Luego de 10 años sin verse, Hanna se reencontró con un viejo compañero de la preparatoria. Pero para su sorpresa, aquella persona que estaba frente a ella era totalmente diferente al muchacho que había conocido. Hanna intentará descubrir qué le ocurrió durante todos esos años de ausencia y quizás ablandar ese duro corazón. ¿Podrá hacerle frente a su oscuro pasado?
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Proveedor
El tono de llamada, despertó a aquel hombre exaltado. Frotó sus ojos con mucha intensidad para ver con claridad, miró su celular para saber quien interrumpía su descanso. El nombre que vio allí parecía importante, pues sin muchos rodeos contestó.
—¿Qué pasó?—preguntó aún soñoliento y tratando de soportar el dolor de cabeza producto de la resaca.
—Señor, hemos tenido ciertos problemas con el proyecto.
—¿Ahora qué?
—No llegó en nuevo cargamento con los materiales que necesitamos para continuar con las construcciones.
—¿Cómo qué no? Yo cancelé ese pedido hace más de una semana. ¿Se pusieron en contacto con el proveedor?
—Si. Pero su secretaria nos dijo que en estos momentos está en un viaje de negocios. La persona encargada de nuestro pedido dijo que la paga nunca llegó y que por eso no podía despacharnos los materiales.
—Maldita sea, vale. Bueno. Ya mismo voy para allá—colgó sin previo aviso.
Al ver su alrededor, cayó en cuenta que no se encontraba en su casa. En ese instante, recordó que estaba en la clínica de Williams. Al parecer pasó la noche allí. Los recuerdos poco a poco se volvían más claros y precisos, como el momento en el que llegó a la clínica y vio a aquella mujer o en la oficina de Williams donde también la volvió a ver antes de que se marchara. Algo en ella le parecía familiar, pero no sabía qué ni de dónde podía conocerla. Tenía un fuerte dolor de cabeza, sentía que su cabeza explotaría, por lo que sus pensamientos fueron espantados al instante.
—Seré imbécil. ¿Cómo se me ocurre beber de esa manera?—se reprochó a sí mismo.
Del escritorio en el que se durmió, tomó la chaqueta que cargaba anoche y las llaves de su auto. La botella de Whisky, ya vacía, la envolvió en papel de periódico viejo que había en la oficina y la tiró a la papelera.
Estuvo cierto rato divagando por los pasillos de la clínica en busca de su amigo. Preguntó a algunos de los empleados y ellos, muy gustosos le ayudaron, especialmente las enfermeras, quienes estaban locas por aquel hombre que pocas veces se suele ver en su área de trabajo.
Finalmente encontró a Williams.
—¡Oh! Despertaste. Y eso que aún es temprano—comentó sarcasticamente y muy alegre el médico.
—Si. Ocurrió un percance en el proyecto y debo ir a resolverlo.
—¿Es grave?
—No, no. Solo fue que no llegó el material para continuar con las construcciones. Y debo ver que fue lo que pasó.
—Entiendo. Éxito, hermano. Nos mantenemos en contacto.
—OK. Por cierto. Quiero que me ayudes a encontrar personal para mi. Estamos solo finiquitando detalles. Así que en cualquier momento voy a necesitarlos.
—Entiendo. Pero...¿qué buscas exactamente?
—Excelentes médicos, por supuesto. De todas la áreas. Las enfermeras mejor capacitadas. Eso sí, me gustaría que no fueran de tu equipo médico. Ya sabes, no me gustaría quitarte a tus mejores trabajadores. Y lo que busco es ayudar, además, a los nuevos profesionales.
—Ah, comprendo tu punto. Si, bueno. Últimamente no he solicitado personal. Mi última adquisición fue una joven cardióloga que comenzó a trabajar hace seis meses. Debo admitir que es muy buena en lo que hace. Si quieres, mañana le propongo tu oferta y después hablas con ella. Si te agrada, te la llevas.
—Bien. Será así, entonces. ¿No tienes pastillas para el dolor de cabeza?
—No te recomiendo tomar pastillas aun teniendo gran concentración de alcohol en tu cuerpo. Lo ideal sería que descanses y te alimentes bien.
—Ya que, será. Nos vemos—se despidió no muy contento con la respuesta que le había dado.
Caminaba en dirección al ascensor para dirigirse al estacionamiento y buscar su auto que lo llevaría hasta el centro de la ciudad. Estaba perdido en sus pensamientos, tratando de averiguar por qué no se habría hecho el pago de los materiales. Quizás había sido un error del banco... en fin. De todos modos debía conseguir su mercancía ese mismo día. Lo que sí no estaba dispuesto era a que le vieran la cara de idiota e intentaran robarlo. Su rostro contemplaba fijamente el suelo. Cuando llegó a su destino, levantó la mirada para llamar al ascensor. Pero no esperó recibir un golpe.
El dolor de cabeza se intensificó haciendo que ésta, incluso, palpitara. Estaba más que indignado. Para su sorpresa, era la misma mujer de la noche anterior. El mal momento le hizo tratar mal a la pobre chica. Pero no se disculparía, después de todo, ella fue quien lo golpeó, a pesar de que se disculpó y le invitó a un café. Se negó rotundamente e incluso mintió diciendo que no le gustaba. Pero estaba corto de tiempo y no podía entretenerse más. Como una forma de vengarse, tomó el elevador y no esperó a aque ella se montara. Buscó su auto y agarró la avenida principal para llegar al centro. Curiosamente, como si el destino estuviera de su lado, se encontró con su proveedor. Éste, se disculpó miles de veces por lo sucedido con su pedido e inmediatamente se resolvió el problema. Finalmente le invitó a almorzar y muy gustoso aceptó, pues no había comido nada y tenía una resaca que no aguantaba más.