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Genety 2 Redention

Genety 2 Redention

Status: Terminada
Genre:Acción / Aventura / Fantasía épica / Completas
Popularitas:31
Nilai: 5
nombre de autor: Au-angell

Después de sobrevivir a la masacre de Buena Suerte, Lía y Dikeet intentan encontrar un lugar en un mundo que las teme y las necesita al mismo tiempo. Pero cuando una nueva amenaza surge de las sombras de BioKal —más antigua, más poderosa y capaz de desafiar al cielo mismo—, las hermanas se ven obligadas a salir de las sombras.

Junto a antiguas enemigas y aliados inesperados, deberán enfrentar una fuerza que no solo quiere destruirlas, sino reescribir lo que significa ser humana… o algo más.

En una carrera contra el tiempo, entre selvas que devoran y ciudades que se apagan, descubrirán que la verdadera batalla no es contra una empresa cruel, sino contra lo que el poder hace con quienes lo persiguen… y con quienes lo rechazan.

Una historia de hermanas, traiciones, rabia y la pregunta que nunca desaparece:
¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar para proteger lo que cres que es tuyo?

NovelToon tiene autorización de Au-angell para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: Bajo Tierra

El polvo flotaba en el aire, espeso y pesado.

Chispas saltaban entre cables colgantes mientras el eco metálico de estructuras cediendo se escuchaba por todos los corredores.

Dikeet se removió entre los escombros, su cuerpo adolorido, la piel marcada por impactos y quemaduras. Tosió con fuerza, escupiendo sangre. Su respiración era agitada, pero su mente solo pensaba en una cosa.

-Lía...

Se arrastró, entre hierros retorcidos, muros agrietados y fuego apagado por el colapso. Entre los restos de una columna derribada, vio una mano pequeña y temblorosa.

-¡Lía! -gritó, la desesperación clavándosele como una lanza en el pecho.

Corrió, sin importarle el dolor. Con esfuerzo sobrehumano levantó una viga deformada, y allí estaba su hermana: inconsciente, cubierta de polvo y sangre, su cuerpo más frágil de lo que jamás la había visto. Su forma humana, sin garras ni cola, temblaba apenas por su lenta regeneración.

Dikeet cayó de rodillas y la abrazó con fuerza, con lágrimas cayendo sin permiso.

-No... no me dejes. Tú no. Tú no eres como yo...

Se la acomodó en el hombro, con cuidado de no lastimarla más. Lía era ligera, pero su fragilidad en ese momento la hacía pesar como mil pecados.

-Maldita sea -susurró, entre lágrimas-. Yo era un monstruo. Una cazadora sin alma. Si no fuera por ti... si no hubieras aparecido en mi vida... seguiría matando todo lo que respirara.

El techo crujió. La base entera se sostenía apenas, como una carcasa hueca a punto de rendirse.

Pero Dikeet no pensaba irse sin su hermana.

-¡Dikeet! -gritó una voz familiar.

Rubí apareció entre el humo, arrastrando una pierna y con un brazo ensangrentado, sujetándose contra una barandilla.

-Tenemos que movernos. Ya. ¡Este lugar se viene abajo!

Trató de tomarla del brazo, tirando de ella con la fuerza que le quedaba, pero Dikeet se zafó de inmediato.

Sus ojos, rojos de dolor, de furia, la miraron con firmeza.

-No sin ella. Si no llevamos a Lía... nada vale la pena.

Rubí observó a la pequeña, apenas respirando. Vio por primera vez a Dikeet sin su máscara de fuerza, sin su caparazón brutal.

-Está viva. Apenas, pero lo está -dijo en voz baja.

Dikeet asintió y la alzó completamente, sujetándola firme sobre su hombro, protegiéndola con su cuerpo.

El pasillo tembló de nuevo. Un derrumbe bloqueó el acceso principal.

-¡Por aquí! -gritó una voz más adelante.

Tres soldados heridos, de uniforme negro, abrían una compuerta metálica bajo el suelo, entre máquinas caídas. Una trampilla oculta, iluminada con un foco de emergencia. Uno de ellos sostenía un mapa digital.

-¡Es un túnel de evacuación! Conduce al hangar subterráneo. ¡Vamos!

Rubí asintió, cubriéndose el brazo con una venda improvisada.

Dikeet no respondió. Solo miró a Lía un momento, sintiendo su tibieza, escuchando su respiración débil pero constante. La apretó más fuerte, cubriéndola del polvo, del calor, del caos.

Y en silencio, descendió al túnel con el grupo.

Una nueva explosión sacudió los cimientos de la base, levantando otra nube de humo espeso y rojizo que cubrió el cielo como una tormenta mecánica. Desde arriba, las naves de rescate descendieron rompiendo el manto de polvo, activando luces de emergencia que cortaban la oscuridad como cuchillas.

Los equipos de extracción bajaron con rapidez, algunos descendiendo por cuerdas, otros piloteando plataformas blindadas entre los restos ardientes. Con precisión, abrieron una brecha entre los escombros, y los sobrevivientes comenzaron a ser extraídos uno a uno.

Dikeet no se movió.

De pie, sola, frente a una de las ventanas superiores de la base flotante, observaba en silencio cómo el humo se disipaba lentamente. Justo enfrente estaba la enfermería. Desde allí, pudo ver vagamente a Lía siendo trasladada en una camilla, rodeada de médicos de la C.D.A., conectada a múltiples aparatos de soporte.

Su hermana menor. Herida por su culpa.

La puerta automática detrás de ella se abrió con un leve zumbido.

-Vaya vista. -dijo una voz grave y familiar-. Aunque preferiría ver esto desde el comedor con un café caliente.

Rubén, o Kurtehn, como lo conocían en los informes oficiales, se acercó caminando con las manos en los bolsillos. Tenía el rostro cansado, una venda en la mejilla, pero su tono seguía siendo el de siempre: calmado, seguro.

-¿Cómo está Lía? -preguntó, mirando hacia la misma ventana.

Dikeet no respondió. Su mandíbula apretada y la sombra en sus ojos respondían por ella.

-¿Sabes...? -continuó Rubén-. Las dos pelearon como verdaderas...

-¡Cállate! -estalló Dikeet de pronto, su voz temblorosa pero cargada de ira contenida-. ¡Todo esto fue tu culpa! ¡Tu maldita idea! Si no hubiéramos aceptado venir... si tan solo...

Su voz se quebró.

-...ella no estaría así.

Silencio.

Rubén no dijo nada por un momento. Solo suspiró y se acercó unos pasos más, quedando a su lado, mirando también hacia la ventana.

-¿Estás segura que estás molesta conmigo...? -dijo con tono suave, casi paternal- ¿O contigo?

Dikeet parpadeó.

Su expresión endurecida se desarmó. Sus ojos volvieron hacia el cristal empañado.

Y luego bajó la mirada.

-...Lo siento -susurró, apenas audiblemente. Una sola lágrima cayó, marcando una línea en su rostro sucio.

Rubén sonrió. Le acarició la cabeza suavemente, como lo haría un viejo amigo o un hermano mayor.

-No hay problema.

-Yo... yo no fui una buena hermana mayor -confesó Dikeet-. Estuve ausente toda su vida. No estuve ahí cuando necesitaba alguien, no estuve cuando aprendió a caminar, cuando cayó por primera vez o cuando lloró por una pesadilla.

Y ahora... ahora está así por mi culpa.

Rubén permaneció en silencio, dejando que las palabras fluyeran. Luego, cuando ella parecía quebrarse de nuevo, habló con firmeza, sin juicio:

-No es tu culpa. Esto es más grande que tú. Que yo. Que todas nuestras decisiones.

Tratamos de hacer un bien mayor. Y a veces, las cosas no salen bien.

Pero lo que define lo que somos, Dikeet, es lo que hacemos después.

Dikeet tragó saliva. Sus ojos se abrieron, no por sorpresa, sino como si viera con claridad por primera vez desde que todo comenzó.

Miró hacia la enfermería, observando a Lía a través del vidrio, conectada, respirando apenas, pero viva.

Y sonrió. Pequeño, pero genuino.

-Ya sé lo que debo hacer.

Se volvió hacia Rubén, su mirada firme, decidida.

-Cuida de ella. Protéjela con todo lo que tengas. Porque yo... voy a salir a cazar.

Rubén asintió, sin necesidad de decir más.

El rostro de Dikeet se endureció, pero en su interior algo se encendía: no solo furia, sino propósito.

La caza no había terminado.

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