Alina siempre creyó que su matrimonio era solo un contrato frío con el hombre más poderoso de la ciudad. Durante tres años vivió ignorada por su esposo, el misterioso empresario Adrián Valek.
La noche en que decide firmar el divorcio, un atentado cambia todo.
Adrián pierde la memoria… y lo único que recuerda es que Alina es la persona más importante de su vida.
Mientras él intenta enamorarla otra vez, enemigos ocultos del imperio empresarial de Adrián comienzan a atacar.
Pero hay un secreto que nadie conoce:
Alina no es una mujer común… ella lleva años investigando quién intentó destruir su vida.
Y ahora que Adrián cambió…
tal vez el amor que nunca existió pueda nacer de verdad.
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La mujer que reclamó su lugar.
El silencio en el departamento era tan pesado que parecía imposible respirar.
Adrián seguía mirando el teléfono de Alina.
La llamada había terminado… pero las palabras seguían resonando en su cabeza.
Victor Valek.
Su propio tío.
El hombre que prácticamente lo había criado después de la muerte de su padre.
—Esto no puede ser verdad… —murmuró Adrián.
Lucas lo observó con seriedad.
—Ojalá no lo fuera.
Alina dejó el teléfono sobre la mesa.
Su mente estaba trabajando rápidamente.
—Quiere que vaya a verlo.
Adrián levantó la mirada de inmediato.
—No vas a ir.
Alina lo miró con calma.
—No es una invitación.
—Entonces menos razón para hacerlo.
Adrián dio un paso hacia ella.
—Victor es un hombre peligroso.
Lucas intervino.
—Eso ya lo sabemos.
Adrián lo ignoró.
—No pienso dejar que vayas sola.
Alina levantó una ceja.
—No necesito protección.
Adrián la miró con intensidad.
—Tal vez no.
Hizo una pequeña pausa.
—Pero la vas a tener igual.
Durante unos segundos los dos se quedaron mirándose.
Una tensión extraña llenó el aire.
Lucas rompió el momento.
—Primero debemos saber por qué quiere verla.
Alina respiró lentamente.
—Porque cree que tengo algo que él quiere.
Adrián frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
Alina no respondió.
Pero Lucas sí.
—El legado de la familia Black.
Los ojos de Adrián se oscurecieron.
—Explícate.
Lucas caminó hacia la mesa y abrió una carpeta.
Dentro había documentos antiguos.
Fotografías.
Registros empresariales.
—Hace diez años —dijo Lucas— el imperio Black era uno de los más poderosos del mundo.
Adrián asintió.
—Lo recuerdo.
—Hasta que el incendio lo destruyó todo.
Lucas levantó la mirada.
—Pero algo sobrevivió.
Señaló a Alina.
—La heredera.
El silencio llenó la habitación.
Adrián miró a Alina con una mezcla de sorpresa y confusión.
—Entonces todo este tiempo…
Alina habló con voz tranquila.
—Mi nombre no es realmente Alina Torres.
Adrián sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—Soy Aria Black.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Durante tres años había vivido con ella.
Dormido en la misma casa.
Compartido el mismo espacio.
Y aun así… nunca supo quién era realmente.
Adrián soltó una pequeña risa sin humor.
—Así que todo fue una mentira.
Alina negó con la cabeza.
—No todo.
Pero antes de que Adrián pudiera responder…
El teléfono de él comenzó a sonar.
Daniel.
Adrián contestó de inmediato.
—Habla.
La voz de Daniel sonaba preocupada.
—Señor… tiene que volver a la mansión ahora.
Adrián frunció el ceño.
—¿Por qué?
Hubo unos segundos de silencio.
—Porque hay alguien aquí que insiste en verlo.
—¿Quién?
Daniel dudó antes de responder.
—Una mujer.
Adrián suspiró con impaciencia.
—Eso no es razón para llamarme.
Pero lo que Daniel dijo después hizo que todo cambiara.
—Ella dice que es su prometida.
El silencio explotó en la habitación.
Adrián frunció el ceño.
—¿Qué?
Daniel continuó hablando.
—Dice que su compromiso fue arreglado por su familia hace años.
Alina observó la expresión de Adrián cambiar lentamente.
—¿Cómo se llama? —preguntó Adrián.
Daniel respondió.
—Isabella Laurent.
Lucas levantó una ceja.
—Ese nombre es famoso.
Adrián sabía exactamente por qué.
La familia Laurent era una de las más poderosas de Europa.
Una alianza entre los Valek y los Laurent… sería un acuerdo empresarial gigantesco.
Pero Adrián no recordaba nada de eso.
—Dile que se vaya.
Daniel dudó.
—Señor… no es tan simple.
—¿Por qué?
—Porque ella no vino sola.
Adrián apretó el teléfono.
—Entonces ¿con quién vino?
La respuesta de Daniel fue lenta.
—Con su tío.
El corazón de Adrián dio un golpe fuerte.
—Victor Valek está aquí.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Alina cruzó los brazos lentamente.
—Parece que quiere que todos estemos en el mismo lugar.
Lucas suspiró.
—Eso suena como una trampa.
Adrián pensó unos segundos.
Luego tomó su chaqueta.
—Entonces iremos.
Alina lo miró.
—¿Estás seguro?
Adrián la miró directamente a los ojos.
—Si mi tío cree que puede manipularnos…
Hizo una pausa.
—Está muy equivocado.
Pero justo cuando iban a salir del departamento…
Lucas recibió un mensaje en su teléfono.
Su expresión cambió de inmediato.
—Esperen.
Alina lo miró.
—¿Qué pasa?
Lucas levantó lentamente la pantalla para que ambos pudieran verla.
Era una fotografía tomada hacía pocos minutos.
La imagen mostraba la entrada de la mansión Valek.
Y algo más.
Varios hombres armados rodeando la propiedad.
Lucas habló con voz baja.
—Creo que llegamos tarde.
Adrián frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Lucas señaló la foto.
—Tu tío no vino a hablar.
Hubo un silencio pesado.
Entonces Lucas terminó la frase.
—Vino a tomar el control de todo.
Adrián apretó los puños.
Porque si Victor realmente estaba haciendo eso…
Entonces la guerra dentro de la familia Valek…
Acababa de comenzar.