Hay perdidas que te quitan las ganas de vivir. Ainara perdió a su bebé antes de conocerlo por culpa de la negligencia de su esposo.
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Llorar
Ainara tomaba un vaso de jugo, intentando concentrarse en ver las noticias y disfrutando del poco silencio que había en el hospital. Entonces alguien toco la puerta: era Ander, con una sonrisa en los labios y un bebé dormido contra su pecho.
—Mirá a quién te traje antes de irte — dijo Ander, poniendo al bebé en brazos de Ainara.
—¡Que cosita más hermosa!— dijo Ainara conteniendo las lágrimas en sus ojos y abrazando al bebé como si fuera suyo.
—Soy el tío más feliz que puede existir—comentó Ander.
—Cualquier niño se sentiría muy feliz de tener un tío como vos. En el hospital sos el tío de todos los niños. Tienes un gran corazón, Ander.
—Me hubiese gustado mucho conocer a tu bebé Ainara, lamento mucho lo que te pasó. Hay heridas que no sanan de un día a otro, permítete llorar todas las veces que creas necesario.
—Gracias por tu compañía, Ander. No creo que hubiese podido sola.
—Vos viste que el hospital es mi hogar. Aquí suceden muchas cosas. Cosas buenas y lamentablemente también malas, pero la vida a pesar de todo es linda. Eso nunca lo olvides y bueno cuando me necesites ya sabes donde buscarme.
—Aunque me den de alta seguiré viniendo. No dejaré solo a Josué.
—Josué es un niño muy especial y realmente te agradezco mucho lo que has hecho por él. Gracias a vos volvió a sonreír, a comer, a dejar de tener pesadillas y sobre todo a ser feliz. Sos su milagro.
—¿No hay noticias de sus padres?
—No sabemos nada aún.
—No es justo que niños inocentes paguen por las culpas de un adulto.
—Hay mucha injusticia a la vuelta de cada esquina, pero el universo también se alimenta de risas. Seamos los que hagan la diferencia.
—Josué podría ser hijo de cualquiera, no entiendo cómo sus padres no pueden quererlo.
—Sí sus padres no están para quererlo, nosotros podemos hacerlo ¿Verdad?
—Claro. Verdad que nosotros cuidaremos y querremos a Josué— dijo Ainara, dándole muchos besos al bebe—. Es muy hermoso tu sobrino ¿Me lo puedo robar?
—Ja, ja, ja... no puedes hacer eso. Mi cuñada me matará.
—¿Cómo lo llamaron?
—Luca.
—Es un hermoso nombre.
—Les costó elegir el nombre.
—¿A vos te gustaría tener hijos?
—Sí.
—¿Cuántos?
—Todos los que pueda ja, ja, ja...
—Serás un buen padre, Ander. Me gustaría conocer algún día a tus hijos.
—Los vas a conocer, Ainara.
—¿Cómo estás seguro de eso?
"Por qué vos serás la madre de mis hijos", pensó Ander sin quitarle la mirada. Ella no podía ver lo que Ander pensaba, pero mientras lo recorría con la mirada pudo darse cuenta de que Ander era un hombre muy atractivo. Su sonrisa carismática hacía que ella olvidara sus penas y sintiera que la vida estaba dándole pequeñas chispas de esperanzas.
—No me gustaría que te fueras, pero en cualquier momento seguro tu suegra vendrá a buscarte— dijo Ander, esquivando lo que tenía ganas de decirle en realidad.
—No quiero irme Ander. Estas dos semanas me sentí segura aquí.
—Estas dos semanas fueron las dos semanas más extrañas de mi vida. No verte dormir a lado de Josué será doloroso.
—¿Doloroso para quién, para vos o Josué?
—Para ambos.
—Ander, enserió no quiero irme.
—Es necesario, Ainara. Ahí afuera la vida continua, no podés quedarte encerrada aquí. Josué y todos los que te queremos necesitamos que sigas viviendo.
—Ya me lo explico el psiquiatra, pero me cuesta entenderlo. Afuera no tengo vida, vivo con un agresivo. Odio con todo mi corazón a mi esposo. No quiero volver con él.
—Entiendo la situación. Tienes que denunciarlo.
—No es fácil.
—Sí quieres te acompaño.
—Cuando tome una decisión, te la diré.
—De acuerdo.
—¿Ander?
—¿Qué?
— El aire que estoy respirando ahora es asfixiante. Por favor no dejes que me lleven.
En el mundo hay personas que llenan de luz la vida de otros, pero también hay personas oscuras aparentando ser de colores, escondiendo su verdadera oscuridad, sofocándose por dentro y amenazando al resto con una sonrisa engañosa.
Ander tampoco quería que Ainara se fuera, pero el sabía perfectamente que Ainara era una mujer casada y eso lo respetaba. Quería tomarla de sus manos para darle un poco de consuelo, pero en instante entró Ozias con un ramo de flores. Ander, con una sonrisa, se despidió de Ainara. En sus brazos estaba su pequeño sobrino; no podía exponerlo a más paseos.
—¿No llegué tarde o si amor?— dijo Ozias entregándole el ramo de flores y dándole un beso en las mejillas.
—No te esperaba. Se supone que tu mamá vendría— respondió Aianara, intentando no temblar mucho.
—Mamá no está bien, se quedó descansando.
—¿Qué le paso?
—Sus niveles de azúcar subieron.
—¿Puedes llevarme a verla? Por favor.
—No creo que sea buena idea. Iremos a casa. Estos días te extrañé mucho, mi amor. No sabes las ganas que tenía de que volvieras pronto a casa.
Ainara tenía muchas cicatrices provocadas por su esposo en el pecho. Veía el rostro de Ozias, pero no podía ver más que un rostro fétido y repugnante, sabía que en ese rostro no había paz, ni consuelo, ni esperanza. Solamente horror.
—¿Ozias?— dijo Ainara, algo temblorosa.
—¿Qué mi amor?
—Quiero el divorcio.
Ozias sabía perfectamente que estaba en el hospital, no podía alterarse como la última vez. Respiró profundamente conteniendo su enojó — Mi amor, sé que me porte como un completo hijo de puta, pero quiero cambiar. Por favor ayúdame a cambiar, quiero ser un buen esposo y un buen padre para los hijos que tengamos.
—Yo ya no quiero tener más hijos.
—No digas eso mi amor. Estabas tan entusiasmada por ser mamá y ahora ¿no? ¿Por qué?
Ainara en ese momento solo quería suicidarse frente a su esposo. Quería liberarse para siempre del violento sufrimiento que padecía su alma.
los personajes y crea muy bien la trama.
Joshua que astuto resultaste sabes que Aimara no es tu madre pero se lo haces creer te encanta que te abrace y llene de besos 😘😘😘🥰🥰🥰 pero no sabes si cuando te vayas sufrirá por tu partida y quieres que ella este con Ander para que no sufra lo que hace la inocencia de un niño.