🚫⚠️Esta historia, termina en POLIAMOR. Sigan de largo si no les gusta y, no denuncien por fa...⚠️🚫
Seleriun, una deidad que intenta esconderse y encajar en un mundo mortal, a aceptar su inmenso poder.
Lucha contra su propia naturaleza, mientras el destino y sus enemigos lo obligan a revelarse.
(Es la continuación de "Luna de Plata")
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Han aceptado su propia oscuridad
El Valle de los Susurros no era un lugar que pudieras encontrar en un mapa normal. Era un rincón mágico que reaccionaba a los sentimientos de quienes entraban en él. Para Galen y Alec, cruzar la entrada invisible fue como meterse en una piscina de agua helada que les entumecía los músculos. El aire estaba cargado de una energía plateada que hacía que el fuego de Galen se apagara y que el agua de Alec se volviera pesada y difícil de mover.
-Camina con cuidado, dragón- dijo Alec, tratando de mantener la elegancia aunque sus botas de seda estaban llenas de barro -Este lugar siente lo que pensamos. Si dejas que tu rabia se escape, el valle nos enterrará vivos.-
-No necesito que un príncipe me diga qué hacer.- gruñó Galen. Su instinto le decía que Seleriun estaba cerca, pero también sentía que el chico que conoció en la escuela, ese Gris que siempre leía libros, ya no existía -Siento su rastro. Es tan fuerte que me marea.-
De un momento a otro, la niebla se quitó de en medio, dejando ver un círculo perfecto de árboles con hojas de litio que brillaban con luz propia. En el centro no estaba Seleriun, sino un estanque de agua negra como la noche. Era tan oscura que no reflejaba los árboles ni el cielo, sino algo mucho más profundo.
-Si quieren seguir, tienen que mirar.- una voz hermosa y potente resonó en todo el valle. Era la voz de Seleriun, pero sonaba como la de un dios, sin el tono tímido de antes -Este estanque no muestra lo que ustedes quieren ver, sino lo que ocultan en sus corazones. Solo el que acepte su propia oscuridad podrá encontrarme.-
Galen, que siempre era el primero en actuar, se acercó al borde. Al mirar el agua negra, su reflejo cambió. No vio al valiente príncipe de Arev, sino a una bestia salvaje encerrada en una cueva oscura, rodeada de montañas de oro y joyas. En medio de todo ese tesoro, estaba Sil, pero no se movía. Era una estatua de cristal, fría y sin vida. En la visión, Galen sonreía porque el chico era suyo y de nadie más, aunque estuviera muerto por dentro.
-¡No!- gritó Galen, alejándose del agua con horror -¡Yo lo quiero libre! ¡Lo quiero conmigo!-
-Mientes- susurró el eco de Seleriun desde las rocas -En tu sangre de dragón, no ves a un compañero, ves un objeto que poseer. Quieres encerrarlo para que nadie más lo toque. Quieres que brille solo para ti, aunque eso signifique que él pierda su alegría. Tu amor es una jaula.-
Galen cayó de rodillas, golpeando el suelo con rabia y dolor. Se dio cuenta de que su deseo de proteger a Seleriun era, en realidad, un deseo de controlarlo. Le dolió más que cualquier herida de batalla.
Entonces le tocó a Alec. El príncipe de las Islas Azules se acercó con calma, confiando en que él era una buena persona. Pero al mirar el agua, vio algo que lo dejó helado. Se vio a sí mismo como un emperador poderoso, pero Seleriun estaba encadenado a su trono bajo el mar. El cuerpo del joven de plata estaba conectado a máquinas mágicas que le robaban su energía para que las ciudades de Alec no se hundieran. Alec le decía palabras de amor, mientras Seleriun se hacía cada vez más débil.
-Lo hago por mi pueblo... para salvar a mi gente- Susurró Alec, con lágrimas en los ojos.
-Mientes- Repitió la voz de Seleriun -Usas el deber como una excusa para tu ambición. Quieres ser el héroe que domó a un dios. Quieres usar lo que amas para ganar poder. Tu amor es un negocio, Alec.-
Los dos príncipes se quedaron en silencio, avergonzados de lo que acababan de ver. Seleriun los miraba desde una roca alta, escondido. Sus ojos de galaxia estaban tristes. Él no quería que sufrieran, pero necesitaba que entendieran que él no era un trofeo que pudieran ganar o usar.
En su estudio, Susy escribía tan rápido que le dolía la mano. Nick estaba a su lado, dándole fuerzas con su propia magia.
-Es una prueba muy dura, Nick.- dijo Susy con voz triste -Se están viendo tal como son.-
-Es necesario.- Respondió el brujo -Si Seleriun va a dejar que se acerquen de nuevo, tienen que cambiar las reglas. El dragón tiene que aprender a dejar libre a su tesoro y el príncipe tiene que aprender que el amor no tiene precio. Si no lo logran, el valle los echará y Seleriun se quedará solo para siempre.-
De repente, el agua negra del estanque empezó a burbujear. De las profundidades salieron dos sombras que se veían igualitas a Galen y Alec, pero con ojos rojos y voces que daban miedo.
-Si quieren llegar a él.- dijeron las sombras al mismo tiempo -Primero deben destruir lo que creen que merecen.-
Galen se levantó. Su fuego ya no era una explosión loca, sino una llama azul, fría y controlada.
-No merezco ser su dueño.- dijo Galen, mirando a su sombra -Merezco cuidarlo, incluso si él decide que no quiere verme nunca más. Prefiero no tener alas antes que encerrarlo en mi cueva.-
Alec también dejó de lado su orgullo. Sus manos se llenaron de agua pura que brillaba con luz blanca.
-Mi pueblo encontrará otra forma de sobrevivir, o nos hundiremos con honor. No voy a comprar la salvación de mis islas con el dolor de la persona que amo. Prefiero perder mi reino que perder mi corazón.-
Las sombras desaparecieron como si fueran humo. El agua negra se volvió clara y transparente, dejando ver un camino de piedras blancas que llevaba al centro del valle.
Al final del camino, bajo un arco de flores mágicas que solo se abrían una vez cada cien años, estaba Seleriun. Ya no vestía como un estudiante pobre, ni como un príncipe normal. Llevaba una túnica hecha de luz de estrellas que brillaba con cada uno de sus latidos. Se veía tan poderoso que el viento parecía acariciarlo con respeto.
-Han pasado la primera prueba. -Dijo Seleriun, y esta vez su voz era dulce, la voz del chico que ambos amaban -Han aceptado su propia oscuridad. Pero ahora viene lo más difícil. ¿Pueden caminar a mi lado sin intentar mandarme? ¿Pueden amar a un dios sin intentar cambiarlo?-
Galen y Alec se miraron. Ya no se odiaban como antes. Ahora se respetaban porque ambos habían sentido el mismo dolor. Se acercaron a Seleriun, no como cazadores, sino como personas que pedían perdón.
-Gris... Seleriun- Dijo Galen, bajando la cabeza -No me importa quién seas. Solo déjame estar cerca de ti. Prometo que ya no quiero encadenarte.-
Alec se arrodilló y puso su espada en el suelo, en señal de paz.
-Mi lealtad ya no es para un trono, es para ti. Enséñame a ser alguien que merezca estar a tu lado.-
Seleriun sonrió, y en ese momento, todas las flores del valle brillaron tanto que los príncipes tuvieron que cerrar los ojos. Pero la paz duró muy poco. En el horizonte, fuera del valle, una sombra muy vieja y oscura empezó a moverse. El nacimiento de Seleriun había despertado a un Monstruo, una criatura que odiaba la luz y que venía a robarse la energía de la plata para llenar el mundo de oscuridad.
Seleriun miró hacia el cielo y su rostro se volvió serio.
-Parece que la verdadera batalla está por comenzar. -dijo, extendiendo sus manos hacia los dos príncipes -¿Están listos para pelear a mi lado?-
Galen encendió su fuego azul y Alec preparó sus escudos de agua. El error del Espíritu de la Luna los había unido, y ahora, los tres juntos tendrían que salvar su mundo de la nada absoluta.