Qué harías si después de una desastrosa relación conocieras al hombre perfecto, pero éste te pide algo imposible, que elijas entre él y al padre que nunca has conocido, pero que has amado siempre.
¿Qué harías?
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Emilia
Estoy aquí una vez más. Rodeada. Al frente, ella juntos con sus amigos, alrededor todos los demás. Algunos demasiado asustados como para intervenir, otros viendo con fascinación como otro encuentro se lleva a cabo. Como la chica fea es humillada una vez más.
Siento el peso de las miradas como algo tangible aplastándome, aplastando cada uno de mis sueños o esperanzas. Dejando a su paso solo resignación y desolación.
Ella me mira con un desprecio mayor que el de cualquiera. Mientras me llama por nombres, uno tras otro, provocando las risas alrededor. Algunos como “cara de perro” no duelen tanto como los simples. Fea, monstruo, cara de hombre, esos duelen más de alguna manera.
La traición quema en mi interior, dejando un sabor amargo en mi boca, lo que me hace hacer una mueca, mientras intento con todas mis fuerzas no llorar. No puedo dejar que me vean llorar. No otra vez. La miro intentando encontrar a la niña con la que jugaba cada día, mi vecina, mi mejor amiga. No la encuentro, no logro ver más que crueldad.
Paseo mi mirada por alrededor y no obtengo ayuda, solo risas y lástima. Mi labio superior tiembla al son de mis manos. Odio sobre todo la lástima.
Trato de escapar a mi lugar feliz, pensar en mi amigo Nico, él estará como cada tarde esperando en la entrada de mi casa luego de comer. Quedamos de construir un puente sobre el canal que pasa cerca.
Un insulto particularmente doloroso entra en mi mente, cierro los ojos con fuerza y trato de concentrarme. Si Nico fuera a esta escuela podríamos jugar todo el día, pero, aunque vivimos a dos cuadras, él asiste a otra escuela.
–Mira, Caro, creo que quiere llorar –se burla una de las amigas de ella.
–Olvidas que los cerdos no lloran –dice ella despectivamente. Y luego, porque también lo conoce y sabe que es mi punto débil, dice: –¿Piensas que Nico está contigo porque le gusta jugar a tu lado? Él lo hace porque le das pena, pregúntale. Él me lo contó.
Abro mis ojos llenos de lágrimas sin derramar, viendo la expresión de suficiencia un poco borrosa en su cara. Porque sabe que no lo haré, no le preguntaré por miedo a que la respuesta sea justo esa.
¿Por qué más jugaría él conmigo por encima de los demás niños del barrio?
–Dijo que su mamá le pidió que jugara contigo y que le dabas pena porque siempre estás sola –continúa Carolina, provocando un coro de risas.
Una lágrima se escapa por mi mejilla porque esta es la primera vez que escucho lo de la mamá de Nico. ¿Será verdad?, ¿por eso juega conmigo? No, somos amigos. Los mejores amigos. No puede haber sido todo una petición de su mamá. No puede.
El miedo hace que mi cuerpo se congele. Aguanto la respiración y trato de llegar a mi lugar feliz, pero me es esquivo. Muevo mi cabeza de un lado a otro tratando de borrar sus palabras, pero se repiten en mi mente sin descanso. No puede ser. Me duele algo dentro del pecho y las ansias de llorar aumentan. Bajo mi cabeza
cuando ya no puedo sostener las ganas y las lágrimas corren libres. Mis manos forman puños por la frustración, la traición, la humillación y emociones que no logro comprender. Aprieto más fuerte hasta que mis uñas se incrustan en mis palmas, tratando de no desesperar por perder a mi único amigo. Por favor que todo haya sido una mentira.
Cuando los insultos y las risas suben de nivel, ya no puedo más. Con un último sollozo desgarrado y sin levantar la cabeza, corro. No en dirección a un profesor. No hacia el baño. Corro con todas mis fuerzas contra ella, contra Carolina, la que creí en algún momento mi amiga. Aprieto los dientes, mientras paso por su lado empujándola y haciéndola caer. Luego sigo corriendo, con todas las fuerzas que poseo, con cada fibra de mi ser, fuera de la escuela hacia mi casa y aunque las lágrimas siguen corriendo por mi cara, nunca antes me he sentido más libre.
Mientras mis zapatos golpean el piso, disminuyendo la distancia, me prometo que no la dejaré verme llorar nunca más.
Siento mi cara húmeda y me la seco cuando el hilillo baja hacia mi oreja. Mantengo los ojos cerrados, e intento borrar la pesadilla de mi mente. Sueño cada tanto con ese episodio de mi niñez. Aunque cuando estoy consciente trato de olvidar los malos momentos, durante la noche y cuando mis defensas están abajo, se cuelan y hacen estragos.
Me acomodo de lado y pienso en todo el tiempo que ha transcurrido de ese incidente, todo lo que ha cambiado. Muchas cosas en realidad, seguí sufriendo hasta que les rogué a mis padres que me cambiaran a la escuela que asistía Nico. Ellos siempre pensaron que quería cambiarme para estar cerca de él y aunque era verdad, no podía soportar más ese infierno.
Dejo que la oscuridad me envuelva y traiga consigo el sueño de vuelta, pero no lo logro. Me tapo de cabeza y mi mente inevitablemente me lleva al momento en que Nico decidió que Caro sería su novia, teníamos quince en ese tiempo y ya para esa fecha sabía que estaba enamorada de él. Fue sin duda un tiempo muy difícil, Carolina se mostraba simpática cuando estábamos con Nico, pero a solas era la misma persona cruel de siempre.
Nunca le dije a Nico sobre Carolina, ni sobre lo que me dijo ese día en la escuela. Que soy su caso de caridad. No tuve el valor de saber si era verdad, lo quería en mi vida por sobre todas las cosas. Mi lugar seguro.
Nico y Caro duraron alrededor de diez meses, tiempo en el cual nuestra amistad se volvió débil. Él continuaba pasando tiempo en mi casa, pero ya no había esa confianza. Cuando él preguntaba que me pasaba, que por qué ya no tenía tiempo para él, sólo respondía que estaba muy ocupada en la escuela. Y para no mentirle, eso hacía, estudiaba todas las tardes. Durante esa época mis notas no pudieron ser mejores.
Así fue como conocí a Ali, durante un trabajo de clases. Ella era también muy buena alumna y aunque siempre la vi en clases, nunca en realidad reparé en ella. No hasta que nos vimos envueltas en dioses griegos y romanos.
Alicia había faltado el día en que se realizó la distribución de grupos y quedó sin uno. Por mi parte estaba trabajando sola como cada vez, ya que nadie nunca me elegía como compañera, pero al día siguiente cuando ella se sentó a mi lado y declaró que deberíamos hacer el trabajo juntas, sorprendida me encogí de hombros y oculté una sonrisa. Ella fue mi salvación de la soledad cuando Nico no estaba disponible.
Todo cambió una vez que dejó a Carolina, tenía tiempo para mí de nuevo. No quiso decirme por qué terminó con ella, pero tiene que haber sido malo porque desde ese momento el odio que me tenía se triplicó y a Nico no lo puede ni ver. Lamentablemente, aún continúa siendo mi vecina.
Me doy vuelta hacia el otro lado de la cama, tratando de dejar de lado el pasado de una vez y lo logro en cierto modo. Ahora es su cara la que ocupa mis pensamientos, Nico como siempre. Siento el anhelo llenar mi pecho, es tan hermoso.
Sueño despierta creando situaciones que nunca ocurrirán, sobre como de buenos seriamos juntos como pareja. Como sería tener toda la fuerza de su mirada y su hermosa sonrisa sólo para mí.
–Eres una tonta, Emilia, déjalo de una vez y duérmete que mañana tienes que ir a la Universidad temprano –me reprendo en un susurro.
Me reprendo y trato de volver a la realidad, una donde los deseos no siempre se vuelven reales. Donde alguien que no nació bella nunca lo será, por más esfuerzo que invierta. Hago una mueca al recordar la etapa donde buscaba
cualquier manera de verme mejor, cortes de pelo, ropa, maquillaje, intenté de todo, pero no hizo gran diferencia. Ali piensa que soy descuidada con mi imagen y que me vería mejor si pusiera de mi parte, pero ella no sabe lo que se siente cuando pones tus esperanzas en algo y estas esperanzas se derrumban una y otra vez. Por más que intenté verme diferente, siempre fui el amigo de Nico, a veces todavía dudo que se dé cuenta que soy una chica.
Limpio otra lágrima que se escapa y rueda por sobre mi mejilla y nariz. Ali tiene el corazón en el lugar correcto, pero no sabe lo que se siente amar a alguien por tanto tiempo, sin que esa persona repare en ti. Mis esperanzas murieron hace algunos años ya. No me queda nada.
Un suspiro tembloroso se cuela entre mis labios. No puedo seguir así, sé que no puedo. Tengo que olvidarlo de una vez o dejar esta amistad. Él se merece a alguien de quien esté orgulloso de tener a su lado, justo como Ali. Ellos son la pareja perfecta, si tan solo ella se diera cuenta que detrás de las tonterías de Nico hay una persona compleja y leal a muerte.
Un pensamiento que da vuelta en mi mente desde hace tiempo comprime mi pecho, pronto terminaré la Universidad y quizá sea el momento de alejarme. Nadie sabe que estoy pensando en irme lejos y no pienso contarle a nadie, porque se lo qué dirán, pero, ¿cómo puedo seguir así?, ¿con este anhelo que no me deja ni dormir tranquila? Lo peor es la certeza que nunca podré tener nada de lo que deseo, nunca seré lo suficiente para él.
Los cuentos de hadas, son solo eso, cuentos. Ilusiones de gente ingenua como yo, que no tiene más remedio que soñar con lo que quiere y aceptar que eso es lo único del cuento que tendrán.