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Caída en la tentación: el CEO que no pudo resistirla

Caída en la tentación: el CEO que no pudo resistirla

Status: Terminada
Genre:CEO / Venganza / Completas
Popularitas:18.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Iris Vega

Valentina Serrano creció creyendo que su familia era la de los Córdova — un hogar lleno de amor, risas y abrazos. A los veintidós años descubre que fue abandonada al nacer por los Serrano, una de las familias más poderosas de Puerto Almería, que la enviaron lejos para criar a otra niña en su lugar.

Obligada a regresar a la ciudad que la rechazó, Valentina se encuentra con una madre que no la reconoce, un padre que solo ve peones, y una "hermana" que la odia con cada fibra de su ser. Lo único que le pertenece es un cuarto diminuto, húmedo y oscuro al final de un pasillo.

Pero Valentina no es una víctima. Es una genio de la tecnología, una mente brillante que no necesita el apellido de nadie para brillar. Lo que no esperaba era cruzarse con Sebastián Montero.

Sebastián es el CEO del Grupo Cenit, el hombre más poderoso — y más frío — de Puerto Almería. Nadie se atreve a mirarlo a los ojos. Nadie, excepto ella.

Lo que Valentina no sabe es que Sebastián lleva cuatro años obsesionado con ella. La vio una vez, sola, con un pastelito en la mano mientras todos celebraban a otra persona, y desde entonces no ha podido sacarla de su cabeza.

Ahora que el destino los volvió a unir, Sebastián hará lo que sea para protegerla: reservar todos los locales de la ciudad para arruinar a sus enemigos, orquestar la caída de dinastías enteras, cocinarle la cena cada noche con un delantal rosa — y pelear con su propio perro por un lugar en la cama.

Porque Sebastián Montero, el hombre que hace temblar imperios con una mirada, se convierte en un desastre celoso y adorable cuando se trata de ella.

Pero los enemigos de Valentina no se rendirán fácilmente. Entre conspiraciones familiares, traiciones mortales y secretos que podrían destruirlo todo, Valentina y Sebastián tendrán que luchar juntos — no solo por su amor, sino por sus vidas.

Una historia de amor, venganza y redención donde el CEO más temido del país descubre que la única persona capaz de derretir su corazón de hielo es la mujer que no necesita que nadie la salve.

NovelToon tiene autorización de Iris Vega para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Capítulo 8: Brillando con luz propia II

Valentina no entró de inmediato al reservado.

Se quedó en el pasillo, a unos metros de Ricardo y Rodrigo, con la frase clavada en la nuca: "a usted le conviene que me interese". No había cariño en esa propuesta. No había curiosidad real. Era una transacción dicha con sonrisa.

Ricardo respondió en voz baja, pero no lo suficiente.

—Valentina no está acostumbrada a Puerto Almería.

—Entonces hay que enseñarle —dijo Rodrigo.

—Es terca.

—Me gustan los retos.

Valentina sintió que el estómago se le cerraba, no por miedo puro, sino por rabia. Hablaban de ella como si fuera una empresa en problemas, un terreno con permisos pendientes, una puerta que solo necesitaba la llave correcta.

Mateo apareció detrás de ella.

—Vámonos —susurró.

—¿También escuchaste?

Él miró hacia los dos hombres.

—Sí.

—¿Y ahora sí vas a decir algo?

Mateo apretó los labios.

—Ahora no serviría.

Valentina lo miró.

—Qué frase tan útil. Se puede usar toda la vida.

Mateo recibió el golpe sin defenderse.

Regresaron al reservado. Rodrigo sonrió como si no acabara de negociar su cercanía. Ricardo actuó como si nada hubiera pasado. Camila, en cambio, miró a Valentina con un brillo satisfecho. Había entendido que algo se había movido a su favor.

Al terminar la cena, Rodrigo insistió en acompañarlas hasta la salida.

—La ciudad puede ser confusa de noche —dijo.

Valentina ajustó el bolso sobre el hombro.

—El chofer de la familia está afuera.

—Podría llevarla yo.

—No.

Rodrigo soltó una risa baja.

—Dice "no" con mucha facilidad.

—Es una palabra corta. Ayuda.

Por primera vez, su sonrisa mostró una grieta.

Ricardo se acercó justo a tiempo para oír la última frase.

—Rodrigo solo está siendo atento, Valentina.

—Y yo estoy siendo clara.

Isabel bajó la mirada. Camila fingió revisar su celular. Mateo abrió la puerta del auto antes de que alguien más pudiera ofrecerse.

Valentina subió sin mirar atrás.

Esa noche no durmió. No por Rodrigo, no solo por él. También por la tarjeta marfil de la ejecutiva del Grupo Cenit, que había dejado sobre la mesa de su cuarto junto al portarretratos de los Córdova. Dos objetos de mundos opuestos: una oportunidad ganada con trabajo y una familia ganada con amor.

A la una de la mañana abrió la computadora.

No quería que su futuro dependiera de la fundación Serrano ni de las cenas de Ricardo. Creó una carpeta nueva y la nombró "Aura". El nombre apareció en la pantalla, limpio, casi pequeño. Todavía no era empresa, ni oficina, ni equipo. Era apenas una dirección.

Durante tres horas ajustó el modelo piloto, agregó una capa de predicción de fallas y redactó una propuesta independiente: sistemas inteligentes para educación y logística social, con controles de transparencia desde el primer peso.

Al amanecer, el celular vibró.

Número desconocido:

"No acepte traslados de Rodrigo Valdés."

Valentina se quedó mirando el mensaje.

Escribió: "¿Quién es?"

La respuesta tardó menos de diez segundos.

"Alguien que también sabe leer una mesa."

Valentina frunció el ceño. No sabía si agradecer, molestarse o bloquear el número. Al final no hizo ninguna de las tres cosas. Guardó el contacto sin nombre y apagó la pantalla.

En el piso cuarenta y dos del Grupo Cenit, Sebastián dejó su celular sobre el escritorio justo cuando Diego entró con dos cafés y una expresión de sospecha profesional.

—Te vi escribir en el elevador —dijo Diego—. Tú no escribes mensajes. Dictas sentencias o firmas contratos. ¿A quién estás molestando?

—A nadie.

Diego dejó un café frente a él y rodeó el escritorio sin permiso.

—Esa respuesta fue tan falsa que me ofendió como amigo.

Sebastián bloqueó la pantalla antes de que Diego pudiera leer.

—¿No tienes trabajo?

—Tengo mucho, pero nada tan importante como descubrir si el hombre más seco de Puerto Almería acaba de mandarle un "buenos días" a una mujer.

—No fue un buenos días.

—Peor. ¿Fue una advertencia? Eso suena a ti. Cero flores, cero encanto, pura alarma corporativa.

Sebastián tomó el café.

—Rodrigo Valdés se acercó a ella anoche.

La broma se fue del rostro de Diego.

—Ah. Entonces sí era una advertencia.

—Información.

—Claro, porque si lo llamas información suena menos a que la estás cuidando.

Sebastián lo miró.

Diego levantó una mano.

—No estoy criticando. Solo digo que, si vas a meterte con los Valdés, conviene aceptar que no lo haces por la fundación educativa.

Sebastián no respondió.

Diego suspiró.

—Está bien. Haré como que no vi nada. Pero si esa chica tiene sentido común, va a bloquear tu número misterioso en cualquier momento.

Sebastián miró el celular, donde no había ninguna respuesta nueva.

—Tiene sentido común —dijo—. Por eso no va a subir sola a un auto de Rodrigo.

A las nueve, Ricardo la mandó llamar al despacho.

Camila ya estaba allí, sentada con las piernas cruzadas. Isabel permanecía junto a la ventana. Mateo no estaba.

Sobre el escritorio había un arreglo de orquídeas blancas y una caja alargada con listón negro.

—Rodrigo envió esto para ti —dijo Ricardo.

Valentina miró las flores.

—Puede devolverlas.

Camila soltó una risa.

—Ni siquiera viste el regalo.

—No lo pedí.

Ricardo apoyó las manos sobre el escritorio.

—Vas a dejar de responder como niña malcriada. Los Valdés son aliados importantes.

—Para usted.

—Para esta familia.

—No recuerdo haber firmado como activo familiar.

Isabel cerró los ojos un instante.

Ricardo empujó la caja hacia ella.

—Rodrigo te invitó mañana a la inauguración de una galería. Acepté en tu nombre.

El despacho se volvió estrecho.

Valentina no tocó la caja.

—Entonces desacepte.

—No funciona así.

—Para mí sí.

Camila se levantó, con una dulzura afilada.

—Valentina, nadie te está pidiendo que te cases con él. Solo es una salida. Te conviene conocer gente.

—Me conviene escoger a quién conozco.

Ricardo golpeó el escritorio con la palma.

—Basta. Irás.

Valentina sintió el golpe en los huesos, pero no retrocedió.

—No.

La palabra ya no sonó como defensa. Sonó como límite.

Ricardo bajó la voz.

—Mientras vivas en esta casa, obedecerás mis decisiones.

Valentina pensó en la carpeta "Aura", en la tarjeta marfil, en el portarretratos de los Córdova. Pensó en las llaves de ese cuarto húmedo que no era hogar.

—Entonces tendré que dejar de vivir aquí.

Isabel abrió los ojos.

—Valentina...

Ricardo soltó una risa seca.

—¿Con qué dinero? ¿Con qué nombre? Puerto Almería no es San Martín. Aquí la gente no sobrevive solo con orgullo.

El celular de Valentina vibró otra vez dentro del bolso. No lo miró.

Camila sí miró la pantalla de reojo cuando se encendió.

—Parece que alguien te busca mucho.

Valentina tomó el arreglo de orquídeas y la caja.

—Tiene razón en algo, señor Serrano. No voy a sobrevivir con orgullo.

Ricardo pareció satisfecho por medio segundo.

Valentina caminó hasta la puerta y le entregó ambas cosas a la empleada que esperaba en el pasillo.

—Por favor, devuélvalo al señor Valdés. Si no aceptan la devolución, tírelo.

La empleada se quedó helada.

Valentina regresó la vista a Ricardo.

—Voy a sobrevivir con trabajo.

Salió antes de que él respondiera.

En el bolso, el celular seguía vibrando. Cuando por fin lo revisó en las escaleras, encontró un mensaje nuevo de Rodrigo.

"Mañana a las siete paso por ti. Tu padre ya aceptó."

Debajo, el número desconocido había enviado otro mensaje:

"No baje sola."

1
Paula Lastreto
los quiero más cerca más amor es como que me está cansando
Teresa Rodriguez
cómo van a hacer nada el propio papá la subestima y le quita autoridad y autonomía
Teresa Rodriguez
escritora nos vamos a pasar toda la novela atacando a Valentina no la van dejar ser feliz un momento
Deisy Campos
hasta cuando repiten lo mismo recolectan prueba y no las usan la protagonista es muy estupida no se deja ayudar solo guarda evidencias hasta e final de 200 capítulos y no actúa ay no que pereza y suspense
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