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Massacre Express

Massacre Express

Status: En proceso
Genre:Casos sin resolver / Venganza / Completas
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: cshadows

Advertencia: No descargues Massacre Express.

​En el 2013, Los Ángeles se convirtió en el escenario de una pesadilla silenciosa. Jóvenes aparecían muertos con marcas de haber tomado una decisión fatal, pero todos compartían un detalle macabro: una nota con el nombre de una aplicación maldita.

La policía lo llamó suicidio. Los sobrevivientes saben que fue cacería.

​Valentina y Miguel no se conocen, pero comparten la misma herida. Ella perdió a su mejor amiga; él, a su hermano. Atados por la necesidad de respuestas, deciden cruzar la línea y adentrarse en el juego.

​Una vez que aceptas los permisos de micrófono y ubicación, ya no hay vuelta atrás.

El juego empieza... y la camioneta ya está en camino.

NovelToon tiene autorización de cshadows para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6 — Coordenadas compartidas

El aire de los muelles abandonados olía a salitre estancado, a combustible pesado y a la humedad densa que el Océano Pacífico empujaba implacable hacia la costa de Los Ángeles al caer la tarde.

Las estructuras metálicas de las grúas portuarias se recortaban contra el cielo plomizo como gigantes esqueléticos olvidados en el tiempo, proyectando sombras alargadas y distorsionadas sobre el pavimento agrietado y cubierto de maleza.

Era un paraje desolado, un rincón muerto donde el bullicio de la gran ciudad parecía un eco lejano, ahogado por el golpe constante y monótono de las olas contra los pilotes de madera podrida.

​Valentina llegó diez minutos antes de la hora acordada. Con la capucha de su abrigo negro firmemente calada sobre la cabeza y las manos hundidas en los bolsillos para ocultar el temblor involuntario de sus dedos, caminaba con pasos rápidos pero cautelosos, revisando cada sombra, cada rincón oscuro entre los contenedores oxidados y cada reflejo en los charcos de agua de lluvia acumulada.

Su teléfono celular guardaba silencio en el fondo de su bolsillo, pero la sensación de llevar un localizador GPS andante pegado al cuerpo no la abandonaba ni por un segundo.

Cada sombra le parecía la silueta de la camioneta negra; cada crujido del viento contra las chapas metálicas le hacía detener el aliento con el corazón galopando en las sienes.

​El punto de encuentro designado era el esqueleto oxidado de una antigua cafetería portuaria, un local con los cristales rotos y grafitis descoloridos que alguna vez había servido café caliente a los pescadores y estibadores décadas atrás.

​Al doblar la esquina del edificio ruinoso, lo vio.

​Un joven de complexión delgada, enfundado en una chaqueta oscura y con una mochila colgada de un solo hombro, estaba de pie junto a una columna de cemento carcomida, mirando fijamente hacia el horizonte marino con una rigidez impropia de alguien que espera de forma relajada.

Tenía los hombros tensos y el rostro parcialmente oculto por la sombra, pero sus ojos —fijos y alertas— escrutaban cada centímetro del entorno con la misma paranoia calculadora que Valentina llevaba experimentando desde la noche en que descargó la aplicación.

​—¿M_Delta? —murmuró Valentina, deteniéndose a unos cuantos metros de distancia, manteniendo una prudente distancia de seguridad y con la mano aferrada a las llaves dentro de su bolsillo como improvisada arma de defensa.

​El joven giró la cabeza con brusquedad. Al verla, un destello de reconocimiento cruzó sus ojos oscuros, marcados por las mismas ojeras profundas que ella cargaba. Dando un paso al frente, asintió lentamente.

​—Y tú debes ser V_Shadows. Valentina, supongo —respondió él con una voz ronca, baja y controlada, calibrando cada uno de sus movimientos—. Qué bueno que viniste. Aunque espero que no hayas traído tu teléfono encendido en la red celular normal.

​Valentina frunció el ceño, sacando el aparato envuelto en una funda de aluminio improvisada que llevaba para bloquear señales.

​—Lo puse en modo avión y bloqueé los datos antes de salir de casa. Sé cuidarme, Miguel —replicó ella, utilizando el nombre real que había deducido cruzando los datos del foro con registros locales universitarios.

​Miguel exhaló un suspiro tenso, un vapor blanco que se disipó rápidamente en el aire helado de la costa. Durante unos segundos, ninguno de los dos habló.

Se limitaron a observarse mutuamente, midiendo la desesperación, el dolor y la determinación del otro. No hacían falta palabras formales de presentación; el uniforme invisible del dolor compartido los unía de forma absoluta.

Ambos habían perdido a la persona que más amaban; ambos habían visto cómo las autoridades cerraban los casos con la misma desidia insultante; y ambos tenían ahora el mismo icono negro y maldito devorando la memoria de sus teléfonos.

​—Tenemos que poner las cartas sobre la mesa —rompió el hielo Miguel, sacando de su mochila una carpeta de cartón manila abombada por la cantidad de papeles que contenía

—Lo que investigué por mi cuenta durante estas últimas semanas no se sostiene en ninguna lógica policial normal. No son suicidios. Son ejecuciones con un patrón matemático tan preciso que da miedo.

​Valentina se acercó un poco más, rompiendo la distancia defensiva, y se arrodilló sobre una caja de madera volcada para examinar el contenido que Miguel comenzó a extender sobre la superficie plana.

​Los documentos eran una red macabra de información: recortes de actas de defunción de Los Ángeles fechadas en los últimos meses, impresiones de capturas de pantalla de foros clandestinos eliminados, esquemas hechos a mano con líneas rojas que conectaban las direcciones de las víctimas, y copias de los informes forenses oficiales.

​—Mira esto —señaló Miguel con la punta de un bolígrafo, tocando un sector específico del mapa de la ciudad—. Sofía apareció en el callejón de Westwood, ¿cierto? Y mi hermano menor, Martín, fue hallado en la entrada del cementerio de la zona este.

A primera vista, son puntos alejados el uno del otro sin conexión geográfica aparente. Pero si trazas una línea cronológica basada en la hora en que el servidor fantasma registró la descarga de la aplicación en sus dispositivos... el patrón cambia por completo.

​Valentina contuvo la respiración, inclinándose hacia los papeles. Sus dedos rozaron una de las copias del informe de su mejor amiga.

​—Están formando una ruta... —susurró, con los ojos muy abiertos por la revelación—. Como si la ciudad entera fuera un tablero de ajedrez y la camioneta recorriera puntos específicos según el orden de instalación.

​—Exacto —afirmó Miguel con tono sombrío, apretando la mandíbula—. La policía ignoró deliberadamente este detalle porque no querían indagar en el software.

Cuando fui a la comisaría a mostrarles las llamadas y la nota con el nombre de la app, el oficial de guardia me miró como si estuviera loco, me devolvió los papeles y me dijo que dejara descansar en paz a mi hermano.

No les importa un poco la verdad.

Si queremos justicia, tenemos que hacerlo nosotros mismos, aunque eso signifique convertirnos en los próximos blancos.

​Valentina sintió un nudo amargo en la garganta, pero no apartó la mirada. El miedo seguía ahí, helándole la sangre en las manos, pero la rabia acumulada durante meses de silencio y mentiras oficiales era infinitamente más fuerte.

Recordó la nota arrugada sobre el pecho de Sofía, la frialdad de las autoridades, y la imagen de la camioneta negra estacionada frente a su ventana. Ya no había vuelta atrás en el camino que habían elegido.

​—No vamos a esperar a que el mapa se actualice solo y nos mande a cazar —sentenció Valentina con voz firme, levantando la vista para clavar sus ojos en los de Miguel—. Si la aplicación nos está rastreando, significa que nosotros también podemos rastrearlos a ellos. ¿Tienes el código fuente del instalador que descargaste?

​Miguel esbozó una media sonrisa amarga, una mueca gélida que apenas rozó sus labios antes de asentir con la cabeza y volver a abrir su mochila para sacar un pequeño disco duro externo protegido por contraseña.

​—Lo extraje antes de que el script automático de la app se borrara a sí mismo del almacenamiento raíz. Es un código híbrido imposible de rastrear mediante servidores comerciales, pero... encontré una puerta trasera en la compilación.

Una frecuencia de radio interna que emite ráfagas de datos cada vez que la camioneta se pone en movimiento.

​El viento sopló con más fuerza entre las estructuras metálicas de los muelles, agitando el cabello de ambos y trayendo el bramido furioso del mar.

En ese preciso instante, en medio de la penumbra y la soledad del puerto abandonado, la alianza quedó sellada sin necesidad de juramentos formales.

Ya no eran dos almas solitarias navegando a ciegas en la web profunda; se habían convertido en un equipo dispuesto a desentrañar las entrañas de Massacre Express, sin importar qué demonios encontraran al final de la ruta.

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Yenni Aponte ~♥︎~
jajajsjs el creador llorando porque le rompieron el servidor dddaleee tomá por enfermo
Yenni Aponte ~♥︎~
​la re amooo a valentina le rompió todo el sistema en la cara con su propio veneno sos una reinaaa 👑🔥
Yenni Aponte ~♥︎~
NOOOO los estan transmitiendo en vivo a la dark web para miles de personas lpm 😭 ya que me muero de la intriga!!
Yenni Aponte ~♥︎~
re bien miguel metele un piña por favor que no me aguanto a este loco
Yenni Aponte ~♥︎~
que cínico de mda tirando que el no mato a nadie directamte me da una bronca 🤬 empujaba a la gente al limite
Yenni Aponte ~♥︎~
​la camioneta se manejaba sola con ia chau me exploto la cabeza 🤯 que enfermo este chabon
Yenni Aponte ~♥︎~
​NO ME PODES DEJAR ASI CON EL CREADOR AHI PARADO ADELANTE DEL AUTO 😭😭
Yenni Aponte ~♥︎~
NOOOO SABIA LOS NOMBRES DE LOS DOS 😱 la app los llevo directo a la trampa como queria que turbio todo
Yenni Aponte ~♥︎~
chau se me elo la sangre con los pasos escuchandose en la rampa 💀 salgan de ahi yaaaa
Yenni Aponte ~♥︎~
ir a meterse a un subterraneo a ciegas con la nafta en reserva nooo me va a dar algo de la tension lpm 😭
Yenni Aponte ~♥︎~
chau me quede re enganchada con este capitulo, me encanta😭
Yenni Aponte ~♥︎~
​bien ahi miguel acelerando daleee!! no te dejes pisar por la camioneta esa 💥🔥
Yenni Aponte ~♥︎~
posta que te quema la cabeza saber que te estan siguiendo y no poder hacer nada, que desesperacion total lpm 😭
Yenni Aponte ~♥︎~
nooo amigo que turbio que no los choquen sino que los sigan de lejos para volverlos locos, me da mas miedo esto que una persecucion normal 💀
Yenni Aponte ~♥︎~
​no me podés cortar el arco así lpm 😭 quede re manija, subí el próximo cap rápido que me va a dar algo de la ansiedad! 🔥
Yenni Aponte ~♥︎~
​NOOOO ALGUIEN SE BAJÓ CON BOTAS TÁCTICAS Y LOS EMPEZÓ A PERSEGUIR 😱 corrannn por favor no los pueden agarrar!!
Yenni Aponte ~♥︎~
se me heló la sangre cuando se escuchó el pestillo de la puerta 💀 chau no respiré en toda esta parte
Yenni Aponte ~♥︎~
nooo me da un infarto, están saliendo al callejón a ciegas y la camioneta re cerca 😭 salgan de ahí yaaaa
Yenni Aponte ~♥︎~
esa frase define a la perfección la locura que están viviendo. No podés cortar el capítulo justo cuando van a salir por la puerta trasera, necesito la continuación urgente
Yenni Aponte ~♥︎~
Se me heló la sangre en esta parte... Escuchar cómo frena la camioneta afueras y ver los faros iluminando el sótano como escáneres es demasiado tenso. Sentí el pánico de Valentina y Miguel en la piel 💀
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