Una epidemia mortífera provocada por un fármaco que corrompió la sangre humana, extermina por completo a todos los vampiros del mundo. Tan solo sobrevive una mujer, Claudia Dumitrache, debido a que ella fue engendrada antes que estallara la fatídica pandemia. Claudia descubrirá que es una mujer vampiro por sus incontrolables deseos de beber sangre y hacer el amor sin contenerse. Así se inicia toda suerte de riesgos, aventuras, romances y peligros para Claudia en su afán de encontrar a otros vampiros, como ella, recuperar el abolengo y ser feliz con los suyos. Claudia, en efecto, buscará prolongar la estirpe y a la especie engendrando otros vampiros, empero debido a la sangre corrompida de los humanos, ya no surtirá efecto, no solo en sus deseos de embarazarse ni tampoco habrá transformación al morderles el cuello y beberle la sangre a sus víctimas. Claudia es capitana de policía y deberá evitar ser descubierta aunque su naturaleza de mujer vampiro la hará buscar, en forma vehemente y febril, la sangre humana por la ciudad, provocando todo tipo de situaciones y enredos que harán las delicias de los lectores. Claudia buscará igualmente el verdadero amor y en esos afanes, conocerá a muchas personas tratando de hallar la felicidad.
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Capítulo 7
Toda la policía estaba a la caza de "Tarántula" sin embargo yo quería encontrarlo antes que nadie y matarlo con mis propias manos. Tenía esa sed de venganza, esas ansias irrefrenables de hacerle pagar el crimen de Gabriel, envenenándome. Era algo intrínseco, profundo, punzante que me hacía vehemente y terca, obsesionada en matar a ese hombre tan malvado.
Le pregunté a unas mujerzuelas por "Tarántula", también a unos hampones de baja monta que pulan en las calles y me escabullí entre los comercios ilegales de venta de armas y autopartes y busqué información a los que venden fármacos prohibidos. Para mí era fácil filtrarme porque tengo una fisonomía muy sensual, sexy, de femme fatale, por mi condición de vampiro. Los hombres caían rendidos a mis pies y se deshacían en atenciones y las mujerzuelas pensaban que yo también vendía caricias al mejor postor. No sabían que lo realmente quería atrapar a "Tarántula".
Fue entonces supe que "Tarántula" estaba en un hoteclucho empobrecido, maloliente, escondido entre basurales, hecho un nido de ratas, cerca del muelle.
Echando humo de las narices fui a toda prisa, al hotelucho de marras. El conserje me dijo que "Tarántula" estaba en el tercer piso pero pidió que no lo molestaran aún sea su madre y me pidió que mejor me marche.
Obviamente yo no quería que le advirtieran a "Tarántula" que le estaba buscando. -Bueno, será otra noche en que hagamos el amor.-, le dije al responsable del hotel, muy coqueta, moviendo los hombros, mascando goma, abanicando mis ojos y me fui meneando las caderas igual si fuera un bote en plena marejada. El tipo se deleitó mirando mis posaderas meciéndose como palmeras. Se le hizo agua la boca.
El conserje había tercer piso. Me trepé en un árbol, columpiándome por sus ramales y me sujeté hasta el filo de una ventana que daba al pasadizo del tercer nivel del hotelucho. Me deslicé sigilosamente, en cuclillas, tratando de no hacer bulla y me filtré en el pasadizo. Habían cuatro cuartos, tres de ellos vacíos, con las puertas abiertas y uno cerrado. ¡¡¡Allí estaba "Tarántula"!!! No tenía duda alguna.
De pronto, las ansias de venganza se hicieron aún más intensas, la furia incontrolable me volvió un volcán en erupción y echaba humo hasta las orejas. Recordé a Gabriel, de lo maravilloso que lo pasábamos ese corto tiempo, volví a sentir sus caricias, paladear sus besos y de nuevo me vi reflejada en sus ojos enamorados. La cólera se me infló aún más como un aerostático y ya no pude controlarme. Rastrillé mi arma y ¡pum! abrí la puerta de una gran patada. "Tarántula" hacía el amor con una mujerzuela queriendo olvidar, por unos instantes, que la policía lo venía buscando y que el cerco se le estaba estrechando día a día.
"Tarántula" quedó congelado viéndome aparecer amenazante, apuntándole con mi arma en medio de los ojos y la mujer estalló en chillar aterrada, presa del susto, viéndome como un espectro, echando humo de las narices, con mi mirada incendiada, dando bufidos y jadeos incontrolables, alzada igual a una pantera frente a ellos.
-¿Quién eres? ¿Qué quieres? ¿Qué te he hecho?-, balbuceaba "Tarántula" asustado, sumido en el pánico, intentando alcanzar su pistola que estaba en el velador pero él estaba demasiado lejos del mueble. Jamás la podía tomarla. Yo seguía alzada frente a él, jadeando y soplando mi ira sin contestarle con las imágenes de Gabriel bailoteando en mi cabeza.
-Tengo mucho dinero, joyas, pídeme lo que quieras, mujer, pero no me mates-, me suplicó "Tarántula".
-Mataste a mi hombre-, fue exactamente lo que le dije. Fue lo único que mascullé, además. El balazo le atravesó la cabeza a "Tarántula", haciendo estallar su cráneo como una calabaza, esparciendo sus sesos igual a esquirlas por todo el cuartucho. Luego se derrumbó sin vida sobre las almohadas, hecho una piltrafa.
Como la mujer no dejaba de chillar, ahora más fuerte después del disparo, ¡pum! le metí un furibundo puñetazo noqueándola y dejándola inconsciente encima del cadáver de "Tarántula". -Calla, perra-, mastiqué enfadada porque sus aullidos me rompían los tímpanos.
Muchos ladrones y hampones de otros pisos, huyeron despavoridos, lanzándose por las ventanas, dando tumos y alaridos, escapando desnudos, llevándose las ropas en sus manos, llevándose a sus mujerzuelas, pensando que era la policía, en medio del intenso caos que provocó mi disparo.
Me acerqué donde "Tarántula" y no sé por qué, metí mi mano en su cráneo reventado, la encharqué de sangre y la lamí con deleite, saboreándolo con embeleso los restos sanguinolentos y sebosos del malvado sujeto. ¡¡¡Yo estaba realmente loca!!!