Amira es la única hija del Archiduque Vahva, y como toda chica de su edad, su mayor deseo es casarse y tener hijos, ser una buena esposa y una excelente madre, pero su deseo tiene un gran obstáculo y es ese es su reputación y es que desde los 6 años se ha ganado el nombre de la “muerte coral”, debido a su color de cabello, y a que desde edad Amira ya era tan letal como su padre, un hombre que mataba a sus enemigos sin miramientos.
Amira, criada por su padre para tomar su lugar, era una de las mejores, por no decir la mejor, de todo el imperio de Ópalo, llevando con orgullo el nombre de su familia y acabando con aquellos que amenazaban al imperio y a sus habitantes sin contemplación.
A pesar de sentirse feliz con ser la sucesora de su padre, Amira deseaba formar una familia, pero los hombres huían de ella como si se llevara la peste, pero a pesar de eso Amira no pensaba rendirse hasta encontrar el verdadero amor, lo que Amira no sabe, es que ese amor está más cerca de lo que cree.
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Capítulo 8
Tras dejar de pelear con Oliver, ambos amigos se despiden con un abrazo y Amira deja el palacio sintiéndose infinitamente mejor, hablar y “pelear” con Oliver siempre la hacia sentir mejor, su amigo tenia la habilidad de hacerla sentir bien, ya sea con sus consejos, o con su burlesco sentido del humor y aunque estaba impaciente por encontrar el amor, le haría caso a su amigo y a su abuela y dejaría de forzar las cosas, y seria paciente, al menos lo seria por una temporada, y pasado un tiempo volvería a poner manos a la obra.
Amira llego a su casa justo a la hora de la comida, donde su padre ya la esperaba en el comedor, y al verla toda despeinada, dedujo a donde había ido su hija sin que este se lo dijera.
- ¿Pelaste una vez más con el príncipe heredero?- le pregunto Griff a su hija, a pesar de que él ya sabia la respuesta.
- Fue un breve intercambio de ideas, más no una pelea – le responde Amira a su padre, mientras sin perder un segundo se sienta a su lado.
- Jajaja, yo siempre le decía lo mismo a mi padre cuando peleaba con Marcelo, algo que pasaba siempre que nos veíamos – se ríe Griff, quien a veces aun le sorprende lo parecida que es su hija a él.
Amira ve a su padre reír, y sin poder evitarlo ríe con él, Griff Vahva era un hombre de 51 años con el cabello de color negro, en el cual ya se asomaban algunas canas, y los ojos de color violeta, color de ojos que había heredado su hija, y a pesar de su edad aun era un hombre muy apuesto.
- En ese caso sabrás que lo que paso no fue mi culpa, sino de Oliver – se defiende la joven.
- Claro que lo se, si Oliver es la mitad de molesto de lo que era su padre, no me sorprende que te saque de quicio muy rápido – le dice Griff a su hija.
- Sabia que entenderías – le dice Amira a su padre con una enorme sonrisa, sonrisa que el hombre corresponde.
Griff no era un hombre se sonreír demasiado, es más la mayor parte del tiempo tenia una expresión seria, pero eso cambiaba cuando esta a lado de su hija, con quien le era sencillo sonreír.
Padre e hija tienen una comida amena y llena de risas, y es que a ambos les gustaba pasar tiempo juntos, ya sea hablando, entrenando o trabajando, cualquier momento juntos era invaluable para los dos.
Tras terminar la comida, Amira acompaño a su padre a su oficina, en donde ambos trabajaron juntos, ya que era de manera practica como Griff le enseñaba a Amira sus futuros deberes como archiduquesa y desde que la joven cumplió 13 años, ayudaba a su padre por las tardes.
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Tres meses pasaron rápidamente para Amira, y es que como buena amiga, Amira se había ofrecido a ayudar a Oliver con los preparativos de su boda, y es que si bien, por tradición era la emperatriz quien se encargaba de planificar la boda del príncipe heredero, la emperatriz Leonor, al darse cuenta que su hijo y su prometida se amaban, decidió hacerlos participes a ambos de este día que seria tan especial para ellos, y Oliver, que no sabia muy bien como expresar sus ideas, le había pedido ayuda a Amira, y estos últimos meses antes de la boda habían sido toda una locura, sobre todo desde el regreso de Iliana.
El día de hoy Amira se reuniría con la pareja, para ayudarlos con los últimos detalles de la boda, y es que aun mes del gran acontecimiento, aun estaban a tiempo de modificar cualquier cosa si así lo querían, más adelante eso seria imposible.
Amira llego al palacio, en donde fue guiada hasta uno de los tantos quioscos que había en los jardines del palacio, en donde la esperaba su amigo junto a su prometida y al verlos Amira no pudo evitar sentir celos, y es que, ni Oliver, ni Iliana habían notado su presencia, por lo actuaban de lo más acaramelados, y a los ojos de Amira lucían adorables, sin lugar a dudas ambos hacían una hermosa pareja y Amira solo podía desearles felicidad, pero también sentía envida de lo que tenían, ya que ellos tenían eso que ella siempre había deseado para si, y hasta el momento no había logrado encontrar.
Aunque no quería, Amira sabia que debia de romper el hermoso momento, al fin y al cabo aun tenían muchas cosas que hacer y era mejor empezar ahora.
- Que lindos se ven juntos, aun no entiendo como una mujer tan hermosa como Iliana pudo fijarse en ti – les dice Amira al llegar hasta ellos, dirigiendo sus ultimas palabras a su amigo.
- Por que mi muy hermosa prometida tiene buen gusto, no como otras – le contesta Oliver a Amira.
Tras este breve intercambio de palabras, Amira y Oliver comienzan una breve discusión, la cual, afortunadamente esta no es muy larga, así que rápidamente los tres se ponen manos a la obra.
Mientras Amira ayuda a Oliver con algunas cuestiones, Iliana no puede evitar observar a la pareja de amigos, ahora puede ver claramente que entre ellos solo hay un amor puramente fraternal, pero esto no fue tan obvio para ella al inicio, y ahora se siente un poco tonta por no haberse dado cuenta antes, sobre todo por que ahora le parece algo muy obvio.