Haberle querido fue un error, pero seguía deseándole…
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Capitulo 7
De todos modos, se soltó el cabello y se lo cepilló. En cuanto el sol se pusiera, refrescaría. La cola de caballo le parecía demasiado informal para una cena y le dejaba el cuello al descubierto.
A pesar de todo lo que se había dicho a sí misma, estaba expectante. Le temblaban las piernas al bajar la escalera y dirigirse a la biblioteca. La pequeña estancia estaba llena de estanterías, del suelo al techo, donde había libros de historia, biografía y novelas.
Danel sí se había cambiado de ropa. Vestía informalmente cuando ella había llegado. Ahora lleva unos pantalones azul marino y una camisa blanca. Las gafas de carey que descansaban en el puente de su nariz, mientras leía un volumen encuadernado en cuero, eran nuevas.
Helena se mordió el labio inferior con fuerza. A Dan le sobraba atractivo sexual. No necesitaba el detalle de las gafas.
–¿Son los libros de tu padre? –preguntó buscando un tema intrascendente. La alternativa era lanzarse sobre él.
La arruga que se le formó a Dan entre las cejas le indicó que la pregunta lo había desconcertado.
–No, son míos.
Ella no pudo disimular la sorpresa. ¿Cuándo se quedaba sentado Danel el tiempo suficiente para leer?
–Ah…
Él la miró, claramente contrariado.
–¿Creías que no era más que un deportista estúpido?
–Claro que no, pero…
–¿Qué? Suéltalo.
Lo que ella quería decir era que él parecía cambiado. Estaba más centrado.
–Nada –masculló–. ¿Puedo tomar algo?
Él le sirvió una copa de su champán preferido y se la tendió.
–Salud –dijo con brusquedad.
Sus dedos se rozaron levemente cuando le entregó la copa. ¿Cómo se acordaba él del champán que prefería?
–Me sorprende que te acuerdes de lo mucho que me gusta –debía de haber salido con cientos de mujeres desde la ruptura y de haber intimado con unas cuantas. ¿No era eso lo que los hombres de la familia Maxwell hacían? ¿Probar todo el bufé?
Danel dio un paso hacia ella. Sus ojos lanzaban chispas.
–Recuerdo cada momento del tiempo que pasamos juntos, Helena. Todos y cada uno. Eres una mujer difícil de olvidar.
La forma en que la miró la dejó sin respiración. Y el corazón comenzó a latirle a menos velocidad. Estuvo a punto de lanzarse a sus brazos.
–No debería haber venido, ¿verdad?
–Depende –contestó él mirándole la boca.
–¿De qué?
–De si quieres avivar el fuego.
Media hora después, Danel se hallaba sentado a la mesa frente a su nueva secretaria maldiciéndose por su peligrosa estupidez. Los ojos castaños de Helena estaban empañados de excitación. No era una conjetura presuntuosa por su parte. La conocía. Íntimamente. Sabía cuál era su aspecto después de una noche de pasión, cuando se despertaban abrazados, dispuestos a volver a hacerlo.
Ni siquiera habían pasado veinticuatro horas y ya se había pasado de la raya.
–Lo siento –dijo, una disculpa que incluso a él le pareció torpe y formal–. No debería haberte dicho eso. Te doy mi palabra de que no volverá a suceder.
Helena lo miró. Apenas había probado el rosbif y el puré de patatas, después de picotear la ensalada.
–¿Cómo están tan seguro?
Él se sobresaltó, molesto ante lo que sin duda era una pregunta burlona.
–Porque no lo consentiré.
–¡Qué pomposo y arrogante! –su mirada parecía juzgarlo–. Somos adultos. Y esta situación es temporal. Nadie nos consideraría culpables por disfrutar de una relación temporal.
–No lo acepto. Me tomas el pelo, ¿verdad? –Danel dirigió la mirada hacia la puerta esperando que la señora Peterson lo rescatara de aquella surrealista conversación.
–No he podido resistirme.
Él se bebió la copa de vino de un trago. Tenía la garganta seca.
–Ya veo que sigues burlándote.
Helena deslizó el dedo arriba y abajo del tallo de la copa, un gesto sensual tan evocador que a él se le puso la carne de gallina.
–Me gusta jugar contigo, Dan. Todo el mundo en la empresa se anda con pies de plomo cuando se refiere al jefe. Pero yo sé la verdad. Eres un gatito cuando se te sabe acariciar el lomo –su burlona sonrisa le oprimió el corazón hasta que hacerle daño.
–Será mejor que hablemos del trabajo que vamos a hacer –dijo él tratando de recuperar el control de la situación…