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La Heredera Que Debia Morir

La Heredera Que Debia Morir

Status: En proceso
Genre:Época / Brujas / Reencarnación
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: sterlina

interesante

NovelToon tiene autorización de sterlina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 5-El odio que no se oculta

El aire en el ala principal no volvió a ser el mismo después de la cena.

La tensión se arrastraba por los pasillos como una sombra invisible.

Y en el corazón de esa tormenta… estaba Simone.

Apenas cruzó la puerta de sus aposentos, la duquesa la interceptó.

—¿Dónde estabas? —exigió, sujetándola por los hombros.

Simone apenas tuvo tiempo de reaccionar.

—Yo… fui a—

—¿Fuiste con esa bastarda, verdad? —la interrumpió, con una voz cargada de desprecio—. ¿Qué te hizo? Dímelo ahora mismo.

La niña parpadeó, confundida.

—Nada, madre, ella no—

—¡No mientas! —espetó la duquesa, sacudiéndo la ligeramente—. ¿Te golpeó? ¿Te insultó? ¿Te empujó? ¡Mírate! Estás despeinada, tu vestido está arrugado…

Las palabras caían una tras otra.

Sin pausa.

Sin sentido.

Acusaciones construidas sobre el aire.

Simone intentó hablar.

Una vez.

Dos veces.

Pero no se le permitió.

—¡Dime qué te hizo esa salvaje! —insistía la duquesa, cada vez más alterada.

La frustración comenzó a acumularse en el pecho de la niña.

Y entonces…

Las lágrimas llegaron.

No por miedo.

Sino por impotencia.

Porque no podía creer lo que escuchaba.

Porque no reconocía a su propia madre.

—Madre, yo no—

—¡Suficiente! —la interrumpió nuevamente.

Y sin darle oportunidad de explicarse, la tomó del brazo.

—Vendrás conmigo.

Simone prácticamente fue arrastrada hasta el despacho del duque.

Las puertas se abrieron de golpe.

—Mi señor —dijo la duquesa, sin soltar a la niña—. Tiene que escuchar esto.

El duque levantó la mirada, irritado.

—¿Qué ocurre ahora?

—Esa niña —escupió con veneno—. La bastarda ha agredido a Simone.

El silencio se tensó.

Simone abrió los ojos.

—¡No! Yo no—

—Está asustada —continuó la duquesa, sin dejarla hablar—. No quiere decirlo, pero mírela.

El duque frunció el ceño.

—Habla —ordenó, dirigiéndose a Simone.

Pero no era una invitación.

Era una sentencia.

La niña intentó.

De verdad lo intentó.

—Padre, yo—

—No tienes que defenderla —intervino la duquesa—. Es evidente lo que ocurrió.

Cada palabra que Simone intentaba pronunciar…

Era aplastada.

Ignorada.

Distorsionada.

Y entonces comprendió.

Comprendió que no importaba lo que dijera.

Que nadie estaba escuchando.

Que la verdad no tenía lugar allí.

Las lágrimas continuaron cayendo en silencio.

Y esa noche…

Simone entendió algo que jamás olvidaría.

Su madre odiaba a Sasha.

Y no era un odio común.

Era profundo.

Irracional.

Peligroso.

Pero lo que más le dolió…

Fue darse cuenta de que su padre no hacía

nada para detenerlo.

La ira del duque no tardó en estallar.

Se levantó bruscamente.

—¿Dónde está?

Nadie respondió.

No hacía falta.

Todos sabían.

La puerta del ala oeste se abrió con violencia.

El sonido de pasos firmes rompió el silencio.

Yo no me moví.

No tenía intención de hacerlo.

El duque entró.

Y sin mediar palabra—

La bofetada llegó.

El golpe fue brutal.

Mi rostro se giró por la fuerza del impacto.

Sentí el sabor metálico de la sangre.

—Te odio —escupió, con una voz cargada de furia—. Nunca te quise. Eres un error.

Silencio.

—Jamás saldrás de este lugar —continuó—.

Olvídate de la biblioteca. Olvídate de todo.

No respondí de inmediato.

No por debilidad.

Sino porque estaba conteniendo algo mucho

más peligroso.

Lo sentía.

Recorriendo mi cuerpo.

Vivo.

Violento.

Despierto.

Si no hubiera practicado…

Si no hubiera aprendido a controlarlo…

En ese momento, él habría salido volando

contra la pared.

Levanté la mirada lentamente.

Lo miré directo a los ojos.

Sin miedo.

Sin sumisión.

—Pregúnteme, duque —dije con voz fría—.

Pregunte si me importa que me quiera.

Di un paso al frente.

—Adelante.

Silencio.

—Porque no me importa.

Sus ojos se endurecieron.

—Para mí, usted no es nadie.

Las palabras cayeron como cuchillas.

—Sé muy bien lo que era antes de mi madre —continué—. Un comerciante mediocre, acumulando polvo en un puesto de mercado.

Su expresión cambió.

Apenas.

Pero lo vi.

El duque retrocedió apenas un paso.

No fue un movimiento evidente.

No lo suficiente como para que cualquiera lo notara.

Pero él lo sintió.

Sintió el miedo.

Sasha no había levantado la voz. No había hecho un solo gesto violento. Su postura era recta, su expresión serena… casi indiferente.

Y aun así…

Había algo en ella que resultaba

profundamente perturbador.

Su presencia pesaba.

Como si el aire a su alrededor se hubiera vuelto más denso.

Más frío.

Más peligroso.

El duque frunció el ceño, intentando

recuperar el control de sí mismo.

No entendía lo que estaba ocurriendo.

No entendía a esa niña.

¿Cómo…?

¿Cómo podía mirarlo de esa forma?

¿Cómo podía hablar con esa seguridad?

Pero, sobre todo—

¿Cómo sabía?

Las palabras de Sasha resonaron en su mente.

“Sé muy bien lo que era antes de mi madre…”

Su mandíbula se tensó.

Aquello no era información que debiera conocer.

No era algo que se mencionara en la mansión.

No era algo que él permitiera que se dijera en voz alta.

Entonces… ¿quién?

Su mirada se afiló.

¿Sofía?

No.

Era imposible.

Sofía provenía de otro territorio. No tenía vínculos con su pasado, ni forma alguna de conocer los detalles de su vida antes de convertirse en duque.

Además…

Nunca había tenido acceso a nada fuera del ala oeste.

Entonces…

¿Los sirvientes?

La idea murió tan rápido como surgió.

No había sirvientes en el ala oeste.

No desde hacía años.

Él mismo se había asegurado de ello.

Aislada.

Controlada.

Olvidada.

Así debía ser.

Y sin embargo…

Allí estaba Sasha.

De pie frente a él.

Mirándolo como si pudiera verlo todo.

Como si pudiera atravesarlo.

Como si conociera cada parte de su historia… incluso aquellas que había enterrado.

El duque sintió un escalofrío recorrerle la

espalda.

Por primera vez en mucho tiempo…

No se sintió en control.

sacha:—Si pedí verlo —añadí—, fue únicamente para evitar problemas a mi nana.

Nada más.

Giré ligeramente el rostro.

—No por usted.

Luego, mi mirada se deslizó hacia la duquesa.

—Y en cuanto a esa mujer… puede vestirse con toda la seda del imperio.

Pausa.

—Pero lo ordinario no se le quita.

El ambiente se volvió insoportable.

Denso.

Cortante.

Finalmente, miré a Simone.

—¿Por qué dijiste que te agredí?

La niña dio un paso atrás, temblando.

—N-no fui yo… —murmuró—. Fue madre…

intenté decir la verdad, pero…

Cerró los ojos con fuerza.

—No me dejaron.

Asentí lentamente.

—Ya veo.

Volví a mirar al duque.

—Entonces así funciona esta familia.

Una sonrisa sin alegría cruzó mi rostro.

—La duquesa habla… y usted obedece.

Silencio.

—Muy bien.

Di media vuelta.

—Por mi parte…

Comencé a caminar.

—Pueden irse al diablo.

Nadie me detuvo.

Nadie dijo nada.

Y eso…

Lo decía todo.

Al cerrar la puerta de mi habitación, dejé de

contenerme.

El poder estalló.

El aire vibró.

Los muebles comenzaron a elevarse.

La cama.

Las sábanas.

Los libros.

Todo giraba lentamente, suspendido en un

caos silencioso.

Mis manos temblaban.

No de miedo.

Sino de rabia.

De años acumulados.

De humillación.

De abandono.

—No… voy… a seguir así… —susurré.

Y entonces—

Algo cambió.

Porque no estaba sola.

En la penumbra, una figura observaba.

En silencio.

Sin atreverse a intervenir.

No por miedo.

Sino por asombro.

Porque jamás imaginó…

Que la niña olvidada del ala oeste…

Fuera capaz de algo así.

1
Stephani Rivera
me gusta que estas hermanastras se lleven bien y no como en algunas obras que solo es envidia y odio🥰
Ana Tello
Hermosa historia
Ana Fernandez
el comienzo es interesante, aunque bastante cliché a ver cómo sigue
Stephani Rivera
bueno tiene un comienzo algo peculiar
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