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La Secretaria Que Conquistó Al Magnate

La Secretaria Que Conquistó Al Magnate

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Amor-odio
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Scarlet Pacheco

Valentina Mendoza, una joven humilde, de corazón noble, que lucha por salir adelante y ayudar a su familia. No tiene dinero ni contactos, pero sí una dignidad que nadie podrá comprar, y por otro lado Alejandro Montenegro, un empresario multimillonario, atractivo, serio y dominante. Está acostumbrado a conseguir todo lo que desea, hasta que aparece una mujer que no se deja impresionar por su dinero.

NovelToon tiene autorización de Scarlet Pacheco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6. El hombre que hizo reír a Valentina

A media mañana, un joven de traje azul llegó a la recepción del piso cuarenta.

Era alto, de cabello castaño y sonrisa fácil. Llevaba una carpeta bajo el brazo y saludó a los empleados como si los conociera desde hacía años.

—Buenos días. Busco al señor Montenegro.

Valentina se levantó de su silla.

—Buenos días. ¿Tiene una reunión programada?

—Sí. Sebastián Rivera, de Rivera Holdings.

Ella revisó la agenda.

—Por supuesto, señor Rivera. Su reunión es a las diez y media. Puede esperar unos minutos.

Sebastián miró el reloj

—He llegado temprano. Mi mayor defecto es que no soporto llegar tarde.

—Entonces no tenemos el mismo defecto. Yo tampoco soporto llegar tarde, pero mi mayor problema es que mi jefe parece capaz de despedirme por respirar demasiado fuerte.

Sebastián la miró sorprendido.

Después se echó a reír.—¿Alejandro Montenegro? ¿El hombre que puede convertir una reunión de diez minutos en una sentencia de muerte?

Valentina se tapó la boca, intentando contener la risa.

—¡Señor! No diga eso tan alto.

—Tranquila. Si me escucha, le diré que fue idea suya.

—¡No, por favor! Es mi segundo día. No quiero que me despidan todavía.

Ambos volvieron a reír.

Desde la puerta de su despacho, Alejandro contemplaba la escena.

No sabía cuánto tiempo llevaba observándolos.

Solo sabía que aquel hombre había conseguido en unos minutos algo que él no había logrado en dos días: hacer que Valentina sonriera de verdad.

Y lo que más le molestó fue descubrir que quería ser él quien provocara esa sonrisa. Sebastián se inclinó ligeramente sobre el escritorio.

—Por cierto, todavía no me ha dicho su nombre.

—Valentina Mendoza.

—Mucho gusto, Valentina. Espero que podamos conocernos mejor.

—Igualmente, señor Rivera.

—Sebastián, por favor. El señor me hace sentir viejo.

Ella sonrió.

—Está bien, Sebastián.

—Ahora sí. ¿Me permite invitarla a tomar un café algún día?

Valentina abrió la boca para responder, pero una voz los interrumpió.

—Señor Rivera, su reunión es dentro de cinco minutos.

Ambos se volvieron. Alejandro estaba junto a la puerta de su despacho, con las manos en los bolsillos y una expresión que habría podido congelar toda la oficina.

Sebastián sonrió tranquilamente.

—Alejandro. Siempre tan hospitalario.

—Y tú siempre tan impuntual.

—He llegado veinte minutos antes.

—Entonces has tenido veinte minutos para recordar el motivo de tu visita.

Sebastián levantó las manos en señal de rendición.

—De acuerdo, de acuerdo. Hablemos de negocios.

Antes de entrar, miró a Valentina.

—Nos vemos, Valentina.

—Hasta luego.

Alejandro esperó a que su socio entrara y después se volvió hacia ella.—Señorita Mendoza.

—¿Sí, señor?

—Su trabajo consiste en organizar mi agenda, no en entretener a los visitantes.

La sonrisa de Valentina desapareció.

—Estaba esperando su reunión, señor.

—La escuché reír.

—No sabía que reír estuviera prohibido en esta empresa.

Alejandro entrecerró los ojos.

—No ponga palabras en mi boca.

—Entonces no me acuse de hacer algo incorrecto cuando solo estaba cumpliendo con mi trabajo.

Por un instante, ninguno habló.

Valentina se dio cuenta de que había ido demasiado lejos. Aquel era su jefe, el hombre que podía despedirla con una sola palabra. Pero no iba a disculparse por algo que no había hecho mal.

—Si necesita algo más, estaré en mi escritorio —dijo finalmente.

Se sentó y volvió a trabajar.

Alejandro permaneció junto a la puerta unos segundos, incapaz de comprender por qué la respuesta de una empleada le había afectado tanto.

Después regresó a su despacho.

La reunión con Sebastián comenzó cinco minutos más tarde.

Y fue un desastre.

Porque, por primera vez en muchos años, Alejandro Montenegro no conseguía concentrarse en una negociación.

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Maria Gerez
una historia interesante pero me molesta que no terminen de escribir ya me paso con otras historias nunca más publicaron es una falta de respeto
Scarlet Pacheco: Claro que la voy a terminar estoy preparando para publicarles una maratón de capítulos nuevos🥰🥰no se olviden de votar🤭🥰
total 1 replies
ana luisa
El papá de la novia de Alejandro es el culpable por eso quiere que se casen pero que luchen por su amor
ana luisa
Hola autora leí todos los capitulos de la novela me encanta que Alejandro y Valeria que luchen por este amor continua por favor
Scarlet Pacheco: Muchas gracias y claro que continuara esta historia☺️☺️
total 1 replies
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