría que hacer para poder alcanzar su meta.
Sung Hoon Suk es la estrella juvenil Surcoreana del momento, guapo, carismático, talentoso y con una carrera exitosa que subia como la espuma, pero luego de un tiempo desapareció de los escenarios, dejando a sus fanáticas confundidas, y desesperadas.
Pero... Podrán dos seres únicos, en un mundo de iguales, demostrar que el amor está por encima de todo?
Será cierto que las almas que nacieron para amarse pueden traspasar cualquier barrera?.
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Capitulo Nueve.
Sung Hoon esperaba distraído al lado de su Mercedes Benz de color negro, cuando posó los ojos en una despampanante joven pelirroja que llevaba un vestido de organza de color blanco, su pelo siempre le había atraído, pero en aquel momento experimentaba un deseo incontenible de atrapar un puñado y apropiarse de sus labios.
Siempre había considerado hermosa a Hanna, pero nunca tanto como entonces. Retrocedió sin ser consciente de ello, como si una parte de si mismo hubiera reconocido instintivamente el peligro.
Pero aquella atracción sexual era tan avasallante e inesperada como la fuerza de un tornado, su abdomen se tenso cuando Hanna cruzó la mirada con él. Todo lo que había pasado entre ellos en la mañana se reprodujo en su mente mientras la joven caminaba hacia él con una sonrisa radiante. Después se sonrojó, Sung Hoon temblaba por dentro incapaz de contener las eróticos imágenes que poblaban su mente, pero se inclinó rápidamente hacia ella, esforzándose por ser un caballero.
_ Está usted espléndida señorita.
_ Me siento complacida.
Una agradable brisa mecía las hojas de los árboles de la calle, mientras Sung Hoon la ayudo a ocupar el asiento del copiloto, luego se pusieron en marcha.
_ ¿A dónde iremos?
_Se me ocurrió cenar en mi departamento ubicado en el centro de Busan, no quiero tener que toparme con reporteros chupa sangre, y arruinarte la velada, ¿espero no te importe? dijo él.
_ Entiendo, y no me importa_ dijo Hanna tratando de sonar calmada, tras el comentario despectivo de él hacía los periodistas.
Al cabo de unos minutos ya estaban ingresando en el aparcamiento de un edificio elegante, Sung Hoon saludo al guardia de seguridad, quien lo reconoció enseguida, subieron hasta el piso veinticuatro en un elevador alfombrado, cuando las puertas se abrieron Hanna se quedó sorprendida por el lujo y elegancia del lugar, nada comparado con la decoración sencilla y amigable de la casa en el bosque.
El apartamento tenía un amplio pasillo el cual estaba cubierto por una gruesa alfombra de color blanco, las paredes eran de color champagne, estaba lujosamente amueblado, contaba con dos dormitorios enormes, un estudio pequeño lleno de libros y equipos electrónicos, una cocina bien equipada, un baño, pero lo que realmente dejo sin habla a la chica fue la espectacular vista de una gran ventana que dejaba al descubierto la metrópolis de Busan, las luces parpadeando como pequeños farolitos bajo ellos. Sung Hoon tomó la mano de Hanna y la guío hacia el balcón a través de las puertas corredizas, allí se había dispuesto una mesa con entremés y una botella de vino, las velas encendidas y las luces que caían en cascada colocadas en el techo le daban al ambiente un toque íntimo y romántico.
_ Espero que te guste_ le dijo Sung Hoon con la voz llena de expectativas.
_ Oh, Sung Hoon, es precioso!
Hanna se volvió para mirarlo y al instante los labios de Sung Hoon se posaron en los suyos, unos labios cálidos, suaves e inquietos. Sung Hoon hundió los dedos en su cabello y le hizo inclinar la cabeza para que encajaran mejor sus bocas en aquel beso.
Aquella era una parte apasionada y descontrolada de ella misma que desconocía, solo deseaba envolverlo en su cuerpo en ese preciso instante, él era tan hermoso, tan fuerte, tan apasionado… Lo deseaba con ímpetu, quería entregarle su virginidad, sabía que era un regalo que el tesorería y estaba segura que Sung Hoon sería un amante considerado.
La joven deslizó las manos sobre su pecho y después necesitando tenerlo más cerca, sentir su piel en contacto con la suya, le sacó la camisa de la cintura del pantalón y exploró los rígidos músculos de su perfecto y firme abdomen. Sung Hoon gimió por el placer del contacto de las suaves, temblorosas e inexpertas manos de Hanna, profundizó su beso, explorando cada rincón de su boca, llenándola con su cálida lengua, mientras deslizaba las manos desde su pelo hasta sus senos, ya no soportaba que la tela del vestido obstaculizará su recorrido, así que lentamente le abrió el cierre de la espalda, haciendo que la prenda se deslizara hasta el suelo, dejando a Hanna solo en ropa interior, temblando de pasión bajo su intensa mirada. El calor de las palmas de sus manos llevaba a Hanna hasta niveles inexplicables de deseo, y en el momento en que alcanzó con los pulgares los pezones bajo el encaje del sujetador, ella solo pudo gemir con un frenesí, que dejó su cuerpo empapado por la excitación.
Sung Hoon apartó el sujetador y llevo su boca a uno de los senos, mientras con la mano acariciaba y pellizcaba delicadamente el pezón del otro seno. Deslizó los dedos sobre la escasa seda que ocultaba su cuerpo, acariciándola a través de la tela. Hanna se arqueaba ante aquella increíblemente y erótico fricción. Sung Hoon la levantó en brazos dejándola sobre la enorme cama de su habitación, se desabrochó el cinturón, se bajó la cremallera del pantalón y liberó su masculinidad de la presión de la ropa interior, su cuerpo desnudo era impactantemente bello, tomó la mano de Hanna para que sintiera su cuerpo. Lo deseaba, deseaba su amor más de lo que había deseado ninguna otra cosa en el mundo. Movió la mano de la chica hasta su pecho para que sintiera la fuerza de los latinos de su corazón, le quitó el sujetador y con la lengua trazó un camino desde sus senos hasta su vientre, le besó entonces la parte interior del muslo y la delicada tela de la ropa interior, Hanna se retorcía de placer ante aquel íntimo contacto, gimiendo apasionadamente
Sung Hoon apartó la ropa interior a un lado y comenzó a acariciarle su piel desnuda, el calor hacía que le diera vueltas la cabeza, ella se aferraba a su cabello mientras él seguía besándola íntimamente, volvió a subir envolviéndola con sus brazos y besándola, le acarició los labios, y se alejó después de un momento, sonrío, y volvió a bajar, recorriendo con sus ojos el cuerpo de la chica, la única ropa que le quedaba eran sus bragas de seda blancas, él se las deslizo por las piernas y las arrojó al suelo, tomo la parte trasera de su rodilla y la separó de la otra, abriendo más sus muslos para él. Su feminidad estaba ahora ante él para ser tomada, escuchó el gemido de Hanna, y se agachó hundiendo su boca en ella una vez más, ella se abrió más para él, mientras arqueaba la espalda y se retorcía por el placer infinito que estaba sintiendo en ese momento.
¿Porqué, autora?