Sin spoiled
NovelToon tiene autorización de Gabrielcandelario para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 10
El cuerpo de Li fue procesado por el silencio. Esa es la diferencia fundamental entre el mundo del que vengo y el mundo en el que ahora respiro: en los callejones, la muerte hace ruido; en las colinas, la muerte es un trámite administrativo que se resuelve con una llamada y una limpieza profunda.
No dormí. Pasé la noche sentado en un sillón de terciopelo frente al ventanal de mi habitación, viendo cómo las luces de la ciudad se apagaban una a una, como si la existencia de las personas fuera tan fácil de extinguir como pulsar un interruptor. Julian Vane había nacido oficialmente a las 11:45 de la noche, con un disparo silenciado en un sótano. Elías Solo se había quedado allí, tirado en el suelo de hormigón, esperando a ser incinerado junto con sus recuerdos de orfanato y pan compartido.
A las siete de la mañana, un mayordomo golpeó la puerta. No traía café, sino una nota en un sobre de papel crema.
"Biblioteca. Solo."
La caligrafía de Maximilian era como él: angulosa, eficiente y carente de adornos innecesarios. Me puse un traje azul oscuro, me ajusté el nudo de la corbata con la precisión de un ahorcado y bajé las escaleras. La mansión parecía distinta bajo la luz del sol; las sombras eran más cortas, pero los secretos se sentían más densos.
Maximilian estaba sentado en un sillón de orejas, rodeado de miles de libros que probablemente nadie leía, pero que daban al lugar un aire de sabiduría comprada. No había rastro de la pistola plateada de la noche anterior. En su lugar, sostenía un mapa antiguo de la ciudad y una tableta digital.
—Siéntate, Julian —dijo, señalando el sillón frente a él—. No hemos desayunado. El hambre agudiza el instinto, y hoy vas a necesitar cada gota de tu instinto de supervivencia.
—Estoy listo, señor —respondí. Mi voz ya no era la de un cobrador; era una herramienta pulida, un eco de su propia autoridad.
Maximilian se inclinó hacia adelante. Su rostro, surcado por arrugas que parecían trincheras de batallas ganadas, se iluminó con la luz de la pantalla.
—Araxie cree que nuestra fortuna se basa en la logística y la tecnología. Ella es una criatura de la superficie, Julian. Le gusta el brillo, la junta directiva, el reconocimiento social. Pero tú... tú has visto el sótano. Has apretado el gatillo por una idea que ni siquiera comprendías del todo. Eso te hace apto para la verdad.
—¿Qué verdad, señor?
Maximilian pulsó un icono en la tableta. Un mapa de la ciudad apareció, pero no era el mapa callejero habitual. Era una red compleja de líneas que recorrían el subsuelo, conectando los puertos, los edificios gubernamentales y las propiedades de los Vesper-Zandrón.
—Los Vesper-Zandrón no movemos mercancías, Julian. Movemos el sistema —dijo con una sonrisa gélida—. Lo que ves ahí es "La Médula". Una red de infraestructuras privadas que corre paralela a la pública. Tú la llamas "transporte marítimo", los inversores la llaman "logística", pero el gobierno la llama "Continuidad del Estado".
Me quedé mirando las líneas. Muchas de ellas conectaban con zonas que yo conocía bien: los barrios bajos, los muelles donde trabajaba Manuel, los almacenes olvidados.
—¿Qué están moviendo realmente? —pregunté, sintiendo que el aire se volvía más denso.
—Información, Julian. Y personas que no deben figurar en ningún manifiesto. El 40% de los datos que circulan por los servidores de este país pasan por cables que yo instalé hace treinta años bajo el pretexto de modernizar la red eléctrica. Controlamos la entrada y salida de lo que el mundo legal no quiere admitir que necesita.
Maximilian se levantó y caminó hacia una estantería. Movió un volumen encuadernado en cuero y una parte de la pared se deslizó sin hacer ruido, revelando un ascensor privado.
—Ven conmigo.
Bajamos mucho más allá del sótano donde Li había muerto. Este nivel no figuraba en los planos de "La Atalaya". Cuando las puertas se abrieron, me encontré en una sala de servidores que parecía sacada de una película de ciencia ficción. El zumbido constante de los ventiladores creaba una vibración que se sentía en los dientes.
—Aquí es donde reside el verdadero poder —dijo Maximilian, señalando las hileras de luces parpadeantes—. Araxie quiere heredar la empresa. Pero yo no heredo empresas, yo heredo imperios. El "secreto" es que los Vesper-Zandrón somos el seguro de vida del sistema actual. Si nosotros caemos, el historial crediticio de la mitad del país desaparece, los secretos de la otra mitad se hacen públicos y el suministro de energía de la capital se detiene.
Me di cuenta entonces de la magnitud de la trampa. No me había unido a una familia rica; me había infiltrado en el sistema operativo de la nación.
—¿Por qué me cuenta esto ahora? —pregunté, sintiendo el vértigo del poder real.
—Porque Araxie está tramando algo —Maximilian se giró hacia mí, y por primera vez vi una chispa de preocupación en sus ojos—. Ella es ambiciosa, pero es impaciente. Cree que puede tomar el control de "La Médula" sin entender que esto no es una empresa de software, es una guerra de trincheras digital. Ella te trajo para ser su perro faldero, su "ejecutor" en las sombras. Pero yo te necesito para algo más.
Se acercó a mí tanto que podía ver el reflejo de los servidores en sus pupilas.
—Quiero que sigas al lado de ella. Quiero que seas Julian Vane, el prometido ideal, el asistente perfecto. Pero tu lealtad real me pertenece a mí. Ella va a intentar una maniobra para desplazarme en la próxima reunión de accionistas. Va a usar los archivos que tú le conseguiste de Sato. Lo que ella no sabe es que esos archivos están encriptados con una clave que solo yo poseo.
—¿Quiere que la espíe? —pregunté, sabiendo que el precio de la respuesta sería mi propia alma.
—Quiero que la protejas de sí misma. Si ella intenta activar esos archivos sin mi supervisión, activará una alerta en el Ministerio del Interior que nos hundirá a todos. Ella cree que tiene una espada; lo que tiene es una granada sin seguro.
Maximilian me puso una mano en el hombro. El peso era insoportable.
—Si haces esto, si me informas de cada paso que dé, cuando yo me retire, "La Médula" será tuya tanto como de ella. Te casarás con la hija de un millonario, Elías, pero gobernarás el mundo de un emperador.
Salí de la biblioteca dos horas después, con la cabeza doliéndome por la cantidad de información procesada. Julian Vane tenía que ser un actor consumado. Tenía que amar a Araxie, servir a Maximilian y esconder a Elías Solo bajo siete llaves de mármol.
Me encontré con Araxie en el pasillo. Estaba radiante, con una tablet en la mano y una sonrisa de triunfo.
—¿Qué quería mi padre tan temprano? —preguntó, besándome en la mejilla. Fue un beso frío, estratégico.
—Cosas de la cena de anoche —mentí con una fluidez que me asustó—. Quería asegurarse de que el incidente del camarero no afectara a los Ishiguro.
—Mi padre se preocupa demasiado por el pasado —dijo ella, entrelazando su mano con la mía—. Nosotros somos el futuro, Julian. Pronto, muy pronto, ya no tendremos que pedir permiso para nada.
Miré su mano, blanca y perfecta, y recordé las líneas de "La Médula" recorriendo el subsuelo como venas de mercurio. Estaba en medio de un fuego cruzado entre un dios antiguo y una diosa nueva. Y yo, el hombre que no tenía nada, era ahora el único que tenía la llave para que todo el edificio saltara por los aires.
El cansancio ya no era físico. Era el cansancio del que sabe que camina sobre una cuerda floja sobre un foso de pirañas, y que la única forma de no caer es seguir mintiendo hasta que la mentira se convierta en la única verdad disponible.