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La Prisionera Del Comandante Declan

La Prisionera Del Comandante Declan

Status: Terminada
Genre:Esclava / Sirvienta / Ascenso de clase social / Dominación / Amor tras matrimonio / Completas
Popularitas:8.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Gianna Viteri (gilover28)

En Vaelkoria, el aire huele a pólvora y traición. Declan es el puño de hierro del imperio, un hombre que no conoce la duda. Pero cuando captura a Navira en las fronteras de Sundergard, descubre que hay incendios que ni siquiera el acero más frío puede apagar. Ella es su prisionera, pero él es quien está perdiendo la libertad.

NovelToon tiene autorización de Gianna Viteri (gilover28) para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Navira

La cena en la Ciudadela de Hierro solía ser un asunto de silencio sepulcral y etiqueta militar, pero desde que yo estaba en la mesa de Declan, se había convertido en un ring de boxeo verbal.

Esa noche, el comedor principal se sentía inmenso. El candelabro de cristal colgaba sobre nosotros como una amenaza brillante, y el aroma de la carne asada y el vino tinto llenaba el aire. Yo llevaba un vestido de seda color esmeralda que, según Declan, hacía que mis ojos parecieran "armas cargadas". Él, por su parte, se había puesto la camisa de nuevo, pero no se había molestado en abotonarla del todo, dejándome ver retazos de ese pecho que me había tenido al borde del colapso toda la tarde.

—La forma en que cortas ese faisán me preocupa, Navira —dijo él, rompiendo el silencio con esa voz de barítono que me recorría la columna—. Pareces estar imaginando que es mi garganta.

—No necesito imaginarlo —respondí sin levantar la vista, clavando el tenedor con una saña innecesaria—. La práctica hace al maestro, y llevo semanas visualizando el momento. Te odio, Declan.

Él soltó una risita y bebió un largo trago de vino.

—Qué falta de originalidad. Yo te odio más. Te odio porque cada vez que trato de leer un informe sobre la frontera, tu perfume a lluvia invade mi despacho y me distrae de mis deberes imperiales.

—Pues yo te odio mucho más que eso —le espeté, dejando los cubiertos a un lado para mirarlo fijamente—. Te odio por hacerme estudiar leyes aburridas cuando preferiría estar planeando tu caída. Te odio por esa sonrisa de superioridad que tienes grabada en la cara.

—Yo te odio el doble —continuó él, inclinándose sobre la mesa, sus ojos brillando con una diversión maliciosa—. Te odio por la forma en que muerdes tu labio inferior cuando estás concentrada, obligándome a pensar en cosas que no son precisamente la exportación de hierro.

En las sombras, cerca de las puertas, vi a dos de los sirvientes intercambiar una mirada cómplice. Uno de ellos tuvo que taparse la boca con la mano para ocultar una sonrisa. Era ridículo. El Comandante Supremo de Vaelkoria y la rebelde de Sundergard estaban discutiendo como dos adolescentes despechados.

—¡Te odio infinitamente! —subí el tono, ignorando a los criados—. Te odio por ponerme este collar y por creer que puedes comprar mi voluntad con vestidos y banquetes.

—Te odio hasta el fin del mundo y de regreso —replicó él, su voz subiendo de intensidad pero manteniendo ese tono de coqueteo agresivo que me volvía loca—. Te odio porque eres la única mujer que no se amilana cuando le grito, y eso me hace querer gritarte más solo para ver cómo se enciende tu fuego.

—¡Yo te odio más que a la muerte misma! —le grité, golpeando la mesa con la palma de la mano.

En ese momento, una de las doncellas que servía el vino soltó una carcajada ahogada. Declan la miró de reojo, pero en lugar de castigarla con la mirada fría que solía usar, sus labios se curvaron en una sonrisa cómplice. Estaba encantado. Estaba disfrutando de este espectáculo público.

—¿Ves lo que haces? —me acusó él, señalando a los sirvientes—. Hasta mi personal cree que nuestro "odio" es el chiste mejor contado de Vaelkoria. Pero la verdad es que yo te odio tanto que pasaría el resto de mi vida peleando contigo solo por el placer de verte enojada.

—¡Eres un imbécil prepotente! —me levanté de la silla, el corazón latiéndome en la garganta. La silla chirrió contra el mármol—. ¡Jódete, General Declan! ¡Jódete tú y tu estúpido reino de hielo!

El silencio que siguió fue absoluto. Los sirvientes se quedaron petrificados, esperando que el techo cayera sobre nosotros. Nadie le hablaba así al General. Nadie sobrevivía a un insulto directo a su rango y a su persona.

Declan se levantó con una lentitud que me hizo dar un paso atrás por puro instinto. Sus ojos se oscurecieron, pero no con la furia del militar, sino con la promesa del hombre que ya no podía contenerse más. Caminó alrededor de la mesa, su presencia llenando cada centímetro del salón hasta que estuvo frente a mí.

—¿Que me joda? —preguntó, su voz bajando a un susurro ronco que solo yo podía oír, aunque sus ojos gritaban para todo el salón—. No, nena. Mejor te jodo a ti.

Me quedé helada. Mis mejillas ardieron con una intensidad que casi me dolía. El doble sentido de sus palabras me golpeó como un impacto físico, despertando ese calor traidor en mi vientre que llevaba horas tratando de ignorar. Él no se refería a una discusión. Se refería a lo que pasaría cuando las puertas se cerraran y los sirvientes se fueran. Se refería a la promesa que me había hecho en su despacho: que me haría gemir su nombre toda la maldita noche.

—¡Eres insoportable! —le grité, aunque mi voz tembló un poco por la excitación que me recorría—. ¡No quiero volver a ver tu cara en toda la noche!

—Vas a ver mi cara incluso cuando cierres los ojos —me gritó él de vuelta mientras yo me daba la vuelta, recogiendo las faldas de mi vestido para salir del comedor—. ¡Y vas a soñar con cada una de las cosas que voy a hacerte cuando dejes de fingir que este odio no es hambre, Navira!

—¡Vete al infierno, Declan! —exclamé sin girarme, saliendo a paso rápido del salón hacia la torre este.

—¡El infierno sería un paraíso si estás tú allí para pelear conmigo! —fue lo último que escuché antes de que las pesadas puertas del comedor se cerraran tras de mí.

Caminé por los pasillos a toda prisa, con los pulmones ardiendo y los oídos zumbando. Podía sentir las miradas de los guardias, pero no me importaba. Estaba furiosa. Estaba humillada. Pero sobre todo, estaba asustada de lo mucho que me había gustado su respuesta.

"Mejor te jodo a ti".

La frase se repetía en mi mente como un mantra. Entré en mi habitación y cerré la puerta con llave, apoyando la espalda contra la madera fría. Mis manos temblaban mientras me tocaba el collar de plata. Él ganaba. Cada vez que peleábamos, cada vez que nos gritábamos, él ganaba porque lograba que mi sangre hirviera, y no solo de rabia.

Me dejé caer sobre la cama, mirando hacia el techo. Estaba molesta, sí. Estaba desesperada por escapar de este juego, también. Pero una parte de mí, la parte que ya no podía mentirse, se preguntaba cuánto tiempo más tardaría él en derribar mi puerta y cumplir su amenaza.

Porque en Vaelkoria, el odio y el amor tenían el mismo sabor a hierro y fuego, y yo estaba empezando a ser adicta a ese sabor.

—Maldito seas, Declan —susurré, cerrando los ojos con fuerza—. Maldito seas por hacerme desear que vuelvas a gritarme.

Mientras tanto, en el comedor, todavía podía imaginarlo a él, terminando su vino con esa sonrisa de victoria, sabiendo perfectamente que, aunque me hubiera ido molesta, mi mente seguía encadenada a él mucho más que mi cuello a su plata.

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Silvana Beatriz Velazquez
maravillosa historia 😍. Solo me hubiera gustado un extra con el nacimiento del bebé y unos años después mostrando su carácter.
Elsa Martinez Gonzalez
MAGNÍFICA
Paola Cordero
Jajajjaja y jajajjajajajjaja como todo hombre super exagerado jajajajajajsjajsjjs
karla yustiz garcia
🤣🤣🤣🤣 la vitamina N
Olinda Bernales Bertolotto
Siempre lindo... nunca decepciona leer tus libros.
Gracias por compartir tu talento... 🙂😊🤗😄
Sharon Mendoza
precioso
Sharon Mendoza
precioso
karla yustiz garcia
se lee tan buena 👏👏
karla yustiz garcia
será que hay fotos de ellos 🤔
karla yustiz garcia
a mi también 🤭
karla yustiz garcia
me encanta 😍😍
karla yustiz garcia
😍😍 que bello
Viviana Lopez
Espléndido
Irene Covarrubias
creo que fue muy sutil 🤣🤣
Rosa Villena
Bellísima historia, me encantó, gracias, gracias ❤️🥰
Elilu 🇲🇽
jajaja no pues viéndolo por ese lado Declan tiene razón es un gran avance en la relación de peros y gatos que se traen ustedes dos.
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