Bellamy despierta sin recuerdos. Descubre que está casado con Ignis, un duque dragón al que teme y detesta o eso pensaba. Su matrimonio fue un arreglo político, y él tiene un huevo de dragón escondido en el sótano que necesita las feromonas de ambos padres para nacer.
Ignis es brusco y posesivo, pero por la noche lo cuida en secreto. Bellamy descubre que antes de perder la memoria hizo cosas terribles por su hijo —incluso intentó matar a Martin, el hombre que Ignis prefiere según él.
Obligado por el bien de su bebé, se acerca a Ignis y consigue lo necesario para el huevo.
Al pasar los días, Bellamy ve a Ignis como un extraño y le teme, Ignis se da cuenta de que lo perdió por culpa de su propia brutalidad. Al en contrar el huevo Ignis no se enoja solo se preocupa.
Y el huevo espera… creciendo, esperando nacer.
¿Crees que Ignis logre recuperar el amor de Bellamy?
¿Podrá Bellamy hacer que su bebé nazca sin que su padre lo descubra?
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Capítulo 6.
Ya no sabía qué responder. Lo dije sin pensar, sin filtro… y ahora no había vuelta atrás. Tenía que sostener la mentira que acababa de soltar.
—Sí, te lo digo —le dije, ganando tiempo para pensar, temblando, no de miedo, sino de ansiedad—. ¿Qué vas a hacer? ¿Harás justicia… o te dará igual?
Me soltó, se sentó y me jaló de la mano hasta caer en su regazo. Me rodeó con sus brazos con fuerza, y supe que no tenía escapatoria. Estaba perdido.
—No es cierto, ¿verdad? —Su voz cambió por completo, sonaba diferente, más suave—. Solo lo dijiste por celos.
Entonces comenzó a soltar su esencia. No era la misma de antes: era embriagadora, sí, pero distinta… más dulce, más cálida, como si fuera otra persona. Me abrazó con fuerza y apoyó la cabeza en mi hombro. No hizo nada más. Se quedó así, en silencio, durante un largo rato. Yo no me atrevía a moverme. ¿Está siendo tierno conmigo?
—Bellamy Sterling… cuando supe que te habías caído desde allí… sentí un miedo terrible —empezó a decir de pronto, con un tono que ya no era frío, sino suave, sincero—. Cuando llegué y te vi sin un solo rasguño, pensé que era una excusa para que fuera a buscarte. Pensé que querías que nos encontráramos allí.
Todo se me estaba saliendo de las manos. Estaba más confundido que cuando desperté sin recuerdos. ¿Acaso tiene doble personalidad? ¿Por qué cambia tanto de un instante a otro? ¿Será una trampa? Mi mente buscaba desesperadamente una explicación lógica a su comportamiento tan radical. Y al no encontrarla, el miedo de verdad me invadió.
—Oye… suéltame, por favor —traté de apartarlo, pero su abrazo se volvió más firme—No me abraces así.
Y sin embargo… ese aroma suyo, fresco y cálido, empezaba a relajarme. Entraba por mi nariz, y con cada respiración sentía cómo mis hombros, antes tensos, perdían toda la tensión. No eran solo los hombros: todo mi cuerpo se sentía más ligero, como si el peso que cargaba se desvaneciera.
—Bellamy —levantó la mirada lentamente y apoyó su frente contra la mía. Su aliento me rozó los labios —. ¿Me amas?
No esperó respuesta. Me besó suavemente, sin rastro de la agresividad de ayer. Y lo más loco de todo: me dejé llevar. No sabía si era por las feromonas, si estaba actuando… o si había algo más profundo, más real. Pero le correspondí. Y no solo eso: lo disfruté de una manera que jamás habría imaginado posible.
Sus manos me sujetaban la cintura con firmeza, como si temiera que me desvaneciera entre sus brazos. Y por un instante, yo tampoco quería irme.
Entonces lo sentí.
Un calor extraño en el pecho. No era el beso. Era más abajo. Más profundo.
El huevo.
Me separé de golpe, con la respiración entrecortada.
—¿Qué pasa? —Ignis me miró confundido, su frente aún pegada a la mía—. ¿Hice algo mal?
—No… no eres tú —me llevé una mano al vientre sin darme cuenta—. Es… tengo que irme. Tengo que revisar algo en mi habitación.
Otra mentira. Pero sabía que si me quedaba un segundo más en su regazo, con su aroma a bosque cálido llenándolo todo, olvidaría por qué protegía este secreto con mi vida.
Ignis no me soltó. Al contrario, me abrazó con más fuerza y hundió la nariz en mi cuello, justo en ese punto donde el aroma de un omega se revela cuando se deja llevar.
—Hueles diferente cuando te dejas llevar —susurró contra mi piel—. Dulce. No como malvaviscos quemados. Dulce de verdad.
Y en ese instante todo encajó. Para mi
Martin huele a malvaviscos quemados porque intenta imitar, a la fuerza, lo que yo huelo de forma natural cuando estoy contigo.
Me levanté de un salto, casi perdiendo el equilibrio.
—Tengo que irme.
—¿Bellamy?
—No me sigas.
Salí corriendo. No hacia la biblioteca, ni a mi habitación. Bajé al sótano, hacia donde Catrina cuidaba lo único que Martin no podía oler… lo único que Ignis aún no sabía que existía.
Al llegar, lo vi: brillaba con fuerza, una luz dorada intensa, casi deslumbrante. Lo abracé contra mi pecho, esperando que su calor disolviera todo lo que acababa de sentir.
—Tu papá es muy extraño… —susurré bajito, con la voz quebrada—. Pero esta vez fue cálido. Fue agradable… Si hubiera sido así desde el principio…
Me callé de golpe. Las palabras se me quedaron atrapadas en la garganta, pesadas y dulces, demasiado peligrosas para decirlas en voz alta.
—Mi pequeño dragón… me siento tan vulnerable ahora mismo. Pero no puedo permitírmelo. Tengo que ser fuerte. Tengo que protegerte, cueste lo que cueste.
El huevo vibró contra mi pecho, como si me entendiera. Su brillo se suavizó, envolviéndome en una luz tibia, como si me abrazara de vuelta. Me quedé así, sentado en el suelo frío de piedra, abrazando mi único refugio, sin saber que arriba, en la sala, Ignis seguía con la nariz llena de mi aroma, repitiendo en voz baja la misma frase que yo me negué a decir.
Si hubiera sido así desde el principio…pensé, cerrando los ojos. Tal vez todo habría sido diferente.
Ignis también sintió algo en el pecho: una calidez suave, cálida, que nunca antes había experimentado. Era algo nuevo, sí… pero al mismo tiempo le resultaba extrañamente familiar. Sentía a esa presencia tan cerca, tan viva, casi como si fuera parte de él mismo. Y sin embargo, era tan pequeña, tan delicada… tan frágil.
—Mi corazón reconoce la presencia de alguien —susurró para sí mismo, con una mano sobre el pecho, maravillado—. Es muy pequeño… pero lo siento con claridad. Es un dragón. Sé que lo es.
Esa conexión lo recorrió de pies a cabeza, la misma que Bellamy había sentido apenas momentos antes. El huevo ya empezaba a dar señales, cada vez más fuertes, más difíciles de ignorar. Y esa llamada silenciosa, que unía a padre e hijo sin que ninguno de los dos supiera por qué, pronto llevaría a Ignis a descubrir la verdad que le había ocultado.