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VEINTICUATRO(BL): Línea Roja

VEINTICUATRO(BL): Línea Roja

Status: En proceso
Genre:Posesivo / Diferencia de edad / Romance
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Daemin

Segunda temporada de VEINTICUATRO (BL)


Han pasado Dos años.

Dylan Lara ya no es el novato impulsivo que corría en pistas ilegales. Ahora es uno de los corredores más temidos del circuito internacional. Fama, contratos millonarios y un lugar asegurado entre los mejores. A su lado sigue Nathaniel Liu, el hombre que lo secuestro, lo protege… y lo ama con una intensidad que roza lo posesivo.

Pero el éxito siempre atrae algo más que admiradores.

Un nuevo corredor irrumpe en sus vidas. Nadie sabe de dónde salió. Nadie conoce su pasado. Solo hay un detalle inquietante: parece saber demasiado.

Mientras la competencia se vuelve más violenta, los sabotajes más precisos y viejos secretos familiares comienzan a salir a la luz, Dylan descubre que el peligro no está solo en la pista. Alguien lo observa. Lo estudia. Lo desea.

Quiere poseerlo.

Cuando el amor se mezcla con obsesión, celos y poder… ¿quién cruzará primero la línea roja?

NovelToon tiene autorización de Daemin para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 6: Discusión en la mesa

El ambiente cambió apenas cruzaron la puerta.

La sala era amplia, con muebles de madera oscura y cuadros de paisajes en las paredes. Había un olor a café recién hecho y a pan horneado, ese aroma que solo tenían las casas donde alguien cocinaba con cariño. Pero a pesar de la calidez del lugar, la tensión se podía cortar con cuchillo.

Andrik estaba de pie cerca del sofá, con una taza en la mano y una sonrisa que se amplió en cuanto vio a su hermano menor. Se acercó rápido y lo envolvió en un abrazo fuerte, dándole palmadas en la espalda.

—Ya era hora, pollito—dijo, con la voz ronca pero cálida—. Mamá no dejaba de preguntar por ti.

—Ya sé, ya sé —respondió Dylan, riendo contra su hombro—. ¿Cómo has estado?

—Bien, bien. Trabajando, como siempre. —Andrik se separó y lanzó una mirada a Nathan, asintiendo en señal de saludo—. Nathan.

—Andrik —respondió Nathan con el mismo tono neutral.

No hubo hostilidad, pero tampoco calidez. Solo el reconocimiento mutuo de dos hombres que sabían exactamente quién era el otro y qué lugar ocupaban en la vida de Dylan.

Y luego, estaba el padre.

Don Manuel Lara permanecía sentado en su sillón, con el periódico doblado sobre la rodilla y una expresión que no se molestaba en suavizar. Era un hombre de hombros anchos y cabello entrecano, con la mirada dura de quien había construido un imperio desde cero y no estaba acostumbrado a que le discutieran. Su empresa, Lara Motores, era una de las más respetadas del país en la fabricación de motores de alto rendimiento, y él se había ganado cada centímetro de su reputación a base de trabajo y carácter.

Cuando Dylan entró, no se levantó. Solo alzó la vista y lo saludó con un breve movimiento de cabeza.

—Hijo.

—Papá.

Ese fue todo el saludo. Frío. Distante. Como siempre.

La señora Lara, experta en disipar tensiones, tomó las riendas de la situación.

—Bueno, ya que están todos aquí, pasemos al comedor. Preparé algo de comer, y podemos ponernos al día.

Caminaron hacia el comedor, una mesa amplia de madera oscura donde ya estaban dispuestos los platos y cubiertos. Doña Elena se aseguró de que Nathan se sentara a la derecha de Dylan. Andrik se sentó al otro lado, y don Manuel ocupó la cabecera, su presencia imponente y silenciosa.

La comida comenzó con conversaciones ligeras. Doña Elena preguntó sobre el entrenamiento de Dylan, sobre sus próximas carreras, sobre cómo estaba viviendo en España. Andrik intervino de vez en cuando con comentarios sarcásticos que hacían reír a su hermano. Nathan respondía con cortesía cuando le dirigían la palabra, manteniendo una actitud educada pero reservada.

—Así que —la voz de don Manuel cortó el aire como un cuchillo—, ¿sigues con eso de las carreras?

Dylan dejó el tenedor sobre el plato, su mandíbula tensándose.

—Sí, papá. Sigo con eso.

—Pensé que después del accidente de tu... amigo —dijo, lanzando una mirada cargada de intención hacia Nathan—, se te habría quitado la tontería.

El ambiente se volvió pesado. Doña Elena bajó la mirada, apretando la servilleta entre sus manos. Andrik se tensó en su silla.

—No fue una tontería —respondió Dylan, con la voz firme pero controlada—. Fue una carrera. Y Nathan no es solo "mi amigo", es mi novio.

Don Manuel soltó una risa seca, sin humor.

—Ya sé quién es. Y sé lo que pasó en esa carrera. ¿De verdad crees que no me entero de las cosas, Dylan? ¿Crees que no sé que casi terminas en el hospital por culpa de ese circo?

—No fue culpa de nadie —replicó Dylan, apretando los puños bajo la mesa—. Fue un accidente. Y Nathan resultó herido por protegerme a mí.

—Exacto —dijo don Manuel, golpeando la mesa con el dedo—. Porque tú te metiste en una situación que no debías. Y él tuvo que pagar las consecuencias.

Nathan, que hasta ese momento había permanecido en silencio, intervino con calma.

—Señor Lara, con todo respeto, yo tomé esa decisión por mi cuenta. Dylan no me pidió que lo hiciera. Y si volviera a estar en esa situación, lo haría de nuevo.

Don Manuel lo miró fijamente, evaluándolo con esa mirada que había intimidado a cientos de proveedores y competidores a lo largo de los años.

—Usted no me conoce, joven —dijo, con voz baja pero cortante—. Y no sabe nada de mi hijo.

—Sé suficiente —respondió Nathan, sin inmutarse—. Sé que es talentoso, que trabaja duro y que ha construido su carrera desde cero. Y sé que merece respeto, al menos en su propia casa.

El silencio cayó como un manto pesado.

Doña Elena intervino rápido, tratando de suavizar el ambiente.

—Bueno, bueno, ya está. No vamos a discutir en la mesa. Manuel, por favor.

Don Manuel la ignoró. Siguió mirando a Nathan con esa mezcla de desprecio y curiosidad que solo un padre orgulloso y terco podía tener.

—Usted cree que lo sabe todo, ¿no? —dijo, con una sonrisa torcida—. Cree que porque tiene dinero y una empresa importante, puede venir aquí y decirme cómo tratar a mi hijo.

—No vine a decirle nada —respondió Nathan, con la misma calma—. Vine porque Dylan quería ver a su madre. Y porque, a pesar de lo que usted piense, me importa.

Dylan dejó el tenedor con un golpe seco contra el plato.

El sonido resonó en toda la mesa.

Doña Elena levantó la vista, alarmada. Andrik se quedó quieto, con el cuchillo a medio camino. Nathan, en cambio, observó a Dylan con atención, listo para intervenir si era necesario.

—Sabes qué, papá —dijo Dylan, con la voz temblorosa pero firme—. No tengo hambre.

Se levantó de la silla sin pedir permiso, empujándola hacia atrás con un movimiento brusco. La mirada de su padre lo siguió, cargada de desaprobación.

—Siéntate, Dylan. No hemos terminado.

—Yo sí terminé —respondió él, sin mirarlo atrás.

Y salió del comedor con pasos rápidos, dejando un silencio incómodo que solo se rompió cuando doña Elena dejó caer la servilleta sobre la mesa y fulminó a su esposo con la mirada.

—¿No podías guardarte tus quejas para después de la comida? —preguntó, con una voz baja pero cargada de rabia contenida—. ¿Tanto te cuesta, Manuel?

—Yo solo digo la verdad —replicó él, encogiéndose de hombros con esa terquedad que lo caracterizaba.

—No, tú solo sabes herir —corrigió ella, levantándose también—. Y luego te preguntas por qué tu hijo se fue del país sin mirar atrás.

Don Manuel abrió la boca para responder, pero ella ya se había dado la vuelta y caminaba hacia la cocina, dejándolo solo con su orgullo y su plato a medio terminar.

Andrik suspiró, pasándose una mano por el rostro.

—Voy a ver cómo está Dylan —dijo, levantándose.

Pero Nathan ya se había puesto de pie.

—Yo voy —dijo, con una calma que no dejaba espacio para discusión.

Andrik lo miró un segundo, evaluándolo, y luego asintió.

—Está bien.

Nathan salió del comedor sin apuro, siguiendo el rastro de Dylan hasta el balcón trasero.

______

El aire de la tarde era fresco, cargado del olor a las buganvilias que trepaban por la baranda. Dylan estaba apoyado contra ella, con los brazos cruzados y la mirada perdida en el jardín. Su mandíbula estaba apretada, y cada tanto inhalaba profundo, como si intentara controlar algo que amenazaba con desbordarse.

Nathan se detuvo a su lado, sin invadir su espacio. Se apoyó también en la baranda, mirando en la misma dirección, sin decir nada.

Pasaron unos segundos.

—Sabes que tiene razón, ¿no? —dijo Dylan al fin, con la voz ronca—. En parte. Me fui porque no aguantaba más. Porque cada vez que abría la boca, él encontraba la manera de hacerme sentir que todo lo que hacía estaba mal.

Nathan no respondió de inmediato. Dejó que las palabras se asentaran.

—No tiene razón —dijo finalmente—. Está frustrado, asustado, y no sabe cómo decirlo sin sonar como un idiota. Pero no tiene razón.

Dylan soltó una risa amarga.

—Llevo años escuchándolo. Desde que empecé a correr. "Eso no es una carrera", "eso no es un trabajo", "eso no te va a dar de comer". Y cuando me fui a Estados Unidos, casi le da algo. No me habló durante meses.

—Lo sé —dijo Nathan en voz baja.

Y lo sabía. Había visto los mensajes de texto que Dylan guardaba en su teléfono, los que nunca borraba pero tampoco volvía a leer. Conversaciones enteras donde su padre le reclamaba, le exigía, lo hacía sentir culpable por haber elegido su propio camino.

—A veces pienso —continuó Dylan, pasándose una mano por el cabello— que si me hubiera quedado, hoy sería un ingeniero más trabajando en la empresa familiar, amargado y con una vida que no elegí.

—Pero no te quedaste.

Dylan lo miró.

—Y, parece que es algo que papá no me perdonará nunca

Nathan giró el cuerpo hacia él, apoyando un codo en la baranda.

—Y por eso estás aquí. Por eso tienes una carrera, un equipo, un futuro que construiste solo. Y por eso —hizo una pausa, con una sonrisa apenas esbozada— terminaste conmigo.

Dylan soltó una risa corta, negando con la cabeza.

—Eres un creído.

—Soy realista —corrigió Nathan.

El silenció volvió, pero esta vez era distinto. Más ligero.

Dylan exhaló, soltando la tensión que había acumulado durante toda la comida.

—Gracias por venir —dijo, sin mirarlo—. Sé que no es fácil aguantar a mi papá.

—No vine por él —respondió Nathan, repitiendo las mismas palabras que había dicho en el auto—. Vine por ti.

Dylan lo miró entonces, directo a los ojos. Y por un momento, todo lo demás —las discusiones, los reclamos, la tensión familiar— desapareció.

—Bueno —dijo, enderezándose—. Vamos adentro antes de que mi mamá piense que nos escapamos.

Nathan sonrió.

—Eso sería un clásico en esta familia, ¿no?

Dylan rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír.

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Kim Nava
Dylan es muy confiado aceptando todo lo que le den
Kim Nava
algo me dice que esa bebida ni está vien 🤔🤔🤔
Esther Grace
❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥🤯🤯🤯🤯🤯
ary
algo tiene la bebida
ary
no lo puedo creer jaja
ary
ni un besito no nada🥰
Esther Grace: esos besitos serán lo de menos 😂😂ya me pondré más sería a actualizar más capítulos 🤭
total 1 replies
ary
espero i no se ael muerto
Kim Nava
ya empezamos a ocultar cosas Dylan
Francy Eliana Castillo Gallon
q mujer tan directa y astuta tenía todo calculado será una alianza o una trampa
Francy Eliana Castillo Gallon
se dañó la celebración entre todos los amigos y la pareja de Dilan
Francy Eliana Castillo Gallon
Alessandro se arriesgo demaciado y Dilan aprovecho la ventaja se lanzo a la meta para ganar
Francy Eliana Castillo Gallon
empezó la competencia y Alessandro está pegado a la rueda buscando adelantar a Dilan presionando fuertemente
Francy Eliana Castillo Gallon
Nathan está celoso del italiano llamo mucho la atención de Dilan
Francy Eliana Castillo Gallon
q hombre tan misterioso ese antigas lo hace más interesante será alguien de la competencia o un verdadero admirador
Francy Eliana Castillo Gallon
Nathan es un gran novio muy pendiente de su amado Dilan
Dalia Lara
cuando va aparecer el tipo q se encontró con dilan en el aeropuerto de la otra temporada y q parece medio loquito por él
May Wong
hola, como se llama la novela anterior?
Esther Grace: VEINTICUATRO (BL)
total 1 replies
Dalia Lara
siiiiiií por fin la segunda temporada amo esta novela ,se tardó bastante en sacarla asi q como premio de consolación espero q actualize seguido🥰🥰
Kim Nava
ok ok terminé estos dos capítulos en un rato me voy a leer la anterior😍
Esther Grace: 😂👌🏻👌🏻👌🏻
total 1 replies
Kim Nava
son tres las que me he leído de tus historias empezando con la de
morí olvidada reviví intocable 🤭
Esther Grace: jajajajja síii feliz por tu apoyo incondicional 🌷🥰
total 1 replies
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