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Me Casé Con La Hija De Un Millonario

Me Casé Con La Hija De Un Millonario

Status: Terminada
Genre:Dominación / Equilibrio De Poder / Venderse para pagar una deuda / Romance / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabrielcandelario

Sin spoiled

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Capitulo 8

A la mañana siguiente del incidente con Sato, Araxie decidió que Julian Vane necesitaba ser "presentado" oficialmente en la gala benéfica de la Fundación Vesper-Zandrón. El evento se celebraba en el Museo de Bellas Artes, un edificio que esa noche parecía más un búnker de lujo que un templo de la cultura. Yo vestía un esmoquin a medida que me hacía sentir como si llevara una armadura de seda. Cada vez que me miraba en una superficie pulida, el hombre que me devolvía la mirada parecía tener más derecho a estar allí que yo mismo. La mentira se estaba volviendo cómoda, y eso era lo más peligroso de todo.

—Mantente cerca, sonríe solo con los ojos y no aceptes más de dos copas de champán —me instruyó Araxie mientras bajábamos de la limusina. Su mano se entrelazó con mi brazo. Para el mundo, yo era su brillante y enigmático asistente de inversiones. Para ella, yo era un experimento exitoso—. Si alguien pregunta por Oxford, menciona al profesor Higgins. Murió el año pasado, así que nadie podrá verificar los detalles.

Entramos en el gran salón. El aire estaba saturado de perfumes caros y el aroma seco de las flores recién cortadas. Maximilian ya estaba allí, rodeado de senadores y magnates de la energía, moviéndose entre ellos como un tiburón entre bancos de peces más pequeños.

Todo iba según el plan. Estaba navegando la conversación con un banquero suizo sobre el rendimiento de los bonos cuando lo vi.

Al principio fue solo una silueta en la periferia de mi visión. Un hombre con un uniforme de camarero que le quedaba un poco grande, moviéndose con una torpeza que desentonaba con la gracia coreográfica del resto del personal. Se detuvo cerca de la mesa de los canapés, sosteniendo una bandeja de plata con manos que temblaban ligeramente.

Sentí una descarga eléctrica en la base del cráneo. Reconocería esa forma de encoger los hombros en cualquier lugar. Era "El Chino" Li, un tipo con el que había compartido celda en el correccional de menores hace quince años y con el que, más tarde, había trabajado bajo las órdenes de Don Manuel cobrando intereses en los muelles.

Traté de girarme, de ocultar mi perfil tras el hombro de Araxie, pero fue tarde. Li levantó la vista. Sus ojos, acostumbrados a buscar amenazas en los callejones, se clavaron en los míos. Vi el proceso en su rostro: primero la confusión, luego el descreimiento y, finalmente, el reconocimiento brutal.

—¿Elías? —el susurro fue casi inaudible bajo la música de cámara, pero para mí sonó como un disparo.

Me quedé helado. Araxie, que tiene el oído de un depredador, se tensó a mi lado. El banquero suizo frunció el ceño, mirando al camarero con desaprobación.

—¿Perdone? —dijo el banquero—. ¿Desea algo, joven?

Li no respondió al banquero. Sus ojos estaban fijos en mi esmoquin, en mis manos cuidadas, en la mujer que colgaba de mi brazo. Una sonrisa torcida, llena de dientes amarillentos y una envidia antigua, empezó a dibujarse en su cara.

—Vaya, vaya... Elías Solo —dijo Li, esta vez un poco más alto—. Te buscábamos por todas partes. Manuel dice que te fuiste al otro barrio, pero veo que el barrio al que te fuiste es mucho más bonito que el nuestro.

El mundo pareció detenerse. Maximilian, a unos metros de distancia, giró levemente la cabeza. Araxie me apretó el brazo con una fuerza que me clavó las uñas en la piel.

—Julian, ¿conoces a este hombre? —preguntó ella, su voz era puro hielo, una advertencia de que si fallaba en ese momento, no habría red de seguridad.

—Debe estar confundiéndome, señorita —respondí, mi voz sonando extrañamente firme a pesar del rugido de mi sangre en los oídos—. El alcohol de servicio a veces afecta a los empleados más de la cuenta.

—¿Confundiéndote? —Li soltó una carcajada seca, dejando la bandeja sobre una mesa auxiliar con un estrépito metálico—. ¡Si todavía tienes la cicatriz en la ceja de cuando los Kovac te cerraron el paso hace dos años! ¡Mírenlo! El gran Julian...

—Seguridad —dijo Araxie con una calma aterradora.

Dos hombres de la vigilancia privada de la mansión aparecieron de la nada, pero Li no se amilanó. Sabía que no tenía nada que perder, y esa es la clase de hombre más peligrosa en una sala llena de gente que lo tiene todo.

—¡Es un cobrador de deudas! —gritó Li mientras los guardias lo agarraban por los sobacos—. ¡Se llama Elías Solo y olía a gasolina hasta ayer mismo! ¡Disfruta del disfraz, Elías! ¡Manuel va a saber que estás vivo!

Los guardias lo arrastraron hacia las puertas de servicio. El silencio que quedó en el salón era denso como el plomo. Todas las miradas estaban puestas en mí. Sentí el escrutinio de Maximilian, que se acercaba con paso lento y deliberado, como un juez que camina hacia el estrado.

—Un incidente lamentable —murmuró Araxie a los presentes, manteniendo una sonrisa de plástico—. La salud mental es un problema serio, incluso entre el personal contratado.

Maximilian se detuvo frente a nosotros. Miró hacia la puerta por donde habían sacado a Li y luego volvió sus ojos hacia mí. No había ira en ellos, solo una curiosidad letal.

—"Elías Solo" —pronunció el nombre con una lentitud tortuosa—. Un nombre curioso para una alucinación, ¿no crees, Julian?

—El mundo está lleno de gente desesperada que ve lo que quiere ver, señor —respondí, sosteniéndole la mirada. Sabía que si bajaba la vista, estaba muerto.

—Espero que así sea —dijo Maximilian—. Porque si alguna vez descubro que una mancha de ese "barrio" ha entrado en mi casa sin mi permiso, me aseguraré de que la limpieza sea... absoluta.

Maximilian se alejó para calmar a los invitados, pero el daño estaba hecho. La semilla de la duda estaba plantada.

Araxie me arrastró hacia una de las galerías laterales, lejos de los oídos indiscretos. En cuanto estuvimos solos, me soltó el brazo y me propinó una bofetada que me hizo girar la cara. El golpe dolió menos que el hecho de que tenía razón en estar furiosa.

—¡Imbécil! —susurró, su rostro a milímetros del mío—. Te dije que Julian Vane era una obra de arte. Y ahora un muerto de hambre ha escupido sobre el lienzo.

—No fue culpa mía, Araxie. No podía saber que Li estaría aquí.

—¡Me da igual! Si Li habla con Manuel, y Manuel decide que tiene una deuda pendiente contigo, mi padre atará los cabos en cinco minutos. Y si mi padre descubre que le mentí sobre tu identidad, lo último que me preocupará será tu vida, porque la mía también estará en juego.

—¿Qué quieres que haga? —pregunté, sintiendo que el traje me asfixiaba.

Araxie se dio la vuelta, mirando una estatua de mármol que representaba a un ángel caído. Su respiración se normalizó, volviendo a esa calma gélida que me aterraba.

—Ese hombre, Li... no puede llegar a Manuel. No puede salir de este edificio con esa historia en la boca.

—Araxie, es un camarero. Lo echarán a la calle y...

—No eres un cobrador de deudas ahora, Elías —me cortó ella, volviéndose hacia mí con una mirada que no tenía nada de humana—. Eres mi mano derecha. Y mi mano derecha no deja cabos sueltos. Seguridad lo tiene en el sótano, esperando a la policía por "intento de agresión". Vas a bajar allí. Vas a usar tus... antiguos métodos para convencerlo de que lo que vio fue un espejismo. Y luego, te asegurarás de que no vuelva a ver nada nunca más.

—¿Quieres que lo mate? —mi voz salió como un hilo.

Araxie se acercó y me arregló la solapa del esmoquin con una ternura que me dio escalofríos.

—Quiero que protejas nuestra inversión. Si no puedes hacerlo, entonces Li tenía razón: no eres más que un bicho disfrazado de hombre. Elige quién quieres ser, Julian. Elías murió anoche. No dejes que su fantasma nos arrastre a los dos.

Me dio una tarjeta de acceso y se alejó hacia el salón, volviendo a su papel de heredera perfecta.

Me quedé solo en la galería. Miré la tarjeta en mi mano. Era la llave para silenciar mi pasado, o para convertirme definitivamente en el monstruo que este mundo exigía. Bajé por las escaleras de servicio, sintiendo cómo el frío del sótano subía por mis piernas.

Al llegar a la habitación de seguridad, vi a Li atado a una silla, con la cara ensangrentada. Al verme entrar, sus ojos se abrieron con una mezcla de esperanza y terror.

—¿Elías? —gimió—. Por favor, diles que somos amigos. Solo quería... solo quería una oportunidad.

Cerré la puerta tras de mí. El olor a sudor y miedo de Li me golpeó, recordándome quién era yo hace apenas unas semanas. Pero entonces me miré en el pequeño espejo de la pared. Vi el traje de tres mil dólares. Vi el poder. Vi la sombra de Araxie sobre mis hombros.

Tomé una pesada linterna de metal de la mesa de seguridad. El peso era familiar. El cansancio volvió, pero esta vez era un cansancio oscuro, el de saber que para quedarme en el cielo, tenía que hundir a mis hermanos en el infierno.

—Julian Vane no tiene amigos, Li —dije, y mi voz ya no temblaba.

1
Sandra Salvador
historia interesante y cautivadora
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