Mucho dolor, sorpresas y acontecimientos que nos lleva a un amor nuevo.
NovelToon tiene autorización de Citlally quinn para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Están hermosas!
Francesca
Nunca había ido a un club, nunca había salido a bailar, de hecho, creo que nunca había salido más que para hacer las actividades que tenía asignada.
No me emborrache, ni fume a escondidas, o me escape de casa, hasta ahora mi vida había sido completa y totalmente aburrida, eran las nueve de la noche y estaba con Bianca vistiéndome en un atrevido vestido dorado que me había obligado a comprar hoy.
Era demasiado, corto por encima de las rodillas y con un escote en la espalda que escandalizaría inclusive al menos puritano, claramente no lo había elegido yo, pero, según mi mejor amiga tengo un pésimo sentido de la moda, palabras suyas no mías, la deje hacer, el vestido combinaría con unas sandalias a tono y había preparado un maquillaje que resaltaría mis ojos.
Cuando quise atarme el pelo dejo bien en claro que esta noche, iría suelto, acorde a la nueva Francesca que debería empezar a dejar salir.
La nueva Francesca.
Aun no estaba segura de quien era, o en que me convertiría, pero estaba tratando de dejar de lado todas esas voces inseguras que me carcomían la mayor parte del día, quería luchar con uñas y dientes por descubrirme, por quererme y por aceptarme.
No es como que fuera a empezar o descubrirlo esta noche, pero por primera vez no me cuestione si el atuendo era adecuado o no, si mi pelo se vería prolijo y recatado. No, quería fluir, así como dejo fluir el pincel cada vez que pinto, sin reglas, sin estructuras, sin límites.
Cuando termino y me vi en el espejo, la respiración se me corto, no me veía para nada como yo y en alguna parte me sentí yo misma, suena loco e inentendible, pero fue de las primeras veces que me miré al espejo y me sonreí.
Bianca termino de arreglarse, estaba hermosa en ese vestido rojo que acentuaba el fuego de su cabello, sus ojos verdes siempre eran una combinación perfecta, además, tenía unas botas que hacían ver sus piernas kilométricas.
A veces la miraba y envidiaba un poco la confianza que emanaba, siempre fue la más fuerte de las dos, donde yo me acobardaba y me retraía, ella era desafiante y aguerrida, mientras yo me sentía ansiosa con todos, ella se movía con naturalidad, fluyendo en donde sea, como si siempre perteneciera ahí.
Yo no pertenecía a ningún lugar.
—Lista? — me llamo, sacándome de mis cavilaciones, sonreí y asentí—. Vamos entonces a mover el cuerpo, quiero ver que ofrece ese ruso que está mejor que cualquier postre que he probado.
Negué con la cabeza, habíamos tenida esa conversación en el almuerzo, fui clara cuando le dije que se olvidara de ello, que no intentara nada porque eso solo traería problemas, ella ya estaba prometida a alguien y no tardarían mucho más en hacerlo oficial. Además, era ruso y los italianos los odiaban, habían permitido uno porque suponía una alianza y era el Boss, pero era claro que no dejarían que sus hijas siguieran mi destino.
Y menos la hija del consigliere del Don de la Cosa Nostra.
—Red...— dije, tratando de sonar lo más empática que podía, pero no me dejo terminar me callo antes.
—Tranquila, lo sé— me sonrió—. Se cuáles son mis limites Fran, no soy idiota, pero esta noche es nuestra primera vez en un club, solas las dos con dos hombres que parecen sacados de un catálogo de Calvin Klein, solo quiero divertirme con mi mejor amiga— me sostuvo una mano—. Quien sabe cuánto tiempo va a pasar hasta que nos volvamos a ver, quiero que esta noche sea nuestra, tuya y mía. Además, un poco de baile caliente y coqueteo no van a matar nadie.
Me guiño el ojo y negué sonriendo, no había caso con ella.
Salimos de mi habitación y cuando llegamos al final de la escalera vi a Marko parado esperándonos, nunca iba a dejar de asombrarme lo bien que ese hombre se veía, pero esta noche había algo particularmente distinto que no lograba ver que era.
Tenía un pantalón negro de vestir y una camisa haciendo juego, arremangada hasta los codos, dejando ver las venas de sus brazos, su pelo no estaba peinado como siempre, parecía despeinado de una forma sexy.
Esa que te quita el aliento.
Cuando nos escuchó se giró y nuestras miradas se encontraron, parpadeo al momento en que sus ojos barrieron de forma lenta y precisa mi vestido. Algo oscuro y pesado se asentó en las profundidades de esos pozos azules, provocándome una corriente de escalofrió por todo el cuerpo.
—Están hermosas— dijo cuando llegamos con el—. ¿Vamos? El auto está afuera esperándonos.
—Gracias— dijo Bianca—. Es usted un caballero siempre.
—Solo Marko, Bianca— me tomo de la mano y entrelazo nuestros dedos—. Eres la mejor amiga de mi esposa, creo que podemos tutearnos.
—Ciertamente— salimos afuera, dejando que mi amiga se nos adelantara y se metiera primera al auto, lo que nos dejó un segundo solos.
—Quisiera decirte que estas hermosa, mía cara— susurro Marko en mi oído, mientras su mano pasaba lenta y perezosa por la piel desnuda de mi espalda—. Pero incluso eso quedaría demasiado insignificante para describir realmente como te ves esta noche.
Antes de que pudiera decir cualquier cosa, me guio al auto donde mi amiga nos esperaba.
Diez minutos después estábamos llegando al club, antes de entrar al estacionamiento privado pasamos por la puerta donde la fila era de una cuadra, no entendía como tanta gente hacia fila tanto tiempo para entrar a un lugar que probablemente adentro estaría explotado de personas.
Nos bajamos y Marko volvió a sostener mi mano mientras entrabamos al lugar, mi cuerpo vibrando por demasiadas cosas, su cercanía, la música fuerte que atravesaba hasta tu más mínimo pensamiento, las luces parpadeantes, la gente bailando, todo era demasiado. Subimos una escalera hasta un reservado, donde había una mesa baja bastante amplia y dos grandes sillones, Dominik ya estaba ahí esperándonos y me sorprendió en ver como su mirada cambio en cuanto Bianca entro en escena.
Francesca
Nunca había ido a un club, nunca había salido a bailar, de hecho, creo que nunca había salido más que para hacer las actividades que tenía asignada.
No me emborrache, ni fume a escondidas, o me escape de casa, hasta ahora mi vida había sido completa y totalmente aburrida, eran las nueve de la noche y estaba con Bianca vistiéndome en un atrevido vestido dorado que me había obligado a comprar hoy.
Era demasiado, corto por encima de las rodillas y con un escote en la espalda que escandalizaría inclusive al menos puritano, claramente no lo había elegido yo, pero, según mi mejor amiga tengo un pésimo sentido de la moda, palabras suyas no mías, la deje hacer, el vestido combinaría con unas sandalias a tono y había preparado un maquillaje que resaltaría mis ojos.
Cuando quise atarme el pelo dejo bien en claro que esta noche, iría suelto, acorde a la nueva Francesca que debería empezar a dejar salir.
La nueva Francesca.
Aun no estaba segura de quien era, o en que me convertiría, pero estaba tratando de dejar de lado todas esas voces inseguras que me carcomían la mayor parte del día, quería luchar con uñas y dientes por descubrirme, por quererme y por aceptarme.
No es como que fuera a empezar o descubrirlo esta noche, pero por primera vez no me cuestione si el atuendo era adecuado o no, si mi pelo se vería prolijo y recatado. No, quería fluir, así como dejo fluir el pincel cada vez que pinto, sin reglas, sin estructuras, sin límites.
Cuando termino y me vi en el espejo, la respiración se me corto, no me veía para nada como yo y en alguna parte me sentí yo misma, suena loco e inentendible, pero fue de las primeras veces que me miré al espejo y me sonreí.
Bianca termino de arreglarse, estaba hermosa en ese vestido rojo que acentuaba el fuego de su cabello, sus ojos verdes siempre eran una combinación perfecta, además, tenía unas botas que hacían ver sus piernas kilométricas.
A veces la miraba y envidiaba un poco la confianza que emanaba, siempre fue la más fuerte de las dos, donde yo me acobardaba y me retraía, ella era desafiante y aguerrida, mientras yo me sentía ansiosa con todos, ella se movía con naturalidad, fluyendo en donde sea, como si siempre perteneciera ahí.
Yo no pertenecía a ningún lugar.
—Lista? — me llamo, sacándome de mis cavilaciones, sonreí y asentí—. Vamos entonces a mover el cuerpo, quiero ver que ofrece ese ruso que está mejor que cualquier postre que he probado.
Negué con la cabeza, habíamos tenida esa conversación en el almuerzo, fui clara cuando le dije que se olvidara de ello, que no intentara nada porque eso solo traería problemas, ella ya estaba prometida a alguien y no tardarían mucho más en hacerlo oficial. Además, era ruso y los italianos los odiaban, habían permitido uno porque suponía una alianza y era el Boss, pero era claro que no dejarían que sus hijas siguieran mi destino.
Y menos la hija del consigliere del Don de la Cosa Nostra.
—Red...— dije, tratando de sonar lo más empática que podía, pero no me dejo terminar me callo antes.
—Tranquila, lo sé— me sonrió—. Se cuáles son mis limites Fran, no soy idiota, pero esta noche es nuestra primera vez en un club, solas las dos con dos hombres que parecen sacados de un catálogo de Calvin Klein, solo quiero divertirme con mi mejor amiga— me sostuvo una mano—. Quien sabe cuánto tiempo va a pasar hasta que nos volvamos a ver, quiero que esta noche sea nuestra, tuya y mía. Además, un poco de baile caliente y coqueteo no van a matar nadie.
Me guiño el ojo y negué sonriendo, no había caso con ella.
Salimos de mi habitación y cuando llegamos al final de la escalera vi a Marko parado esperándonos, nunca iba a dejar de asombrarme lo bien que ese hombre se veía, pero esta noche había algo particularmente distinto que no lograba ver que era.
Tenía un pantalón negro de vestir y una camisa haciendo juego, arremangada hasta los codos, dejando ver las venas de sus brazos, su pelo no estaba peinado como siempre, parecía despeinado de una forma sexy.
Esa que te quita el aliento.
Cuando nos escuchó se giró y nuestras miradas se encontraron, parpadeo al momento en que sus ojos barrieron de forma lenta y precisa mi vestido. Algo oscuro y pesado se asentó en las profundidades de esos pozos azules, provocándome una corriente de escalofrió por todo el cuerpo.
—Están hermosas— dijo cuando llegamos con el—. ¿Vamos? El auto está afuera esperándonos.
—Gracias— dijo Bianca—. Es usted un caballero siempre.
—Solo Marko, Bianca— me tomo de la mano y entrelazo nuestros dedos—. Eres la mejor amiga de mi esposa, creo que podemos tutearnos.
—Ciertamente— salimos afuera, dejando que mi amiga se nos adelantara y se metiera primera al auto, lo que nos dejó un segundo solos.
—Quisiera decirte que estas hermosa, mía cara— susurro Marko en mi oído, mientras su mano pasaba lenta y perezosa por la piel desnuda de mi espalda—. Pero incluso eso quedaría demasiado insignificante para describir realmente como te ves esta noche.
Antes de que pudiera decir cualquier cosa, me guio al auto donde mi amiga nos esperaba.
Diez minutos después estábamos llegando al club, antes de entrar al estacionamiento privado pasamos por la puerta donde la fila era de una cuadra, no entendía como tanta gente hacia fila tanto tiempo para entrar a un lugar que probablemente adentro estaría explotado de personas.
Nos bajamos y Marko volvió a sostener mi mano mientras entrabamos al lugar, mi cuerpo vibrando por demasiadas cosas, su cercanía, la música fuerte que atravesaba hasta tu más mínimo pensamiento, las luces parpadeantes, la gente bailando, todo era demasiado. Subimos una escalera hasta un reservado, donde había una mesa baja bastante amplia y dos grandes sillones, Dominik ya estaba ahí esperándonos y me sorprendió en ver como su mirada cambio en cuanto Bianca entro en escena.
—Marko…— jadee y exhale un suspiro, dejando que mis ojos se cerraran.
—Suficiente para ti ángel, nos vamos— no proteste, tenía razón me sentía mareada, salimos del lugar no sin que Marko se asegurara que Bianca estaría en una hora en casa y escoltada por sus hombres.
Dentro del auto me recosté sobre el asiento, tratando de calmar mi cabeza y la ansiedad de mi cuerpo.
Cuando llegamos Marko me despidió en mi habitación, algo frustrada por su inesperada distancia, pensé que al menos me besaría, no fue así, quizás no le había gustado esta noche tanto como había dicho.
Me desnude de camino al baño, había algo bastante liberador en sentirse mareada por el alcohol, te desinhibía de cierta forma. Me metí bajo el agua y me di una ducha rápida solo para sacarme el sudor y el olor a humo y alcohol.
Salí desnuda, sin tomar una toalla y me miré al espejo.
Tenía el pelo mojado, la mirada brillosa y las mejillas sonrojadas y me gusté, por primera vez me vi al espejo y me sentí hermosa, había algo diferente, era minúsculo, pero estaba ahí.
Casi lloro sino me hubiera asustado hasta la medula cuando la puerta se abrió, captando la mirada de sorpresa a través del espejo en el hombre detrás de mí.