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BAJO TU SOMBRA

BAJO TU SOMBRA

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Posesivo / Mafia
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

Ella era la única testigo. Él, la sentencia de muerte que terminó convirtiéndose en su dueño.
Elena Thomas vivía entre archivos y sombras, convencida de que su invisibilidad era su mayor escudo. Pero una noche, en un callejón donde el aire sabía a hierro y pólvora, vio lo que nadie debía ver: a Viktor Volkov, el heredero más despiadado de la Bratva, ejecutando a sangre fría.
Ella esperaba una bala. En su lugar, recibió unas manos de acero que la arrancaron del suelo y una voz que le prometió un infierno personal. "No te mataré, pequeña", le susurró él al oído, mientras el calor de su cuerpo la envolvía como una trampa de seda. "Pero a partir de hoy, tu nombre, tu cuerpo y hasta tu último suspiro me pertenecen".
Ahora, Elena es la prisionera de oro en una fortaleza de cristal. Viktor es un monstruo que no sabe amar, solo poseer; un hombre que la mira con una mezcla de odio y un deseo que amenaza con quemarlos a ambos.

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capítulo 6

Viktor cumplió su palabra, pero a su manera. Lo primero que hizo al llegar a la mansión fue enviar a un equipo de cuatro hombres de élite —armados hasta los dientes y con chalecos antibalas— a la antigua dirección de Elena. No iban a buscar documentos, iban a cumplir la misión más crítica hasta la fecha: el rescate de "Copito".

Cuando los hombres regresaron, Viktor estaba en el salón, caminando de un lado a otro con una energía inquieta. Elena bajó las escaleras y se detuvo en seco al ver la escena. Uno de los soldados, un hombre que podía doblar barras de hierro con las manos, sostenía con extrema cautela un transportador de mascotas.

— Misión cumplida, señor —dijo el guardia con una seriedad absoluta—. El objetivo opuso resistencia, pero logramos la extracción sin bajas.

Elena corrió hacia ellos y abrió la rejilla. Un gato blanco y esponjoso salió disparado, maullando con indignación.

— ¡Copito! —exclamó ella, abrazándolo. Sus ojos café se iluminaron de alegría, y su pelo castaño se mezcló con el pelaje del gato.

Viktor observaba la escena desde su altura, con los brazos cruzados. Aunque intentaba mantener su expresión de hierro, había un brillo más suave, casi positivo, en su mirada. Ver a Elena feliz le generaba una satisfacción que no podía explicar.

— Ahora que el... "objetivo" está a salvo, podemos concentrarnos en cosas más importantes —dijo Viktor, acercándose. Se agachó un poco para intentar acariciar al gato, pero Copito le lanzó un soplido y una mirada de desprecio.

— Parece que no le gustan los gigantes —rio Elena.

— Es un crítico difícil —respondió Viktor con una sonrisa inusualmente ligera—. Pero tendrá que acostumbrarse. He mandado instalar una torre de juegos de tres metros en tu habitación. Si va a vivir bajo mi techo, será el gato mejor protegido de la mafia.

Sin embargo, el momento de paz se rompió cuando un guardia entró con una tableta.

— Señor, hay un hombre en la puerta principal. Dice que se llama Julián. Es detective de la policía y exige ver a la señorita Elena. Dice que tiene una orden de búsqueda.

El rostro de Viktor cambió en un segundo. La calidez desapareció y fue reemplazada por una posesividad oscura. Se enderezó, recuperando sus casi dos metros de imponente estatura, y sus ojos se volvieron dagas.

— ¿Julián? —preguntó Viktor, mirando a Elena. Su voz era un susurro peligroso—. ¿Y quién es exactamente ese Julián para que se atreva a tocar mi puerta?

— Es... un viejo amigo de la universidad —respondió Elena, dejando a Copito en el suelo.

— ¿Un "amigo"? —Viktor soltó una risa seca, cargada de celos—. No creo que los "amigos" arriesguen su placa viniendo a la guarida de un Volkov a menos que haya algo más.

Viktor se colocó detrás de Elena, poniendo sus manos grandes sobre sus hombros, marcando su territorio incluso antes de ver al intruso.

— Dile a ese detective que pase. Quiero ver qué tan valiente es el primer amor de mi ratoncita antes de decidir si lo dejo salir de aquí caminando.

(...)

Julián entró al salón principal con paso firme, pero sus ojos delataban el nerviosismo de quien entra en la cueva de un león. Era joven, de complexión atlética y con ese aire de justicia que tanto irritaba a los hombres de Viktor. Al ver a Elena, su rostro se iluminó de alivio, pero su expresión se ensombreció de inmediato al notar la opulencia que la rodeaba.

Viktor no estaba a la vista, pero Elena sentía su presencia. Sabía que él estaba en la galería superior, oculto en las sombras, observando cada milímetro de la interacción como un depredador acechando su propia propiedad.

— ¡Elena! —Julián se acercó y quiso tomar sus manos, pero ella, por instinto, retrocedió un paso—. Gracias a Dios estás bien. Me enteré de lo que pasó en el edificio de Lombardi. Tienes que salir de aquí ahora mismo. He preparado un programa de protección. Este hombre... Volkov... no es un protector, es un carcelero.

Elena suspiró, acomodando su pelo castaño.

— Julián, no es tan simple. Viktor me salvó la vida. Si no fuera por él, los Lombardi ya me habrían matado.

— ¡Te salvó de un fuego que él mismo provocó! —exclamó Julián, bajando la voz con urgencia—. Es un criminal, Elena. Es un monstruo que solo te ve como un trofeo pequeño para adornar su mansión. Mírate, estás rodeada de armas y asesinos. Tú eres luz, café y libros... no esto. Ven conmigo, todavía podemos borrar tu nombre de los registros de la mafia.

En la galería superior, la mandíbula de Viktor crujió. Sus dedos apretaban la barandilla de mármol con tanta fuerza que la piedra amenazaba con astillarse. Ver a ese tipo intentando convencerla de que su lugar no era a su lado le revolvía el estómago de una forma que ninguna guerra de bandas había logrado.

— No puedo irme, Julián —respondió Elena con firmeza, mirando hacia arriba, hacia donde sabía que Viktor estaba—. No soy una víctima que necesite ser rescatada. He tomado mis propias decisiones.

Julián, desesperado, dio un paso más hacia ella, invadiendo su espacio personal.

— Es el síndrome de Estocolmo, pequeña. Estás asustada y crees que lo amas porque te ofrece seguridad, pero...

— No la llames así.

La voz de Viktor retumbó en el salón como un trueno. Bajó las escaleras con una elegancia letal, cada paso resonando con autoridad. Se detuvo justo detrás de Elena, creando un contraste visual asombroso: Julián parecía un niño jugando a ser policía frente a la inmensa y oscura figura de Viktor.

Viktor pasó un brazo posesivo por la cintura de Elena, pegándola a su costado. Su mano gigante cubría casi todo el flanco de la chica.

— Solo yo puedo llamarla así —gruñó Viktor, clavando su mirada de acero en el detective—. Y solo porque ella me lo permite.

— Suéltala, Volkov. Tienes una orden de restricción en camino —dijo Julián, intentando mantener la compostura a pesar de que Viktor le sacaba casi dos cabezas de altura.

Viktor soltó una carcajada oscura y, en un gesto de pura arrogancia y celos, se inclinó y besó la coronilla de Elena frente al detective.

— Puedes traer todos los papeles que quieras, detective. Pero Elena no es un caso policial. Ella es mi mundo. Y si das un paso más hacia lo que es mío, descubrirás que las leyes de los hombres no sirven de nada cuando el Halcón decide cazar.

Viktor miró a Elena con una intensidad que la dejó sin aliento.

— Dile, Elena. Dile si quieres que este "héroe" te saque de aquí o si prefieres quedarte en los brazos de tu "monstruo".

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Carmen Ramos
Esta bonita su novela pero cuando la termine comienzo a leer estaré al pendiente ☺️🥰
Delenis: Por supuesto mi corazón 🤭, no te preocupes yo actualizo seguido , la otra que estoy escribiendo "La contadora del mafioso" también, por si le apetece leer . Besos 😘
total 1 replies
Marbe Majano
más capitulos
Delenis: A la orden 👌
total 1 replies
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