NovelToon NovelToon
Me Casé Con El Duque Que Juré Odiar

Me Casé Con El Duque Que Juré Odiar

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Matrimonio arreglado / BL
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Me obligaron a casarme con el duque más frío del Imperio.
Lo juré odiar… hasta que empezó a protegerme.
Un omega orgulloso, un alfa distante y un matrimonio que podría convertirse en amor.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7 Orgullo que hiere, silencio que quema

La noticia del regreso llegó al caer la tarde.

No con fanfarrias ni celebraciones, sino con el rumor contenido de los pasillos y el cambio casi imperceptible en la respiración del ducado. Caelan lo sintió antes de que alguien se lo confirmara. El norte tenía esa forma de avisar: un silencio distinto, una tensión que se estiraba como un hilo a punto de romperse.

—Volvió —dijo Elion, asomándose a su puerta—. No viene solo.

Caelan levantó la mirada del libro que fingía leer.

—¿Herido?

—Cansado —respondió su hermano—. Y… con noticias.

El patio estaba húmedo por la llovizna cuando Caelan bajó. Los caballos entraban cubiertos de barro, los guardias tenían la mirada cansada. Blaise Ravenshire descendió de su montura con un movimiento medido, pero Caelan notó el peso en sus hombros, la rigidez en la forma en que apoyaba un pie antes que el otro.

No corrió hacia él. No bajó la cabeza. Caminó con la espalda recta, sosteniendo la distancia que había aprendido a usar como escudo.

—Bienvenido —dijo, cuando Blaise estuvo lo suficientemente cerca—. Veo que el norte no fue amable con usted.

—Nunca lo es —respondió el duque—. Pero cumple con su parte.

Caelan ladeó la cabeza.

—¿Y usted?

Blaise dudó un segundo.

—Yo también.

No sonaba como una verdad completa.

Entraron al ducado sin ceremonias. El aire dentro estaba cargado de preguntas que nadie se atrevía a formular en voz alta. En el despacho, Blaise se quitó los guantes con movimientos lentos, como si el cansancio le pesara más ahora que cuando estaba montando.

—Me dijeron que fue al valle bajo —dijo el duque, sin mirarlo—. Sin autorización.

Caelan sintió la punzada conocida de estar siendo medido por reglas que no había escrito.

—Fui porque había gente pasando frío.

—Y puso en riesgo su seguridad —replicó Blaise—. El norte no es un escenario para gestos impulsivos.

Caelan dio un paso al frente.

—No fue un gesto. Fue una decisión. Y no me arrepiento.

Blaise alzó la vista, sorprendido por la firmeza.

—No cuestiono su intención. Cuestiono el método.

—Siempre cuestionan el método cuando no les gusta que alguien actúe —respondió Caelan—. Es más cómodo llamar imprudencia a lo que incomoda.

El silencio se tensó. El fuego en la chimenea crepitó, rompiendo la quietud.

—No puede actuar como si este ducado fuera suyo —dijo Blaise—. Cada movimiento tiene consecuencias políticas.

—Y no puede gobernar como si la gente fuera una cifra —respondió Caelan—. Cada retraso tiene consecuencias humanas.

Las palabras salieron con filo. No eran gritos. Eran verdades mal colocadas.

—No me hable de consecuencias humanas —dijo Blaise, con una dureza que no solía mostrar—. He cargado con ellas desde antes de saber qué significaba gobernar.

Caelan apretó los puños.

—Entonces deje de usar eso como excusa para no verlas.

La frase cayó mal. Muy mal.

Blaise se tensó.

—No es excusa. Es responsabilidad.

—No, es distancia —replicó Caelan—. Es aprender a llamar “necesario” a lo que duele para no sentirlo.

El orgullo se les cruzó como un muro. Cada uno escuchaba lo que el otro decía, pero no lo que estaba intentando decir.

—No soy su enemigo —dijo Blaise, más bajo—. Pero tampoco soy el villano que usted parece necesitar para sostener su indignación.

Caelan lo miró con los ojos brillantes.

—No necesito un villano. Necesito que no me trate como a un problema que hay que contener.

—No lo hago.

—Lo hace cuando me pide que me quede quieto mientras otros no pueden —respondió Caelan—. Cuando me recuerda mi “lugar” cada vez que alzo la voz.

El silencio se volvió pesado. El duque dio media vuelta, caminó hacia la ventana y se quedó mirando la lluvia fina que golpeaba el cristal.

—No entiende lo que es sostener un territorio en el borde del colapso —dijo—. Cada decisión es una herida que no se ve. Y a veces, la herida menos profunda es la única que puedo elegir.

Caelan respiró hondo. No retrocedió.

—No entiende lo que es llegar a un lugar donde te miran como si tu presencia fuera una concesión. Donde cada gesto tuyo se interpreta como un error en potencia. Yo también cargo con heridas que no se ven.

Se miraron por fin, sin la máscara de la cortesía.

—Si cree que vine aquí para ser obediente, está equivocado —dijo Caelan—. No soy frágil. Y no pienso fingirlo para que su mundo se sienta más cómodo.

—Nunca le pedí que fuera frágil —respondió Blaise—. Le pedí que fuera prudente.

—La prudencia no salva a nadie cuando el invierno llega antes —replicó Caelan—. Solo decide a quién se deja atrás.

Las palabras quedaron suspendidas, crueles en su verdad a medias. Blaise dio un paso hacia él, como si fuera a decir algo más… y se detuvo.

—Está cansado —dijo Caelan, de pronto—. Y yo también. No es el mejor momento para seguir hiriéndonos.

El duque apretó la mandíbula.

—No nos estamos hiriendo. Estamos diciendo lo que pensamos.

—No —respondió Caelan, con una honestidad que le tembló en la voz—. Estamos usando lo que pensamos para no decir lo que sentimos.

La frase cayó como una grieta en el muro.

Blaise se quedó inmóvil. Por un segundo, Caelan creyó haber ido demasiado lejos. Luego, el duque se giró hacia la mesa, apoyó las manos en la madera, como si necesitara sostenerse de algo firme.

—No tengo tiempo para sentimientos —dijo—. No cuando la frontera arde.

—Yo tampoco pedí tenerlos —respondió Caelan—. Pero aquí están.

El silencio que siguió fue distinto. No era guerra. Era agotamiento.

—Debería descansar —dijo Caelan, dando un paso atrás—. Mañana el ducado volverá a exigirle que sea de piedra. Hoy… no hace falta que lo sea conmigo.

Blaise no respondió. Caelan salió del despacho con el pulso alto, la garganta apretada y la certeza amarga de que, a veces, el orgullo y el prejuicio no nacen del desprecio, sino del miedo a ceder primero.

Esa noche, el ducado no durmió en paz.

Y ninguno de los dos tampoco.

1
inuyasha/ Tomoe🦊
me tiene tan Atrapada está historia plis no dejes de actualizar
Annyely: Gracias por leer y por tu apoyo 💖 prometo seguir actualizando la historia.
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play