Sol ha sobrevivido diez años sin nombre, sin recuerdos y sin más compañía que el dolor. Desde que despertó a los dieciocho sin saber quién era, su vida se convirtió en golpes y tortura. Pero todo cambia cuando llega al castillo del rey demonio... Y él, sin explicación alguna, le pide matrimonio.
¿Acaso ya se conocen? Quizás, el secreto de su recuerdos sean la respuesta porque él la ama tanto.
NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 14
El sonido metálico de las cadenas resonaba en cada pared del calabozo. Sol colgaba de las muñecas, suspendida, con los brazos entumecidos y la cabeza palpitando por los recuerdos que regresaban sin permiso aparente; su familia, el fuego y la sangre.
Recordarlo le dolía… pero ese dolor ya no la quebraba, puesto que volvía mas de piedra su corazón
Un grito desgarrador retumbó desde otra sala. Sol abrió los ojos sin mostrar miedo. Ese tipo de grito ya no la perturbaba; es como si lo que le pasó a su familia hubiera sido ayer. Ese dolor ajeno no es comparable con lo que ella ha vivido.
Probó jalar las cadenas de nuevo. Nada. El metal seguía firme.
La puerta del calabozo chirrió con un sonido oxidado y desagradable. Cuando terminó de abrirse, un hombre delgado, pálido y cubierto de sangre apareció en el umbral. Tenía un cuchillo aún goteando, y una sonrisa torcida de depredador.
Sol lo observó sin parpadear. Sus piel llena de cicatrices hubiera horrorizado a cualquiera, a alguien sin haber vivido un infierno. Pero ella ya lo hizo dos veces.
— Supongo que fuiste tú quien me secuestró. —soltó con voz áspera, sin molestarse en sonar asustada—. ¿Qué quieres de mí?
Jack Lon avanzó lento, examinándola de arriba abajo con una familiaridad nauseabunda.
— Odio ese vestido —gruñó antes de arrancárselo bruscamente, dejando a Sol en ropa interior. Luego tomó su barbilla, obligándola a levantar la cabeza—. Ese vestido significaba que te ibas a comprometer. Pero no. Tú me perteneces. Yo soy tu dueño. Te compré a los Meyer a un precio nada comparable con tu poder.
Sol no apartó la mirada. Pero por dentro, el veneno de su rencor ardía.
— Ya veo… —dijo con descaro—. Así que tú eres Jack Lon, el torturador. ¿Vas a divertirte conmigo entonces?
Jack sonrió, satisfecho por el desafío.
— No te compré para eso —se inclinó como si fuera a besarla, pero solo acercó sus labios a su oído—. Me ayudarás a torturar. Tu poder de venenos será útil. Y el niño… lo compré para ser nuestro conejillo de experimentos.
"¿Noel?"
La sangre de Sol se enfrió. Jack sabía demasiado de ella. Nadie más que su familia sabía de su segundo poder.
— Te reconocí —continuó él, orgulloso—. Dormías en el sótano de las plantas medicinales. Tu poder… tus flores… era obvio. Los Meyer te explotaron bien. Y cuando descubrí quién eras realmente, insistí en comprarte. Soy uno de los asesinos de la familia real… no podían negarse.
El estómago de Sol se revolvió a un punto de querer vomitar. Las imágenes volvieron, fuego y espadas cubiertas de sangre. Los asesinos encapuchados. Y uno de ellos era él.
Respiró hondo.
Y preguntó sin mostrar emoción.
— ¿A quién mataste tú?
— A la reina Violeta —respondió sin arrepentimiento— Ricardo nos contrató. Cuando mencionó tu bendición, me obsesioné contigo. Una fábrica viviente de venenos… era irresistible. Te perdí aquella noche porque Meyer fue más rápido... Pero esa cicatriz —sonrió, recorriendo su rostro con la mirada— te queda perfecta. Me gustas demasiado como para dejarte ir.
La ira de Sol dejó de ser un nudo. Ella levantó la vista y le habló con un tono seductor, venenoso, calculado.
— Quizá… me gusta cómo me tratas. Tal vez este mundo ya me cansó. Podría servirte, Jack. Dolor, placer… no tengo problemas con eso. Después de todo, ya no me importa nada. Ni siquiera herir a otros. Tú si me amarías por lo que soy ¿Verdad?
Jack sonrió, complacido. Cayó de lleno en la trampa. Se inclinó y la besó.
Sol le correspondió… con un pensamiento frío.
“Caíste, maldito."
Jack se separó con una carcajada.
— Ese fue el beso más falso de mi vida. Tus labios se sintieron ásperos —le apretó las mejillas bruscamente—. Soy inmune a tus venenos. ¿Crees que no conozco por completo tu bendición? Nadie vendrá a ayudarte. Me servirás solo a mí.
Sol lo miró fijamente… y sonrió.
— Te equivocas en dos cosas, Jack.
Él frunció el ceño.
Sol dirigió su mirada por detrás de él.
— Primero… —susurró— siempre tengo ayuda. Segundo… no te di veneno. Lo de mis labios es una planta medicinal que paraliza el cuerpo. Deja la conciencia intacta. Perfecta para tratar heridas… y para inmovilizar a imbéciles como tú.
Jack abrió los ojos aterrorizado al sentir cómo su cuerpo dejaba de obedecerle. Su respiración se volvió irregular.
Antes de que cayera al suelo, una mano fuerte lo sostuvo del cuello.
Lumiel.
Él habló con una frialdad que ella jamás le había escuchado.
—Tu muerte será… simple. Porque en el infierno te haré condenar por toda la eternidad.
— Morgana…— murmuró Jack, incapaz de mover ni un dedo.
— Matalo.— ordenó ella.
El crujido lento y seco de su cuello rompía el silencio del calabozo poco a poco. Era evidente de que Jack sufría hasta que el rey por mera misericordia le da un apretón más fuerte. El cuerpo cayó como plomo.
Lumiel corrió hacia ella.
— ¡Sol! —rompió las cadenas de inmediato y ella se lanzó a sus brazos, abrazándolo con una fuerza desesperada—. Perdóname… perdóname por no llegar antes. ¿Te hizo algo más? —preguntó mientras la cubría con su capa, apartando la vista de su cuerpo expuesto.
Sol respiró hondo.
— Estoy bien —mintió con una leve sonrisa. Sus piernas cedieron y Lumiel la cargó sin dudar.
Atravesaron el pasillo donde Sol había escuchado el grito. Dentro, el cadáver desfigurado de otra víctima permanecía tirado. Sol solo apretó los dientes.
— ¿Cómo me encontraste tan rápido? —preguntó.
— Seguí las pistas que dejaste… y no quiero que recuerdes nada de esto. Es mi culpa. Prometí que nada te pasaría. Casi te vuelvo a perder.
Sol lo observó en silencio mientras caminaban por los túneles hacia el exterior. Lumiel ya no era el joven príncipe que ella había conocido. Era un hombre, fuerte, capaz, decidido.
Su rey.
Su demonio.
Y él aún no sabía que ahora ella lo recordaba todo.
— Seguro te veías hermosa con tu vestido —dijo Lumiel con voz suave— Te haré decenas de ellos, te cuidare personalmente, protegeré hasta tu sombra. Si eso me asegura de que no tendrás más peligros. De lo contrario, me arrancaré los cuernos y te lo entregaré a tí.
Sol rio con cariño y burla.
— Lo sé. Eso me hace recordar nuestra promesa de que me darías tus cuernos si te enamorabas de alguien más. Dime, Lumiel ¿Amas a otra persona?
Lumiel se detuvo de golpe. La miró como si acabara de ver un milagro. Como si temiera estar soñando.
— ¿Morgan?
Sol le acarició la mejilla, con lágrimas contenidas.
— He vuelto, mi príncipe.
Lumiel no respondió de momento. Solo la miró, con el corazón desbordándose en los ojos. Nunca antes se había visto llorar al rey de los demonios. Solo en dos ocasiones y fueron por la misma mujer.
— Que pregunta tan tonta. Por supuesto que te sigo amando como nunca, Sol de mi vida.— respondió antes de caer de rodillas.